María José Rodríguez de Millán Parro
Muchas gracias. Señor Bolaños, ministro de Justicia nombrado por Otegi. Es importante insistir en esto, porque solo así vamos a comprender que la condena del fiscal general del Estado es la consecuencia y no la causa del régimen caótico y de laminación del Estado de derecho en el que vivimos los españoles permanentemente. Y todo por culpa de una clase política que, por no tener ningún tipo de escrúpulo y con tal de permanecer en el poder, nos ha vendido a todos los españoles. La semana pasada le dije que solamente el tiempo dirá qué le debe el PSOE a ETA y han bastado solamente unas semanas para que sus compañeros de filas procesados confirmen que le deben nada más y nada menos que el Gobierno de España, un Gobierno pactado con Otegi en un caserío. Un lugar muy parecido al que podría usar la banda terrorista para ocultar a sus secuestrados fue el escenario escogido por su jefe para fraguar el pacto entre bandas, humillando y despreciando a las víctimas del terrorismo. (Aplausos). De manera que la España de hoy, la España del 2025, es el fruto del pacto entre la banda del PSOE y la banda de Otegi, con el camino allanado previamente por Zapatero, un pacto al que se suma ahora la banda de Puigdemont, que vuelve a salir al rescate de Sánchez, ofreciéndoles una salida a ustedes, pero un golpe a los españoles, un referéndum de autodeterminación. A Sánchez lo nombró ETA y usted es ministro gracias a los etarras y a los golpistas (aplausos); y cuando se pacta con la carroña, la carroña invade el poder. Así, tenemos al primer fiscal general del Estado condenado de la historia, y lo ha sido bajo su mandato como ministro de Justicia, al que le han encomendado dinamitar el Estado de derecho y cambiar las leyes burdamente a la medida de los criminales, porque todo el que rodea a Sánchez lo hace en condición de esbirro para hacer el trabajo sucio. En ese sentido, usted no se diferencia en nada de Koldo, Ábalos o Santos Cerdán, porque usted se debe a lo que se debe. Usted ha mantenido a un fiscal general que fue desaconsejado por el órgano de gobierno de los jueces; aun así, ustedes decidieron colocarle. El mismo fiscal que fue promocionado por su predecesora, Dolores Delgado, a la que vimos en un alarde de independencia judicial acudir con Baltasar Garzón a rodear el Tribunal Supremo y que después fue colocada al frente de la Fiscalía de Memoria Democrática, porque ustedes se piensan que España es una especie de extensión de Ferraz, donde pueden rular los sobres, los favores y el nepotismo sin ningún tipo de consecuencia. Por lo tanto, tenemos a un fiscal general que se dedicó, de forma generalizada, a colocar a sus afines en la Fiscalía para que, siguiendo las órdenes del Gobierno, beneficiaran a los que iban con el carné del PSOE entre los dientes. Condenado por delitos cometidos en el ejercicio de su cargo, es decir, utilizando su poder para ayudar, con conocimiento de causa, a un Gobierno corrupto y miserable para, según sus palabras, ganar el relato. ¿Era esta su famosa reforma de la justicia, señor Bolaños?
¿Qué hizo el Gobierno antes de conocer la sentencia, la condena más bien? Vimos a un presidente del Gobierno ser juez, declarando inocente al fiscal y amenazando al Tribunal Supremo, algo inaudito e inimaginable en cualquier país de nuestro entorno. Porque esto ―a usted que le gusta tanto hablar de homologación para justificar su asalto a la justicia― no es homologable a ningún país de nuestro entorno (aplausos) ni a ningún lugar donde se precie el Estado de derecho. Y sus socios, mientras tanto, diciendo que hay que reventar a la derecha. Ya les decimos desde aquí que no les tenemos ningún miedo. Es decir, que hay que reventar a todo el que no piense como ellos.
En definitiva, un presidente que ha intentado, con amenazas, influir en el fallo del Supremo. Y ahora, después de conocer el fallo, ustedes han hecho exactamente lo que dijeron que iban a hacer si no les gustaba la sentencia: utilizar las instituciones y calentar las calles contra el supuesto bloque reaccionario, que es como llaman ahora a los que no compran sus mentiras. En otras palabras, nos están diciendo que España son ustedes y que todos los que no comulguemos con ustedes, que nos preparemos. Eso es lo que están haciendo ustedes. (Aplausos). Por eso amenazan con volver a utilizar el Tribunal Constitucional para anular sentencias, como hicieron con los ERE. Por eso sale la vicepresidenta del Gobierno, Yolanda Díaz, llamando a tomar las calles, llamando a la violencia, y usted, al lado, callado como un pasmarote. Tenemos a la televisión pública, pagada por todos los españoles, convertida en un sóviet, hablando de golpe judicial. Y a usted diciendo que su obligación moral es defender al fiscal general, después de venir aquí cada semana a acusar a la judicatura de persecución.
Oiga, usted en su casa puede decir lo que quiera sobre una sentencia o una condena del Tribunal Supremo, pero como ministro de Justicia no puede hacer este tipo de declaraciones. Su única obligación moral a estas alturas y la de sus compañeros es la dimisión, pero para eso haría falta pudor y vergüenza y ustedes no tienen absolutamente nada de eso. No solamente no lo tienen, sino que además ustedes encabezan hoy, haciendo honor a esos 140 años de honradez de los que alardean, el frente popular contra los españoles. Un Gobierno propio de sus siglas, de la historia criminal que pesa sobre sus hombros, dedicado a una constante labor de propaganda, de falsificación y de imposición de la historia de España, de ofensa y de subversión permanente de las convicciones morales de millones de españoles. (Aplausos). Con sus socios de Esquerra diciendo que hay que reformar la Ley Orgánica del Poder Judicial para terminar de asaltar la justicia. Con sus socios golpistas tendiéndoles la mano para terminar de dinamitar la unidad nacional.
Ustedes pretenden deslegitimar todo lo que no provenga de su Gobierno, empezando por las sentencias judiciales desde antes incluso de que las personas encargadas de dictarlas lleguen a ser jueces. Arremetiendo contra los opositores, utilizando la noble causa de las becas, presuponiendo que todos tienen un nivel socioeconómico que les permite opositar y que todos pertenecen a un determinado espectro ideológico, cuando eso es mentira; para empezar, porque muchos de los que opositan lo hacen porque ustedes son incapaces de garantizar ninguna seguridad económica fuera del Estado. Esa reforma de la justicia de la que usted habla lo único que busca es convertirla en una caricatura para justificar cualquier intervención no para democratizarla, sino para politizarla, para desactivar cualquier freno al poder ilimitado de su Gobierno. (Aplausos). La justicia no necesita ser democratizada ―la legitimidad democrática de los jueces proviene de su sujeción al principio de legalidad, de su única sujeción a las leyes que emanan de las Cortes, sede de la soberanía nacional, que no popular, como creo que usted también sabe―, pero sí necesita ser protegida del Gobierno.
Así que ustedes no son las pobres víctimas de ningún complot; lo son los españoles de a pie, reducidos a la nada por la maquinaria del PSOE y a los que ustedes llaman ahora bloque reaccionario. La independencia judicial no es un recurso narrativo, no es un adorno; es lo único que garantiza que cualquier español pueda defenderse incluso de su propio Gobierno. (Aplausos). Y ustedes están dejando a un pueblo indefenso, que no puede confiar en el Estado, un pueblo al que usted aquí cada semana insulta llamándoles ultras, cuando usted, que justifica su reforma de la justicia sobre la base de un supuesto clasismo de la carrera judicial, resulta que es el más clasista de todos, utilizando las instituciones levantadas por todos los españoles para el privilegio de unos pocos, para el privilegio de ustedes. Así que, ¿de qué persecución judicial hablan ustedes? Los dos partidos que han gobernado España son el Partido Socialista y el Partido Popular. Este es su sistema, no es el nuestro. ¿Dónde estaban usted y el señor González Pons hace un año? Bueno, pues ustedes estaban sentados con el comisario Reynders, hoy investigado por blanqueo de capitales, rindiendo la soberanía nacional y repartiéndose a los jueces como si fueran cromos. (Aplausos). Hoy, por cierto, el Grupo Popular también trae una interpelación con este mismo asunto. ¿Pero qué hizo el señor Rajoy cuando tuvo una mayoría absoluta, pudiendo garantizar la plena independencia del Poder Judicial? Absolutamente nada. ¿Ha promovido el Partido Popular alguna vez una reforma del Estatuto Orgánico del Ministerio Fiscal para garantizar la independencia del fiscal? Nunca. Y no lo han hecho en la confianza de que, cuando gobiernen, ellos van a poder hacer lo mismo, porque a los dos les gustan las mismas leyes que otorgan un poder excesivo al Poder Ejecutivo. (Aplausos). Y así es como se ha ido degenerando un sistema político que permite que cualquier persona, sin ningún tipo de moral ni sentido de la nación, prospere; un sistema, además, incapaz de responder ante los excesos.
Así que España hoy no es una democracia, es una partitocracia; una partitocracia, además, en manos de partidos viciados, incapaces de reaccionar. Esta es la prueba más evidente: que hoy un presidente del Gobierno pueda hacer uso del personal del Ministerio Fiscal sin asumir ningún tipo de responsabilidad. Ustedes han hecho de la crisis institucional el sistema permanente para la demolición progresiva de la nación española, desde el cierre ilegal del Parlamento con la excusa de la pandemia, hasta el asalto de Televisión Española, pasando por una amnistía que usted mismo negaba hace tres días. Un Estado fallido, donde los trenes no llegan y el suministro eléctrico tampoco. Y, mientras tanto, hay millones de españoles que ven cómo una casta política que decía que venía a luchar contra la corrupción se ha servido de ella, mientras ellos no llegan a final de mes, no pueden llegar a la cesta de la compra o acceder a una vivienda aun trabajando. (Aplausos).
Hoy los españoles ven atónitos cómo sus máximos representantes y garantes se comportan como vulgares delincuentes y cómo sus instituciones ya no son suyas, mientras les roban su futuro, su presente o el fruto de toda una vida. ¿Y quién va a pedirles perdón, señor ministro? Lo que los españoles necesitan y quieren no son privilegios, es poder vivir dignamente del fruto de su trabajo, igualdad ante la ley, una nación unida y solidaria, pan para aquellos que no lo tienen y una justicia, en lugar de privilegios injustificados y corrupción. Porque ¿qué justicia puede impartirse cuando los órganos que deben garantizarla viven sometidos a los partidos, cuando el mérito vale menos que el carné del partido o cuando las decisiones importantes se toman pensando en la próxima encuesta del domingo?
Ustedes, hace una semana, convirtieron el Congreso de los Diputados en un circo para celebrar cincuenta años de democracia, al amparo de su sectaria Ley de Memoria Democrática. Supongo que de eso hablaría con el señor Feijóo, pues se le vio muy sonriente en la sala Constitucional con él. Usted, que les llama extrema derecha, la derecha extrema, y los señores del PP, que les llaman a ustedes mafia, ¿de qué hablaban?, ¿de que se han repartido los jueces (aplausos), de que han asaltado la televisión pública, de que se reparten las instituciones? ¡Para luego venir aquí y fingir que se pelean! Esta es la realidad. (Continúan los aplausos).
Lo que ha sucedido, señor Bolaños, no tiene precedente ni en España ni en ningún otro lugar de Europa ni, desde luego, en ningún lugar que se haga llamar democracia o Estado de derecho. Y usted ahora tiene la oportunidad de responder. ¿Garantiza hoy usted aquí que no va a haber ningún referéndum de autodeterminación en Cataluña? ¿Usted cree que un presidente del Gobierno con su familia imputada, con su círculo más cercano imputado, con un fiscal general del Estado condenado, puede seguir siéndolo de acuerdo con los estándares democráticos?
Muchas gracias. (Aplausos de las señoras y los señores diputados del Grupo Parlamentario VOX, puestos en pie).