Jaime Miguel De los Santos González
Gracias, presidenta. Señora ministra, casi mil asesores tiene este Gobierno. ¿Ninguno de verdad le explicó que las preguntas que se hacen en esta Cámara han sido calificadas antes por los letrados y por esa Mesa que preside la señora Armengol? Otro ridículo absoluto suyo en esta casa, que es la de la palabra. Pero si solo fuera eso ―bueno, eso y que se riera de mis formas, que gritara «vergüenza», sin ningún tipo de respeto al Parlamento, o que llamara mierda a lo que hace mi grupo—, no sería tan grave. Lo que hiela la sangre, señora ministra, es que siga defendiendo la ley del solo sí es sí, a los puteros que alzaron, junto a un condenado por terrorismo, al señor Pedro Sánchez o a la señora Alegría, que se va de parranda con un presunto agresor sexual, o que no diga nada sobre la repesca que hace ahora la Moncloa de la mano de Iván Redondo ni sobre el que era portavoz de SUMAR y hoy está procesado por violencia machista, el señor Íñigo Errejón.
Llevo observándola desde que la hicieron ministra y esperando que en algo mejorara los embistes que la señora Montero metió al feminismo. Pensé que era usted simplemente lo mismo, pero dijo: Si solo afecta al 1 % de las mujeres que se creían protegidas con las pulseras antimaltrato, ni tan mal. Ahí me di cuenta, señora ministra, que sí, que se puede caer más bajo. Por eso le pido, le reclamo, que reconozca que el 21 de mayo de este año se reunió con las trabajadoras de COMETA, que le trasladaron los problemas de los dispositivos antimaltrato y que le dijeron que estaban sometiendo a las mujeres víctimas de violencia machista a una tensión que las revictimizaba y que usted no hacía nada. Sigue sin hacerlo. Pero es que, en diciembre de 2024 ya se lo habían trasladado a su equipo y ¿qué hicieron? Silenciarlo, lo mismo que el sindicato mayoritario de esa empresa.
Ayer, cuando la veía detrás de la pancarta que defendía los derechos de las mujeres víctimas de violencia machista, pensaba en todas esas mujeres que ha abandonado su Gobierno, en las que ven cómo son desencarcelados los depredadores sexuales y en su desfachatez. Solo espero que una de las cosas que coreaban se la haya aprendido: Cuidado, cuidado, que tiene a un putero al lado.
Gracias. (Aplausos.— Varias señoras y señores diputados:: ¡Muy bien! ¡Bravo!).