Lídia Guinart Moreno
Gracias, presidente. Molt bona tarda. El pacto de Estado aprobado el pasado mes de febrero por la práctica totalidad de los grupos parlamentarios se compromete a fortalecer la respuesta institucional para hacer frente al negacionismo. Y es que negar el carácter estructural y específico de la violencia machista pone en riesgo la vida de las mujeres. Cuestionar que es una violencia que se ejerce contra las mujeres por el hecho de serlo, poner en duda su palabra, hacer tabla rasa con otros tipos de violencia, falsear y retorcer las estadísticas, justificar al maltratador; todo eso, señorías de VOX, todo eso, mata. Estamos hartas, pero que muy hartas, de su demagogia, de su falsedad, de su trilerismo dialéctico; hartas de que banalicen el sufrimiento de tantas y tantas mujeres, de que pretendan darnos lecciones desde un supremacismo machista absolutamente trasnochado, porque nos siguen matando. Y no, las denuncias falsas por violencia de género no son más que el 0,008 % (aplausos), lo dice la memoria de la Fiscalía. Por todo eso, hoy, 25 de noviembre, hemos venido a decir: ¡Basta ya! Basta de mentiras, basta de falsedades y, sobre todo, basta de maltrato, basta de asesinatos machistas. Les escuchamos decir que nada de lo que hagamos sirve para salvar vidas. Eso es mentira, salvamos muchas vidas. Las políticas públicas, la ley integral o el pacto salvan vidas. Les voy a dar unos datos que rebaten sus falacias. Antes de la ley integral, en el año 2003, había en España 42 millones de habitantes. Aquel año, 71 hombres mataron a otras tantas mujeres que eran sus parejas o exparejas. En 2024, con la ley y con el pacto aprobados, hubo 49 asesinatos, es decir, veintidós menos, pero entonces ya había casi siete millones de habitantes más en España. Así que podemos inferir por un cálculo proporcional que, al menos, habríamos salvado 33 vidas en un año; y eso, a pesar de su negacionismo. Una sola mujer asesinada sería demasiado, pero todo lo que salve vidas habrá valido la pena, claro que sí. Y sí, acordar 461 medidas en la renovación, en la actualización del Pacto de Estado contra la Violencia de Género, vale la pena, señorías. Valió la pena el esfuerzo, las horas de negociación y el empeño en buscar el consenso. Y lo conseguimos el pasado mes de febrero y la sociedad lo celebró, porque en medio de tanto ruido, de tanta crispación, los grupos políticos de este Congreso conseguimos encender una luz de esperanza para todas las mujeres que sufren violencia. Ustedes, señorías de VOX, se pusieron del otro lado, del lado de los violentos. Ustedes sabrán lo que hacen.
Pero nos preocupa, si cabe más, la deriva del Partido Popular. Se escoran hacia la extrema derecha y están traicionando el compromiso del pacto de Estado. Y créanme que duele; duele mucho que lo hagan, ante todo, por las mujeres y por los menores supervivientes. Es muy difícil que las víctimas puedan entender que un alcalde del PP justifique al hombre que asestó casi cincuenta puñaladas a su mujer diciendo que tenía problemas, que la quería y que era un buen padre. Ningún maltratador es un buen padre. (Aplausos). Pero más difícil es todavía entender que lo haga la presidenta de la Comunidad de Madrid, la señora Isabel Díaz Ayuso. Y lo ha hecho; ha justificado al alcalde que justifica al asesino, en lugar de hacer que rectifique, en lugar de pedirle su dimisión. Y, además, hoy no ha ido al acto del 25N. ¿Y pueden explicar por qué motivo no han querido firmar por primera vez el manifiesto de la FEMP, una organización que representa a 7000 municipios de toda España? ¿Por qué no han firmado un manifiesto que, además, ya habían acordado? ¿Me lo van a decir? Está muy claro, para complacer a VOX, con quien están pactando ahora en Valencia, con quien han pactado anteriormente en Castilla y León, en Baleares, en Aragón, en Murcia, en Extremadura y también en Andalucía cuando los necesitaron. Están bailando al son que les marca la ultraderecha; son sus marionetas. Ahora dice el señor Feijóo que, si gobernaran, derogarían la ley del solo sí es sí. Pero ¿es que cerrarán los centros veinticuatro horas? ¿Dejarán de atender a las víctimas? Pues parece que sí, porque han presentado una enmienda en ese sentido que, además, está fuera de lugar.
Ustedes han aprobado hace muy poco el pacto de Estado, tienen que ser consecuentes, tenemos que ser todos muy responsables con lo que hacemos y con lo que decimos. Prácticamente uno de cada cuatro jóvenes son negacionistas de la violencia de género. Están en riesgo, porque no son capaces de reconocer ni la violencia ejercida ni la recibida como violencia de género, y eso es muy grave. Pero, además, es que es una estadística parecida a la de los jóvenes que exaltan la Dictadura, que no valoran la vida en democracia; son vasos comunicantes. A las mujeres la dictadura franquista nos trataba como menores de edad. Incluso era legal que un hombre asesinara a su mujer si esta le era infiel; tenía excusa, como la tiene para el alcalde del PP el asesino de Alpedrete. Y no, con Franco no vivíamos mejor, y mucho menos las mujeres. (Aplausos).
Este grupo parlamentario se reunió hace unos días con Itziar Prats, víctima de violencia vicaria. A Itziar le mataron a sus dos hijas, Nerea y Martina. Ella, junto con Isabel Gallardo y un ejército de manos y de corazones comprometidos con la paz, los derechos humanos y los valores, teje estos broches que hoy lucimos en la solapa y que rememoran a las hermanas Mirabal, conocidas como las mariposas. En su honor, cada 25 de noviembre se conmemora el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Los broches del latido de las mariposas representan esos valores y buscan acabar con la violencia machista. Un compromiso, desde luego, alejado de todo color político, sí, pero que no casa bien, en absoluto, con los postulados negacionistas ni con sus consecuencias. A esas mujeres que tejen valores, a todas las mujeres, niños, niñas y adolescentes que padecen violencia machista les dedicamos esta iniciativa que esperamos ustedes apoyen.
Y concluyo con una cita del latido de las mariposas. Somos lo que aprendemos y lo que vemos. Por eso nosotras pensamos que ya desde la infancia debemos enseñar valores que nos permitan desarrollar una sociedad en la que seamos felices, libres de violencia. Si creemos en una sociedad justa y basada en el respeto mutuo, crearemos un mundo donde la igualdad dejará de ser una utopía para ser una realidad.
Gracias. (Aplausos).