Alberto Ibáñez Mezquita
Grupo SumarDiputado.Página 20Vídeo
Moltes gràcies, presidenta. La semana pasada conocíamos que los precios de la vivienda por primera vez superaban los precios de la burbuja. ¿Se acuerdan? ¿No les da escalofríos? Porque a nosotros el 2008 nos recuerda el dolor, los suicidios, los desahucios, las familias rotas, el paro, los recortes. En cambio, hoy, señorías, tenemos una oportunidad de no fallarles, de no sucumbir a los poderosos y pensar en la gente normal. Pero tenemos que salir del shock, de la negación, del inmovilismo y, en el peor de los casos, de la autocomplacencia. Hoy tenemos enfermeras viviendo en caravanas, jóvenes viviendo con sus padres con más de 35 años, mujeres que no se separan de sus agresores porque no tienen adónde ir y personas con 70 años compartiendo piso porque sus modestas pensiones no les permiten otra cuestión. Señorías, no es un problema demográfico; si lo fuera, los precios no subirían en poblaciones que pierden población año tras año. El conflicto no es demográfico; es de inversión y especulación. El conflicto es que, mientras hay gente que no puede dormir porque no sabe cómo pagará el alquiler, hay quien gana dinero durmiendo, sin hacer nada. (Aplausos). Así que, por favor, no hablen de meritocracia en un país donde se aplaude el rentismo. De 2008 a 2024, la gente que solo tiene una casa ha decrecido un 4 %, mientras que la gente que tiene entre seis y diez ha incrementado un 53 %. El problema es que podemos empatizar mucho con la enfermera que vive en una caravana, con el joven que con 35 años vive con sus padres o con la persona de 70 años que comparte piso, pero si no nos atrevemos a tocar a los de arriba, a los que acaparan, no va a servir absolutamente para nada. Hoy, señorías, no vamos a hablar de política de vivienda, entre otras cosas porque comparto con la mayoría de ustedes que esta es una competencia exclusiva de las comunidades autónomas y, también, porque demasiadas veces se ha confundido la política de vivienda con política inmobiliaria. Hoy, señorías, vamos a hablar de la transformación de las viviendas en activos financieros y de cómo un derecho básico, como es un techo, un refugio o un hogar, se ha convertido en la principal fuente de especulación y de rentabilidad de los mercados. Hoy, la compraventa por parte de empresas, sociedades y fondos buitre es más del doble que en el mejor momento de la burbuja del 2008. Si no me creen, solo tienen que coger su teléfono móvil, entrar en Idealista y verán que la mayor parte de anuncios son de empresas y de fondos buitre. Una gran acumulación en pocas manos que obedece a un cambio radical, sin debate previo, por imposición de la troika como contraprestación al rescate europeo a la banca española. Una revolución legislativa que supuso que hoy seamos el segundo país del mundo en socimis, con una capitalización media de 116 millones de euros. Insisto, 116 millones de euros, porque luego vendrán a decir que son pequeñas empresas hermanitas de la caridad. La aprobación de las golden visa permitió la entrada de ―ojo― 5000 millones de euros extranjeros entre el año 2018 y 2022 para comprar casas a cambio del permiso de residencia. Por no hablar de que entre el paquete para el rescate estaba la precarización de los derechos de los inquilinos en la modificación de la LAU en el 2013. Y por no decir que dejaron que hoy, según el INE, 350 000 pisos sean apartamentos turísticos legales. No vamos a entrar en los ilegales. Esto supone haber detraído del mercado el 10 % de los pisos que deberían estar en alquiler. Y la guinda en el pastel fue que diferentes Administraciones ―la mayoría del Partido Popular― vendieron de forma masiva el parque público de vivienda a grandes fondos como Goldman Sachs y Blackstone. (Aplausos). Una jugada redonda. Por tanto, señorías, cuando hoy empiece el debate, por respeto a la inteligencia, espero que nadie diga que está en contra de la intervención del Estado, porque, como hemos visto, hubo intervención del Estado. Y tengan al menos el coraje de decir que de lo que están en contra es de que ahora, humildemente, el Estado quiera intervenir a favor de la mayoría social (aplausos) y no de fondos buitre, socimis y empresas. Efectivamente, es una propuesta de ley clara, ajustada al derecho europeo, pero, sobre todo, es tan revolucionaria que solamente cumple con dos artículos de la Constitución. No diré el artículo 47, que sé que para la ministra es un teléfono donde llamar para decir que las cosas no van bien, sino el artículo 128, tan revolucionario como decir que toda la riqueza del país en sus distintas formas y sea cual fuere su titularidad está subordinada al interés general. ¿Y qué hacemos con esta proposición de ley? Sencillamente, cumplir con el artículo 131, que viene a decir que el Estado podrá planificar la actividad económica general para atender necesidades colectivas, equilibrar y armonizar el crecimiento de la renta y de la riqueza y que esta tenga una distribución justa. Esto es lo que hoy venimos aquí a hacer. ¿Saben ustedes qué no es constitucional? Que mientras hay quien vive en una furgoneta y mientras hay quien vive en una caseta sin luz o con el miedo en el cuerpo de no saber si la ministra renovará la moratoria para que 300 000 familias no paguen más su alquiler (aplausos), hay empresas y multinacionales que están forrándose como nunca. Señorías, esto no es constitucional.
Señorías, sé que a muchos de ustedes ―probablemente, a los grupos parlamentarios más cercanos ideológicamente― les parecerá una ley poco ambiciosa. Estoy de acuerdo. Ideológicamente, estoy de acuerdo en que habría que prohibir la compra especulativa a cualquiera, sea una persona física o jurídica, sea una propietaria de cinco viviendas o una multinacional que compra 50 000 en un barrio; pero, señorías, vengo de una tradición donde la ideología no puede impedir hacer política y el parlamentarismo también es ser consciente de la aritmética parlamentaria. Por eso creo que es importante decir que, efectivamente, las casas son para vivir y no para hacer negocio. Pero ha llegado el momento de dejar los monólogos y de atreverse a salir de la zona de confort. Nosotros lo hacemos y nos conformamos con que se prohíba solamente la compra a socimis, empresas multipropietarias, fondos buitre y multinacionales. Nos dejamos fuera mucho. Espero que otros grupos se atrevan a salir de su zona de confort, pero no por nada, sino porque ahí fuera en la calle nos piden que hagamos algo, que aliviemos el dolor y que mejoremos la vida de la gente, porque si no nos van a echar a gorrazos a los 350. Dejemos de alimentar el monstruo de la antipolítica y del fascismo. Y eso empieza con la seguridad material a las familias, señorías. (Aplausos). Eso empieza dando un te-cho; un te-cho.
¿Ustedes creen que en un país donde hay 564 casas por cada mil habitantes ―por ejemplo, en mi casa somos cuatro y, por tanto, no necesitamos dos viviendas más― no hay casas suficientes para que todo el mundo tenga una vivienda? ¿O será que hemos normalizado que las empresas puedan comprar un derecho? ¿Entenderíamos que las empresas compren derechos tan básicos como nuestro derecho a la salud o nuestro derecho a la educación? ¿Por qué no? Y cuando insisto en el por qué no es porque, a diferencia de otros momentos, a priori, en esta legislatura sí existe un espacio, con una mayoría que dice que la vivienda no puede ser un bien de mercado. Pues empecemos desmercantilizando, empecemos aquí. Por eso creo que es importante que la mayoría parlamentaria sustente este sencillo acuerdo, que es que entendemos que la vivienda es un derecho. No vamos a entrar en si usted, como familia, tiene dos, cinco o siete viviendas. A mí me parece mal y creo que hay que, como mínimo, achicharrarle a impuestos, pero, al menos, atrevámonos a que no haya empresas ―la mayoría extranjeras, por cierto― que compren casas y bloques enteros en nuestros barrios. Aquí se habla mucho de la seguridad en los barrios. ¿Saben ustedes qué no da seguridad en los barrios? Cuando llega un fondo buitre. Un fondo buitre compra un edificio entero. Probablemente, hay gente que nunca pensó que fuera vulnerable en este país. Es gente que con su salario y su pensión podía llegar a pagar su alquiler, pero, de repente, deciden subirle el alquiler a un precio que es inalcanzable y le hacen cambiar del barrio de siempre. Ya no tiene con quién hablar, porque sus amigas se quedan en ese barrio. Ya cambia de médico de familia, con lo grave que esto es para la trazabilidad de muchas enfermedades. O tiene que sacar a sus hijos del colegio. Pero es que hay veces que, incluso pagando el alquiler, les echan, porque estos fondos buitres se llevan muy bien con los escuadristas, que lo que hacen es expulsar a las familias por vías violentas que todavía no hemos prohibido en este país. Como decía, es el momento de salir de la zona de confort y de no quedarse solamente en las posiciones cómodas de cada uno.
Particularment per a aquells que diuen que només els preocupa i ocupa Catalunya. I és que, si hi ha un territori i un país, senyora Madrenas, on les empreses compren habitatge, aquest és Catalunya, on el 16 % de la compravenda d’habitatges les fan empreses multipropietàries. Per tant, no hi ha res més per estimar un país que no deixar que el comprin empreses estrangeres. No hi ha res més que siga estimar un país que fer que les famílies puguin arrelar-se als seus barris, als de sempre, aquells que tant els preocupen per a algunes coses i sembla que per a aquestes els fa exactament igual. Catalunya, igual que la resta dels països de la Mediterrània, patim un model depredador del turisme que fa que les nostres cases siguen negocis, hotels que fan competència deslleial a altres per aquells que els preocupa açò.
I, finalment, acabe, senyora presidenta.
En particular, para aquellos que dicen que solo nos preocupa y ocupa Cataluña, es que, señora Madrenas, si hay un territorio de un país en que las empresas compran vivienda este es Cataluña, donde el 16 % de la venta de viviendas la hacen empresas multipropietarias. Por tanto, no hay nada más para querer a un país que no dejar que lo compren empresas extranjeras. (Aplausos). No hay más que hacer que las familias puedan quedarse en sus propios barrios para siempre. Parece que a los que se preocupan tanto por algunas cosas esto les da igual. Cataluña, como el resto de países del Mediterráneo, sufre un modelo depredador del turismo, que hace que nuestras casas sean negocios, hoteles que hacen competencia desleal a otros. ¿Pero a quiénes les preocupa esto?
Y acabo, señora presidenta.
Señorías del Partido Socialista, esta semana hemos visto cómo la democracia en nuestro país está en una situación muy compleja, y lo está, entre otras cosas, porque 120 horas después todavía no conocemos por qué se ha inhabilitado al fiscal general del Estado. Esto no hay democracia que lo aguante. (Rumores.― La señora Acedo Reyes: ¡Ay, madre!). Sí, sí, madre, ¿usted conoce la sentencia? (Varios señores diputados: Usted tampoco). No, yo tampoco. ¿Les parece normal no conocer la sentencia? (Protestas). Entiendo que ustedes la conocen; quizá, la han redactado. (Aplausos.―Protestas.―El señor Sayas López: ¡Hombre, por favor!). Lo que el resto sabemos es que la democracia no se la va a llevar solo la inhabilitación del fiscal general del Estado. La democracia se la va a llevar por delante, también, el no tener ilusión ni esperanza, y que haya generaciones completas que confíen más en aquellos que hablan de los barrios de toldos verdes, a pesar de que hoy no se van a atrever. Porque si el Partido Socialista tiene que atreverse luchando contra la especulación y poniendo freno a los fondos buitre, también tiene una oportunidad hoy aquí la extrema derecha ―que tan valiente es― de decirnos si, efectivamente, está en contra de que las empresas, mayoritariamente extranjeras, malvendan su patria.
Nosotros tenemos muy clara nuestra posición, tenemos muy claro al lado de quién estamos. Efectivamente, somos herederos generacionalmente de unas familias que lo pasaron muy mal en la crisis del 2008: vieron cómo sus padres perdían el trabajo, vieron cómo sus primos eran desahuciados de sus casas. Y esta vez no queremos ser cómplices de ello. Estamos a tiempo. Salgan de su zona de confort. Habrá tiempo en la tramitación parlamentaria de matizar lo que consideren matizable, pero, sin duda alguna, si hoy creen que tener una casa es un derecho, empiecen por cerrar la puerta a los fondos buitre. Ahí, la democracia estará más segura.
Moltes gràcies. (Aplausos de las señoras y los señores diputados del Grupo Parlamentario Plurinacional SUMAR, puestos en pie).