Teslem Andala Ubbi
Grupo SumarDiputada.Página 31Vídeo
Buenas tardes, presidenta. Gracias. Señorías, hoy desde el Grupo Plurinacional presentamos una iniciativa respecto a una arista más dentro del gran momento que estamos viviendo con la vivienda tensionada. Llevamos meses viendo cómo Fotocasa planta en frente de los despachos del Congreso de los Diputados pancartas, señalando a toda esta Cámara como culpables o responsables de la crisis de vivienda, como si el portal inmobiliario fuera ajeno, como si no fuera un actor principal y un actor importante en esta gran crisis de la vivienda, que, de hecho, es el talón de Aquiles de esta legislatura. Pues bien, hoy desde nuestro grupo parlamentario queremos hablar de Idealista, queremos darle el protagonismo, queremos hacer caso a lo que nos está diciendo, pero también señalando la responsabilidad que tiene el portal inmobiliario dentro de la tensión del mercado, porque, respecto a cualquier persona que busque un piso, ya sea para comprar, para vender o alquilar, este portal recoge miles de datos sobre las personas, sobre los inquilinos, y esos datos de alguna manera son el componente principal de su algoritmo, de su modelo de historificación y, sobre todo, de su manipulación del mercado y del precio. Muchos diréis que eso es libertad, que eso es derecho, que sobre todo es oferta y demanda, pero la realidad es que está lejos de eso. Idealista puede vender o alquilar pisos actualmente al 44 % por encima del valor del mercado. Lo que hace este tipo de portales, a través de nuestros datos, a través de los datos de los consumidores y, sobre todo, a través de la personificación, de la personalización de su algoritmo para cada usuario, para cada ciudadano, es crear su modelo de negocio. Lo que hacen Idealista y Fotocasa, y, de hecho, también lo hacen sus homólogos en Estados Unidos, como RealPage ―por cierto, ya se les ha abierto expediente sancionador por la personalización de su algoritmo―, es proponer un precio y, si ese precio es acordado entre inquilino y arrendatario, lo establecen como precio base. Muchas veces ese precio está por encima del mercado y sirve como tasa de error, de entrenamiento a su algoritmo. Es como ejemplificar que un algoritmo y su aprendizaje ―de verdad, desde el modelo más técnico― es similar o se parece a como aprende un bebé. Si a un bebé no le enseñas que ha cometido un error, puede incurrir de nuevo en él. Pues un modelo de inteligencia artificial aprende exactamente igual que aprende un bebé. Si Idealista y este tipo de portales inmobiliarios no corrigen la tasa de error, que es lo que está pasando, establecen el precio base en el mercado por encima del valor de venta, por encima del valor del mercado, y, sobre todo, tensionan y crean una burbuja, que unifica a la larga la tendencia del valor en el mercado.
Desde nuestro grupo parlamentario no pedimos a Idealista y a estos portales la receta. No exigimos la receta, lo que queremos es conocer los ingredientes. A nadie se le ocurriría ponerse una vacuna si no sabe cuáles son los ingredientes. Y esto es lo mismo. Necesitamos transparencia absoluta en la parametrización de todos los algoritmos. Y, en este caso, yo misma me he autoemendado hoy, porque, efectivamente, la Unión Europea ya ha establecido marcos como la DSA. De hecho, hace una semana aprobamos aquí la Ley SAC, la ley de consumo, que también busca este tipo de personalizaciones. Y el grupo EH Bildu hace una semana presentó una norma para que en los portales inmobiliarios tampoco se puedan publicitar pisos ilegales. Y creemos que esta iniciativa es acorde a la normativa europea, que no se está aplicando de momento ―aunque la tenemos, no está funcionando―, dado que es muy complicado ir a por este tipo de empresas si no tenemos transparencia algorítmica.
Como decía antes, Estados Unidos está yendo a por el homólogo de Idealista y Fotocasa, está yendo a por RealPage, porque están siguiendo una tendencia de unificar los precios en el mercado al alza, y nosotras y nosotros tenemos que exigir absolutamente lo mismo, pero, sobre todo, porque vivimos en una sociedad domesticada por los algoritmos, en una sociedad en la que no puedes utilizar ya la Thermomix si no estás pagando una suscripción, y no puedes ver todas las películas si no pagas diferentes plataformas digitales.
La semana pasada tuve la oportunidad de participar en la media maratón de Behobia, y la noche en los hoteles valía, como mínimo, 400 euros. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí, a que por la carrera más bonita de España te cueste 400 euros la noche? ¿Por qué? Porque los hoteles saben, señorías, que ustedes vienen tres días a la semana a Madrid. Y por eso manipulan el mercado. No porque no haya oferta, no porque no haya hoteles, no porque no haya casas, es porque tienen nuestros datos, señorías, y saben perfectamente cómo manipular el mercado para poderlo modificar. (Aplausos).
Señorías, como decía antes, me he autoenmendado porque, desde marzo, cuando se presentó esta proposición no de ley, la regulación española se ha actualizado, pero sigue siendo insuficiente, porque la CNMC se ha puesto a la cabeza para la aplicación de la DSA, de la carta de servicios digitales, entre otras normativas, pero creo que es fundamental poner en el centro los algoritmos, ya sea para la vivienda o para las suscripciones, es decir, absolutamente para todo. No podemos vivir en una sociedad domesticada, en la que nos den la receta, pero no nos digan cómo lo han creado. Espero que esta iniciativa lo ponga en el centro, porque muy pocas veces, señorías, tenemos, tengo la oportunidad de hablar de lo que de verdad nos está afectando, de lo que de verdad va a afectar al mercado digital, a la economía productiva y, sobre todo, al mercado laboral, que son los algoritmos. Señorías, démoslos la importancia que merecen, porque el día de mañana muchos de los periodistas que hoy nos cubren verán su trabajo afectado, muchas de las personas que hoy sufren precariedad en el mercado y en cuanto al derecho a la vivienda se verán expulsadas, y, si entonces no hemos debatido lo suficiente sobre algoritmos, habremos llegado tarde.
Gracias, señorías. (Aplausos).