Tomás Cabezón Casas
Señor presidente, muchas gracias. Creo que lo que acaba de pasar en esta Cámara es lo suficientemente grave como para que el presidente hubiera llamado al orden al señor diputado que acaba de llamar matón a un compañero que estaba en el uso de la palabra. (Aplausos). Creo, señor presidente, que debería haberle llamado al orden y que no es de recibo que se pronuncien estas palabras en sede parlamentaria. (Continúan los aplausos). Si me permiten, comienzo con la intervención. Hoy intervengo como diputado del Grupo Parlamentario Popular, sí, pero también como alcalde de un pueblo de la provincia de Soria de cuarenta y un habitantes: Castilfrío de la Sierra. Allí no se gobierna desde un cómodo despacho; se gobierna en la calle, en la plaza o en la puerta del vecino, y se gobierna desde la cercanía y la responsabilidad real. Cuando un vecino tiene un problema, no te manda un correo electrónico; lo que te dice, te lo dice a la cara, y eso obliga a ser claro, honesto y valiente. Quiero dedicar hoy mis palabras a hacer un homenaje a los alcaldes de los pueblos pequeños de todos los colores políticos (aplausos), a los que gobiernan sin asesores, sin gabinete, sin chófer y sin estructura; a los que son psicólogos, asistentes sociales, enfermeros improvisados y conductores cuando hace falta (aplausos); a los que abren el bar del pueblo para que no se pierda un lugar de encuentro; a los que llevan medicinas cuando no hay farmacia; a los que quitan la nieve a las seis de la mañana para que el niño del pueblo pueda ir al colegio; a los que saben cada día quién está solo, quién necesita ayuda y quién pasa por un mal momento, y a los que también combaten la soledad no deseada de la manera más humana que existe: mirando si una chimenea echa humo porque saben que, si no echa, tienen que intervenir. Esos alcaldes fuimos quienes en la pandemia repartíamos comida, medicinas y ánimos casa por casa, quienes llamábamos a cada vecino todos los días para saber si necesitaban algo y quienes llevábamos bombonas de butano, mascarillas y compañía cuando nadie más aparecía. Con los pueblos cerrados a cal y canto, los alcaldes seguíamos al lado de los vecinos, y somos también quienes tenemos que ayudar y escuchar a los ganaderos que pierden su ganado por los ataques de los lobos mientras el gobierno y Teresa Ribera miran a otro lado y no cumplen. Me refiero a ataques como los de esta semana en las Tierras Altas de Soria, que han matado ovejas en Villartoso y terneros en Vizmanos, o los que hemos vivido en Asturias, León, Valencia o Ávila meses atrás. Mientras el Gobierno de España da la espalda a los ganaderos, nosotros seguiremos insistiendo en sacar al lobo del listado de especies silvestres de protección especial. (Aplausos).
Somos los alcaldes de los pequeños municipios los que sufrimos una filomena sin medios; los que abríamos los caminos con tractores prestados o con lo que podíamos; los que vivimos apagones de semanas que nos dejan sin teléfono, sin internet y sin forma de pedir ayuda; los que vieron cómo una dana se llevaba a sus vecinos y arrasaba pueblos enteros de la Comunidad Valenciana, de Castilla-La Mancha y de Andalucía, y los que, como en el caso de Montalbán, en Teruel, vieron cómo las lluvias destruían infraestructuras básicas con daños que superaban tres veces el presupuesto íntegro anual de su municipio y cómo el Gobierno ha tardado más de un año en contestarlos para decirles en qué iba a ayudarlos. Un año, sí, señorías, un año. Así trata Sánchez a la España rural. Esa es la España que seguramente no sale en los discursos del Gobierno, pero es la España que alimenta al resto de España, la que produce alimentos, la que cuida los montes, la que produce energía, la que sostiene el paisaje, la que mantiene las tradiciones y la vida de este país, aunque muchos la ignoren.
Hoy, presentamos esta proposición de ley que nace de esa realidad. Una proposición de ley que no sale de un laboratorio ideológico, sino de la experiencia de quienes sabemos lo que es vivir una incidencia sin que nadie de Moncloa responda. Cuando falla la luz, nadie viene. Cuando falla el agua, no hay refuerzo. Cuando falla el teléfono, desaparecemos del mapa. Cuando Internet se cae ―y créanme que lo sé bien porque estuve una semana entera en mi municipio sin Internet―, nos convertimos en ciudadanos sin Estado. Pero no solo eso, también sin teleasistencia, sin Administración electrónica, sin banco, en definitiva, sin nada. Esta proposición de ley nace para que ningún pueblo vuelva a quedar tirado en una emergencia. Y va al grano, establece la prioridad en la protección de los municipios rurales de pequeño tamaño cuando fallan los servicios esenciales. Obliga a actuar al Estado ―no a valorar si actúa, sino a actuar―. Se nos dijo aquella frase vergonzosa que retumbará para siempre en nuestras memorias: «si quieren ayuda, que la pidan». (Aplausos). Esta proposición de ley fija criterios concretos y financiación. (Protestas de la señora Mínguez García). Sí, señora Mínguez, sí: «si quieren ayuda, que la pidan». Eso es lo que nos dijo Sánchez a toda la sociedad española. También fija criterios concretos y financiación en el caso de emergencias de interés nacional, con especial impacto en los municipios pequeños. Busca movilizar prioritariamente los recursos esenciales para asegurar la continuidad de suministro, la conectividad y el normal funcionamiento de los servicios básicos. Busca defender de manera real y con más protección jurídica a los ciudadanos y sus ayuntamientos. Una ley seria y necesaria para que el Estado y también las grandes compañías respondan donde más falta hace. Cuando el fuego, la lava, la nieve, el agua asolan un municipio, señores socialistas, los vecinos no deben pedir ayuda si la quieren. Les aseguramos que la quieren, y el Gobierno debe darla desde el primer minuto, sin cálculos políticos, sin ver de qué partido es el alcalde y sin pensar cómo aprovechar políticamente las terribles desgracias de los vecinos. (Aplausos).
Esta iniciativa persigue justamente eso, que los municipios no tengan que pedir la generosidad política y tacticista del PSOE cuando el fuego calcina a tu casa o tu ganado. Prioriza inversiones como el agua, la luz y las comunicaciones en los municipios más vulnerables. Da protección jurídica a los ayuntamientos que hoy están solos ante problemas imposibles de resolver por ellos mismos. Respalda la labor de los alcaldes como primera línea del Estado y quiere que ningún pueblo pequeño vuelva a quedar abandonado. Y lo hace fijando un mínimo común de servicios que deben estar garantizados y coordinados entre Administraciones.
Y una vez explicado lo que proponemos, toca explicar por qué lo proponemos. Y aquí tenemos la respuesta, que creo que todos ustedes conocerán (muestra un documento). Este es el excelente informe que ha hecho el Tribunal de Cuentas y que ha sido muy contundente. Es el informe sobre las 130 medidas contra la despoblación, que es un claro retrato del abandono del Gobierno de Sánchez y sus veintidós ministerios hacia la España rural. Este informe demuestra que el plan de este Gobierno es un fracaso monumental; que solo un tercio del presupuesto se dedicó realmente al medio rural; que la vivienda rural recibió solo un 0,8 % y la movilidad rural un 1,2 %, el emprendimiento un 5,3 %; que no se creó el observatorio de reto demográfico; que no se aplicó la Ley 45/2007, que obliga a evaluar el impacto territorial de todas las políticas del Estado; que no se activó el mecanismo rural de garantía, y que no pudieron evaluar gran parte de los resultados porque no tenían indicadores, ninguno. En definitiva, había ministerio, había vicepresidenta, había notas de prensa, pero no había estrategia ni gestión ni compromiso del Gobierno de Sánchez. Mucho PowerPoint, mucho titular, pero muy poca acción para los municipios.
Repasemos algunos de los compromisos del Gobierno en materia de reto demográfico. Prometieron la España a 30 minutos, es decir, que en 30 minutos tendríamos todos los servicios cualquier vecino de España. Si hay que esperar días para que nos respondan solo a una sola llamada, imagínese para cumplir este compromiso. Prometieron el estatuto básico del pequeño municipio, cuatro ministros lo anunciaron ―el señor Iceta, la señora Darias, el señor López y el señor Torres, el ministro rodeado de corrupción, pero que se parapeta en que parecía no usar a mujeres explotadas―, cuatro ministros, cuatro anuncios y el estatuto guardado en un cajón. Prometieron convocar regularmente las ayudas de innovación territorial, y hoy, 18 de noviembre, siguen sin convocarse. ¿Les parece serio, señores socialistas? Prometieron aprovechar el teletrabajo para atraer a jóvenes y llevan cuatro años sin aplicar su propia ley de teletrabajo. Prometieron el despliegue de banda ancha, pero no solo hay municipios esperando, sino que los municipios estamos recibiendo que esas ayudas y ese despliegue no se va a realizar. Y se lo digo de primera mano. Fuimos el otro día a una reunión con el subdelegado del Gobierno porque en toda mi comarca han decaído todos los proyectos y, como siempre, el Gobierno escondido. Prometieron una estrategia nacional, y llevan siete años gobernando, pero aún la están elaborando. Prometieron transporte, y su plan inicial eliminaba más de mil paradas; si no llega a ser por la enmienda del Grupo Popular, a todos los vecinos de la España rural nos dejarían tirados. (Aplausos). Prometieron desbloquear regadíos, y siguen atascados. Prometieron prevenir incendios, pero la señora Armengol tiene congelada la ley de montes de socios, imprescindible para ordenar miles de hectáreas cuyos propietarios ni siquiera se conocen. (Muestra un documento). Y prometieron financiación justa, y han creado una financiación a la carta para unos ―para los de siempre― y migajas para el resto. Y, por supuesto, prometieron aprovechar las ayudas al funcionamiento que Europa nos posibilitó. Autorizó un 20 % para Soria, Cuenca y Teruel, y era la oportunidad histórica para atraer empresas, aliviar costes laborales, incentivar contratos y favorecer el emprendimiento. ¿Y qué hizo el Gobierno? Pues aplicar el 1 %. El 1 %, han oído bien. Convertir una oportunidad histórica en una broma. Con el 20 %, hoy estaríamos hablando de centenares de empleos nuevos y decenas de empresas con capacidad de instalarse en nuestras provincias. Pero prefirieron perder la oportunidad que reconocer que el Partido Popular llevaba razón. (Aplausos). Prometieron vivienda rural, y el contraste es igual de claro: no hay plan, ni incentivos, ni estrategia de retorno, no hay ayudas para adaptar viviendas para jóvenes, no hay bonificaciones fiscales y, sin vivienda, no hay jóvenes, no hay familias y no hay futuro en el medio rural. Si me permiten, yo creo que, después de tanto prometer, se me viene a la cabeza un refrán muy popular: prometer y prometer... Y ahí lo dejo, señores socialistas. (Aplausos).
Mientras tanto, el Gobierno sí que se acuerda de los pueblos para lo que le interesa: la transición energética. (Rumores). Por favor, señor presidente... Como decía, el Gobierno se acuerda de los pueblos para colocar aerogeneradores, plantas fotovoltaicas o líneas de evacuación. Y ahí sí que somos estratégicos, pero esa transición tiene que ir acompañada de industria, de empleo y de oportunidades para el medio rural. Créanme que soy un convencido de la transición energética, pero no es de recibo que la energía se produzca en los pueblos y el empleo se quede en otros lugares.
Y ya que hablamos de territorios, a veces da la sensación de que algunos dirigentes del PSOE solo conocen Teruel por el parador y porque Ábalos llevaba allí a sus mujeres prostituidas. (Aplausos). Navarra, por el túnel de Belate y las mordidas de Cerdán, y de Soria solo se acuerdan para colocar un candidato a dirigir el PSOE de Castilla y León que sube impuestos en su ciudad...