Pedro Muñoz Abrines
PPDiputado.Página 112Vídeo
Gracias, señor presidente. Señor Torres, tengo que reconocer que es usted especialmente hábil para aparentar lo que no es y, sobre todo, para tapar lo que sí hace. Usted, desde que hace varias semanas se extendió el rumor de que podría haber un informe de la UCO sobre su gestión en Canarias, se ha dedicado a preconstituir un marco exculpatorio, basado en crear un conjunto ficticio de acusaciones de los demás, para tapar lo que sabía que sí iba a venir. Usted ha estado intencionadamente inflando un globo en relación con prostitutas y mordidas para hacer pasar después no solo por insignificante sino incluso por legal la vergonzosa actuación que usted tuvo en la pandemia. En la rueda de prensa de la semana pasada, usted se mostró enormemente feliz con el informe de la UCO, y con usted todo su Gobierno, porque no decía nada de prostitutas ni de mordidas. Es increíble, señorías, hasta dónde ha llegado la degradación moral del Gobierno y del PSOE (aplausos), hasta dónde han llegado las expectativas de sus propios compañeros socialistas, que son felices porque por fin hay un informe en el que no se habla de prostitución. ¡Apoteósico, señor Torres!
Pero es evidente que usted ha diseñado una estrategia para hablar de lo que no dice el informe, para así no tener que dar explicaciones sobre lo que sí dice la Guardia Civil. Sin embargo, sus juegos malabares, señor Torres, se agotan, se acaban, y hoy vamos a hablar de lo que sí dice la UCO. Y lo que dice el informe es que usted y su número dos, el señor Olivera, mintieron en las comisiones de investigación del Congreso y del Senado. Lo que sí dice el informe es que usted fue la puerta de entrada de la trama en Canarias, usted fue el imprescindible colaborador necesario de la organización criminal integrada por Ábalos, Koldo y Aldama. Lo que sí dice el informe es que, cuando Koldo llamaba, usted respondía; Koldo ordenaba y usted obedecía. Eso es lo que pasó, y eso es lo que dice el informe. Pero, fíjese, cómo ha cambiado el mundo: un ministro feliz porque la Guardia Civil le deja como mentiroso; feliz porque saca a la luz su descarada e inaceptable influencia sobre funcionarios para favorecer a la trama y feliz porque queda al descubierto que todo un presidente de comunidad autónoma, en realidad, estaba al servicio de un portero de club de alterne. (Aplausos).
Señor Torres, ni respeto a la verdad ni un ápice de dignidad. Pero no se engañe, porque no vamos a hablar solo de algunas mentirijillas, porque, sobre todo, el informe pone al descubierto una serie de hechos muy graves, mucho más graves de lo que usted y el Gobierno pretenden hacer ver; hechos que incluso podrían ser objeto de determinados delitos. Así que hablemos de todas esas cosas del informe sobre las que usted no puede dar explicaciones sencillamente porque no tienen ninguna justificación, y empecemos por las mentiras, las del señor Olivera y, por supuesto, las suyas.
Mentira número uno. Tanto el señor Olivera como usted ―perfectamente coordinados, eso sí― dijeron en comisiones de investigación que la contratación de Soluciones de Gestión vino por la llamada espontánea de Rotaeche ―espontánea― y que Koldo no tuvo nada que ver. ¡Falso! El informe deja claro ―página 15, y lo digo para que no responda usted que es un bulo― que, inmediatamente después de la llamada de Rotaeche, Olivera contactó con Koldo para decirle que había hablado con él. Es decir, ustedes sí sabían que Rotaeche los iba a llamar, porque Koldo ya les había advertido. Es decir, Koldo sí tuvo que ver, y mucho.
Y esto, señor Torres, nos lleva a la segunda mentira. Cuando les preguntamos quién había dado al señor Rotaeche el teléfono del señor Olivera, dijeron: «No lo sabemos». Pero era fácil conseguir el teléfono. Bueno, ya lo sabemos. Como dice el informe, el señor Aldama fue quien envió el teléfono al señor Rotaeche, y Aldama se lo dio a Koldo ―página 13 del informe―, y es evidente que, teniendo en cuenta el contexto, a Koldo el teléfono de Olivera se lo dio usted, como queda en el informe en otros casos.
Mentira número tres. Ustedes dijeron que, cuando recibían ofertas, se limitaban a enviarlas a los técnicos, que ustedes no intervenían y que por eso no habían tenido nada que ver en el contrato de mascarillas con Soluciones de Gestión. ¡También falso! El informe revela que, en concreto, el señor Olivera negoció directamente con Koldo la compra de las mascarillas ―página 15―. Es más, señor Torres, mire la página 16, porque se puede ver un mensaje en el que el señor Olivera le dice a Rotaeche: «Íñigo, prepárame oferta con dos millones, ¿vale? Negocié ―¿con quién?― con Koldo esa cantidad». Se lo repito, señor Torres, para que después no diga que es un bulo o una difamación: «Negocié con Koldo esa cantidad». (Aplausos). Así que hay constancia de que la oferta no fue algo espontáneo de Soluciones de Gestión ―veo que le hace gracia―, sino algo dirigido por Ábalos y Koldo, y usted lo sabía.
Mentira número cuatro. Cuando se le preguntó el motivo de comprar mascarillas a Soluciones de Gestión ―porque era ilegal, teniendo en cuenta que no tenía solvencia técnica ni económica―, lo justificaron diciendo que había emergencia, que estaban desbordados y que necesitaban mascarillas y el precio era correcto. ¡Otra mentira, señor Torres! Las observaciones de los funcionarios ―en concreto, de la tristemente fallecida Salomé Ballesteros― demuestran que ustedes no estaban superados, que, cuando llegó la oferta ―leo literalmente―, tenían stock para varios meses y que el precio estaba muy por encima de mercado. Es decir, ustedes conseguían mascarillas al precio de 1,89 y, sin embargo, a Koldo se las pagaron a 2,50. Salomé Ballesteros advirtió de esas circunstancias, pero a ustedes les dio igual ―páginas 22 y 23―. Había que comprarlas sí o sí, ¿verdad, señor Torres? Es más, no solo compraron las mascarillas; además, apartaron a la funcionaria porque se resistía a la operación. Sin embargo, Salomé Ballesteros dejó claro que le daba igual de dónde venía la oferta, si de Olivera y del Ministerio de Transportes, porque ella era funcionaria y tenía que comprobar ciertas cosas ―página 23 del informe―. Por eso, como reconoce otro funcionario, Sebastián Fuentes, para que ustedes pudiesen materializar la compra, ¿qué hicieron? Se salieron del circuito. Es decir, lo importante para usted, señor Torres, no era la pandemia, sino satisfacer las demandas de Koldo y de Soluciones de Gestión. (Aplausos).
Mentira número cinco. Usted primero mintió en el Congreso cuando dijo que no conocía al señor Aldama. Después, cuando trascendió un wasap de Aldama hacia usted, ya en el Senado dijo que efectivamente había recibido ese wasap pero que no lo había leído ―lo cual le desmiente la UCO― y, además, que la prueba de que usted no tuvo ninguna relación con Aldama era que no tenía el teléfono agendado. ¡Vaya chorrada, señor Torres! Pero, bueno, en realidad, lo que hizo fue ocultar que usted recibió ese wasap de Aldama porque el día anterior se había visto con él y con Koldo en el restaurante Jai Alai, de Madrid ―página 86 del informe―. Y no solo se vieron en ese restaurante, es que, tal y como pone en el informe ―páginas 90 y 94―, usted y Aldama volvieron a hablar el 21 de julio del 2020. De verdad, ¿usted sigue manteniendo que no tenía el teléfono del señor Aldama? ¿Que usted no tenía ninguna relación con él? ¿Lo sigue manteniendo? Señor Torres, míreme. ¿Lo sigue manteniendo? (El señor ministro de Política Territorial y Memoria Democrática, Torres Pérez: Sí).. ¿Sí? Dígame entonces por qué el día 18 de noviembre ―página 282― usted le pidió a Koldo el teléfono de Aldama. ¿Por qué se lo pidió? ¿Sobre qué tenía que hablar con él? ¿No decía usted que Aldama era un delincuente confeso, sin credibilidad? ¿O es que usted va pidiendo el teléfono de ese tipo de personas con toda naturalidad? ¡Acaba de mentir aquí directamente! ¡Es increíble!
Mentira número seis. Tanto usted como el señor Olivera engañaron, además, en las comisiones de investigación sobre sus contactos y sus tejemanejes con Nacho Flashback, Ignacio Díaz Tapia, Megalab y los test PCR. Ustedes, en realidad, intentaron evitar colaborar con las comisiones de investigación porque tenían mucho que tapar. Tenían que tapar que negociaron con Koldo, que apartaron y amedrentaron a funcionarios incómodos. Señor Torres, ¿se acuerda de esto? «Me voy a cagar en todos los santos con la responsable, o lo soluciona o la levanto por el aire» ―página 77―. ¡Zafio y machista, señor Torres! ¡Zafio y machista! (Aplausos.―El señor Pérez López: ¡Qué vergüenza!). ¿Y este audio que usted envió a Koldo? «Ya he requerido el expediente completo para ver quién ha estado desde dentro torpedeando, retrasando y demás» ―página 153―. ¡Edificante, señor Torres! Ya conocemos su auténtico yo. Pero es que ese audio Koldo se lo envió a Aldama y le dijo: «Borra». ¿Por qué cree usted que había que borrar ese mensaje? Revelador, ¿verdad, señor Torres?
La verdad es que usted se involucró de una manera personal e, incluso, obsesiva para que Soluciones de Gestión cobrase de manera inmediata, cuando el periodo medio de pago en Canarias para el resto de los proveedores del Servicio de Salud era más de doce meses. ¿Qué las mascarillas no cumplían y estaban siendo analizadas en Sevilla? No pasa nada. Ahí estaba usted, hablando con secretarios de Estado, incluso con Yolanda Díaz, para acelerar todos los trámites. Pero, fíjese, qué llamativo: de los 227 mensajes que usted se intercambió con Koldo en seis meses, ninguno fue para justificar acelerar esos análisis de las mascarillas para ponerlas a disposición de los sanitarios; solo para agilizar el pago. Por cierto, señor Torres, ¿227 mensajes con Koldo es lo que usted llama una relación anecdótica?
Pero hablemos de lo más grave. Cuando en agosto se confirma que hay 837 000 mascarillas fake, hay funcionarios que dicen a la empresa que las retire porque el Servicio de Salud canario no adquiere mascarillas de uso no sanitario ―página 42―. Pero, claro, esto no podía quedarse así, había que presionar y conseguir un apaño. ¿Y cuál fue el apaño? Primero, el señor Rotaeche propuso que se reclasificasen esas mascarillas, esas que ustedes no tenían que comprar, pagarlas a precio de mercado; y, además, les iban a regalar 400 000 más. Inmediatamente, esa oferta cambia, ya no son 400 000, sino 550 000, a coste cero ―página 189―. En ese ínterin, Conrado Domínguez, el director general del Servicio de Salud, traslada las condiciones de lo que el Servicio de Salud considera que tienen que pagar en ese momento ―octubre de 2020, y esto es importante―, los precios de referencia en aquel momento ―página 188―. Pero, curiosamente, al final, ¿qué pasa? Que el Servicio de Salud se queda con 837 000 mascarillas, que no necesitaban y que eran fake, y termina pagando las 550 000, que, en teoría, les iban a regalar. Y no solo las compran; es que además las pagan a precio de abril de 2020, cuando el mercado estaba más alto, y no a los precios de octubre, que era lo que habían planteado desde el Servicio de Salud ―página 198―. Así que ustedes, señor Torres, regalaron a la trama dos millones de euros.
¿Y saben ustedes lo que cambió en medio? Que a Aldama y al señor Cueto no les gustó la oferta inicial de Rotaeche de regalar mascarillas, porque eso suponía perder dos millones de euros. Claro, ¿qué hicieron? Prepararon su propia oferta final, una oferta que tuvo resistencias del Servicio de Salud. ¿Y quién salvó la situación? ¿Se lo imaginan? Koldo mandó las exigencias al señor Torres, presiona a su equipo y, ¡voilà!, en menos de una hora, asunto cerrado ―páginas 200 a 203―. ¿Cómo se llama eso, señor Torres? ¿Cree usted que eso no se parece mucho a ejercer influencia indebida? ¿Y cómo se llama, señor Torres, pagar por algo que no se necesita a precios muy por encima de lo que le marcan sus propios funcionarios? Y, por último, ¿por qué cesó usted al señor Olivera como su jefe de gabinete, a su número dos, precisamente cuando se supo que iba a salir este informe? ¿Tenía usted que taparlo? ¿Tenía que hacerle de escudo?
Señor Torres, dé explicaciones de una vez, tiene usted doce minutos, aunque, conociéndole, no tengo ninguna esperanza de que lo haga.
Muchas gracias. (Varios señores diputados: ¡Muy bien!―Aplausos).