Martina Velarde Gómez
PodemosDiputada.Página 106Vídeo
Muchas gracias, presidenta. Bienvenido, señor ministro. Vengo a hablar de la historia del ferrocarril extremeño, que es una historia de humillaciones, de agravios y de ofensas, porque entendemos que este país tiene una deuda inmensa con el ferrocarril extremeño, que sigue todavía sin saldarse a fecha de hoy. Extremadura tiene una red ferroviaria de 725 kilómetros. Esto supone solo el 4,6 % de las vías ferroviarias de todo el país y estamos viendo cómo es un auténtico oasis ferroviario. Solo para hacernos una idea, señor ministro, la provincia de Zaragoza tiene más kilómetros de vías ferroviarias que la comunidad autónoma entera de Extremadura, a pesar de que esta tiene casi tres veces más superficie. La promesa de un tren que conecte Extremadura con Madrid comenzó con José María Aznar hace veintidós años. Hace veintidós años ya les dijo a los extremeños y extremeñas que tendrían un AVE en el año 2010. Las obras se inauguraron en 2008 y, a pesar de la imposibilidad de terminarlas en plazo, se siguió mintiendo a Extremadura. Después de 2010 se dijo que llegaría en 2015, después en 2018, en 2019, en 2021, y ahora la última promesa es que va a llegar en 2034. Es decir, treinta y cuatro años de falsas promesas y de agravios respecto al resto del país. El oeste peninsular sufre una desconexión que no es fruto del azar ni tampoco del olvido, sino de una política de vaciamiento y de abandono de las periferias del Estado español. El supuesto tren de alta velocidad se ha inaugurado ya dos veces y, además, a bombo y platillo. La primera de las veces fue con la ministra Raquel Sánchez, en junio de 2022. La acompañaba una corte de periodistas y de personalidades e hizo el tramo Plasencia-Badajoz. Ese era el tramo de prueba. Luego supimos que ese tren de alta velocidad no iba a parar en la capital del Jerte y, gracias a que se levantó una ola de indignación al descubrirse el engaño, el primer Alvia ha comenzado a parar en la capital del Jerte desde junio de este mismo año. Esta indignación del norte de Cáceres es más que legítima después de que en 1984, con el Gobierno de Felipe González, se cerrara la Ruta de la Plata y se desconectara definitivamente a Extremadura del Cantábrico. Voy a recordar también que en Extremadura se produce el 25 % de la energía fotovoltaica de España y no funciona ni un solo tren eléctrico actualmente. Todas las mercancías se mueven con combustible diésel, sea en tren o en camión. ¿Cuándo se va a recuperar la conexión Madrid-Lisboa? No hace falta esperar a 2030 para recuperar servicios extintos desde la pandemia. Estamos muy muy cansadas ya de escuchar que el Gobierno le echa la culpa a Portugal y nuestros vecinos culpan a su vez a Renfe. Queremos que nos conteste: ¿qué conexión va a tener Extremadura cuando abran el tramo Évora-Elvas? ¿Vamos a seguir dando la espalda a Portugal? ¿Es la única región que tenemos? Yo no lo sé. Necesitamos un tren de servicio público entre Extremadura y el Alentejo, y necesitamos también coser la raya y vertebrar un territorio que se abraza en lo cultural, en lo social y en lo laboral, pero, al final, no en los transportes. Nosotras no es que apostemos por la llegada ―lo hemos dicho muchas veces― de la línea de alta velocidad a Extremadura, porque sabemos que ese no es el tren que necesita la mayor parte de nuestra ciudadanía, que el día de mañana, si llega, incluso no va a poder costeárselo. Pero, eso sí, basta de engañar a la gente con que se están dando pasos adelante cuando ustedes no sacan del congelador la declaración de impacto ambiental Madrid-Talayuela, que caducó en 2018. El bipartidismo ha actuado de la misma manera negligente con Extremadura, tanto el Partido Popular como el Partido Socialista. Pero ustedes se escudan constantemente en que Castilla-La Mancha no se pone de acuerdo con el trazado. Entonces, le preguntamos, señor Puente, ¿cinco años, de verdad, no le parecen suficientes para dar ya un puñetazo en la mesa y que el Gobierno plantee un itinerario que sea sensato y que acabe con esta situación de injusticia ferroviaria que vive Extremadura? Nos gustaría que nos respondiese a eso. Entendemos que coser la península, coser Iberia debería ser una prioridad para este Gobierno.
Los problemas ferroviarios de Extremadura no se quedan, además, solamente en la línea que une la comunidad con Madrid. Los trenes convencionales sufren continuos retrasos e incidencias, y eso ustedes no lo cuentan. Además, sobre todo, está pasando en los peores meses del verano. ¿Alguno de ustedes ha hecho alguna vez un viaje de más de cinco horas en un tren que normalmente llega tarde y que no tiene aire acondicionado a más de 40 grados de temperatura? Pues esa es la realidad de usuarios del tren de Extremadura. Las inversiones en el ferrocarril extremeño no pueden quedarse en el tren de altas prestaciones, sino que hay que apostar por conectar la región de norte a sur y de este o a oeste, como ocurre también en el resto del territorio español. Pero también hay que conectar por tren el sur, el norte, el este y el oeste, porque no tiene sentido que Extremadura lleve desde 1984 sin una línea de tren paralela a la Ruta de la Plata. Miles de estudiantes extremeños viajan a esta última ciudad todos los años, pero no pueden hacerlo en tren. El oeste español se vacía y la falta de unos trenes dignos que lo conecten entre sí es un factor que también contribuye a esta España vaciada. La Ruta de la Plata debería ser un eje de desarrollo ferroviario y económico de todo el oeste de la península, un proyecto para vertebrar el Estado que atraviese algunas de las provincias más rurales, envejecidas y despobladas. Solamente haría falta recuperar el tramo entre Plasencia y Astorga para conectar por ferrocarril Asturias con Andalucía, a través de Castilla y León y Extremadura, sin pasar por Madrid, que es un nudo que está siempre colapsado.
Esto que estoy relatando ampliaría enormemente la capacidad para transportar mercancías, haciendo mucho más competitivas las empresas, y también permitiría que otras empresas se pudieran instalar también en esas provincias por las fuentes de energías renovables que existen. Pero el diseño de la Red Transeuropea de Transporte lo aplaza hasta el año 2050. Es un trayecto de 327 kilómetros por autovía, que es lo que hay de Plasencia a Astorga, que en camión supone tres horas y media de viaje. Por eso le preguntamos, señor Puente: ¿el Estado español y la Unión Europea lo planifican para el año 2050? Gran visión estratégica y agilidad administrativa. La Ruta de la Plata se cerró en 1985. Han pasado ya cuarenta años y nos quedan, por lo visto, solamente veinticinco años más para poder recuperarla. Es decir, un total de sesenta y cinco años sin que los trenes puedan ir de Gijón a Sevilla sin tener que pasar por Madrid. Y lo mismo sucede con otras conexiones al sur, que tienen unas vías que están ya absolutamente obsoletas. ¿No es un reto para este Gobierno sustituir el transporte en vehículos privados y por carretera por otros medios que sean más sostenibles? Pues, evidentemente, si no ofrecemos unas alternativas que sean dignas, al final ese objetivo va a ser absolutamente imposible de alcanzar.
El señor Puente también recuerda la promesa de poner en marcha el intercambiador de Brazatortas, que se lleva prometiendo desde el año 1992, es decir, desde el siglo pasado, cuando se planificó el AVE Madrid-Sevilla, porque la primera idea era que a Extremadura se entrara por Ciudad Real. Este intercambiador hoy, treinta y tres años después, sigue siendo un punto estratégico para el desarrollo de las líneas de mercancías extremeñas y también de las que vienen desde el Puerto de Sines, en Portugal. El ministro Pepe Blanco lo prometió allá por 2002 y eso quedó durmiendo el sueño de los justos. Sinceramente, el maltrato del bipartidismo al oeste peninsular es absolutamente impresionante. Necesitamos conectar Extremadura con Valencia y con Barcelona, porque en 2012 también se quitó el tren a Barcelona. Badajoz-Valencia en cinco horas, por ejemplo, es bastante asumible y así comenzaríamos a vertebrar el país sin tener otra vez, repito, sin tener que pasar impepinablemente por Madrid. Además, el envejecimiento de una gran parte de la población, con la imposibilidad asociada de poder hacer uso de vehículos privados, es también otro de los problemas. Es más que patente la imposibilidad de muchos ancianos y de muchas ancianas de acudir, por ejemplo, a citas médicas en los hospitales de referencia haciendo uso del único medio de transporte público que existe, que es el de carretera. En los casos en los que es posible, muchas veces tienen que estar casi todo el día viajando para ir a esa cita médica.
En la página web de Renfe se puede comprar un viaje de Madrid a Marbella, a pesar de que Marbella no tiene estación de tren. Lo que pasa es que los viajeros van de Madrid a Málaga en tren y de ahí a Marbella en autobús. Quiere decir esto que hay una vía de intermodalidad que hace coincidir en tiempo la posibilidad de combinar el tren con otros medios de transporte, pero es que aquí tampoco se está dando. ¿Por qué entonces no podemos también facilitar la vida de los viajeros y las viajeras extremeñas con viajes que sean como este, intermodales, y que permitan, por ejemplo, ir de Jaraíz a Madrid o de Coria a Monesterio? Nosotras entendemos que la intermodalidad, tal y como hemos expuesto en este ejemplo, es básica en un territorio disperso y rural como el extremeño. Voy terminando. Explíquenos también cómo puede ser que los extremeños no tengan un sistema de cercanía y proximidad que facilite el transporte y garantice los precios asequibles, no solamente la alta velocidad. Queremos preguntarle, señor Puente, por qué habiendo la misma distancia de Cazalla ―en mi tierra― a Sevilla que de Castuera a Mérida ―en
Extremadura― el trayecto vale el doble, exactamente el doble. ¿Por qué no se refuerza la media distancia con el sistema tarifario de cercanías?
Señor Puente, señor ministro, espero su respuesta. No la estoy esperando yo, ni mi grupo parlamentario, sino que la están esperando todos los extremeños y todas las extremeñas.
Muchas gracias. (Aplausos).