Cayetana Álvarez de Toledo Peralta-Ramos
Ministra, el señor Sánchez por fin ha reconocido que va a reunirse con el fugitivo Puigdemont. Lógico, hay que asegurar la convivencia entre el chantajista y el chantajeado, no vaya a ser que el chantajista mande al chantajeado a la oposición perpetua.
Eso sí, lo de reunirse varias veces ya es vicio, pero, claro, el señor Sánchez intenta hacer del vicio virtud, porque, aunque no lo crean, señorías, tiene miramientos. Por ejemplo, el presidente no quiere reunirse con un delincuente porque eso afecta a su imagen, cosa que sí le importa. A veces ante el espejo piensa: ¿Te imaginas a tu amigo Scholz con un maletín yendo a Ginebra a comprar la investidura y la Presidencia a un delincuente prófugo? Eso no lo traga ni Patxi; bueno, perdón, Patxi traga con lo que sea. Para salvar este bochorno, el señor Sánchez ha tenido una idea brillante. Primero le borra al delincuente los delitos y luego se hace la foto. Esto es lo que ustedes llaman normalización, el blanqueamiento no del delincuente, sino del presidente.
Ahora, ministra, ya que usted es portavoz de esta humillación, denos algunos detalles, por favor. ¿Dónde va a ser la reunión? ¿Waterloo, por ejemplo, ideal para la rendición definitiva? ¿Habrá foto? Claro, ya lo han dicho. ¿Esta vez se van a cuidar de que no salgan las urnas golpistas o eso también lo ha pactado? A nosotros sobre todo nos interesa el orden del día; además de la impunidad, el fin de la igualdad, la demolición del Estado de derecho, la persecución de los jueces, ¿qué más le van a entregar? ¿También un referéndum contra la España constitucional? (Un señor diputado: ¡Muy bien!—Aplausos).