Carmen Martínez Ramírez
Señorías, esta proposición no de ley que presentamos no es solo un ejercicio de memoria, sino también un ejercicio de justicia democrática. En 2026 se cumplirán cuarenta años de la aprobación de la Ley General de Sanidad, una norma impulsada por un Gobierno socialista y de la mano de un ministro que encarnó como pocos el sentido más noble de la política, Ernest Lluch. Aquella ley mejoró para siempre la vida de los españoles y españolas. Por primera vez la salud se reconoció como un derecho universal, no como un privilegio vinculado a la renta o a la situación laboral. Esa ley nos dio un sistema nacional de salud público, gratuito y equitativo, que se convirtió en la mayor conquista social de nuestra democracia, junto con la educación pública y las pensiones. Pero, señorías, detrás de los grandes avances siempre hay una voluntad política, y esta ley fue fruto de una visión profundamente progresista y, si me permiten decirlo, profundamente solidaria. Fue la convicción de que lo público protege, iguala y dignifica.
Ernest Lluch entendió que la democracia se consolidaba garantizando derechos sociales efectivos y que la salud era uno de ellos. Su legado no se mide solo en leyes, señorías, sino en vidas salvadas y en millones de personas que desde entonces saben que su salud no depende de la caridad o de su estatus social. Por eso esta PNL propone que, al cumplirse el 40 aniversario de aquella ley, el Gobierno de España impulse un reconocimiento institucional que explique a las nuevas generaciones lo que significó aquella transformación, que ponga en valor un sistema sanitario ejemplar que es envidiado en todo el mundo y que se advierta que los derechos los podemos perder si no los cuidamos, en contraste con países con modelos de sistemas privatizados supuestamente muy desarrollados, como Estados Unidos. Queremos que, sobre todo, se reivindique el papel de los profesionales sanitarios, que son quienes cada día hacen realidad ese espíritu de universalidad y de equidad. (Aplausos).
Señorías, no podemos hablar de la sanidad pública sin hablar de los desafíos y de las amenazas que hoy la acechan, porque, cuarenta años después, el modelo que tanto costó construir está siendo erosionado, y lo está siendo especialmente allí donde gobierna la derecha. En las comunidades autónomas del Partido Popular asistimos a un proceso silencioso, pero constante, de privatización de la salud. Se externalizan servicios, se recortan plantillas, se cierran consultorios y se abre la puerta a un modelo donde quien más tiene más recibe.
Hemos sabido últimamente que la presidenta de la Comunidad de Madrid ha ocultado en la memoria de gestión del año 2024 las facturas pagadas a empresas privadas sanitarias, entre las que, curiosamente, se encuentra la que tiene en nómina a su pareja. Son más de 5000 millones de euros pagados a la sanidad privada durante su mandato. En este proceso, supuestamente sigiloso, quienes más pierden son los ciudadanos y, en los últimos tiempos, las ciudadanas. En comunidades como Andalucía, Galicia o la Comunitat Valenciana conocemos casos escandalosos en los que en programas de cribado del cáncer de mama miles de mujeres no fueron citadas a tiempo, poniendo en riesgo su vida, o directamente fueron excluidas del sistema de detección precoz. Y, mientras el Partido Popular ratificaba su apoyo al señor Moreno Bonilla, miles de andaluces se manifestaban el domingo por las principales capitales en protesta por su gestión inhumana, (aplausos), que ha puesto en cuestión a las asociaciones de víctimas, como AMAMA, que han denunciado el problema; como han hecho con las asociaciones de víctimas de la dana; y como ha pasado con los ciudadanos que claman por el deterioro planificado de un sistema que da cobertura a más de 8,5 millones de personas. Por tanto, si algo nos ha quedado claro, es que al PP le interesa poco la sanidad pública. Por eso esta PNL también tiene un mensaje político nítido: defender nuestro modelo. Eso es algo que hace el Gobierno de España, y por ello en los últimos siete años ha aumentado un 45 % la inversión en sanidad, incorporando tecnología e innovación farmacéutica y aumentando las prestaciones.
Señorías, la defensa de nuestro sistema sanitario público es una obligación democrática y no se defiende nuestro modelo ―insisto, admirado en el mundo― atacando la memoria de uno de sus máximos impulsores, tal y como está haciendo el Partido Popular en la Comunitat Valenciana, que ha intentado borrar el nombre de Ernest Lluch de los centros sanitarios que lo honraban, en algunos casos con éxito, como ha pasado en Elche y en Valencia, cuando además se cumplen veinticinco años del aniversario de su asesinato por ETA. (Aplausos).
La Comunitat Valenciana, mi querida comunitat, está siendo otra vez el laboratorio de pruebas de los pactos del PP y de VOX que van a extender a toda España, sin que tengamos opción a votar. Van a designar a un presidente que es cómplice del señor Mazón. Podrían haber escuchado al señor Mazón hace un momento mientras comparecía en las Cortes Valencianas. ¡Qué cara más dura!, ¡qué vergüenza!, ¡qué amoralidad! (Aplausos). Eso es lo que tenemos en la Comunidad Valenciana y eso es lo que quiere el PP para los ciudadanos de la Comunidad Valenciana, pero no lo vamos a permitir.
Señorías, la pandemia nos recordó de la manera más dura que, sin una estructura pública fuerte, todos y todas somos vulnerables. Por eso este 40. aniversario no puede ser solo conmemorativo. Tiene que ser una llamada a la acción para reforzar el sistema, para recuperar profesionales y, por supuesto, para garantizar los cribados en todas las comunidades, para garantizar la prevención y para garantizar la innovación del sistema sanitario en un aspecto de universalidad y de equidad. Por todo ello les pedimos ese apoyo a esta proposición no de ley, porque no se trata de un homenaje al pasado, sino de una apuesta de futuro. Por un sistema sanitario público, sólido, robusto y equitativo. Y por la memoria también de Ernest Lluch, porque queremos proteger su legado desde el compromiso con una sanidad que nos dignifica como país.
Muchas gracias. (Aplausos).