Concepción Gamarra Ruiz-Clavijo
Gracias, presidenta. Señorías, ya lo avisó Pedro Sánchez en esta misma tribuna: «Vamos a por todas». Y va con todo para mantenerse en el poder, va con todo para tapar su corrupción, va con todo para destruir la independencia judicial. En definitiva, no hay línea roja que no esté dispuesto a saltarse, con un único objetivo, que es aferrarse al poder, porque el ejercicio de poder se ha convertido para Pedro Sánchez en una estrategia procesal, en su línea de defensa frente a la acción de la justicia. Pedro Sánchez ha dado orden de limpiar, sin límites, las evidencias de su corrupción, y la única forma de hacerlo es mediante el poder, es decir, desde el BOE. Un poder sin mayoría es el que le permite aprobar hoy el proyecto de Ley Orgánica de Enjuiciamiento Criminal desde el Consejo de Ministros, un proyecto que atribuye la instrucción de los procedimientos penales a un Ministerio Fiscal dependiente del Gobierno y que solo acuse ese Ministerio Fiscal dependiente del Gobierno. Este es un paso crucial en una estrategia de asalto a la justicia. Los fiscales, como todos sabemos, están sometidos a una jerarquía, de la que se pretende aprovechar mediante fiscales generales tan serviciales como el que actualmente se encuentra en el cargo. Cuanto más acorralados están por la corrupción, más peligrosos son porque más decididos están a ir con todo para intentar salvarse. Por ello traemos hoy al Pleno una iniciativa que es una defensa directa de la independencia del Ministerio Fiscal. Con esta proposición de ley lo que quiere garantizar el Partido Popular es la separación de poderes, la independencia del Ministerio Fiscal, y con ello, el sometimiento del Gobierno a la ley. (Aplausos). Cuando la Fiscalía deja de ser independiente, deja de servir a la ley y empieza a servir al poder. La Fiscalía al servicio del sanchismo no es una hipótesis, no es una opinión, es la realidad que hoy vive España. Señorías, estamos a una semana de que, por primera vez en nuestra democracia, un fiscal general del Estado en ejercicio se siente en el banquillo del Tribunal Supremo acusado de un presunto delito de revelación de secretos. El fiscal general del Estado ha pasado de perseguir delitos a sentarse en el banquillo por, presuntamente, cometerlos. En definitiva, nunca antes el Ministerio Fiscal había estado en una situación tan delicada.
Y, señorías, la independencia del Ministerio Fiscal respecto al Ejecutivo está consagrada en la Constitución del 78, concretamente en el artículo 124. Este artículo al que acabo de referirme atribuye al Ministerio Fiscal la defensa de la legalidad, de los derechos de los ciudadanos y del interés público, pero con sujeción al principio de imparcialidad. Por más que este Gobierno, sin mayoría, sin presupuestos y sin proyecto, quiera hacer creer que el Estado en su totalidad le pertenece, esto no es así. Por eso, en los últimos siete años hemos visto cómo el Gobierno ha ido erosionando gravemente la independencia del Ministerio Fiscal. «¿De quién depende la Fiscalía? Pues eso». Era toda una declaración de intenciones de lo que estaba por venir y de lo que ha venido. Primero, puertas giratorias entre el Gobierno y la Fiscalía; Dolores Delgado ―seguro que la recuerdan―, del banco azul directamente a la Fiscalía General del Estado. Después intercambio de favores: fue nombrado como fiscal general su propio colaborador ―un nombramiento, por cierto, rechazado por el Consejo General del Poder Judicial―, y poco después ese colaborador devolvía el favor a su antigua jefa apañándole una fiscalía específica, en un ejercicio calificado por el Tribunal Supremo como desviación de poder.
Pero vayamos a su actividad. El procesamiento del fiscal general del Estado señala todavía más el daño institucional que el Gobierno está provocando a la Fiscalía; y no es una anécdota, es una alerta muy preocupante de su capacidad para servirse de las instituciones, que deberían ser de todos. La sumisión del fiscal general llega al punto de incurrir en la presunta comisión de delitos para perjudicar a una rival política de apropiarse de todos los recursos del Estado en beneficio personal. Y, por cierto, ¿creen acaso los grupos que votaron a favor de la investidura del señor Sánchez que si lo hace con unos no lo puede hacer con otros? Si es necesario, lo hará también con ustedes.
Y vayamos a las reformas legales. Todas las leyes, desde la ley Begoña a las leyes Bolaños, tienen un objetivo único: someter a la justicia. Todas y cada una de ellas buscan asegurar la impunidad del presidente, cuya familia, partido y Gobierno están manchados por la corrupción. Y de ahí el interés por atar todavía más la Fiscalía al control del Gobierno, de ahí el interés por eliminar la acusación popular y dejar que tanto la acusación como la investigación queden en manos de la Fiscalía, de ahí el sometimiento del fiscal general del Estado en el cargo, de su sostenimiento; Sánchez y los suyos lo necesitan, es una pieza clave, una pieza angular en el enjuague permanente para resistir en la Moncloa.
Hoy el Gobierno ha dado un paso más en ese proceso. Acabamos de conocer el proyecto de ley que deja la investigación penal en manos de un Ministerio Fiscal bajo tutela del Ejecutivo, un proyecto de ley que quiere acabar también con la acusación popular. ¿Alguien cree, por ejemplo, que el fiscal general habría permitido que la investigación de su propio caso llegase a juicio si dependiese de la Fiscalía la investigación judicial? Evidentemente, no. (Aplausos). De la misma manera que sin acusación popular el hermano del presidente no estaría procesado ni la mujer del presidente estaría imputada por cinco delitos ni avanzarían las investigaciones sobre corrupción del Gobierno y del partido del Gobierno. Su proyecto de ley presentado hoy es el del sometimiento de la acción de la justicia al interés del poder, de su poder, de Pedro Sánchez. En las actuales circunstancias, que toda investigación penal en nuestro país pueda quedar a criterio último de Pedro Sánchez es un auténtico peligro democrático, porque, señorías, ladrillo a ladrillo, reforma a reforma, este Gobierno quiere deconstruir nuestra arquitectura constitucional, todas sus garantías y contrapesos, todos los límites que el poder para ser democrático no solo necesita, sino que debe respetar.
El caso que nos trae hoy aquí es la Ley Orgánica de medidas en materia de eficiencia del Servicio Público de Justicia; sí, la que aprobamos en el año 2024, una ley que, con el falso pretexto de modernizar la justicia ―seguro que les suena, siempre este es el falso pretexto―, colaba en su disposición final quinta una modificación del Estatuto Orgánico del Ministerio Fiscal. ¿Qué hizo exactamente esa reforma? Desmanteló el modelo de independencia previsto para la unidad de supervisión y control de protección de datos del Ministerio Fiscal. Con anterioridad a la entrada en vigor de esta ley, el Estatuto del Ministerio Fiscal establecía que esa unidad debía estar dirigida por juristas independientes, elegidos por mayoría absoluta del Pleno del Consejo Fiscal y que contasen con experiencia acreditada en la materia. ¿Qué es lo que hace la ley de eficiencia? Cambia radicalmente este esquema: elimina la exigencia de que el responsable sea un jurista externo, establece que el cargo debe recaer en un fiscal en servicio activo y dispone que su nombramiento se haga a propuesta del fiscal general del Estado, es decir, del propio órgano al que debe controlar, tal vez además con la intención de nombrar a alguien cercano con altos conocimientos en borrado de delitos en dispositivos móviles. (Aplausos).
Señorías, esto es una aberración democrática. Es convertir una autoridad de supervisión en una oficina de confianza subordinada. Vamos, es como si Sánchez nombra a Bolaños para controlar su propia actuación. Es una burla política, máxime cuando ha sido la presunta filtración de datos de carácter personal de un particular lo que ha llevado al fiscal general del Estado al banquillo. Esta reforma, por tanto, vulnera el artículo 18 de la Constitución, que protege el derecho fundamental a la intimidad y los datos personales. Es contraria al derecho europeo: contradice el Reglamento General de Protección de Datos de la Unión Europea, que exige que toda autoridad de control sea independiente, imparcial y libre de instrucciones externas.
Por eso, esta proposición de ley que defendemos busca revertir esta modificación. Nuestra propuesta devuelve la independencia que el Gobierno eliminó, propone que el responsable de la unidad sea nombrado por mayoría absoluta del Pleno del Consejo Fiscal entre juristas de reconocida competencia con más de quince años de experiencia en protección de datos, establece un mandato de cinco años, no renovables, es decir, garantiza su neutralidad, y fija, como no puede ser de otra manera, un régimen de incompatibilidades y cese objetivo, para evitar cualquier influencia política. En definitiva, reestablece la independencia, la transparencia y la profesionalidad que Europa exige y la Constitución reclama.
Señorías, cuando el Gobierno aprueba leyes para controlar la Fiscalía, cuando sostiene en el cargo a un fiscal general procesado, cuando elimina los contrapesos que garantizan su independencia, lo que está en juego no es una persona, es la integridad del Estado de derecho. Esto es lo que nos jugamos, no una mera cuestión técnica. Es cuestión de calidad democrática. El objetivo del sanchismo es la degradación total de la democracia española. Cuanto menos legisle el Parlamento, cuanto más sometidas estén las instituciones, cuanto más débil sea la justicia, mejor para Pedro Sánchez. Por tanto, vamos a revertir esta degradación. Vamos a legislar a favor de las instituciones. Vamos a proteger la independencia de la justicia desde un poder legislativo independiente. En definitiva, vamos a regenerar nuestra democracia, ejerciendo, sí, el poder legislativo, que es lo que somos y Pedro Sánchez intenta eliminar y controlar. Esta proposición de ley supone una garantía decisiva en esa dirección. Es una rectificación institucional, un acto de higiene democrática y una reivindicación del equilibrio constitucional. La independencia del Ministerio Fiscal no es de derechas ni de izquierdas, es una exigencia constitucional, un compromiso europeo y una necesidad democrática.
Señorías, nuestro país necesita instituciones fuertes, no instituciones dóciles. Necesita una Fiscalía que investigue, no que obedezca. Y necesita un fiscal general al servicio de la ley, no al servicio del poder. Nuestra propuesta no es de parte, es de país, para que todos y cada uno de los ciudadanos tengan asegurado algo tan básico como la independencia del poder judicial, con la imparcialidad del Ministerio Fiscal. ¿Con qué razones puede un demócrata oponerse a ello? Por eso, les pedimos que la apoyen. Hoy podemos enviar a los españoles un mensaje claro: que la mayoría de sus representantes defienden las instituciones frente al poder, la independencia frente al control y la legalidad frente al abuso, un mensaje de salvaguarda democrática y de regeneración institucional.
Muchas gracias. (Aplausos).