Marta González Vázquez
Gracias, presidenta. Señorías, la política española alcanza niveles de escándalo tan desorbitados, tan continuados, tan normalizados que ya ni siquiera nos sorprende levantarnos cada día con una noticia más grave que la del día anterior. Hemos entrado en un bucle de estupor, de indignación, en el que un escándalo tapa al anterior y las responsabilidades ética y política por los errores cometidos han desaparecido por completo. ¿En qué momento hemos asumido por la fuerza del hastío que la mentira, la negligencia institucional y la indiferencia ante sus consecuencias son aceptables? (Aplausos). No podemos permitir que la gravedad de los hechos se diluya en la rutina de un estupor que nos anestesia. No podemos seguir normalizando que quienes ostentan responsabilidades públicas se escondan cuando tienen que rendir cuentas, que huyan cuando tienen que enfrentarse a la dura realidad de las consecuencias de sus decisiones. No podemos tolerar que los ministros de este Gobierno hayan sido reprobados hasta once veces sin dimitir: dos veces, Marlaska; una, Óscar Puente; una, Bolaños; una, Albares; una, Alegría; una, Montero y dos, la ministra Ana Redondo. (Aplausos). Señorías, la reprobación de un ministro no es la manifestación de una discrepancia política, sino una censura institucional que exige reflexión y rectificación. Seguir adelante de manera arrogante, como si nada, sin asumir errores, sin pedir perdón, sin ofrecer explicaciones detalladas es una afrenta al Parlamento y a los ciudadanos y revela una preocupante falta de ética y de responsabilidad. (Aplausos). En este contexto de degradación ética y política, un problema tan grave como el ocurrido con las pulseras de control telemático para maltratadores y de protección para sus víctimas, un sistema, recordemos, que se implanta por decisión judicial en casos de riesgo medio, alto o extremo, ha pasado ya a segundo plano, y no porque se haya resuelto, no porque se haya investigado, no porque se haya asumido responsabilidad alguna, la ministra responsable ni siquiera ha comparecido en esta Cámara para dar explicaciones, aunque se había anunciado su comparecencia en Pleno. Ni datos, ni disculpas, ni comparecencia (aplausos), dos reprobaciones y ni una respuesta. Escuchen estas frases de la propia ministra: «Se ha generado una alarma que nada tiene que ver con el funcionamiento de las pulseras»; «Funcionan, estén tranquilas»; «Lo que se han producido son errores técnicos en la migración de la empresa adjudicataria»; «Reitero las disculpas por el ruido generado en torno a su seguridad, que solo añade más inquietud»; «No ha implicado ninguna salida ni excarcelación de prácticamente ninguna persona». «La presidenta del Observatorio de Violencia del Consejo General del Poder Judicial ha mentido y tengo pruebas». Y la última: «Ninguna mujer ha sido asesinada llevando este dispositivo». Estas son las explicaciones de la ministra de Igualdad sobre este tema. (Aplausos). Evasivas, negaciones, acusaciones muy graves a personas concretas, con nombres y apellidos, con un conocimiento mucho mayor que el de la propia ministra sobre lo delicado y complejo del procedimiento de las pulseras, personas que la avisaron de lo que iba a ocurrir con el cambio de empresa adjudicataria y, sobre todo, con la sustitución de los dispositivos por unos brazaletes y unos teléfonos móviles no diseñados específicamente para esta actividad y adquiribles en AliExpress. Sí, señorías, en AliExpress (aplausos), para, por ejemplo, la localización de personas dependientes o personas mayores que viven solas. (Muestra un cartel que dice AliExpress, con un dibujo de un brazalete y el precio de 14,50 euros). Se compraron, señorías, estos brazaletes y estos teléfonos (muestra un cartel que dice OUKITEL, con una fotografía de un teléfono y el precio de 130 euros) que hoy cuestan 14,5 euros los brazaletes y 130 euros los teléfonos rugerizados con GPS.
Estamos hablando de los dispositivos que deben proteger a las mujeres que, primero, han tomado la decisión de denunciar a su maltratador; una decisión que todos sabemos que es difícil de tomar, para la que se necesita una gran valentía, una gran fortaleza. Y, segundo, son las mujeres para las que los jueces consideran fundamental que recurran a este dispositivo por una necesidad urgente de protección. Desde el Ministerio de Igualdad se les dijo que denunciasen, que no estarían solas, que estarían protegidas, y lo que después encontraron, cuando siguieron el consejo de las Administraciones, fue la más absoluta desprotección. El ministerio perdió todos los datos de los casos previos a marzo de 2024, en la migración de un proveedor a otro, generándose por este error sobreseimientos provisionales, fallos absolutorios y la liberación de maltratadores que debían estar controlados. Ocultaron a la opinión pública no solo la pérdida de los datos en la migración, sino también todo lo que salta a la luz al hacerse pública la memoria de la Fiscalía General del Estado de 2024: que los dispositivos generan alertas continuamente, que no son capaces de proporcionar a la policía datos fehacientes porque el GPS de ese teléfono no es fiable, que congelan la posición, que se pueden manipular con gran facilidad, que muchas mujeres viven en un perpetuo estado de angustia por culpa de ese mal funcionamiento y que han llegado al punto de pedir en los juzgados que se les retire este dispositivo que en realidad se convierte en un instrumento de tortura. En esta Cámara, se estaba negociando en ese periodo la actualización del Pacto de Estado contra la Violencia de Género. Compareció primero la secretaria de Estado, que nos dijo a 19 de junio de 2024 que los dispositivos son eficaces al 99 %, es decir, mintió en sede parlamentaria. Vino la delegada del Gobierno contra la Violencia de Género el 26 de junio pasado, con toda la Mesa trabajando en el tema del pacto de Estado y volvió a mentir; nos dijo que los dispositivos funcionaban y calló. Todo ello por negligencia, por ineptitud, por ocultación y por miedo. (Aplausos).
En el Grupo Parlamentario Popular presentamos esta proposición porque no permitiremos que esta grave negligencia se cierre en falso, porque cada pulsera que falló, cada alerta que no funcionó, cada mujer que vivió aterrorizada por un sistema que tiene que protegerla, que debía protegerla, merece respuestas y disculpas. No se puede liderar un ministerio tan sensible desde la opacidad, la ocultación y la mentira. No se puede fallar a las víctimas y pretender que no pase nada. No puede esconderse detrás de cifras incompletas y frases vergonzosas como «ninguna mujer ha sido asesinada», como si el sufrimiento no tuviese ninguna importancia. Queremos que el Gobierno ponga en marcha medidas de mejora después de la realización de una auditoría independiente sobre el sistema, evaluándolo en tiempo real a partir de ahora.
Termino, presidenta. Señorías, un ministerio no puede ser el refugio de la ineptitud y de la irresponsabilidad. La irresponsabilidad política no puede estar incluida en el trabajo del ministerio. La responsabilidad política no es una opción, es una obligación, y la única salida digna en este caso es la dimisión. Por eso, hoy exigimos la dimisión de la ministra de Igualdad. (Aplausos.―Varias señoras y señores diputados: ¡Muy bien!).