Víctor Camino Miñana
Gracias, presidente. Las alarmas llevan saltando desde hace tiempo en la mal llamada España vaciada. Convivimos con una parte del país absolutamente desaprovechada, ya que el 80 % de la población vive en el 15 % del territorio. Y no es un reto únicamente para aquellos que viven en los territorios despoblados, también es un reto para el conjunto de la población. Por ello, el Grupo Socialista plantea esta tarde algunas vías para ayudar a reequilibrar el país y posibilitar que jóvenes rurales se queden en sus lugares de origen. Señorías, les proponemos aprovechar el avance de la conectividad e impulsar el teletrabajo para fijar población joven en el medio rural. En resumen, de nuevo traemos a esta Cámara otra oportunidad para desplegar más derechos. (Aplausos). Verán, el código postal determina todo. Como sociedad no debemos normalizar una desigualdad entre quien nace en un código postal rural y el que nace en un código postal urbano, y, como generación, también es fundamental tumbar el mito de la meritocracia, el del esfuerzo o el de que si la sigues la consigues. Porque ¿cuál es la renta de los padres y de las madres? ¿En qué ubicación creces? ¿Qué posibilidad educativa y laboral hay en tu entorno? Me explico. Quieren aterrizar una idea de que nacer o aterrizar en la cima y en los centros de la ciudad forma parte de un éxito que viene dado por esa justificación moral, pero no, diputados y diputadas, la distancia entre un accidente y un hospital, el porcentaje de sueldo destinado a un alquiler, incluso usar o no el horno para guardar sartenes, todo ello lo determina la cuna en la que naces. Cuando algunos agitan banderas al grito de que se rompe España, les podríamos decir que dejaran las banderas y el odio y sacaran los mapas. (Aplausos). Realmente España puede romperse, pero lo puede hacer por la frustración generacional respecto a las expectativas en las grandes ciudades o por la fractura invisible de la despoblación. Repito, señorías, este contexto de desigualdad exige una respuesta contundente. Por ello, les propongo una triple transición: una transición digital, social y verde que equipare los puntos de partida. En primer lugar, una transición digital para incentivar el teletrabajo en la Administración pública, una palanca para disminuir la presencialidad en las oficinas urbanas y llenar así la vida de los pueblos. Utilicemos el liderazgo de España en Europa en cuanto a conectividad y el haber logrado triplicar el número de españoles y españolas con 5G en zonas rurales en estos últimos cuatro años, esto es ―para que lo entiendan―, que ocho de cada diez personas que viven en zonas despobladas ahora mismo podrían estar teletrabajando en sus pueblos; en 2021 apenas lo podían hacer tres de cada diez. En segundo lugar, poner en marcha una transición social que empodere territorios con servicios básicos ―sanidad, educación y transporte― y que también consigan dinamizar la economía local y generar prosperidad; una España de servicios con calidad a menos de treinta minutos en cualquier lugar de residencia. Por último, y no menos importante, generar una transición verde que asegure la sostenibilidad, esto es, consolidar las dos transiciones anteriores con una estrategia verde que fije la población atraída por el teletrabajo en los municipios rurales. Con esta palanca no solo conseguimos romantizar la vuelta a los pueblos o reivindicarlo desde esa perspectiva, también tratamos de dignificar las decisiones legítimas que lleven a cabo una revolución de las cosas sencillas. Volverse o quedarse en el pueblo no es en ningún caso un paso hacia atrás. Lo preocupante es acabar en una gran ciudad con un Gobierno retrogrado, como el que estigmatiza a las mujeres que ejercen el derecho al aborto o el que equipara colgar una bandera LGTBI con colgar pancartas contra el alzhéimer o contra el cáncer. ¿Saben dónde ha sucedido esto, señorías? ¿Ha sucedido en un municipio pequeño? No, ha sucedido en Madrid y ha sucedido en Valencia (aplausos), lugares donde ahora mismo es complicado diferenciar al Partido Popular y la extrema derecha de VOX. Y, señorías de la extrema derecha, para ustedes el nacimiento de Ayoub, que era hijo de inmigrantes, el primer bebé en dieciocho años en un pueblo de 91 habitantes, Vega de Villalobos, en Zamora, fue ―y cito textualmente― tenebroso. ¿Lo recuerdan, señorías de VOX? Fue tenebroso para ustedes, pero para la mayoría de España fue una gran noticia, porque la España rural no es tenebrosa, la España rural es diversa. Diputados y diputadas, esta propuesta no viene solo del Partido Socialista ni tampoco es una cosa solo de pueblos, que únicamente interesa a los pueblos; es un activismo para intentar reequilibrar las zonas urbanas hiperconcentradas y la España despoblada. Este Congreso puede poner esta tarde políticas a las canciones que cantan los chavales de Sanguijuelas del Guadiana y hacer nuestro ese Revolá, ese himno contra la despoblación, porque la medida, en conclusión, es un billete de vuelta para una generación que hizo las maletas sin mucho entusiasmo y quiere regresar a los entornos donde se respira aire puro y hay más vida. Es una mano tendida a quienes no se fueron y continúan mirándonos, mirando a esta Cámara con la esperanza de verse representados y representadas. ¿Cómo serían esas vidas si pudiesen teletrabajar desde un pueblo o desde una ciudad manteniendo sus condiciones? Esa es la pregunta que nos debemos hacer.
Verán, me considero hijo del éxodo rural que llevó a mi padre a hacer las maletas para ir de Siete Iglesias de Trabancos, en Valladolid, a Valencia, hace unas cuantas décadas. Por eso esta reivindicación es intergeneracional, no es únicamente joven. Tiene en cuenta los abrazos de las abuelas, padres y madres que pasan semanas echando de menos a los suyos. (Aplausos). Tiene el sello de personas, como los padres de Sara, que esta tarde nos acompañan desde la tribuna. Sara es una joven que decidió escribirme hace unos meses por redes sociales y animarme a plantear esta necesidad desde Romangordo, Cáceres. A veces consiste en eso, en utilizar los móviles para hacer menos tiktoks que insultan y hacer más y mejor política, porque yo creo en esta democracia que permite, a través de un teléfono o de un ordenador, ayudar a jóvenes a levantar una de las mejores banderas que tiene la sociedad, la bandera de la igualdad.
Muchas gracias. (Aplausos).