Ignacio Gil Lázaro
Muchas gracias, señor presidente. El pasado mes de junio, en nombre del Grupo Parlamentario VOX, me opuse a la toma en consideración de esta proposición de ley, presentada por el Grupo Parlamentario Socialista, con el fin de reformar el Reglamento de la Cámara para regular en él la figura de los lobbies o grupos de interés. Aduje entonces una serie de consideraciones de índole jurídico, pero hice también una mención expresa que hoy quiero reiterar aquí, porque en la exposición de motivos de esta iniciativa se dice literalmente que el objeto principal es reforzar la transparencia y luchar contra la corrupción, y esto lo dice el principal grupo que apoya en esta Cámara al Gobierno, un Gobierno opaco y rodeado de corrupción. Opaco, señorías, porque sistemáticamente se niega a rendir la información que se le solicita; por ejemplo, negándose a decirle a la Cámara cuánto cuesta anualmente al erario público, es decir, al bolsillo de todos los españoles, el mantenimiento de las consecuencias de esa invasión migratoria ilegal que el propio Gobierno fomenta; o, por ejemplo, negándose a decirle a la Cámara el número de vuelos realizados por los aviones oficiales Falcon a la República Dominicana y la identidad de las personas que han volado en dichos aviones; o, por ejemplo, negándose el propio Sánchez ante el Pleno de la Cámara a decir con qué altos directivos de empresas del IBEX habló personalmente en favor de los negocios de su esposa. (Aplausos). Y, desde luego, un Gobierno rodeado por la corrupción, por más que el señor presidente del Gobierno ayer mismo, en la sesión de control, tuviera la inmensa desfachatez de decir que su Gobierno es el Gobierno más decente de Europa. Un Gobierno rodeado de corrupción que empieza por el círculo familiar del propio presidente del Gobierno —su esposa y su hermano—, continúa con quienes fueron su círculo máximo de confianza política — Ábalos, Cerdán y Koldo— y sigue pendiente, con la espada de Damocles sobre él, de importantes investigaciones judiciales en curso, como las que afectan a la trama de las mascarillas o a la trama de los hidrocarburos y que, desde luego, pueden terminar salpicando a importantes personalidades socialistas. Y no es solo corrupción económica, señorías, porque corrupción es también trapichear con un delincuente prófugo de la justicia para ser investido presidente del Gobierno; o es mantener en su cargo al fiscal general del Estado cuando está a punto de ser juzgado por el Tribunal Supremo; o es lanzar a una fontanera socialista a urdir maniobras contra jueces, fiscales y miembros de la UCO que investigan la corrupción del sanchismo. Y, por supuesto, corrupción es también tratar de sojuzgar a la justicia, acallar a la prensa, invadir instituciones, quebrar la separación de poderes, pisotear el Estado de derecho o pasarse por el forro la Constitución, por ejemplo, llevando ya dos años sin presentar en esta Cámara el proyecto de ley de presupuestos generales del Estado, cuando la Constitución determina que esa presentación es imperativa, con independencia de si se tiene o no la mayoría para aprobarlos. Y, por cierto, ya que el Grupo Parlamentario Socialista muestra tanto interés por la figura de los lobbies, podría comenzar por esclarecer las andanzas de ese lobby que tiene montado Zapatero con el régimen criminal de Maduro o con China, o las andanzas también de ese otro lobby que tiene montado un exministro y ex secretario de Organización del Partido Socialista, el señor Blanco, acompañado, por cierto, en esas tareas por algún otro exministro del Partido Popular. (Aplausos). Así que, señorías, frente a esta iniciativa original del Grupo Socialista que nos parece puro postureo, mi grupo, a través de esta enmienda a la totalidad, propone a la Cámara seis reformas concretas.
Primera reforma: limitar a doce el número de comisiones permanentes legislativas frente a la hiperinflación actual, fruto, a su vez, de la hiperinflación ministerial creada por Sánchez de veintidós ministerios. (Aplausos). Con esta reforma, sin lugar a duda, el trabajo de la Cámara ganaría en cohesión y supondría, evidentemente, un monumental ahorro para su presupuesto.
Segunda reforma: garantizar la publicidad de los informes emitidos por los letrados de las Cortes a requerimiento de la Mesa de la Cámara o de la Mesa de cualquier otra comisión, tanto si afectan al procedimiento legislativo como a cualquier otra cuestión. Y, a tales efectos, señalamos que esos informes deberán ser distribuidos automáticamente a todos los grupos sin necesidad de petición previa, como ahora ocurre, y, para su mayor publicidad, recogidos en el Boletín Oficial de las Cortes.
Tercera reforma: acabar con el fraude que supone el uso de las proposiciones de ley por parte de los grupos que conforman el Gobierno. Es un fraude manifiesto que se utiliza por el propio Gobierno para evitar tener que solicitar los informes previos preceptivos, según la ley, que la materia objeto de la iniciativa debería llevar si hubiere sido objeto a su vez de proyecto de ley aprobado en Consejo de Ministros. (Aplausos). Y por eso señalamos que, una vez calificada la iniciativa por la Mesa de la Cámara y previo al debate de su toma en consideración, bastará que un solo diputado, señorías, que un solo diputado se dirija a la Presidencia de la Cámara solicitando que se remitan esos informes para que la Presidencia de la Cámara, imperativamente, tenga que cursar esa solicitud al Gobierno y el procedimiento legislativo no se inicie hasta que esos informes sean recibidos.
Cuarta reforma: recuperar el uso exclusivo de la lengua española en la actividad oral y escrita de esta Cámara (aplausos) frente al desafuero actual que supone el uso de las lenguas que son cooficiales solo en sus respectivas comunidades autónomas, según dictamina la Constitución, y, sin embargo, se sitúan aquí en pleno nivel de igualdad con la lengua española, lo que supone manifiestamente un ataque a esta, como símbolo de unidad política y territorial del Estado, y solamente responde por parte del Gobierno a satisfacer los intereses espurios de las fuerzas separatistas. (Aplausos). Esta reforma, a su vez, no solamente supondrá acomodar la práctica oral y escrita de esta Cámara a lo establecido en la Constitución, sino también un sensible ahorro al bolsillo de los ciudadanos, evitándonos el dispendio actual en sistemas técnicos de traducción y en traductores.
Quinta reforma: incorporar expresamente al Reglamento de la Cámara la fórmula de acatamiento a la Constitución a través de un explícito «sí, juro» o «sí, prometo», para evitar la suma de excentricidades que venimos oyendo en las últimas legislaturas en el momento de constituirse esta Cámara, teniendo en cuenta que la doctrina del Tribunal Constitucional señala que no podrán darse como válidas todas aquellas fórmulas que supongan una contradicción con el espíritu de lo que es el acatamiento, o condicionen o desnaturalicen lo que este acatamiento significa como respeto al ordenamiento jurídico y como compromiso del diputado de ajustar su actuación a las leyes (aplausos), y teniendo en cuenta también que sigue vigente la resolución de la Presidencia del Congreso, de fecha 30 de noviembre de 1989, que señala que esa fórmula ritual de acatamiento tiene que ser simple, explícita e igual para todos.
Sexta reforma: acabar definitivamente con lo que supone un manifiesto fraude en la constitución de los grupos parlamentarios; un fraude normativo grosero por el cual se permite la constitución de grupos parlamentarios que no alcanzan el porcentaje de representación establecido en el propio Reglamento, mediante la cesión temporal de diputados de un grupo a otro. (Aplausos). De modo y manera, señorías, que incorporamos al texto del Reglamento de la Cámara una mención expresa de que esa cesión de diputados estará prohibida y solamente se podrán constituir grupos que representen efectivamente el porcentaje obtenido en las urnas que señala el texto vigente, para respetar también así la representatividad que los ciudadanos han querido otorgar a cada cual a través del resultado electoral.
Por último, señorías, señalamos que, en el plazo más breve posible, el Reglamento de la Cámara debe someterse en su redacción a las recomendaciones de la Real Academia Española, esa que ahora quiere también asaltar el Gobierno, para limpiar de él todos los excesos del llamado lenguaje inclusivo.
En definitiva, somos conscientes de que, después de las próximas elecciones, la futura Presidencia de la Cámara deberá impulsar otras reformas en orden a la racionalización del procedimiento legislativo, la mejora de la función de control y la configuración de los órdenes del día, pero las reformas que hoy proponemos para que esta Cámara las adopte, dotan, sin lugar a duda, a la práctica parlamentaria de mayor austeridad, de mayor eficacia, de mayor transparencia y de mayor respeto a las leyes, todo ello en beneficio de la propia institución, para que esta pueda recuperar cuanto antes el prestigio de los ciudadanos y el papel central que le corresponde en la vida política española. Ustedes tienen la palabra.
Nada más y muchas gracias. (Aplausos de las señoras y los señores diputados del Grupo Parlamentario VOX, puestos en pie).