Noemí Santana Perera
PodemosDiputada.Página 43Vídeo
Muchas gracias, señor presidente. Para comenzar, me gustaría dejar claro que en Podemos nos sumamos al parón de la huelga general por Palestina que tiene lugar hoy, porque no podemos permanecer impasibles ante un genocidio a tiempo real, con miles de víctimas, muchas de ellas niñas y niños, y ante la negación del derecho a existir para el pueblo palestino.
Señor ministro, para empezar, quiero trasladarle la responsabilidad con la cual hago esta interpelación, pero también la preocupación que tenemos por el asunto que vamos a abordar en la mañana de hoy, ya que el tema que vamos a tratar no es específicamente un tema técnico o un tema jurídico, sino que lo principal es que afecta a la vida de miles de personas, que es un tema de justicia social. Hoy vamos a hablar de miles de trabajadoras y trabajadores públicos, ya sea de la sanidad, de la educación, de los servicios sociales o de la justicia, que durante años, a veces incluso durante décadas, han sostenido servicios esenciales de este país a costa de su precariedad. Y ha sido así por el abuso de la temporalidad dentro de la propia Administración, a la cual se le debería presumir ser ejemplo de legalidad y estabilidad laboral. España, nuestro país, lleva más de veinticinco años ―se dice pronto― incumpliendo la Directiva europea 1999/70 sobre el trabajo de duración determinada; veinticinco años sin transponer el derecho europeo a una norma del derecho español, desde el año 1999. Esta directiva nos obliga a prevenir y a sancionar los abusos en la contratación temporal. Es decir, en nuestro país llevamos veinticinco años mirando hacia otro lado, mientras el abuso se convertía en la norma.
En el año 2021, tras el pronunciamiento de Europa, que nos exige resultados, se pone en marcha la Ley 20/2021. Es una ley que se presentó como una solución definitiva, pero la realidad es que no fue más que un parche ante una situación muy grave. Al final, es un parche que intenta evitar las sanciones. Es una ley que sí, se ocupa de las consecuencias, pero no aborda las causas. ¿Y qué ha pasado después de la aplicación de la Ley 20/2021? Que hoy la temporalidad en el empleo público sigue siendo altísima, más de un 32 %, y eso según los datos que nos han dado en enero de 2025; que más de 970 000 trabajadoras y trabajadores públicos son temporales, de los cuales 700 000 son trabajadores interinos o personal estatutario sanitario, y que, además, lejos de estabilizar, lo que ha ocurrido como consecuencia de la aplicación de esta ley es que se ha cesado a miles de trabajadores de una forma completamente injusta. Siguieron siendo víctimas del abuso y, además, prácticamente se les ha expulsado a coste cero, sin indemnización y sin ninguna alternativa. La Ley 20/2021 no ha reducido la precariedad, lo que ha hecho es simplemente redistribuir la injusticia, y lo más grave es que ha generado inseguridades jurídicas que, desde nuestro punto de vista, no tienen precedente. Cada Administración ha hecho su interpretación de la ley, los tribunales se han visto colapsados y, al final, los afectados siguen básicamente igual, en el limbo.
Mientras tanto, la Comisión Europea ha sancionado a nuestro país reteniendo 626 millones de euros del plan de recuperación por el incumplimiento del compromiso de España y mantiene dos procedimientos sancionadores a nuestro país. Pero es que, además, Europa ya se ha pronunciado, el Tribunal de Justicia Europeo, en sus sentencias tanto del 22 de febrero como del 13 de junio del año 2024, dejó claro que los procesos de estabilización contemplados en la Ley 20/2021 no son medidas adecuadas para sancionar el abuso. Y la semana pasada, por si quedaba algún tipo de duda, el Abogado General del TJUE fue muy claro en el asunto C481/24 Obadal y, yendo más allá incluso del pronunciamiento del propio TJUE, ha dicho textualmente: como España no ha adoptado ninguna medida efectiva para sancionar los abusos, la única opción conforme al derecho europeo es transformar la relación temporal abusiva en fija. Ha sido bastante claro; incluso ha dicho que hay que hacerlo aunque contradiga principios de rango constitucional como la igualdad, el mérito o la capacidad. O lo que es lo mismo: fijeza o indemnización. Señor ministro, no le han dejado tercera vía.
El Abogado General ha desmontado una por una las excusas que ha puesto nuestro país. Primero, ha dicho que el indefinido no fijo no es sanción porque sigue siendo trabajo temporal; ha dicho que las indemnizaciones actuales no son disuasorias ni tampoco proporcionales, y ha dicho que los procesos de estabilización no reparan el abuso porque ni garantizan la estabilidad ni son de justicia. Por lo tanto, señor ministro, España sigue incumpliendo con el derecho de la Unión y, si no hay sanción efectiva ante este abuso, lo que habrá será una condena a nuestro país. Mientras tanto, señor ministro, da la sensación de que ustedes van secando el piso mientras el grifo —o el chorro, como decimos en mi tierra— sigue abierto. Cesan al personal que está en abuso de temporalidad y al día siguiente vuelven a contratar a más personal en situación de temporalidad. Por lo tanto, van repitiendo el ciclo día tras día, década tras década. Hay que poner punto final, señor ministro, a la temporalidad en lo público, igual que se ha hecho en el sector privado. En el sector privado, cuando uno trabaja tres años, si el puesto sigue, la persona se convierte en fija y punto, no hay más. Esto se debería trasladar al sector público. Si se encadenan varios nombramientos superando el plazo, la persona debería convertirse en fija. Se lo decimos para las personas que permanecen hoy en el puesto y también para aquellos que han sido cesados injustamente.
El problema, señor ministro, no es el trabajador temporal, el problema es el modelo de acceso a la Administración pública: procesos que se eternizan, plazas que tardan años y años en resolverse y una falta total y absoluta de planificación. Mientras tanto, las jubilaciones se nos van echando encima y la Administración, ¿cómo se queda? Se queda sin relevo, perdida, sin motivación y sin ningún tipo de rumbo. Y no me diga que el mérito y la capacidad están en riesgo, porque si algo han demostrado esos miles de trabajadores públicos, algunos de los cuales llevan más de veinte años trabajando en situación de temporalidad en la Administración pública, es su compromiso, su mérito y su capacidad. Porque no hay mayor mérito que haber sostenido durante años los derechos más esenciales de la ciudadanía de España en una situación de incertidumbre total, de precariedad y sin saber si mañana van a mantener o no su puesto de trabajo, y aun así haberlo hecho como grandes profesionales. Eso también se llama meritocracia, señor ministro.
Por eso, Podemos le pide claridad y valentía. Nosotras hemos presentado enmiendas a la ley de función pública que entendemos que traen una solución justa y necesaria a la situación de los trabajadores públicos en temporalidad, y en esto incluyo, como le decía antes, a los trabajadores y las trabajadoras que ya han sido cesados. Esperemos que opten por opciones como las que nosotras les ponemos sobre la mesa y que no opten por opciones como indemnizaciones millonarias, que van a salir del bolsillo del contribuyente, porque al final esto va a suponer gastar una millonada de euros, va a seguir colapsando tribunales y nadie se va a ver satisfecho. Pueden actuar ahora, señor ministro. Estoy segura de que la sentencia del TJUE les va a obligar más pronto que tarde a tomar medidas, y van a ser medidas, si no se toman desde ya, a un coste aún mayor del que tendrían si tomamos la decisión hoy. Así que, señor ministro, no espere. Señor ministro, actúe. No debemos esperar, como le decía, a que Europa nos vuelva a sacar los colores, porque esto ya no va de plazas. Esto va de personas, esto va de quienes han dedicado gran parte de su vida a prestar un servicio público de calidad y solo piden cosas muy sencillas: estabilidad, dignidad y su compromiso, señor ministro.