Gracias. Como no me ha contestado, señor ministro, debo entender que usted piensa que el señor Starmer es un peligroso racista. Pero no, no lo es, se lo digo yo. Es realista, como lo somos todos los que llevamos muchos años diciéndoles que apliquen una política firme, seria y restrictiva contra la inmigración irregular. Porque sus políticas son inexistentes o, en su caso, son ineficaces: mafias envalentonadas, oleadas de embarcaciones llegando a nuestras costas, cientos de miles de personas en situación irregular en nuestro país, barrios desbordados e inseguridad creciente. Usted no ha perdido el control, señor Marlaska, usted lo ha entregado. Y mientras su Gobierno se refugia en la agitación política, España paga las consecuencias. Su Gobierno no defiende nuestras fronteras, las abandona, señor Marlaska, como en el último golpe a la frontera sur, a Melilla, donde se han reducido efectivos y se han recortado unidades de intervención policial. Desprecia a nuestras fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, las desmantela en las fronteras exteriores y justifica a quienes las agreden. Usted castiga a quienes protegen a nuestro país y premia a quienes nos asaltan. Encubre a los investigados y procesados por corrupción de su partido, los que se repartían mujeres, los que se repartían propiedades y billetes de 500 en sobres del PSOE. Mientras, nuestros agentes tienen que adelantar sus dietas porque su ministerio es incapaz de pagárselas en tiempo y forma. ¿Pero qué clase de ministro del Interior es usted? (Aplausos). Lo peor, señor Marlaska, no es su pasividad, es su cálculo; lo peligroso es la estrategia medida del Gobierno para erosionar la convivencia en nuestro país: convertir el problema en gasolina política para enfrentar a los españoles a los territorios. Ultras, fachas, radicales, racistas; todo les vale, da igual. El país cada vez más dividido por elección deliberada de su Gobierno. No sé si son más irresponsables que incompetentes, pero se lo dejo claro desde ya: nos tendrán enfrente para derribar el muro de su corrupción, de su propaganda y de su hipocresía, en favor de la justicia y de la verdad. (Aplausos).