Oskar Matute García de Jalón
EH BilduDiputado.Página 21Vídeo
Presidente andrea, diputatuak, lehenik eta behin, arratsalde on. Creo estar convencido de que yo no soy el único diputado de esta Cámara al que muchas veces le inquieren en la calle sobre la utilidad que tiene este hemiciclo, cuando lo que ven son debates que o se alejan de sus preocupaciones o muestran probablemente la cara más tosca de la política, la del enfrentamiento directo, con pocos argumentos, pero con grandes epítetos. Y yo hoy quiero hablar de vivienda y creo que hablando de vivienda por lo menos justificamos un poco aquí nuestra presencia, dado que ―y en esto sé que no me equivoco― sabemos que estamos hablando del principal problema que afecta a los ciudadanos y las ciudadanas, tanto de Euskal Herria como del Estado español. Estamos hablando, cuando hablamos de vivienda en cualquiera de sus variables o vertientes ―y hoy lo haré de una en concreto―, de una dificultad objetiva para desarrollar un proyecto de vida digno. Estamos hablando del mayor factor de desigualdad que existe en nuestra sociedad. En esta Cámara, donde tantas veces se ha invocado la igualdad efectiva y real de todos los españoles, sería importante que fuésemos capaces también de entender que el principal factor de desigualdad en esta sociedad se da entre quien tiene vivienda o quien tiene garantizado que va a tener una vivienda, bien sea por herencia u otra cosa parecida, y quien no la va a tener nunca, porque por mucho que trabaje sus salarios nunca le alcanzarán para poder pagar una vivienda. En definitiva, cuando hablamos de cualquier elemento de vivienda ―y como he señalado hace un momento, yo lo haré hoy de uno muy concreto y muy limitado también en su acción―, estamos hablando de hacer frente a la mayor crisis habitacional que están teniendo nuestras sociedades desde hace décadas. La misma crisis habitacional que hace que día tras día nos amanezcamos con titulares como el que hoy, por ejemplo, lleva el periódico de mayor tirada en la Comunidad Autónoma vasca, que señala que el sinhogarismo, que las personas sin hogar, las que viven en la calle, ha crecido un 100 % en Vitoria en solo cinco meses. No es, seguramente, por una gestión ineficaz de las instituciones locales. Es fruto de una coyuntura mucho más compleja, mucho más endiablada, si se quiere. Tiene que ver con la falta de emancipación de las generaciones más jóvenes; tiene que ver con los procesos de gentrificación que expulsan a la gente de los lugares donde ha vivido siempre para convertirlos en escenarios turísticos al servicio o a demanda de quienes vienen de fuera; en definitiva, tiene que ver con todo aquel que antepone la posibilidad de obtener un beneficio a un bien frente a los que consideran que la vivienda tiene que ser un derecho y, por tanto, que cualquiera acción pública y política es poca hasta que no se garantice el derecho a la vivienda para todos y todas. Y, por eso, traemos hoy una iniciativa concreta, como digo ―y soy sincero―, de eficacia premeditadamente limitada porque no quiere en modo alguno legislar lo que no le corresponde, porque no quiere invadir competencias de ninguna Administración ni autonómica ni local, pero sí quiere que aquel que puede legislar en aquello que le es materia exclusiva ―y hablo de las grandes plataformas digitales― haga lo que pueda hacer y está en su mano. Y la traemos desde dos premisas argumentales, sabiendo y siendo conscientes de que habrá quien penalice esta iniciativa porque el proponente es Euskal Herria Bildu, y eso será razón o motivo más que suficiente para votarla en contra. Bien, están en su derecho, pero piensen siquiera un segundo en toda la gente a la que van a penalizar para penalizarnos a nosotros, en toda esa gente que se va a convertir en chivo expiatorio de sus odios atávicos hacia Euskal Herria Bildu. Como decía, solo hay dos premisas argumentales que nos han movido a traer esta iniciativa: una es el sentido común y la otra es el respeto competencial; el mismo respeto competencial que exhibimos en la ley de vivienda de 2003 cuando pedimos que esta materia de la que hoy vamos a debatir fuera excluida del texto de la ley porque correspondía a las comunidades autónomas, y hablo de las viviendas turísticas. La misma disposición al respeto al marco competencial que viene regulada a lo largo de las dieciocho páginas que contempla esta proposición de ley y que viene de manera expresa reflejada en la disposición adicional primera. Y es que esta Proposición de Ley sobre control y regulación de la publicidad y contratación de los pisos turísticos en las grandes plataformas digitales ―y esta es la parte más sustantiva de todo ese enunciado― pretende, precisamente, que ese espacio de impunidad en que se han convertido las plataformas digitales deje de serlo. No sobreabunda en la regulación, sino que pretende regular un espacio que está absolutamente desregulado y donde las instituciones, cuando hacen algo, lo hacen a posteriori, siempre para pedir que se deje de hacer y nunca previniendo que se pueda siquiera llegar a hacer.
Lo hacemos recogiendo los mandatos del Reglamento de la Unión Europea 2024/1028 y lo hacemos también recogiendo y desarrollando el Real Decreto 1312/2024, que se aprobó en este mismo hemiciclo en 2024. Y lo hacemos porque la realidad a día de hoy ―no la que nos gustaría que existiera, ni la que uno tergiversa para que exista, sino la que existe realmente― es que entre un 40 % y un 90 %, según el estudio al que nos acojamos, de las viviendas que se ofertan en esas grandes plataformas digitales, de las que a buen seguro sus señorías habrán hecho uso en alguna ocasión, son viviendas turísticas irregulares o ilegales, sin ningún tipo de licencia ni de permiso, que tienen que dar los ayuntamientos y las comunidades autónomas y que en modo alguno planteamos que dejen de hacerlo. Eso está provocando una ruptura del equilibrio social e incluso del equilibrio ecológico. Y para ser más claro en lo que pretendemos, lo señalaré de manera taxativa y clara, para que nadie tenga que interpretarnos.
¿Qué pretendemos? Pretendemos que se regule y se controle la publicidad y la publicación de los anuncios en grandes plataformas digitales. Tan solo eso y nada más que eso, que no es poco, teniendo en cuenta los datos. No nos planteamos cuáles tienen que ser viviendas turísticas, no nos planteamos qué condiciones tienen que cumplir, porque sabemos que eso lo tienen que hacer los ayuntamientos y las comunidades autónomas, y queremos que siga siendo así en aras de la descentralización y de la democratización del Estado. Planteamos que ese segmento del mercado desregulado que accede a las plataformas digitales para obtener un beneficio, una remuneración, deje de hacerlo porque las plataformas digitales se vean obligadas a hacer a priori lo que ahora solo hacen a posteriori. Y es verdad que el Gobierno, el Ministerio de Consumo y el Ministerio de Vivienda han conseguido retirar de las plataformas digitales cientos de miles de viviendas ilegales. Pero no es menos cierto que, de la misma manera que las han retirado, pueden volver a poblar las plataformas digitales. Y de lo que se trata, por tanto, es de que no puedan seguir haciendo eso y de que no estemos jugando continuamente al juego del gato y el ratón.
¿Y por qué queremos hacer eso? Para acabar con las irregularidades. No planteamos ya siquiera una situación absolutamente intervencionista de esta parte del mercado de la vivienda. Planteamos que no haya espacio para la impunidad. Y lo planteamos desde todas las vertientes ―por eso les he hablado del sentido común que puede dar sentido a una iniciativa así―, porque una vivienda irregular que obtiene una contraprestación económica por su alquiler de días o de temporadas cortas lo hace causando perjuicios a los vecinos, que viven soportando una vivienda turística que no ha pedido licencia, que no tiene registro de actividad, que puede no cumplir las condiciones de salubridad, pero que molesta a todos los vecinos por cuanto no es siquiera legal ni ha pasado por ningún filtro de ningún ayuntamiento ni de ninguna comunidad autónoma. Lo hacemos también pensando en los arrendadores legales, en todos aquellos que van a otra ciudad a pasar unos días y se encuentran con que aquello que han alquilado resulta ser un tugurio o un cuchitril, elijan la palabra que mejor les venga. Lo hacemos para acabar con la vulnerabilidad que tienen también aquellos que sí han pedido la licencia, se han registrado y pagan impuestos por su actividad económica. Lo hacemos, en definitiva, por todas y todos los ciudadanos, porque cada vivienda irregular que se alquila es un dinero que sigue alimentando la noria de la economía sumergida y del dinero negro por cuanto no tributa y, por consiguiente, no hay un dinero que tendría que ser del Estado para poder dedicarlo a otras cosas. Y en estos días estoy seguro y convencido de que a muchos y muchas de nosotros se le ocurren miles de cosas a las que podríamos dedicar más recursos públicos, desde las mamografías en Andalucía hasta otras muchas cuestiones.
Y lo hacemos también para acabar con la gentrificación de nuestros barrios. Y sé que la palabra gentrificación empieza a sonar cada vez más en nuestros oídos, pero sé que sigue siendo un término, un concepto, que a veces parece extraño para mucha gente. No es sino el fenómeno de expulsión de la gente que ha vivido siempre históricamente en una realidad para convertirla en otra porque no puede soportar ya vivir ahí. Quizás mejor que entender lo que yo estoy diciendo es hacer seguimiento a una serie, a una comedia con ribetes ácidos como Poquita fe en su segunda temporada, para entender qué es la gentrificación y qué provoca.
Como decía, ¿dónde pretendemos llevar a cabo esta iniciativa? En una acción decidida para controlar y regular la publicidad y publicación en las plataformas inmobiliarias, en las webs que seguramente todos y todas tenemos en la cabeza y que podríamos recitar tal cual fuera la alineación de nuestro equipo de referencia. ¿Y cómo pretendemos hacerlo? Complementando instrumentos que ya existen, no nos los estamos inventando. Pueden gustarnos más o menos, pero si existen, que tengan utilidad porque obedecen a una lectura de marco estatal, de una ley estatal en este caso, que es la que tiene que ver con el registro único de arrendamientos, vinculado de alguna manera al área de arrendamientos urbanos, y es la que tiene que ver con la Ventanilla Única Digital. Queremos que esto se haga desde el respeto a la protección de datos, porque se puede hacer. Y a esto le añadimos un régimen sancionador para que incumplir la ley no le salga barato a quienes sacan beneficios escandalosos de manera reiterada precisamente por eso, por incumplir la ley.
Esta proposición de ley consta de cuatro títulos, veinticinco artículos y nueve disposiciones. El título I habla de la publicidad, publicación y contratación, o ―lo que es más preciso― de su objeto y ámbito de aplicación, desde el respeto competencial, como así lo refiere en la propia página 2 de la ley. El título II hace referencia a las obligaciones que han de tener las empresas prestadoras, las grandes plataformas digitales ―nuevamente las señalo―, a la hora de ofertar esos servicios: lo que tiene que ver con el número de licencia, con el número de registro, con la naturaleza jurídica o con el número de bienes que ofertan dentro de una misma lógica de propiedad. El título III tiene que ver con el procedimiento de verificación. Son las propias plataformas las que tienen que verificar que aquello que ofertan es legal. ¿Se imaginan ustedes, señorías, que hubiera plataformas de cualquier tipo que ofertaran servicios absolutamente ilegales e irregulares y no pasara nada? Me da igual que fuera en el ámbito del intrusismo profesional, en el ámbito de la sanidad o en cualquier otro terreno que roza lo ilícito o directamente lo penal. Por último, termino con el título IV, que establece un régimen sancionador, con faltas muy graves, graves y leves, que van desde los 10 000 euros hasta el millón de euros, para que las plataformas tengan mucho cuidado a la hora de seguir ganando un pequeño porcentaje de cada vivienda irregular que cuelan dentro del sistema.
Termino ya. Votar en contra de esta proposición de ley hoy para alguna gente será solo cuestión de votar en contra de Euskal Herria Bildu. Para la mayoría de la gente será volver a poner un obstáculo para empezar a hacer cosas efectivas en materia de vivienda. Seguramente, a la mayoría de la gente le reconfortará entender que su realidad insoportable empieza a ser menos insoportable porque, aunque sea de manera lenta, de manera cuidada, de manera limitada para no invadir competencias, estamos intentando hacer cosas para subvertir una realidad que es de todo menos digna, que es la de la falta del derecho y acceso a una vivienda digna y asequible.
Besterik ez. Mila esker. (Aplausos).