María Carmen Castilla Álvarez
Gracias, presidenta. Buenas tardes, señorías. Con esta proposición no de ley, mi grupo, el Grupo Socialista, pretende avanzar en la senda del diálogo y los consensos alcanzados sobre salud mental en este Parlamento. Hoy es mi primera comparecencia en este hemiciclo, y quisiera que mis primeras palabras fueran para mostrar el reconocimiento, la admiración y el agradecimiento a los grandes profesionales de la sanidad pública española. (Aplausos). No puede ser de otra manera; lo dan todo por cuidarnos. También quiero expresar mi agradecimiento y reconocimiento a las cuidadoras no profesionales. Señorías, les voy a hacer una pregunta: ¿tienen ansiedad o han tenido ansiedad, trastornos del sueño o depresión? Si la respuesta es sí, forman parte de casi el 40 % de las personas que tienen un problema de salud mental en nuestro país. Las preocupaciones, las ansiedades, los sentimientos de depresión provocados por los efectos de la pandemia, las emergencias climáticas, el desempleo ―sí, el desempleo―, el aumento del coste de la vida, las presiones de la transformación digital y las redes sociales han afectado a la salud mental de la población. El consumo de ansiolíticos ha aumentado nada más y nada menos que cinco puntos en la última década. Desgraciadamente tengo un dato estremecedor: cada día se suicidan once personas en nuestro país, siendo la primera causa de fallecimiento entre los quince y los veintinueve años. (Rumores). Sí, lo que escuchan, si es que quieren escuchar. Cuando esta noche, señorías, se vayan a su casa, once españoles o españolas habrán decidido poner fin a su vida. Para los y las socialistas responder a esta realidad es urgente. En los gobiernos y en la oposición hemos puesto la salud mental entre las prioridades sanitarias. Pedro Sánchez ha situado la salud mental como tema central en la agenda política de nuestro país, pero fue mucho antes, mucho antes, allá en el año 1986, cuando se aprobó la Ley General de Sanidad gracias a nuestro gran ministro de Sanidad Ernest Lluch. (Aplausos). Fue una ley que desarrolló el germen del artículo 43 de la Constitución española y que equipara el trastorno mental al resto de los problemas de salud. Porque, señorías, sin salud mental, no hay salud.
Me gustaría plantear de nuevo el contexto. También fue durante otro Gobierno socialista cuando se aprobó la estrategia del Sistema Nacional de Salud, en el año 2006, y que ha sido actualizada ―no sería tan mala― en el año 2021 de mano de otro gran presidente, José Luis Rodríguez Zapatero. La actual estrategia es un documento consensuado en el que participó un comité asesor formado por profesionales de la psiquiatría, psicología clínica, enfermería, trabajo social, personas usuarias y un comité institucional en todas las comunidades autónomas, que aprobó ―escuchen― por unanimidad algo que no podemos olvidar hoy. Se establecieron diez líneas estratégicas. Señorías, es importante recordar que, aunque la pandemia parece que fue hace mucho tiempo, no lo fue hace tanto, ha tenido un impacto claro en la salud mental de las personas. Además, nos colocó ante un espejo más evidente la importancia de actuar. De ahí nació el vigente Plan de Acción de Salud Mental 2022-2024, promovido por el Ministerio de Sanidad y consensuado ―vuelvo a hablar otra vez del consenso― con las comunidades autónomas. Este es un proyecto dotado de dinero, sí, de cien millones de euros. De hecho, en estos dos ejercicios ya se ha transferido a las comunidades cerca de 55 millones.
Como saben, el refuerzo de especialistas en salud requiere planificar la formación de profesionales, para lo cual se necesita disponer de capacidad formativa y de financiación de las plazas de formación. Dicha financiación corresponde al presupuesto de las comunidades autónomas. Señorías, corresponsabilidad. Por tanto, el compromiso por seguir mejorando la atención de la salud mental es y debe ser común y compartido por el Gobierno, liderado por el Ministerio de Sanidad y por todas las comunidades autónomas para prevenir, abordar y mitigar el impacto de las enfermedades mentales, que es necesario aplicar de una manera transversal en todas las políticas.
Señorías, este es el panorama. Es evidente que hay que mejorar el acceso a los servicios de salud mental, especialmente ―como les digo y he dicho antes, por las cifras desgarradoras― a los niños y adolescentes, pero también a los adultos, a las personas LGTBI, a los pacientes con enfermedades crónicas, a los ancianos, a las mujeres, a los migrantes y a las minorías étnicas. A todos esos, señorías, hay que facilitarles el acceso. Es decir, señorías, hay que luchar contra la discriminación, la estigmatización y la exclusión social. Estamos ante un asunto de Estado que requiere un pacto de Estado, así lo hemos recogido en el acuerdo de Gobierno con nuestro socio SUMAR; estamos ante un asunto que no permite ninguna dilación, y menos aún bromas al respecto, como hemos tenido que soportar dentro y fuera de este hemiciclo. (Aplausos). El mejor aplauso que les podemos dar a nuestros profesionales de la sanidad es aprobar hoy con amplio consenso esta proposición no de ley. Es un mensaje enormemente positivo y necesario para el conjunto de la sociedad. Señorías, pongámonos manos a la obra y cumplamos con nuestro deber de hacer todo lo posible por acabar con ese sufrimiento. Hoy podemos hacerlo, porque la política, como la medicina, debe servir para mitigar el sufrimiento humano.
Muchas gracias. (Aplausos).