José Zaragoza Alonso
Señorías, hay unos mínimos democráticos que creo que la mayoría tenemos claros. Yo no quiero que en mi país se le llame hijo de puta al presidente del Gobierno. (Aplausos). Yo no quiero que en mi país se compare el asesinato de miles de personas con el corte de una vuelta ciclista. Yo no quiero que en mi país se desee que un partido político termine en una fosa. Yo no quiero que en mi país haya líderes que no tengan claro que lo que está ocurriendo en Gaza es un genocidio. (Aplausos). Por eso estoy orgulloso de mi país, porque la mayoría lo tenemos claro. Por eso, señorías del Grupo Popular, ustedes no representan a este país. (Aplausos.―Protestas). Su gran problema es que han perdido los valores de lo que significa ser un partido de Estado, y hay cuestiones que son básicas. Antes de mentir, recuerden; antes de insultar, piensen; antes de criticar, esperen, y antes de bloquear, pacten. Pero se dedican a pedir responsabilidad sin saber lo que es, ni tienen la intención de conocerla.
Estamos debatiendo sobre una delegación de competencias. No estamos acordando ningún tipo de traspaso. O no se enteran o mienten. Y demuestran en lo que se han convertido: han pasado de ser un partido de Estado a una mentira. Lo que votamos hoy es una medida constitucional. Cuarenta y siete años después, nuestra Constitución sigue dando sus frutos y continúa siendo nuestro paraguas democrático. Porque, en su único objetivo de manipular, saben ―o deberían saberlo― que delegar competencias no es lo mismo que transferirlas. Delegar significa que no se cede la titularidad, y así lo permite el artículo 150 de la Constitución. Y, por si alguien no lo sabe, Cataluña ya tiene competencias en materia migratoria, por ejemplo, en las autorizaciones iniciales de trabajo por cuenta ajena o cuenta propia, u otras claves, como las vinculadas con educación, sanidad, vivienda, servicios sociales. Delegar funciones, como convertirse en ventanilla única, lo que permite es ser más eficientes. Se trata de mejorar la integración y reducir las duplicidades. Cada comunidad autónoma tiene sus características demográficas, sociales o económicas. Delegar permite adaptar al territorio, señorías. No se confundan ni manipulen: siempre se trabajará conforme a la ley estatal. Señorías, ¡que este acuerdo no permite a la Generalitat decidir sobre los flujos migratorios! La normativa migratoria es española y europea. No se trata de quitar competencias a nadie. Se llama colaborar, con la ley y la Constitución. Porque si hubieran dedicado un mínimo a pensar, esperar y pactar, habrían visto que los Mossos d’Esquadra siempre van a actuar en colaboración con la Policía
Nacional y la Guardia Civil, que es lo que ya ocurre en Cataluña; que no son conscientes ni de lo que ya sucede en nuestro Estado autonómico, señorías del Grupo Popular.
Pero, como decía, prefieren mentir a recordar. El Partido Popular, el pionero en el traspaso de competencias. ¡Que el Pacto del Majestic lo firmaron ustedes, uno de sus jefes! (Aplausos). De hecho, nos ayudarían si aclarasen quién manda ahora en el PP, porque ya sabemos quién no manda, y si estuviese le diría: ¿Verdad, señor Feijóo?. Manda Aznar, con su «quién puede hacer que haga»; manda Ayuso y su falta de humanidad al no llamarlo por su nombre, genocidio; manda Mazón, que un año después y con 228 muertos sigue negando la dana (el señor Hispán Iglesias de Ussel: ¡Y a ti te manda Ábalos!); manda Tellado, que ha puesto a Ester Muñoz para que parezca que él es mejor (rumores); manda Bonilla, agazapado en San Telmo, y manda Miguel Ángel Rodríguez, criticando a los jueces que no tienen una hija concejal del PP. (Aplausos). Y así va el PP, desdibujado, porque sus auténticos líderes solo tienen un objetivo, convertirse en una extensión de VOX de color azul. Pero les recuerdo, señorías del Grupo Popular, que en nuestro acuerdo no se delega el despliegue de los Mossos d’Esquadra, eso ya lo hizo el PP; tampoco se delegan las competencias de Tráfico, eso ya lo hizo el PP; ni se delega el 30 % del impuesto sobre la renta, eso ya lo hizo el PP. Porque si alguien delegó competencias a Cataluña fue Aznar, y fue para conseguir los votos de Pujol para su investidura.
Así se esconden, en un discurso puramente destructivo, porque la realidad es que su hipocresía no tiene límites. Todo depende del Feijóo que te encuentres, el Feijóo que usa las autonomías o el Feijóo que se suma a la ultraderecha y prefiere cargárselas. Porque el Feijóo que usa las autonomías vota en contra del reparto de los menores migrantes no acompañados, es más, para él tendría que ser que cada comunidad autónoma decidiera; y, sin embargo, el Feijóo que quiere cargarse las autonomías se opone, como hoy, a que las competencias de inmigración se deleguen. Y hay más ejemplos, el Feijóo que usa las autonomías delegaría competencias, y lo haría, como ha demostrado con su voto, para promover junto a VOX la expulsión de menores no acompañados de la Región de Murcia. El Feijóo que usa las autonomías delegaría competencias, y lo haría, como ha demostrado con su voto, para expropiar los cuatro aeropuertos de las islas Baleares, fragmentar AENA e independizarlos del resto de España. Igual que Feijóo usa las autonomías cuando critica un acuerdo de financiación y después ve posible un concierto económico para Cataluña o cuando critica la iniciativa de este Gobierno y se acaba beneficiando de la quita de la deuda o cuando vota con Junts en contra de las pensiones y, tras el desastre, acaba votando a favor. La única explicación es que a ustedes, señorías del Grupo Popular, les molesta la colaboración porque son más de confrontación. (La señora Muñoz de la Iglesia: No como tú).
Dejemos clara una cuestión: solo se aseguran las políticas públicas aumentando los recursos. La seguridad de los españoles no se garantiza reduciendo la plantilla de Policía Nacional y Guardia Civil en 11 000 efectivos, como hizo el gobierno de Mariano Rajoy; se garantiza aumentándola en 11 000 efectivos, como ha hecho el Gobierno de Pedro Sánchez. (Aplausos). Esa es la política de seguridad, aumentar y no disminuir. Pero si el Grupo Popular vota hoy en contra de esta delegación no es porque no estén de acuerdo, si ya lo han demostrado; el resumen es muy simple: si no estuvieran en los escaños de la oposición, votarían a favor. Esa es la diferencia, el color del escaño es lo que determina su voto; si fuera azul en vez de rojo votarían a favor. Si hoy su voto es en contra es por su socio, el que los amenaza con el sorpaso, no quieren incomodar a VOX. Así que no mientan y se excusen en Junts, ustedes ya les están poniendo la alfombra roja, porque con ellos pactan sin ningún problema. Si lo confesó quien manda en el PP de Cataluña, García Albiol, que dijo hace unos meses que habdó con Puigdemont de manera muy correcta, defendió incluso pactar con él. Por cierto, señores del PP de Génova, el señor Alejandro Fernández critica el pacto por la lengua en Cataluña, pero después, el señor García Albiol aprueba una moción en su ayuntamiento apoyándolo. ¿Están preparando el terreno para poder pactar con Puigdemont cuando vuelva? Al final echarán al señor Fernández, como a Vidal-Quadras, para firmar un nuevo Pacto del Majestic. (Aplausos).
El problema del debate es que su odio les ciega, o peor, su odio les impulsa a la manipulación, porque para ustedes, señorías de la derecha y de la ultraderecha, este debate solo existe si pueden relacionar la migración con la delincuencia, señalar al migrante. En su competición siempre ganan los más extremistas. Primero salió el señor Feijóo a decir que había que enviar a la Armada para bloquear la llegada de inmigrantes y después salió Abascal y le superó diciendo que había que hundir los cayucos. Tuvo que salir del jefe del Estado Mayor de la Armada a recordarles que el Ejército de España cumple la ley, y la ley lo que dice es que si hay un migrante en peligro en el mar se le salva, que la Armada no está para combatir los cayucos, sino para ayudar a los inmigrantes en peligro.
Su complejo ahora mismo es la extrema derecha, pero se equivocan en su postura, porque el sorpaso se producirá si siguen por el camino de olvidar la compasión, la que tiene la ONU ―pero que para la señora Muñoz no son nadie― o la que tuvo González Pons para calificar de genocidio lo que ocurre en Ucrania o Aznar en Kosovo, toda la que le falta a Ayuso para no llamar genocidio a lo que ocurre en Gaza. (Aplausos).
Señorías del Grupo Popular, a mí no me gusta que quieran enterrarnos en fosas, a mí no me gusta que digan que Madrid es Sarajevo, a mí no me gusta que criminalicen a los migrantes, a mí no me gusta que abandonen a nuestros ancianos en residencias, a mí no me gusta que olviden a los bomberos forestales, a mí no me gusta que digan que la causa del problema de los jóvenes para acceder a una vivienda es la subida de las pensiones de sus abuelos, a mí no me gusta que crean que tener compasión es ser débil, a mí no me gusta que el odio gane al respeto, y a ustedes señores del PP espero que tampoco. Esto no va de sentir vergüenza ajena, déjenselo a VOX y pongan kilómetros de distancia; no alimenten más el odio, la insensatez y la mentira, no caigan en sus trampas, no abonen el campo de la extrema derecha, porque las frutas de esos campos las recogerá Abascal. (Aplausos). Dejen de repartir junto a la extrema derecha odio contra musulmanes, latinos, catalanes, vascos, homosexuales, feministas, trans, ateos, ecologistas, rojos, actores o humoristas solo por existir. Siéntanse orgullosos de su país, de las diferencias y de la capacidad de trabajar colaborando, delegando, pero siempre a favor de la mayoría de este país. Desde hace tiempo su estrategia política no es a favor de España, es llegar al poder. Pero se equivocan porque la política no es imponer, es llegar a acuerdos; es trabajar por la convivencia, que significa reconocer y garantizar que somos plurales; es trabajar dentro del marco legal, convivencia, respeto y solidaridad. Abandonen su extremismo y su deseo por la extrema derecha.
Por cierto, quiero hacer una última reflexión sobre lo que demuestran hoy también los cuatro diputados de Podemos, que defienden mucho la España plural, pero hoy van a votar en contra de una delegación y una colaboración entre una autonomía y el Estado. Si trabajamos todos, como hacen este Gobierno y muchos grupos parlamentarios, todavía estamos a tiempo entre todos de que este siglo sea un espacio de dignidad y esperanza, y no de destrucción y resignación. Como dijo Salvador Illa, un país sin alma es un país sin futuro.
Muchas gracias. (Aplausos).