Nerea (GV (EAJ-PNV)) Renteria Lasanta
Señora presidenta, señorías, hoy en este Pleno volvemos a debatir el proyecto de ley que modifica dos normas fundamentales para la aviación civil: la Ley sobre Navegación Aérea del año 1960 y la Ley de Seguridad Aérea de 2003. Son dos leyes que necesitaban una actualización para adaptarse a la realidad actual: drones, sostenibilidad, inspecciones más eficaces, servidumbres más claras y sanciones más rápidas.
Hasta ahí, señorías, todo bien. Nadie niega que hacía falta modernizar. Lo que ocurre es que uno repasa el articulado y se da cuenta de que esta modernización tiene un límite muy claro: en todo lo que implique abrir la gestión del transporte aéreo a una mayor pluralidad, a un mayor respeto a la diversidad territorial de Estado, ya no hay modernidad que valga; ahí, volvemos de golpe a 1960.
Se habla de introducir los drones en la ley, y está bien; se habla de incorporar nuevas figuras de infracciones medioambientales, y está bien; se habla de inspecciones más eficaces y de sanciones más rápidas, y está bien; pero cuando se trata de reconocer que los aeropuertos de Euskadi puedan gestionarse con participación de las instituciones vascas, entonces ya no estamos en 2025, sino que volvemos a ese modelo centralista de mediados del siglo pasado. Es una modernización, sí, pero selectiva. Y permítanme un pequeño toque de ironía: parece que es más fácil en este Congreso integrar los drones en la ley que integrar a Euskadi en la gestión de sus aeropuertos.
Por eso, nuestro grupo presentó una enmienda en esta Cámara, una enmienda muy clara y razonable: se proponía autorizar a AENA a constituir una sociedad filial con participación de la Comunidad Autónoma de Euskadi. El objetivo de esa filial era la ordenación, dirección, coordinación, explotación, conservación, administración y gestión de los tres aeropuertos vascos: Loiu, Foronda y Hondarribia. No hablábamos de romper nada; no hablábamos de salirse del marco europeo ni estatal; hablábamos de corresponsabilidad, de acercar la gestión al territorio de quienes conocemos las necesidades de nuestra industria, de nuestro turismo, de nuestra ciudadanía, y que podamos tener voz y capacidad de decisión. La enmienda fue rechazada. Y aquí, señorías, uno empieza a pensar que en este Congreso hay más miedo a abrir debates políticos de fondo que a abrir un avión en pleno vuelo.
No nos rendimos; en el Senado volvimos a plantear lo mismo, exactamente la misma idea: permitir la creación de una gestora aeroportuaria vasca con participación institucional en el marco de AENA. Y allí ocurrió lo mismo: otra negativa. Parece que para algunos grupos políticos descentralizar la gestión aeroportuaria es una especie de servicio no esencial, cuando para los vascos y las vascas es esencialísimo. Porque los aeropuertos vascos no son cualquier cosa, son nodos estratégicos de comunicación, son infraestructuras críticas para nuestro tejido económico, para la internacionalización de nuestras empresas, para atraer turismo de calidad y para garantizar la movilidad de la ciudadanía.
Mientras tanto, señorías, lo más llamativo: mientras aquí se nos decía no, la semana pasada la consejera de Autogobierno del Gobierno Vasco se reunía con el secretario de Estado de Política Territorial en Madrid y se acordaba la creación de la comisión para abordar la gestión de las infraestructuras aeroportuarias, para abordar la ordenación, dirección, coordinación y gestión de Loiu, Foronda y Hondarribia, no renunciando además a que estos aeropuertos se coordinaran con los aeropuertos de Noain y Biarritz; exactamente, para tratar lo mismo que aquí se ha rechazado. Conviene recordarlo, porque a veces parece que se nos caricaturiza.
Euskadi no pide privilegios, no pedimos aeropuertos privados para nuestro uso exclusivo, ni pistas extras de 5000 metros cuadrados, ni torres de control bañadas en oro. Lo que pedimos es capacidad de gestión, pedimos eficacia, que los aeropuertos de Euskadi se adapten a las necesidades de Euskadi, que su gestión tenga en cuenta nuestra realidad industrial y económica, que los horarios, las rutas y las inversiones respondan a un interés local y no solo a una visión centralizada.
Es importante subrayar nuestra coherencia. El PNV votó sí al proyecto de ley en el Pleno de mayo. Hoy, en este Pleno, volvemos a votar sí al proyecto de ley, manteniendo la responsabilidad de apoyar la modernización en lo esencial. Sin embargo, la ley vuelve del Senado con enmiendas introducidas por el Grupo Popular. Nuestro grupo considera que la mayoría de las modificaciones que propone el Grupo Popular no responden al interés de Euskadi ni a la lógica de corresponsabilidad territorial que defendemos. Nuestro apoyo al proyecto de ley no es un cheque en blanco, apoyamos la modernización y la seguridad, pero seguimos defendiendo la descentralización efectiva y la participación de Euskadi en la gestión de sus aeropuertos.
Señorías, en Europa existen múltiples ejemplos de gestión descentralizada. En Alemania, los länder participan directamente en la gestión de aeropuertos internacionales; en Reino Unido, cada aeropuerto es gestionado por sociedades específicas, muchas con participación local; en Italia, numerosas regiones tienen competencias de gestión sobre sus aeropuertos. Nadie pone en duda la seguridad ni la coordinación europea del tráfico aéreo, pero sí se reconoce que la gestión aeroportuaria puede y debe estar adaptada a la realidad de cada territorio. Señorías, ¿por qué aquí seguimos empeñándonos en mantener un modelo uniformador? ¿De verdad es más eficiente gestionar Hondarribia desde un despacho en Madrid que desde Gipuzkoa?
Entrando en el contenido de esta reforma, saludamos la incorporación de los drones y aeronaves no tripuladas en el marco normativo ―era una carencia evidente―; también, la mejora de las competencias sancionadoras de AENA, que permite proteger mejor a los consumidores frente a abusos de las aerolíneas. Nos parece razonable reforzar la regulación de las servidumbres aeronáuticas y ambientales, porque los aeropuertos no pueden vivir de espaldas al territorio y a los vecinos. Pero lo que echamos de menos en la ley es algo fundamental: una visión descentralizada de la gestión aeroportuaria, porque modernizar no es solo hablar de drones o de sanciones; modernizar también es adaptar la gobernanza a la pluralidad territorial del Estado.
Señorías, este proyecto de ley se aprueba hoy con un discurso de modernización que compartimos en parte, pero tengan claro que la verdadera modernización pendiente es la del modelo de gobernanza. Euskadi quiere corresponsabilidad en sus infraestructuras, no por capricho, sino por eficacia, por competitividad y por justicia política. El debate seguirá vivo en la comisión que pronto se constituirá. Allí continuaremos negociando, porque si de verdad queremos un sistema aeroportuario moderno, ese sistema debe ser también plural, descentralizado y respetuoso con la realidad territorial del Estado.
Besterik ez, eskerrik asko.