Verónica Martínez Barbero
Grupo SumarDiputada.Página 41Vídeo
Muchas gracias, presidenta. Señorías, hemos comprobado en demasiadas ocasiones que en este hemiciclo conviven dos formas muy distintas de entender España. Por un lado, quienes creemos que la democracia no es plena si no se redistribuye la riqueza, porque si la prosperidad no se comparte, se convierte en desigualdad e injusticia, las que estamos aquí para defender a quienes sostienen este país con su trabajo, que quieren y merecen derechos que no dependan del tamaño de su nómina. Por otro lado, están quienes votan en contra de que la ciudadanía tenga más tiempo para sí misma, en contra de que el descanso, la estabilidad y la libertad sean derechos garantizados y no privilegios de unos pocos. Son los que hablan en nombre de los poderes económicos y de los intereses de una minoría. En SUMAR, la semana pasada dijimos que una derrota parlamentaria no nos iba a frenar. En primer lugar, porque la historia de la lucha obrera nos ha demostrado que la clave es persistir. En segundo lugar, porque así lo quiere, porque nos lo pidió y porque nos lo sigue pidiendo en la calle la gente trabajadora.
(Aplausos). Por eso, al día siguiente, el Ministerio de Trabajo inició los trámites para un nuevo registro de jornada que impida el fraude en las horas extra, y por eso también hoy volvemos a este Pleno con una propuesta más: reformar el despido para garantizar indemnizaciones justas y acabar con un sistema que sigue castigando siempre a la parte más débil. Fíjense, señorías, nunca es tarde para unirse a la mayoría social, para pasarse al lado bueno de la historia, porque razones hay de sobra. Las sociedades avanzan cuando conquistan más libertad real para la mayoría, y la libertad real se alcanza cuando la gente trabajadora deja de ser presa continua del miedo y del agotamiento y cuenta con derechos que le permiten vivir mejor. Jornada y despido son dos caras de la misma moneda, el derecho a pensar en el futuro con esperanza, a tener un trabajo que no devore la vida y a que un despido injusto no consuma certeza y dignidad.
Señorías, lo que traemos hoy a este Pleno no es un simple ajuste normativo, es una decisión política de esas que determinan un proyecto de país. La pregunta es clara: ¿queremos un país pequeño, de despidos fáciles y derechos mínimos o un país grande que amplía libertades y hace que los derechos laborales sean la base de la vida en común? Desde 2022, en España hemos creado más de un millón de empleos netos, crecemos casi cuatro veces más que la media europea, somos el país que más empleo genera en Europa, pero a nosotras no nos basta con crecer; la cuestión es cómo crecemos y para quién crecemos. Lo tenemos claro, apostamos por la clase trabajadora, porque cuando se protege a la mayoría social, cuando se asegura que la prosperidad llega a la gente común, el país entero progresa. (Aplausos).
Pese a todo lo que hemos logrado avanzar en los últimos años, las relaciones laborales en España arrastran todavía tres problemas estructurales: uno del que hemos hablado mucho, las jornadas laborales excesivas, que nos roban la vida, del que volveremos a hablar; dos, los miles de horas extras no retribuidas ni cotizadas, un fraude al que vamos a poner fin más pronto que tarde; y tres, un modelo de despido barato, injusto y sin capacidad restaurativa ni disuasoria. Hoy traemos a esta Cámara una propuesta que precisamente se centra en este último problema.
Señorías, en estos momentos, la indemnización por despido improcedente se calcula exclusivamente en función de los días por año trabajado, es decir, no tiene en cuenta la edad de la persona despedida, su formación ni el daño que le causa, ni tampoco las circunstancias que concurren o caracterizan a la empresa que despide. Esta rigidez en la regulación actual impide que el despido se adapte a la realidad de cada caso y, sobre todo, a una mayor justicia para todas las partes. Las personas de esta Cámara que lo hemos sufrido o que convivimos en nuestro día a día con gente trabajadora sabemos lo duro que es recuperarse económica y emocionalmente de un despido. Hablamos de ansiedad, depresión, pérdida de autoestima, heridas que a menudo persisten incluso después de haber encontrado un nuevo empleo. Por eso venimos a hablar de despido restaurativo, porque se trata de reparar lo económico, pero también lo vital, porque no es lo mismo perder el empleo con 30 años que con 52, cuando la reinserción laboral es más difícil; tampoco es lo mismo despedir siendo un pequeño comercio de barrio que una gran multinacional que genera y factura millones. Sin embargo, la ley no refleja estas diferencias y ello es necesario para un sistema equilibrado, justo y proporcional. El modelo actual ni repara ni protege y mucho menos disuade a quien despide sin causa.
Hay empresas que fomentan exclusivamente una competencia que es desleal y basada en dumping social, amenaza y precariedad, cuya política de recursos humanos consiste en despedir sin causa, simplemente porque su cuenta bancaria se lo permite. Todo esto no lo decimos solo nosotras y las organizaciones sindicales, todo esto lo dice el Comité Europeo de Derechos Sociales, que ya ha condenado a España por incumplir la Carta Social Europea. Nuestro sistema de despido está por debajo de los estándares europeos de protección, y ello a su vez se ha traducido en tres sentencias en nuestros tribunales superiores de Justicia, una del País Vasco y dos de Cataluña, que reconocen el derecho a indemnizaciones adicionales muy cuantiosas, para cuyo cálculo nuestro ordenamiento jurídico no ha previsto criterio alguno. Señorías, se trata de cumplir el artículo 24 de la Carta Social Europea, lo cual es obligatorio para España, de dar a nuestras empresas una seguridad jurídica indispensable, pero, sobre todo, se trata de seguir sumando dignidad al mundo del trabajo.
Por todo ello, señorías, el debate sobre el despido no va solo de números, de baremos ni de indemnizaciones, va de qué certidumbres y esperanzas queremos dar a las y a los jóvenes, a las personas cercanas a la jubilación, a las y a los trabajadores con poca antigüedad, a todas aquellas que han sido despedidas sin motivo. Va de garantizar derechos, de proteger a quienes sostienen nuestra economía y nuestra vida cotidiana, de dar certezas donde hoy solo hay inseguridad. Señorías, hoy de nuevo toca decidir si queremos una España que sea un Estado que apuesta por la dignidad de quienes trabajan o uno que siga dejando millones a la deriva. Como todo lo importante en política, ustedes lo saben, esto es una cuestión de humanidad. Dejémonos de lugares comunes y miremos a los ojos de la calle. Hagámoslo porque es lo justo y hagámoslo con valentía.
Muchas gracias. (Aplausos).