Rocío De Meer Méndez
Gracias, señora presidenta. Traemos una oportunidad para valorar y rescatar lo más elemental que tenemos, que es lo que somos. Con esta proposición de ley se elimina la trampa del arraigo, ese coladero de regularizaciones masivas, esa vía de regalo indiscriminado de lo más valioso que tenemos: nuestra nación, nuestra pertenencia y nuestra identidad. (Aplausos). Lo cierto es que es bonito estar aquí para defender lo más elemental del ser humano, los asideros naturales que los progres lleváis tantísimo tiempo queriendo arrebatarnos. Hace años que quienes mandan buscan la abolición de las naciones, buscan desdibujar las fronteras y debilitar los pueblos fuertes. Hace años que hay valientes que se resisten a creer y a aceptar que no hay nada que hacer. La semana pasada, el mundo patriota se sacudió porque una de esas grandes voces fue apagada por el odio y el fanatismo de los de siempre: los que odian las patrias, las familias fuertes y el sentido común, pero el asesinato de Charlie Kirk, sobre todo, fue un ejemplo de entrega de quienes por encima de todo escogen la causa de la verdad y la justicia, un ejemplo de quienes escogen a toda costa y a todo coste sacrificarse por recuperar todo eso que nos habéis quitado. Quienes perseguís a los patriotas, quienes encargáis redacciones y articulitos demonizándonos todos los días, quienes señaláis cobardemente para que sean otros quienes ejecuten también debéis saber que cada voz que intentéis apagar terminará resonando por toda la eternidad. (Aplausos). Las balas no han podido ni podrán acabar nunca con la voz de los patriotas. Al contrario, cada ataque será fuerza para desafiar a quienes de nuevo quieren abolir las naciones. Como decía antes, hoy traemos una oportunidad. Traemos una proposición de ley para acabar con esa trampa del arraigo, una proposición de ley para dejar de malvender la nacionalidad de los españoles. El arraigo es ese mecanismo que se introdujo en el artículo 31 de la Ley Orgánica 4/2000 y se desarrolló en el artículo 124 del reglamento de extranjería. Al principio, nos contaron que fue una herramienta puntual para situaciones extraordinarias, pero lo cierto es que se ha convertido en la vía de regularización mayoritaria para quienes entran por la puerta de atrás en nuestras naciones. El mejor ejemplo de que esto fue una trampa para malvender lo que además debemos blindar es lo que ha sucedido en los últimos cinco años y es que el número de inmigrantes con residencia por arraigo familiar ha aumentado en un 650 %, señorías, pasando de 43 848 en marzo del 2020 a 328 841 en marzo de 2025, y son datos de su propio Gobierno. A eso se suma, desde luego, esa infame reforma del reglamento de extranjería de la ministra Saiz; ella misma ha reconocido que será la herramienta para regularizar a un millón de inmigrantes más los próximos tres años.
Se reían de nosotros cuando hablábamos de invasión, pero nos quedábamos cortos, porque no es solo que nuestra nación, nuestra identidad y nuestros servicios públicos sean llevados al colapso, sino que además, y es lo más grave, es una invasión patrocinada por quienes debían velar por nosotros, porque quienes debían proteger, preservar y valorar el patrimonio colectivo de todos los españoles, por los encargados de que las cosas fuesen bien. (Aplausos). En 2015 nos vendisteis que eran cuatro refugiados que huían de la guerra de Siria, o de cualquier otra, para meter millones, millones y millones de personas de muchos lugares del mundo, que han acabado superando y colapsando a los españoles autóctonos en infinidad de lugares de nuestra patria. Nos dijisteis que debíamos comprometernos a construir puentes y derribar muros porque venían mujeres violadas que huían de la guerra, y resulta que trajisteis a sus violadores sin control y aumentó el peligro de las mujeres y las niñas en las calles de España y de Europa. (Aplausos). Nos contasteis que venían a pagar nuestras pensiones, pero nos encontramos con listas de espera insoportables, con salas de hospitales a reventar y con colapso en los servicios de todos. Nos la colasteis con lo de que venían a hacer los trabajos que nadie quería, pero no nos engañáis, sabemos que buscabais mano de obra barata para vuestros jefes (risas y aplausos), y, a cambio, los españoles verían precariedad laboral, pobreza, paro y miseria. (Aplausos). Porque en los últimos cuatro años ―solo los últimos cuatro años― habéis llamado a dos millones y medio de inmigrantes más y ¡no hay ni más viviendas ni más servicios públicos ni más policía ni más centros de salud ni más colegios ni más trabajo! (Aplausos). Lo que hay es, por el contrario, más inseguridad, más impuestos, más pobreza y más fiasco.
No sé qué excusa pondréis hoy para votar que no a quienes seguimos intentando detener esta locura a toda costa, pero hay que detenerla, hay que detener este delirio y cada día que pasa es tarde. Los españoles no se merecen ni un colapso más, ni una niña en peligro más, ni un hiyab más, ni un mataleón más, ni un machetazo más, ni un atraco más a nuestro futuro, ni un atentado yihadista más, ni un euro más a las ONG inmigracionistas, ni un contrato más para la industria de las fronteras abiertas, que nos esquilma y nos empobrece. (Aplausos). Al menos tres cosas son urgentes: uno, suprimir el arraigo, esa herramienta jurídica que es una trampa para las regularizaciones masivas; dos, deportaciones masivas, remigración de quienes delinquen, de quienes entran por la puerta de atrás, de quienes vienen a vivir del esfuerzo de los de aquí y de quienes intentan imponer sus aberraciones; tres, prohibir las regularizaciones masivas, esas que todos ustedes aquí aprueban y aplauden, la antesala para borrarnos, la antesala para el suicidio colectivo.
Porque, señorías, la nacionalidad no es un papel, no cabe en un pasaporte ni se reduce a un trámite burocrático que caduca. La nacionalidad es un pulso vivo que se transmite de generación en generación, forjado en la memoria de un pueblo que ha sabido resistir, crear y soñar a lo largo de los siglos. España, señorías, no nació de un texto legal, sino de un encuentro, de la fuerza de sus pueblos y de la obstinación de quienes defendieron su espíritu. Numancia, Covadonga, Compostela, Lepanto, León o las Navas de Tolosa son símbolos; y nuestra nacionalidad no es un título, es una herencia construida con sangre, con arte y con memoria. Los papeles se pierden, se olvidan, se niegan, se traicionan ―se traicionan a menudo en esta Cámara―, pero la nacionalidad late en la historia compartida de las luchas que nos hicieron un pueblo, en la capacidad de reconocernos en quienes caminaron antes que nosotros. La nacionalidad no es un documento administrativo, señorías, es una epopeya que aún se escribe, es una herencia, es un legado que nos atraviesa, pero, ante todo, señorías, es un vínculo que nos obliga a hacer cualquier esfuerzo para enfrentarnos a quienes quieren abolirla.
Muchísimas gracias. (Aplausos de las señoras y los señores diputados del Grupo Parlamentario VOX, puestos en pie).