Rocío De Meer Méndez
Gracias, señor presidente. Mi hija está mal. Mi hija está psicológicamente mal. No quiere volver al instituto. Está mal. Está hundida. El individuo que la llevó detrás de un arbusto contra su voluntad con 14 años le hizo el mataleón para asfixiarla, dejarla inconsciente y hacer lo que quisiera hacerle. Señor Marlaska, estas palabras son las palabras de una madre rota, una madre rota por su culpa; una madre y una niña a las que usted ha dejado tiradas. Se trata de una niña de 14 años que fue violada en Hortaleza por un tipo del centro de menas que ni era un niño ni era un menor ni tenía que estar en nuestro país; y, estando en nuestro país, no tenía que deambular por los parques a la caza de niñas que salían del cole. (Aplausos). Este tipo tenía antecedentes por agresión sexual en otro lugar de España. Pero ustedes, en lugar de encerrarle o repatriarle, lo que hicieron fue cambiarle de barrio para que fuera otra niña la que sufriera las consecuencias de su política de inseguridad.
Señor Marlaska, ¿sabe quién es el culpable del sufrimiento de esta madre? Señor Marlaska, escúcheme porque esto es muy serio. (El señor ministro de Interior, Grande-Marlaska Gómez, conversa en su escaño con una señora diputada). Señor Marlaska, ya veo lo que le importan la madre y la niña de Hortaleza. (Varias señoras y señores diputados: ¡Nooo!―Protestas). Pero ¿sabe quién es el culpable…? Sí, sí. ¡Calladitos, calladitos, (dirigiéndose a los señores diputados del Grupo Parlamentario Socialista) que hay muchas familias españolas sufriendo sus puñeteras políticas! ¿Sabe quién es el culpable del sufrimiento de esta madre y de la condena de por vida de esta criatura, a pesar del nerviosismo de su bancada? Ustedes. Ustedes, la bancada azul y toda la bancada que la respalda. (Aplausos).
Porque, señor Marlaska, usted debería ser el escolta de los españoles y no hacer lo que hace, que es servirse de los españoles para estar usted muy protegidito con su escolta. ¿Cuándo puso usted seguridad en barrios como Hortaleza? Porque un día ―una tarde, en concreto― sí vimos dispositivos de seguridad en Hortaleza. ¿Sabe cuándo fue? Esa tarde en la que fui con mi compañera Isabel Pérez a hacer declaraciones a medios, y ustedes ahí sí que pusieron dispositivos de seguridad para proteger a esos pobres menas de la ultraderecha que venía a acompañar a los vecinos muertos de miedo en Hortaleza. Esa es su política. Su política no es la de proteger los barrios ni la de proteger a los ciudadanos. Su política es la de proteger su bancada, la de proteger su discurso y la de proteger esa condena de los españoles.
Señor Marlaska, ustedes han sacrificado a las mujeres y a las niñas de España en el altar del multiculturalismo. Esa es la verdad. El multiculturalismo, las fronteras abiertas, el Welcome Refugees, han sido los lemas de la condena de las mujeres de España, de las mujeres de Europa y de las mujeres del mundo civilizado. Señor Marlaska, la mujer siempre ha sido el corazón de Europa, los altares de España, y ustedes han decidido que lo cambiemos por cualquier suburbio de Nigeria. Prefieren Pakistán, donde las mujeres caminan por detrás de los hombres, y no España, donde los hombres nos abren la puerta. En un país donde las mujeres se casan por consentimiento y con la obligación de respeto mutuo, ustedes están importando a nuestro suelo ―porque cada vez vemos más casos― niñas forzadas a ser entregadas a señores muy mayores, previo pago y contra su voluntad. Luego, cuando VOX trae iniciativas para penalizar los matrimonios forzosos, lo que hacen es votar en contra en esta Cámara. (Aplausos). Ese es su compromiso político con las mujeres de España. Ustedes están transformando nuestro mundo. Este oasis en el que, ante cualquier catástrofe ―también sucede en España, señor Marlaska―, se rescata primero a las mujeres y a los niños. ¿Sabe lo que está sucediendo ahora mismo en el terremoto de Afganistán? Que las mujeres no están siendo rescatadas porque los hombres no las pueden tocar.
Señorías, nuestra cultura es la del gran Ignacio Echevarría, que dio su vida por proteger a una mujer anónima, atacada por un islamista en las calles de Londres. Tuvo mala suerte la niña de Hortaleza de que no hubiese un Ignacio Echevarría cerca de ella. (Aplausos). Tuvo mala suerte Irina, la chica del metro en Carolina del Norte, de que no hubiese otro Ignacio Echevarría. Tuvo mala suerte la chica que fue quemada viva en Canarias por un magrebí con orden de expulsión no ejecutada; es decir, quemada viva por su culpa, señor Marlaska. (Aplausos). Tuvieron mala suerte la chica de Alcalá, la chica de Pamplona, de Vitoria, la de Macael, la de Roquetas. Tuvieron mala suerte las niñitas de Monte Carmelo, señor ministro. Y tantas y tantas mujeres que aún sufrirán en sus carnes las consecuencias de su frivolidad, las consecuencias de su capricho multicultural. Había bárbaros a las puertas y ustedes las han abierto, señor ministro. Quizá es que ustedes también son bárbaros. Porque ¿cómo llamamos a quienes voluntariamente destruyen un legado de libertad, de prosperidad y de grandeza de siglos para cambiarlo por miedo, por silencio y por humillación? Solo los bárbaros, solo los traidores, señor ministro. Y solo los bien pagados. (Aplausos).
Porque si las mujeres españolas no quieren inmigración masiva, si los vecinos de Hortaleza no la quieren, ni los de Usera, ni los de Nou Barris, ni los de Delicias, ni los de las Doscientas viviendas, ¿quién la quiere? ¿Quién quiere inmigración masiva, señor ministro? La quieren quienes les pagan. Quienes les pagan a ustedes. Y pagan bien quienes les piden que los traigan. Esos milmillonarios de los que antes hablaba Bolaños son los milmillonarios que les dan a ustedes órdenes bastante a menudo ―no se ría, señor ministro―, la orden de importar masivamente a millones de personas para ser su mano de obra barata, para hundir y precarizar las condiciones laborales de los españoles. (Aplausos). Y ustedes claro que obedecen, señor ministro; ustedes ―la señora Saiz― obedecen al telefonazo de: tres millones de personas más. Y la señora Saiz hace campaña para traer a tres millones de personas más. Igual que el señor Escrivá, en su día, decía que hacían falta siete millones de inmigrantes para sostener nuestra economía. El señor Sánchez antes ni siquiera ha hablado de personas, ha dicho fuerza laboral. Porque para ustedes no son personas; para ustedes es la cuenta de resultados; para ustedes es fuerza laboral; para ustedes es la economía; para ustedes son esos milmillonarios apátridas que les dan la orden de las fronteras abiertas que ustedes obedecen sin rechistar. (Aplausos). Igual que el señor Víctor Gutiérrez, diputado de su bancada, diputado del Partido Socialista, que ha dicho que lo que quiere es a alguien barato para limpiarle el culo a su abuelo. Lo ha dicho él mismo, en un ejercicio de clasismo y de obediencia a los milmillonarios que nos quieren desposeídos de todo, señor ministro.
Nada de esto sería posible, claro, sin el concurso del Partido Popular, el partido que patentó las regularizaciones masivas con Aznar y que hoy vota a favor en esta Cámara ―todos lo hemos visto―, a pesar de que todos conocemos las consecuencias de hacerlo. Hoy sabemos que desde que ustedes gobiernan se han multiplicado exponencialmente las agresiones sexuales. Señor ministro, ¿qué número de agresiones sexuales en sus estadísticas le parecerá suficiente? ¿En qué momento van a parecerle bastantes? ¿Cuántas niñas más tienen que pagar su sangre fría, señor Marlaska? (Aplausos).
Hablemos de su modus operandi. Hablemos de uno de los debates que ustedes niegan tanto, de una parte de esas fronteras abiertas, de esos buques, de esas ONG, que lo que hacen es colaboracionismo con las mafias de tráfico de personas. Ustedes también les pagan a ellos las facturas; hablemos de estos buques ―de los que se ha hablado bastante este verano― que tienen a toda la bancada progre convencida de que son gente que va por el Mediterráneo rescatando a personas, socorristas que en su tiempo libre van salvando vidas por el Mediterráneo porque están totalmente impactados con la crisis migratoria que está sucediendo en el Mediterráneo. Ustedes saben que esto es un bulo. Ustedes saben que esas ONG no rescatan. Ustedes saben que es todo una película bien financiada de Hollywood. Porque si esos buques ―y usted es jurista, señor Marlaska― hiciesen rescates de náufragos que se encuentran en alta mar, esos náufragos estarían ahí porque, por un infortunio, por una mala mar, han quedado al albur de las circunstancias, han quedado desprotegidos. Entonces, por el derecho marítimo, cualquier buque que pase por su lado tiene el deber internacional de rescatar a esos náufragos. Pero eso no es lo que sucede con los buques como Open Arms, y usted lo sabe, señor ministro. Esos buques lo que hacen es desplazarse a un lugar acordado ―no a un lugar fortuito donde hay una serie de náufragos―, un lugar señalado después de una localización enviada por una mafia para rescatar, entre comillas, a una serie de personas en un punto acordado (aplausos), pero no llevarlas al puerto seguro más cercano, por cierto, que es lo que diría el derecho marítimo en rescates, sino para llevarlas al puerto más europeo.