Idoia (GV (EAJ-PNV)) Sagastizabal Unzetabarrenetxea
Gracias, presidenta. Señora ministra, quiero trasladarle hoy una realidad muy dura que sufren muchas familias que solicitan la prestación para el cuidado de menores con cáncer o enfermedad grave, CUME; una ayuda para que los padres pueden reducir su jornada, cuidar a sus hijos e hijas sin perder su sueldo y que, además, supone reconocer que tu hijo te necesita como persona cuidadora las veinticuatro horas del día los siete días de la semana. Sobre el papel, esta ayuda está bien, pero en la práctica conseguirla y mantenerla se ha convertido en un calvario para las familias. El hijo de Carla, con una enfermedad ultrarrara, que no habla, no anda, no come por sí mismo y no controla los esfínteres, necesita terapia intensiva y le han denegado la CUME porque la enfermedad no viene específicamente recogida en el decreto regulador, a pesar de contar con informes médicos. A Miriam, madre de un niño con síndrome de Apert y graves secuelas neurológicas, la mutua le pidió reiterados informes adicionales, retrasando durante meses la concesión de la ayuda. Cada cuatro meses tiene que volver a justificar lo evidente: que su hijo necesita cuidados permanentes. A la hija de Aroa, que tiene agenesia y autismo, le han retirado la CUME porque su enfermedad no tiene curación y porque el autismo tampoco se recoge en ese catálogo. Señora ministra, esos casos no son aislados. Estamos ante situaciones que se están convirtiendo lamentablemente en un patrón. Son las mutuas quienes gestionan y supervisan esa prestación y actúan con criterios distintos y arbitrarios. Deniegan la ayuda porque no se encuentran las enfermedades en el catálogo regulador. Ignoran informes médicos a pesar de que existen epígrafes que permiten incluir cualquier enfermedad grave, de distintas categorías, siempre que haya un informe médico o una hospitalización. Para renovar la prestación, obligan a las familias a entregar informes adicionales de especialistas una y otra vez, imposibles de conseguir en plazos de diez días, como si la gravedad de un cáncer infantil o una enfermedad rara pudiera desaparecer de un trimestre a otro; ojalá fuese así. Interpretan informes médicos de forma restrictiva e incluso, cuando las familias logran una sentencia judicial favorable, la mala praxis continúa sin sanciones. ¿El resultado cuál es? Familias que viven con miedo a perder esta ayuda. Ha desaparecido también la figura del mediador del INSS, que abordaba estos conflictos, y solo les quedan los tribunales, un proceso caro y costoso que hace que las familias queden desprotegidas durante meses. Ministra, el problema no está en la ley en sí, sino en cómo la están aplicando las mutuas. Por eso le preguntamos: qué medidas va a adoptar el Gobierno para garantizar que esta prestación se conceda de manera justa y no de forma arbitraria por las mutuas. Nada más y muchas gracias.