Javier Alfonso Cendón
Muchas gracias, presidenta. Buenas tardes, señorías. La Agenda 2030 es un compromiso de país; es una hoja de ruta que nos une con el resto del mundo; un faro para un futuro más justo, equitativo y sostenible. Es un acuerdo de la ONU que, con sus diecisiete Objetivos de Desarrollo Sostenible, fue firmado por 193 países. El 99,5 % de la población mundial se puso de acuerdo; todos los continentes, todas las ideologías, todas las culturas; todos, excepto aquellos que desde el negacionismo atacan lo que hoy el mundo entero acordó. Por eso estamos hoy aquí, para defenderlo. La Agenda 2030 no es una ideología, es un plan de acción global, es un faro de la Ilustración que propone utilizar la razón y la ciencia para resolver los grandes retos de la humanidad. Su objetivo es claro: acabar con la pobreza, proteger el planeta, luchar contra las desigualdades y garantizar la prosperidad de todos y de todas. Es un camino que ―insisto― iniciamos y trazamos juntos y que hoy algunos se dedican a ridiculizar, convirtiéndolo en el blanco de los ataques más absurdos y mezquinos. ¿Qué les molesta, señorías, de la Agenda 2030? ¿La sanidad pública, el fin de la pobreza infantil, el acceso a la educación, el fin de la violencia de género, el fin de las guerras, la protección de nuestros ecosistemas y ciudades…? Digan qué es lo que les molesta tanto. Yo creo que la respuesta es simple: les molesta la verdad. Les molesta que la Agenda 2030 sea el espejo de una sociedad que avanza, que es diversa y que es plural. Y esa sociedad, señorías, es la que ustedes no quieren. (Aplausos). Permítanme que aquí me dirija directamente a ustedes, señorías de VOX, y también al Partido Popular, que cada vez se acerca más al negacionismo y al retroceso. A ustedes, que han encontrado en la Agenda 2030 el chivo expiatorio para todos los males del mundo: que hay un incendio, la culpa es de la Agenda 2030; que hay una dana, la culpa es de la Agenda 2030; que hay sequía, la culpa es de la Agenda 2030; que sube la luz, la culpa también es de la Agenda 2030. Esa es una retórica tan simple como peligrosa. Su modelo, el de Trump, el de Milei ―ahora ya en horas más bajas―, o el de Le Pen, el del sálvese quien pueda, el de la motosierra y el del fanatismo negacionista que ataca a la ciencia, a la cultura y a la diversidad, el modelo de los que siembran dudas para cosechar miedos. Es un modelo que hemos visto fracasar una y otra vez, y que aquí, en esta Cámara, en este país, no vamos a permitir que se imponga. Ustedes representan la regresión, el retroceso y el miedo, y, frente a eso, nosotros defenderemos siempre el progreso, la razón y la esperanza. (Aplausos).
Señorías, la tragedia que hemos vivido este verano con los incendios tiene mucho que ver con esto. Permítanme ser claro. Lo ocurrido no es casualidad, es fruto y consecuencia directa del cambio climático y de decisiones políticas negligentes. Es el resultado del negacionismo ideológico que ha costado y sigue costando vidas. Este verano ha sido el peor de nuestra historia. Han ardido más de 330 000 hectáreas en nuestro país, más de 100 000 en mi tierra, León. Ha sido una auténtica catástrofe, porque detrás de cada cifra hay una vida, detrás de cada cifra hay hombres y mujeres que han perdido sus casas, que han perdido sus medios de vida y que han perdido incluso a seres queridos. Es una tragedia. Pueblos enteros han sido arrasados, así como espacios naturales de incalculable valor: el Parque Natural Lago de Sanabria, la Montaña Palentina, varias reservas de la biosfera, Las Médulas en mi tierra, Patrimonio de la Humanidad, o los Picos de Europa, entre otros tantos. Permítanme aquí también rendir homenaje a todos aquellos que han estado en primera línea: agentes medioambientales, brigadistas, bomberos, la Unidad Militar de Emergencia, ejército, sanitarios, vecinos y vecinas voluntarios, que han dado una lección de valor y de compromiso. (Aplausos).
Este compromiso contrasta dolorosamente con la actitud del Partido Popular: el presidente de la Junta de Castilla y León, el señor Mañueco, y su consejero, el señor Suárez Quiñones, afirmaron en numerosas ocasiones que mantener los operativos antiincendios era un absurdo y un despilfarro, justo el argumento de quienes niegan el cambio climático, provocando así, durante años, un déficit estructural que ha tenido consecuencias letales. Desde el año 2015, Castilla y León ha acaparado un cuarto de la ayuda estatal contra los incendios, más que Andalucía, más que Extremadura y más que Castilla-La Mancha juntas, incluso este año ha tenido que recibir la mitad de la ayuda estatal. Eso sí, hemos tenido que aguantar que el señor Mañueco dijera que el operativo era suficiente. El Partido Popular, en aquel momento, lejos de asumir responsabilidades, optó por el espectáculo: llegó el señor Feijóo y apareció en escena. Llegó a León, a Palacios del Sil, montó un escenario improvisado con un centro de mando e incluso se atrevieron a trasladar maquinaria de un incendio para hacerse una foto, para propaganda y propaganda, pero, en definitiva, nada para invertir en lo que tenían que haber hecho. (Aplausos). En lugar de arrimar el hombro, se dedicó a culpar al Gobierno, al presidente y a la Agenda 2030. Ese es su concepto de patriotismo: aprovechar las desgracias para hacer oposición. Por si fuera poco, dio instrucciones a los presidentes de las comunidades autónomas del Partido Popular para que hicieran una petición de medios sin precedentes: Castilla y León, Extremadura y Galicia propusieron movilizar más medios que todos los disponibles en la Unión Europea. No buscaban apagar los incendios, lo que buscaban era un titular contra el Gobierno. Y lo hicieron, además, mientras tenían recursos propios y del Gobierno parados durante esta tragedia. Lejos de facilitar la coordinación institucional, prefirió montar el espectáculo propagandístico en plena tragedia.
Si vemos la deriva del Partido Popular en los últimos meses, en las últimas semanas y en los últimos días, cabe preguntarles, señorías del PP, qué pretenden con todo esto. ¿Quieren convertirse en el partido más ultra de toda Europa? Porque, de verdad, no lo puedo entender. ¿Qué piensan de lo que dicen sus compañeros de que no hay genocidio en Gaza? ¿De verdad creen lo que dice la señora Ayuso o el señor Almeida? ¿De verdad van a mantener al señor Tellado sentado en ese escaño ―hoy no ha aparecido―, un señor que ha dicho que hay que abrir fosas para enterrar a este Gobierno? (Aplausos). Creo que son declaraciones muy desafortunadas que deberían, de alguna forma, obligar a rectificar, porque lo que ocurrió en este país fue que los fascistas, los asesinos, dieron un golpe de Estado en 1936 contra un Gobierno legítimo de la Segunda República, y creo que un buen demócrata no debería utilizar esa terminología. ¿A dónde van a llegar? ¿Y qué me dicen de su líder, del señor Feijóo, que se dedica incluso a insultar en las redes sociales al presidente del Gobierno y que ha hecho algo inédito también en democracia, que es revelar conversaciones privadas con el jefe del Estado? ¿A qué deriva van a llegar? ¿El Partido Popular, que ha sido un partido de Gobierno en nuestro país, va a enmendarse, va a volver a la senda del acuerdo, va a volver a la normalidad política?
Termino. Señorías, tienen una oportunidad muy importante hoy, la de apoyar esta proposición no de ley, pero también la de apoyar ese pacto de Estado que tiene que involucrar a todos los grupos parlamentarios para que logremos poner medidas frente a la emergencia climática, un acuerdo de país que nos una en la defensa de nuestro planeta y de nuestra gente. El cambio climático no admite excusas, exige altura de miras y auténticas políticas de Estado.
Muchas gracias. (Aplausos).