Emilio Sáez Cruz
Gracias, señor presidente. Señorías, muy buenas tardes. Cuando acabe esta legislatura ―que espero que sea tarde, y lo será― y hagamos balance de lo que aquí hemos debatido y hemos aprobado, habrá miles de folios que recojan las intervenciones de todas y de todos. Muchas de ellas serán importantes para su grupo, pero quizá poco relevantes para la ciudadanía. Otras, por el contrario, serán muy bien recibidas y necesarias para la población española, como puede ser la modificación del artículo 49 de la Constitución española que pudimos aprobar por amplio consenso de esta Cámara. Hoy venimos a hablar de inclusión, de inclusión educativa y de inclusión laboral. Permítanme que me sonroje y lo haga público, porque no salgo de mi asombro, y sé de lo que hablo. Yo no soy, señorías, ni más listo ni más inteligente que ninguno o ninguna de los presentes. No lo soy, pero menos tampoco. ¿Por qué digo esto? Porque, quizá, ustedes cuando estudiaban la EGB ―porque la gran mayoría de ustedes estudiaron EGB― lo hicieron en el colegio más cercano a su casa. ¿Ustedes ven normal hoy, en el siglo XXI, que una persona como yo, que solo cojeo, estudiase la EGB en un centro de educación especial? Pues así fue. Estudié la EGB en un centro de educación especial con muchas personas con solo discapacidad física. Claro que hemos avanzado muchísimo, tanto como que la LOGSE nos incluyó en la educación ordinaria, y a partir de ahí el resto de legislación y decretos y normativas que han hecho posible que muchas personas con discapacidad hoy estén integradas en el sistema educativo nacional. (Aplausos). Permítanme que les hable ahora de inclusión laboral. Señorías, 4,4 millones de personas en nuestro país tienen discapacidad: en torno al 10 % de la población. ¿Dónde está escrito que por cada puesto de trabajo al que accede a una persona con discapacidad previamente lo hayan hecho 37 personas sin discapacidad? ¿Dónde está escrito eso? ¿Dónde está escrito que la tasa de empleo de las personas sin discapacidad en nuestro país esté en el 64 % y, sin embargo, la tasa de empleo de las personas con discapacidad tan solo sea del 26 %? ¿Dónde está escrito? Como no está escrito en ningún sitio, el Grupo Parlamentario Socialista hoy trae a este Pleno una proposición de ley para escribir que es necesario trabajar y potenciar la inclusión laboral de las personas con discapacidad en nuestro país. (Aplausos). Estamos convencidos de la necesidad de apoyar esa inclusión laboral. Las personas con discapacidad son un activo real y valioso. Las personas con discapacidad, cuando acceden al mercado de trabajo ―que para ellos ha sido 37 veces más difícil acceder a ese empleo―, se aferran a él con uñas y dientes y lo mantienen y se esfuerzan para que ese empleo sea digno y duradero. Además, las personas con discapacidad aportan talento, aportan compromiso e, incluso, mejoran la cohesión laboral en las empresas.
En nuestro país tenemos más de 150 leyes y reales decretos en favor de las personas con discapacidad. Son muchos. Uno de ellos lo que viene a decir es que en la corresponsabilidad del acceso al empleo las empresas que tienen más de cincuenta trabajadores en su plantilla tienen que reservar un 2 % para personas con discapacidad; es decir, cada cincuenta personas debe haber una que tenga discapacidad. Pues bien, eso solo ocurre en las empresas de más de cincuenta trabajadores, que, por desgracia, en nuestro país son minoritarias. Las pymes son las que en mayor medida contratan a las personas en nuestro país. Por tanto, estamos hablando de que solo afecta al 1 % de las empresas, y afectando solo al 1 % todavía no se cumple esta normativa. Creemos que, para hacer cohesionar tanto el artículo 27 de la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad como la modificación del artículo 49 de la Constitución española, es necesario que trabajemos en un nuevo sistema general que permita una mayor incorporación al mercado laboral de las personas con discapacidad.
Se ha presentado a la Cámara el proyecto de ley que modifica el texto refundido de la ley general de atención a las personas con discapacidad. Pronto debatiremos sobre esto, pero hasta que llegue ese momento vamos a trabajar en esta proposición de ley que modifica tan solo una medida para que la convención y la Constitución lleven a efecto esa obligación, y para ello queremos pasar de una sanción grave, como está tipificada en estos momentos, a sanción muy grave para que, al menos en este sentido, se fuerce a esa obligación de contratación. Hasta que llegue esa situación, es necesario que trabajemos en ello porque creo que cuando como empresa tienes acceso a contratación pública o a ayudas públicas, si no cumples lo que la normativa nacional te pide, lo lógico es que no tengas acceso a esas ayudas. Por tanto, creemos que es necesario trabajar en esta línea.
Somos conscientes de que solo con endurecer las sanciones no es suficiente. Hay que fomentar entornos inclusivos, hay que fomentar la cultura empresarial inclusiva, hay que fomentar la responsabilidad social corporativa. Para ello el libro blanco que surgió en este país es un estudio científico que marca la brújula a seguir. El libro blanco recoge que hay que visibilizar a las personas con discapacidad desde un prisma de validez y que hay que cambiar el modelo del marco regulador y adaptarlo a un marco regulador del siglo XXI. Yo creo que es de justicia reconocer que la Inspección de Trabajo hace un buen trabajo en la inspección, pero es necesario incentivar en mayor grado esa inspección para el cumplimiento de la norma. Creemos que se debe incidir en el plan estratégico 2025-2027 que tiene preparado el ministerio en esa exclusión de esas ayudas a las empresas que no cumplen con la norma.
Hemos avanzado mucho en los últimos años, está claro. La propia reforma laboral ha hecho que el porcentaje de crecimiento de la contratación de personas con discapacidad sea del 6,2 %. Hemos avanzado con programas como el Programa de Ayudas Reina Letizia para la Inclusión con hasta los 5,5 millones de euros. El informe ODISMET de estadística de Fundación ONCE nos dice que en los últimos años el empleo de las personas con discapacidad ha experimentado una mejora de casi 6 puntos, llegando a incorporarse aproximadamente 550 000 personas al mercado de trabajo. La tasa de desempleo se ha reducido en 13 puntos, lo que supone un descenso del 40 % en apenas una década; el número de contratos para este colectivo se ha incrementado en un 58 %; el empleo ha subido especialmente para las personas con discapacidad entre 25 y 44 años, y la tasa de personas con discapacidad en paro de larga duración se ha reducido en 2,5 puntos desde el año 2013.
Por tanto, es cierto que estamos tocando datos importantes, pero el déficit, el desfase proporcional entre personas con discapacidad y sin discapacidad es tan alto que nos obliga a hacer mayores esfuerzos. Estos datos son, como digo, alentadores y necesarios para mejorar la empleabilidad de las personas con discapacidad.
Finalizo como empecé, hablándoles de inclusión. Lograr la inclusión laboral de las personas con discapacidad no solo las beneficia a ellas: cuando una empresa es capaz de configurar una plantilla cuya composición es un reflejo de la sociedad en la que se desenvuelve, esa empresa se humaniza y se engrandece. Me dirijo al mundo empresarial para animarlos a enriquecerse con todo lo que estas personas pueden aportar. Solo avanzando en inclusión lograremos garantizar los derechos de las personas con discapacidad y mejorar nuestro tejido empresarial; en definitiva, lograremos una sociedad más justa, algo a lo que todo ser humano debería aspirar.
Nada más y muchas gracias. (Aplausos).