Jacobo González-Robatto Perote
Muchas gracias. Buenas tardes, señorías. Hoy el Gobierno y sus socios traen de vuelta a esta Cámara una iniciativa para oficializar la censura. Como siempre, la envuelven en palabras biensonantes para tapar lo evidente: quieren callar a los periodistas que hacen las preguntas que hay que hacer. Pretenden reformar el Reglamento del Congreso. ¿Para qué? Para expulsar a periodistas que no se pliegan a los sobornos del Partido Socialista, es decir, los que no aceptan la publicidad institucional, a cambio de su silencio. Los periodistas críticos son un riesgo para el Gobierno porque ponen en peligro todo su entramado clientelar y, por eso, llevan años colocando afines en las tertulias, han repartido más de 400 millones a medios comprados y han llenado Televisión Española de teleñecos cuya única misión es repetir el argumentario del Partido Socialista. Estos personajes siempre han existido. Hoy se hacen llamar periodistas, pero solo son palmeros del régimen: cambian el micrófono por las maracas y la ética por el talonario. El poder siempre ha intentado silenciar al que molesta. Ahora, por fortuna, existen redes sociales que permiten a unos que pregunten lo que otros no se atreven. (Aplausos). El contraste es claro. Podemos ver como el día en el que se aprobaba la amnistía hubo periodistas preguntando a ministros acerca de cómo lo habían pasado en el concierto de Taylor Swift. Hace unos meses, el portavoz del Gobierno, el señor Patxi López, dijo que estas medidas eran necesarias porque ―cito textualmente― en el Congreso no puede haber espacios de impunidad para los enemigos de la democracia. Aclaremos, entonces, quiénes son los verdaderos enemigos de la democracia: no es quien pregunta al poder, sino quien lo acalla; no son los micrófonos, sino quienes usan el dinero de todos para ir de prostíbulos (aplausos); no son los usuarios de las redes, sino quienes perdonan a los golpistas a cambio de votos; es el PSOE, con su secretario de organización en prisión, y la familia del presidente del Gobierno, camino del mismo destino; son ustedes, arrodillados ante los separatistas y los terroristas. Desde el oficialismo se ha dicho que ciertos comunicadores no hacen periodismo, sino activismo ultradisfrazado; activismo ultra, señorías del PSOE, el suyo, el que justifica a quienes apretaron el gatillo contra sus propios compañeros (aplausos); disfraz, el de los etarras que asesinaron tras ser señalados por los medios que hoy ustedes blanquean. Sabemos que ustedes tienen un problema con la verdad. Por eso intentan moldearla. Pero pinchan en hueso. Millones de españoles ya se informan por medios que ustedes no financian. Por eso pierden apoyo. Por eso, pese a la censura y el dinero repartido, no pueden salir a la calle sin ser abucheados. Y no es casualidad. Los españoles no les desprecian por azar, lo hacen porque forman parte de una de las mayores estructuras de corrupción de nuestra democracia. Y ya sabemos cómo actúan ustedes: si la ley les estorba, la cambian; si necesitan los votos de los golpistas, les amnistían; si hay escándalos, riegan con dinero a los medios; y, si todo esto falla, censuran a los periodistas o directamente les insultan en las salas de prensa. Y todo esto lo hacen en nombre de la democracia. Pero no sorprende viniendo de quienes organizaban marchas feministas mientras fundían dinero público en burdeles. Ya saben aquello de «soy feminista porque soy socialista». Y para consumar esta fechoría han creado el Consejo Consultivo de Comunicación Parlamentaria, un nombre que, para mayor coherencia, comparte las siglas con la Unión Soviética. (Protestas). Y no solo las siglas, también el afán por controlar el pasado, el presente y el futuro. Es tiranía de manual, señorías. Han acabado con todos los contrapesos del poder. Colonizaron las instituciones hasta anularlas. ¿De quién dependen la Fiscalía? ¿Y el Tribunal Constitucional? ¿Y el Consejo General del Poder Judicial? ¿Y el CIS? ¿Y el Consejo de Estado? ¿Y la televisión pública? Por desgracia, muchos de estos de la mano del Partido Popular. Y la lista es infinita. Pero aún quedan periodistas que no claudican y ciudadanos anónimos que desde sus casas hacen más por la verdad que toda su bancada junta.
Lo que ustedes quieren es claro: delinquir sin control, robar sin que nadie les moleste, silenciar a quien les señala y borrar del mapa a todo el que no aplauda su mentira. (Aplausos). Ya cerraron esta Cámara durante la pandemia, y hoy sabemos por qué: mientras los españoles estaban encerrados, ustedes inflaban contratos y cobraban mordidas mientras decenas de miles de españoles morían. Por eso, no quieren ustedes la prensa libre: quieren seguir robando cómodamente, sin testigos y sin preguntas. Y esto no es una exageración. Como hemos visto esta misma semana en Torre-Pacheco, un anciano fue salvajemente apaleado por una horda de magrebíes (rumores) y ¿qué hicieron los medios de comunicación? Alteraron la verdad, culparon a los vecinos de racistas y presentaron a los agresores como víctimas. Solo gracias a los medios alternativos los españoles supieron lo que realmente pasó; sin ellos, el relato oficial habría sido total. Pero las consecuencias ya no son solo informativas, son también físicas: una concejal de VOX ha sido agredida, tras el señalamiento constante de los medios afines del Gobierno, y dos compañeras en Puente de Vallecas. El señalamiento criminaliza a las víctimas y convierte a los representantes de VOX en dianas. Enemigos de la democracia no son quienes lo denuncian, son quienes azuzan el odio con el dinero público. (Aplausos).
Lo más grave es que, cuando quieren censurar, todo va rapidísimo: el 20 de mayo se toma en consideración la reforma del Reglamento y hoy, 22 de julio, ya lo traen al Pleno para su aprobación. En apenas dos meses han blindado su mordaza. Pero para la ley ELA, sin embargo, no hubo tanta urgencia: ni una ponencia rápida ni una sesión extraordinaria ni un calendario exprés. Para proteger a los enfermos, burocracia. Para callar a la prensa, la vía rápida.
Su prioridad es clara, señorías: amordazar a los reporteros que incomodan al PSOE, a SUMAR y a todos sus socios, controlar el relato, imponer el silencio y aplastar la disidencia. Pero no lo lograrán, señorías, porque la verdad siempre se abre paso. Ustedes podrán legislar contra la libertad, pero no podrán doblegar al pueblo español ni silenciar la indignación de miles de ciudadanos que ya no creen en sus mentiras. Y nosotros, en esta Cámara, lo seguiremos denunciando, aquí, fuera y donde haga falta, porque no estamos aquí para agradarles, desde luego, estamos aquí para representar a los españoles libres y no nos vamos a callar.
Gracias. (Aplausos de las señoras y los señores diputados del Grupo Parlamentario VOX, puestos en pie).