Miguel Tellado Filgueira
Gracias, presidenta. Buenos días, señorías. Buenos días, ministro. Señor ministro, hoy está usted aquí en contra de su voluntad. Como seguro sabe, hemos solicitado, en la última Junta de Portavoces, su comparecencia en esta Cámara y su grupo y sus socios la han denegado. No han querido que usted compareciese para dar cuenta de estas cuestiones que le planteamos en esta interpelación. Motivos para que usted esté aquí no faltan. Primero, la ley de amnistía, de la que usted es principal muñidor, mano a mano con el señor Puigdemont. Segundo, los acuerdos políticos a los que ha llegado con independentistas y Bildu para investir presidente a Sánchez; los públicos y los ocultos, de los que hoy empezamos a saber más detalles de lo que contienen con esa entrega de la alcaldía de Pamplona. La crisis en la justicia provocada por la política de nepotismo y desvío de poder de este Gobierno. Su viaje a Bruselas en calidad de ministro del Gobierno de España, pero presentando ante Europa una proposición de ley del Partido Socialista o sus mentiras hablando en nombre de la Comisión Europea que tuvo que desmentir la propia Comisión Europea. Creo que hay razones de sobra para que usted compareciese aquí voluntariamente en esta Cámara, pero usted no ha querido. Nuestra petición de comparecencia fue denegada por su propio partido y por los socios de Sánchez. Supongo que, como su jefe, el señor Sánchez, esto de rendir cuentas en las Cortes Generales del Estado no va con usted. Él ya lo demostró ayer. Sánchez no se atrevió a dar la cara ni siquiera en la toma de consideración de la ley que le ha permitido ser presidente y usted sigue su mismo manual de resistencia. Por eso, el Partido Popular hemos tenido que registrar esta interpelación y hacerle venir a esta Cámara, aunque usted no quisiera hacerlo, para poder tenerlo aquí rindiendo cuentas como ministro de la Presidencia, de Justicia y de Relaciones con las Cortes o, si me lo permite, como ministro de la amnistía, porque eso es en lo que se ha convertido usted, señor Bolaños. Usted es el ministro de la amnistía y con ese calificativo será recordado su paso por la política española. (Aplausos). Señorías, el pasado 16 de noviembre, Pedro Sánchez fue investido presidente del Gobierno, pero no porque ganara las elecciones. Déjenme que sea tremendamente claro: Sánchez compró los votos que no le dieron los españoles en las urnas ofreciendo impunidad a unos delincuentes. Esa es la operación que usted tuvo la obligación de cerrar. Sánchez logró ser investido presidente porque se sometió a un chantaje: si borras nuestros delitos —le decían desde ahí—, te haremos presidente. Y lo hicieron y ustedes están cumpliendo su parte, que es borrar esos delitos a través de la ley de amnistía. Así de sencillo, así de burdo, y —permítanme la expresión— así de asqueroso. (Aplausos). Un chantaje en el que usted, como ministro, ha tenido un papel tremendamente protagonista, señor Bolaños. Usted ha logrado que España sufra una auténtica anomalía democrática: que tengamos un Gobierno pactado en Ginebra, fuera de España, controlado por un mediador salvadoreño experto en guerrillas, que no es poco, y ha llegado al poder ofreciendo impunidad a condenados por corrupción, por malversación y por presunto terrorismo. Puede estar, señor Bolaños, tremendamente orgulloso de su trabajo. Por eso, ha sido nombrado ministro, ministro de la amnistía, el ministro para la erosión democrática de España, el portavoz de la degradación institucional de nuestro país. Ese es usted y ese es el papel que le ha encargado Pedro Sánchez para los próximos cuatro años. Esa es la verdadera función de su ministerio y de su departamento. Es usted el comisario político de Puigdemont aquí en esta Cámara (aplausos), encargado de coordinar el Ejecutivo, de controlar el Legislativo a través de quien preside esta Cámara y de presionar al Poder Judicial en función de los designios de un prófugo escapado de la justicia española; un prófugo del que este lunes decía la ministra Calviño: me pide el cuerpo que sea juzgado. Lo decía Calviño esta misma semana en los medios de comunicación. No, no, señora Calviño, no se lo pide el cuerpo, lo pide el Tribunal Supremo (un señor diputado: ¡Bien!), y ustedes en el Gobierno deberían respetarlo, pero no lo hacen. Lo pide la justicia española, que no pudo juzgarlo porque se escapó de nuestro país; lo pide el principal socio del Gobierno y, desde luego, eso es lo que no está ocurriendo. Miren, esto no es normal en una democracia europea por mucho que ustedes traten de revertirlo de normalidad. Con este señor han pactado ustedes una amnistía que convierte en culpable al Estado, que tritura la separación de poderes y que humilla profundamente a la sociedad española; una ley escrita de puño y letra de los delincuentes que se van a beneficiar de ella, señor Bolaños. Usted, usted era el mediador, usted era el intermediador. Esta es una ley ilegal y es una ley inconstitucional; una ley que asume, palabra por palabra, el relato independentista. ¿Usted también piensa, como alguno de sus compañeros de Consejo de Ministros, que los jueces son fachas con toga? ¿Lo piensa? Mire, ayer Pere Aragonès los amenazaba, a través de la prensa internacional, y les decía: o aceptan un referéndum o no se garantizará la estabilidad de gobierno. ¿Tendremos referéndum, señor Bolaños? ¿También van a pasar por esa posición? Si me dice que nunca lo habrá, los españoles empezaremos a preocuparnos, porque siempre nos han mentido cuando les hemos preguntado. (Aplausos). ¿Les ha quedado algo por entregar? ¿Hay algo que no estén dispuestos a vender por siete votos? Creemos que solo hemos conocido la punta del iceberg de los pactos que usted ha firmado con Junqueras y con Puigdemont, pero no sabemos nada del pacto encapuchado que ha formado con Otegi. Hoy sí, hoy sabemos ya que parte de la moneda de cambio es entregar la alcaldía de Pamplona. Lo único que sí sabemos es que los de Otegi ya le han dicho claramente que ellos no dan sus votos gratis y ustedes han hecho hoy el primer pago. ¡El primer pago! (Aplausos). Y si no han sido capaces de poner esto en papel, qué miedo, señor Bolaños, todo lo que ustedes hayan podido pactar y que no conocemos.
Yo quiero hablarle también de las mentiras de la amnistía, porque nos mintieron, no una vez, sino probablemente dos. En julio de este año, tras la decisión del Tribunal de Justicia de la Unión Europea de confirmar la retirada de la inmunidad del señor Puigdemont, usted dijo ante los medios de comunicación que el prófugo estaba más cerca de rendir cuentas ante la justicia española. Es verdad que faltaban unos días para las elecciones. En marzo de este año, cuatro meses antes, ustedes ya estaban reuniéndose en Bruselas con Puigdemont, como sabemos por boca del número tres de su partido, el señor Cerdán. Cuatro meses, lo dijo el señor Cerdán, porque se le escapó en una comparecencia ante los medios de comunicación. Mientras negociaban en Bruselas la amnistía con Puigdemont, en España los ministros se paseaban por los medios de comunicación asegurando que no tenía cabida en la Constitución, que era ilegal y que Puigdemont debía ser detenido y puesto a disposición de la justicia. No tienen vergüenza, señor Bolaños, nos han mentido de forma reiterada. Hace unas semanas creíamos que ustedes no tenían escrúpulos y que para mantenerse en el poder habían cambiado de opinión sin despeinarse, pero hoy sabemos que lo sabían desde el principio. Hoy sabemos que nos mintieron todo el tiempo. Mientras los ministros decían que no habría amnistía en España, mandaban al señor Cerdán a reunirse con Puigdemont y pactar la amnistía en España. Son ustedes una trampa, una auténtica trampa. (Aplausos).
Yo quiero ir al meollo de esta interpelación, porque a usted le traemos aquí en calidad de ministro de Justicia, en calidad de ministro de la amnistía. Desde que gobierna Pedro Sánchez han tratado de colonizar todas las instituciones del Estado y ponerlas al servicio del partido y al servicio de Pedro Sánchez. Han tratado de estar en todos los sitios y ocuparlos; ocuparlos de una forma auténticamente indecente. Desde que Pedro Sánchez es presidente del Gobierno la justicia ha notado sus injerencias, sus ataques, sus intromisiones. El Tribunal Supremo ha anulado el nombramiento de Dolores Delgado por desvío de poder. Usted, ministro de Justicia, ¿está orgulloso de ello? El Consejo General del Poder Judicial se opone por primera vez en la historia de nuestro país al nombramiento de un fiscal general del Estado declarándolo no apto. ¿Está orgulloso de ello, señor ministro de Justicia? El Supremo ha anulado el nombramiento de la exministra Magdalena Valerio como presidenta del Consejo de Estado, nombramiento de su Gobierno.
Señor ministro de Justicia, ¿está orgulloso de ello? (Aplausos). Están tratando de colonizar todas las instituciones independientes de nuestro país: el Tribunal Constitucional, la Fiscalía, el Consejo de Estado, Radiotelevisión Española, el INE, Indra, el CNI y ahora la Agencia EFE, que parece ser que la va a dirigir un reciente colaborador de Pedro Sánchez en la Moncloa.
Ayer se aprobaban en esta Cámara tres comisiones de investigación para que los políticos investiguen a los jueces y a las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado. Se aprobaban gracias al Partido Socialista, hay que decirlo. Y yo tengo que añadir algo más: ver a un ministro de Justicia como usted votar a favor de tres comisiones de investigación, propuestas por los partidos independentistas, para que los políticos juzguen a los jueces, juzguen a los magistrados produce estupor. (Aplausos). Lamento que usted no haya sentido lo mismo, señor Bolaños. ¡Lamento que usted no haya sentido lo mismo! Señor Bolaños, no es que ustedes no crean en la separación de poderes, es que ustedes no creen en el imperio de la ley, no creen en el Estado de derecho, no creen en el sistema de pesos y contrapesos diseñado en la Constitución española, no creen en las instituciones libres, democráticas e independientes de nuestro país; ustedes no creen en la democracia española y son una auténtica amenaza para ella. Usted, señor ministro de la amnistía ―hay que decírselo claramente―, es la bola de demolición contra nuestro Estado de derecho que va a utilizar Pedro Sánchez durante esta legislatura, un ministro plenipotenciario con un solo encargo: dinamitar los principios que sustentan nuestro Estado de derecho y ponerlos y utilizarlos como moneda de cambio para la investidura de un señor que quiso ser presidente del Gobierno aunque los españoles no le dieron los votos suficientes para ello.
Nada más y Muchas gracias. (Aplausos de las señoras y los señores diputados del Grupo Parlamentario Popular en el Congreso, puestos en pie).