Muchas gracias, señora Muñoz.
Se lo dije ayer en el Senado y se lo repito hoy: veo que siguen ustedes escocidos con aquella tarde del 26 de septiembre de este año. Les recomiendo que no hagan caso a esos que les dicen que, si escuece, cura, porque, cuando ya pasa tanto tiempo, si sigue escociendo es que la herida se ha abierto y se está infectando. Póngala ustedes pomadita y pasen página cuanto antes, señores del Partido Popular. (Aplausos).
Habla usted de un inicio abrupto por mi parte. Usted ha hecho una descripción de titulares y yo le voy a hacer otra. Llegué un martes al Gobierno de España, al Ministerio, con una huelga convocada para el viernes y para las fechas más críticas de la Navidad y el jueves por la tarde la huelga estaba desconvocada. (Aplausos). El miércoles siguiente, tuve la suerte, el honor y la dicha de participar en el estreno de la infraestructura ferroviaria más importante de los últimos treinta años en este país. El lunes, presidí el
Consejo de Gobierno de ministros de transporte de la Unión Europea y este fin de semana hemos puesto en marcha el primer tren electrificado en la historia de Extremadura. (La señora Muñoz de la Iglesia pronuncia palabras que no se perciben). Usted lo llama abrupto y yo lo llamo caer de pie, aunque alguno, a lo mejor, lo llamaría estreno triunfal. Imagínese, si esto ha sido en quince días, lo que les espera a ustedes en cuatro años. Ármense de paciencia. (Aplausos).
Si quiere usted que hablemos del concepto abrupto, yo le voy a explicar lo que es abrupto. Abrupto es el aterrizaje de su líder de filas desde las nubes de la demoscopia al duro suelo de las urnas, señora Muñoz. Eso sí que es un aterrizaje abrupto, créame. (Rumores.—Aplausos). Me tiene usted muy sorprendido, tengo que decírselo, porque para mí su evolución en estos días —he leído algunas de sus declaraciones— es desconcertante. Usted empezó diciendo que yo iba a ser el ministro que no iba a hacer nada por León. (La señora Muñoz de la Iglesia hace gestos afirmativos). Al día siguiente, dijo que yo iba a ser el ministro que iba a desbloquear —el bloqueo supuestamente existente— la línea Astorga-Plasencia (la señora Muñoz de la Iglesia hace gestos negativos) y hace unos días me ha dirigido usted una carta en la que me pide una reunión (la señora Muñoz de la Iglesia hace gestos afirmativos) para que desbloquee 18 proyectos de León. En fin, pensé, con toda esta evolución de la bestia negra que va a resolver los problemas de León, que usted vendría aquí a ofrecerme sus consideraciones más distinguidas. Le agradezco que me haya ahorrado usted ese bochorno, señora Muñoz.
Muchas gracias. (Aplausos).