Carmen Fúnez de Gregorio
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Gracias, presidente. Señorías, tengo el honor de defender esta moción del Grupo Parlamentario Popular, consecuencia de la interpelación que hace una semana realizó el portavoz de mi grupo parlamentario con un tema de rigurosa actualidad, como es el debate entre la verdad y la mentira, entre asumir responsabilidades o repartir mordidas, y entre la regeneración institucional o seguir tapando la corrupción y las vergüenzas del sanchismo. Esta moción no debería ser necesaria si ustedes, señorías del Partido Socialista, no miraran para otro lado, no taparan todo esto y no cuestionaran a quien investiga. Nunca, nunca nadie podría haber imaginado que hubiese que proteger del Gobierno a los jueces y a los cuerpos de seguridad del Estado. (Aplausos). ¡Nunca lo podríamos haber imaginado! Pero ese es el mejor reflejo de los siete años de Sánchez en el Palacio de la Moncloa. Nos enfrentamos a una operación de demolición moral por procedimientos que conllevan más peligro para la democracia que aquello que pretenden combatir. Esta afirmación no ha sido pronunciada por un imputado ―por ahora―, sino que es uno de los mensajes que se recogen en la última carta de Pedro Sánchez a los militantes del Partido Socialista. Es una expresión propia del sanchismo, que llegó al poder no enfrentando, sino afrontando una destrucción moral de su partido, y, lo que es peor, del Estado: sectarismo y deslealtad institucional a partes iguales. (Aplausos.―Una señora diputada: ¡Muy bien!). Una tarea para la que Pedro Sánchez eligió con notable destreza a aquellos que mejor podían realizar esos trabajos, que no son otros que los que formaban parte del equipo fundacional del ‘número 1’: Koldo, Ábalos y Santos Cerdán. El monstruo de la corrupción se gestó en un coche, se extendió a la Moncloa y a Ferraz y en este momento no cabe ni un escándalo más ni en Ferraz ni en la Moncloa. (Aplausos). Señorías, no son tres pillos ni tampoco es una anécdota, por mucho que intenten hacérnoslo creer; es la conexión corrupta entre el PSOE y el Gobierno de España, esa conexión absolutamente necesaria. ¿Cuántas tramas más tienen que estallar para que reconozcan que estamos ante uno de los mayores escándalos de la democracia? La trama Koldo, la de ese militante ejemplar, como dijo Pedro Sánchez de él; la trama de la sanidad; la de los transportes; la de hidrocarburos; el caso Begoña; el caso de su hermano, y el caso Delcy, que parece que se nos ha olvidado ya: veinte versiones distintas dio el Gobierno de España y una mentira común, que era ocultar la verdad que todavía no conocemos; pero terminaremos conociendo qué ocurrió. (Aplausos). Sin olvidar, señorías, que el Tribunal Superior de Justicia de Madrid ha pedido que se investigue si Sánchez tuvo algún tipo de conflicto de interés en el rescate de Air Europa. Es importante que lo tengamos muy presente. En definitiva, todo un entramado de causas separadas pero siempre conectadas por varios socialistas ejemplares, como Koldo, y por el ‘1’, que es el que los eligió a todos. A este compendio de presunto tráfico de influencias, mordidas y corrupción lo único que le faltaba era el más soez ejercicio de enchufismo jamás visto: la contratación de mujeres prostituidas a sueldo del Estado, con comentarios y expresiones que repugnan a mujeres y a hombres por igual. Por cierto, ¿han pensado ustedes qué hubiese ocurrido en este país si esas conversaciones proviniesen de dirigentes políticos o sociales no afiliados al Partido Socialista? Tendríamos que ver qué estaría ocurriendo en este momento en España. (Aplausos.―La señora Rodriguez Calleja: ¡Muy bien!). Señorías del Grupo Socialista, tienen que pedir perdón, y lo saben. Tienen que rechazar con rotundidad este trato denigrante hacia la mujer, porque los hechos han puesto de manifiesto que ser socialista no es ser feminista. Señorías, con esta moción también les pedimos que dejen de atacar a aquellos que buscan la verdad: a los jueces, a los miembros de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado y a los periodistas. Porque hemos llegado a ver cómo ministros y miembros del Partido Socialista denigran constantemente a todos ellos. Hemos escuchado a una ministra portavoz decir que un agente de la UCO quería poner una bomba lapa en los bajos del coche del presidente del Gobierno, y ese bulo fue compartido por la vicepresidenta del Gobierno, por el ministro de Política Territorial y por el ministro de Transformación Digital, que llegó a pedir pena de cárcel para ese agente de la UCO. (Aplausos). El presidente del Gobierno llegó a decir que hay algún juez que contribuye a la oposición y que hay activismo político dentro del Poder Judicial. Contesten: ¿desde cuándo se combate la corrupción atacando a los órganos que la persiguen? ¿Desde cuándo se defiende el Estado de derecho socavando el principio de separación de poderes? Señorías, la UCO, el resto de los miembros de la Guardia Civil, la Policía y la justicia no tienen que defenderse ni pedir perdón por hacer su trabajo. (Aplausos.―Un señor diputado: ¡Muy bien! ¡Sí, señora!). Y ahora, contéstenos: ¿Apoyan el trabajo de la UCO, sí o no? ¿Siguen defendiendo que en España hay lawfare, sí o no? Porque todos son servidores del orden constitucional y van a seguir ejerciendo su labor en libertad y en conciencia porque solo se deben al imperio de la ley.
Quiero hacerles unas últimas preguntas porque me parece que eso es fundamental. Señorías que apoyan al Gobierno, me dirijo a ustedes porque ha llegado la hora de mojarse, y esta moción es una buena oportunidad para hacerlo. Tienen que decidir si están con Sánchez o están con la democracia, si están con los que trabajan o están con los que roban a los que trabajan. No hay ninguna reivindicación que esté por encima de la democracia, y estoy convencida de que sus votantes son plenamente conscientes de ello. Y ustedes, señorías del PSOE, ¿qué van a elegir, dejar caer a Sánchez o caer con él? Aún están a tiempo de salvar al PSOE y saltar del barco sanchista, que se hunde en su propio fango. Serán ustedes los primeros en renegar del sanchismo más pronto que tarde.