Alberto Fabra Part
Muchas gracias, presidente. Señorías, hoy pretendemos tratar temas de una trascendental importancia: la seguridad nacional, la credibilidad internacional de España, el grado de compromiso con nuestros aliados y, por supuesto, la dignidad y el futuro de nuestras Fuerzas Armadas, porque el Plan Industrial y Tecnológico para la Seguridad y la Defensa, presentado en esta misma Cámara por el todavía presidente del Gobierno el pasado 22 de abril, nace viciado de origen. Es un plan que no está basado en la Directiva de Defensa Nacional en vigor, elaborada en agosto de 2020, ni en la actual Estrategia de Seguridad Nacional, de diciembre de 2021, documentos en los que el Gobierno establece las líneas de actuación y los objetivos que hay que cumplir en materia de defensa y seguridad. Ambos textos fueron redactados antes de la invasión de Ucrania por lo que, según lo justificado por el aún presidente del Gobierno en su comparecencia, esta creciente agresividad rusa fue uno de los motivos esenciales para la elaboración urgente de este plan de defensa y seguridad. Señorías, dicho plan no surge como consecuencia de un capricho del todavía presidente para atender la falta de recursos y capacidades de nuestras Fuerzas Armadas. No, señorías, no se engañen ni nos quieran engañar a los demás. Este plan es una imposición de nuestros socios de la OTAN para que el gasto en defensa de España llegara al 2 % del PIB antes de la cumbre de La Haya que se está celebrando esta semana, lo que el aún presidente del Gobierno asumió con la rapidez propia de un galgo. Además, señorías, este plan no se ha elaborado como cualquier plan. Se deberían haber atendido las propuestas del jefe del Estado Mayor de la Defensa y las de los jefes de los distintos Ejércitos, cubriendo las necesidades de nuestras Fuerzas Armadas y dotándolas de modernas capacidades, que permitan la defensa del territorio nacional ante cualquier amenaza, tal y como establece la Ley de Defensa Nacional. Debería también servir para cumplir los compromisos con nuestros socios y aliados y para dotar de forma conjunta a la Unión Europea y la OTAN de las medidas de disuasión y defensivas necesarias en todo el territorio europeo, tal y como están requiriendo ambos organismos internacionales, teniendo en cuenta que la OTAN ha fijado que al menos el 70 % del total de la inversión en defensa de cada país miembro debe estar destinado a incrementar nuestras capacidades militares. Este plan también debería haber escuchado a la industria de la defensa nacional, conocer su capacidad de producción y trazar una hoja de ruta conjunta para abordar los retos de futuro. Contamos con una industria altamente tecnológica e innovadora, reconocida a nivel internacional, y con empresas que suponen una referencia económica local, repartidas por gran parte del territorio nacional, que también deben tener su protagonismo en este plan. Además, debería haber contado con la opinión de los grupos parlamentarios, en especial del partido mayoritario que ganó las elecciones generales, el Partido Popular. No puede ser que la decisión económica más importante que se tome en esta legislatura se haga sin la aprobación de este Congreso de los Diputados. (Aplausos). Señorías, se tiene que consensuar un plan que sirva tanto a España como a sus aliados, ya que, por su duración, otros partidos ―y esto se producirá más pronto que tarde― vamos a llegar al Gobierno y tendremos que asumir estos compromisos ya adquiridos. Además, no hay seguridad presupuestaria para garantizar su viabilidad. No tenemos presupuestos aprobados. Como bien se ha dicho esta tarde, estamos en una prórroga de la prórroga de unos presupuestos de otra legislatura. No sabemos de qué partida sale el dinero necesario para llegar a esos 10 471 millones de euros. ¿Es con más déficit? Si viene de otras partidas, ¿a cuáles afectará? ¿Quedarán algunas sin poder ejecutarse? ¿Se firmarán préstamos con entidades financieras? ¿Van a hacer una redistribución de los fondos europeos? Qué lástima, señorías, que ninguno de los diputados y diputadas que estamos sentados aquí, en el Congreso, podamos dar respuesta a estas preguntas. Es decir, que el aún presidente nos quiso vender un plan que no cuenta con los informes de los expertos, en este caso, de las Fuerzas Armadas, que no cumple con los compromisos acordados con nuestros socios y aliados, que no tiene en cuenta a la industria de la defensa, que lo hace sin aprobación por parte de las Cortes Generales, tal como exige la Ley de Defensa Nacional, y además lo quieren hacer sin tener un presupuesto aprobado.
Pero admito, señorías del Grupo Socialista, que no todo lo hacen mal, debo reconocer que su capacidad para reinventar es infinita. Han conseguido sorprender a medio mundo con la propuesta de creación de un nuevo estatus de los miembros de la OTAN: el socio fijo discontinuo. (Risas.―Aplausos). Enhorabuena, señores del Gobierno.
No, señorías, esto no es un plan, por mucho que lo repitan. Esto es un trampantojo; un trampantojo que el todavía presidente tuvo que fabricar para que sus socios de Gobierno y de legislatura lo apoyaran sin rechistar; para que los primeros continuaran en sus cargos ministeriales, con su coche oficial, y para que los segundos sigan extorsionando al aún presidente del Gobierno, que ahora todavía es más débil. ¿Se acuerdan de aquello de que hay que aprovechar el tiempo que nos queda? Ante la falta de transparencia en su elaboración, el secretismo y la ausencia de rigor en su contenido, el Grupo Parlamentario Popular presenta esta proposición no de ley en la que se pide que este plan sea sometido a debate y votación en el Congreso.
Acabo, presidente.