Víctor Gutiérrez Santiago
Buenas tardes. Gracias, presidente. En primer lugar, quiero saludar al director general LGTBI, Julio del Valle, que nos acompaña desde la tribuna. No sé si está también Saúl Castro, el presidente de No Es Terapia, el activista que lleva más tiempo luchando por convertir en realidad esta reforma del Código Penal. Desde aquí, todo nuestro reconocimiento. Hoy, cumplimos ese compromiso y traemos al Congreso de los Diputados una deuda histórica con las personas LGTBI que debemos saldar como país y como democracia. Hoy hablamos de vidas, pero de vidas destrozadas por el sufrimiento y por una de las peores formas de violencia que una persona puede sufrir, la de ser obligado a odiarse, la de ser torturado física o psicológicamente para que le arranquen su orientación o su identidad de encima. Nos miran jóvenes que con apenas quince o dieciséis años fueron llevados a la fuerza al despacho de un supuesto psicólogo, de un supuesto médico o sacerdote que les prometía una cura para algo que no es una enfermedad. Nos miran también mujeres lesbianas que fueron violadas con la excusa de corregir su orientación. Nos miran hombres homosexuales que hace apenas unas décadas eran expulsados de sus casas, fichados como peligrosos socialmente y encerrados en campos de concentración franquistas, donde se pretendía reeducarlos a base de trabajo forzoso, humillaciones y palizas, y digo campos de concentración porque durante la dictadura franquista España encerró a miles de homosexuales en colonias agrícolas, como la de Tefía, en Fuerteventura, que es un auténtico campo de concentración para homosexuales. Allí, bajo el sol del desierto canario, hombres como Antonio Ruiz, uno de los pocos supervivientes que aún puede contarlo, fueron tratados como criminales y bestias a domesticar. Antonio cuenta cómo dormían sobre colchones de paja infestados de chinches y cómo eran violados por sus carceleros.
Hoy, casi un siglo después, sigue habiendo familias, curas, pastores de sectas y coachs que venden la misma mentira: que la diversidad sexual y de género se puede extirpar con sesiones de rezo, descargas eléctricas, medicamentos y amenazas, que el ser como uno es es una enfermedad que se debe tratar, que amar a quien uno ama es un virus que se debe erradicar. Y lo hacen impunemente, muchas veces escondidos tras asociaciones religiosas y sectas que captan a jóvenes en situación de extrema vulnerabilidad. Señorías, ha llegado el momento de decir hasta aquí. ¡Basta ya! ¡Basta ya de que este tipo de torturas se ejerzan en nuestro país! ¡Basta ya! (Aplausos).
Es cierto que las terapias de conversión ya están prohibidas por la ley trans que aprobamos en la pasada legislatura y es cierto que en muchas comunidades autónomas las leyes autonómicas ya las prohibían, pero es necesario que demos un paso más. Los colectivos ―especialmente «No es terapia», que es el que lo trabaja más específicamente― nos dicen que no es suficiente. ¿Qué es lo que ocurre? Hemos que tener en cuenta que la mayor parte de las víctimas son empujadas a ese tipo de prácticas por sus propias familias. Por tanto, nos encontramos con que es muy difícil que acaben denunciando a sus familias. Las víctimas que encuentran y reúnen todo el valor para darse cuenta de que es una pesadilla y van a denunciarlo se encuentran con que muchas veces los hechos ya han prescrito. Y las denuncias que llegan a tramitarse se encuentran con la barrera de las comunidades autónomas, especialmente las gobernadas por el Partido Popular, como, por ejemplo, aquí, en la Comunidad de Madrid, donde han tenido denuncias y sanciones cogiendo polvo en cajones durante muchos años. Y en caso de que se llegue a sancionar a estas sectas, las plataformas ultras que hay detrás hacen una campaña de crowdfunding y en veinticuatro horas han recogido el valor de la multa.
Por tanto, necesitamos ir un paso más allá. El sistema está fallando y por eso presentamos esta proposición de ley. Y lo hacemos para elevar a la categoría de delito lo que en realidad es una tortura. Desde el Partido Socialista lo tenemos muy claro. Queremos que quien aplique, promueva o financie estas prácticas se siente en el banquillo. Queremos que quien arrastre a su hijo o a su hija a una sesión de humillación y trauma responda ante la justicia. (Aplausos). Ninguna familia tiene derecho a torturar a un menor por ser gay, por ser lesbiana, por ser trans. Ninguna secta tiene derecho a lucrarse vendiendo curaciones milagrosas que solamente sirven para sembrar suicidios. Y, desde luego, ningún Estado digno puede mirar hacia otro lado mientras una sola persona pierde la vida o la cordura por la crueldad disfrazada de fe.
Y hoy es el momento de decir las cosas claras a quienes alimentan esta barbarie desde sus escaños: su especialidad, señorías de VOX. A ustedes, que son el partido del odio, se los llena la boca a la hora de hablar de libertad, y lo que hacen es justificar el odio más miserable. No nos engañemos, cada vez que ustedes piden derogar las leyes LGTBI, que vetan charlas de prevención, sobre bullying, que eliminan políticas sobre diversidad o que las dejan sin recursos, lo que están haciendo es abrir la puerta a que proliferen estas clínicas de la vergüenza y estas sectas. Y esto, en la práctica, significa empujar a nuestros adolescentes a manos de curanderos, de exorcistas y pastores que prometen deshomosexualizar a adolescentes vulnerables. Esto significa que familias gasten 10 000 euros en sesiones que lo único que hacen es destrozar la autoestima de sus hijos, y en muchos casos su vida. Ustedes defienden la libertad, sí, pero la libertad del verdugo para torturar a sus víctimas. Eso es lo que defienden ustedes, la libertad del verdugo. (Aplausos).
Y de esto va esta reforma, de proteger a las víctimas, de evitar que haya adolescentes que se quiten la vida porque no soportan la presión de un entorno que les quiere enderezar a golpe de Biblia y de fármacos, y ustedes es que hacen un uso repugnante de las personas LGTBI. Siempre hablan de nosotros para esparcir su discurso de odio, especialmente contra la inmigración, contra los menores, como si nosotros les importásemos algo a ustedes, señorías de VOX. Las personas LGTBI les damos igual. Ustedes están a favor de estas terapias, porque piensan que estamos enfermos. Ustedes piensan que a las personas homosexuales nos pueden curar, que a las personas trans les pueden reorientar su identidad. Y utilizan nuestra lucha para ejercer su discurso de odio, especialmente utilizando a la inmigración y a los menores. ¡A los menores! ¡Como si les importasen también los menores! Dicen ustedes que son provida. ¿Provida de qué? ¿Acaso les importan los más de 15 000 niños palestinos asesinados? ¿Acaso les importan los abusos en el seno de la Iglesia? ¿Acaso les importan los menores que vienen aquí solos, buscando una oportunidad? (Aplausos). A ustedes no les importan ni los menores ni la vida. VOX quiere retroceder un siglo. Pero desde el Partido Socialista decimos que las personas LGTBI jamás vamos a volver al armario, jamás vamos a volver a la camilla de electroshock y, por supuesto, jamás vamos a volver a un campo de concentración, aunque a ustedes les gustaría.
Y ustedes, señorías del Partido Popular, que van de moderados, cuando en el fondo son quienes han sentado a gobernar a la ultraderecha por toda España, de verdad, ¿no se dan cuenta de que siempre están en el lado equivocado de la foto, que siempre llegan tarde a su cita con la historia? Yo no voy a hablar del matrimonio igualitario ni del divorcio ni del aborto ni de los derechos del pasado; voy a proponerles un ejercicio. Vamos a hablar de la actualidad, vamos a poner que los partidos políticos tienen derecho a equivocarse y pueden reconducir sus errores. El otro día subió usted aquí, señor De los Santos, como siempre, enfadado y faltón, cuando trajimos una iniciativa para hablar de la prohibición del orgullo en Hungría y usted se puso a hablar de Koldo, de Ábalos, de Stalin, de China, en un batiburrillo increíble. Le propongo ese ejercicio. No me voy a ir a cien años atrás ni a veinte o ni siquiera a dos; vamos a hablar de la rigurosa actualidad y del tema que nos trae, las terapias de conversión. ¿Le parece?
Entonces, ¿qué es lo que está pasando en la Comunidad de Madrid, donde se ha ejecutado el primer retroceso en materia de LGTB de la democracia? La señora Ayuso ha abierto la puerta a que se puedan practicar terapias de conversión a personas trans. Eso es lo que ha hecho la Comunidad de Madrid ahora. (Aplausos). Pero, señora Ayuso ―usted, que presume de que Madrid es la comunidad más libre y dice que en Madrid cada uno hace con su vida lo que le da la gana―, sí, en Madrid cada uno hace con su vida lo que le da la gana, excepto los niños a los que usted ha dejado vendidos a sectas y a pseudoterapeutas; esos no pueden hacer lo que les dé la gana. Y lo que han hecho es gravísimo: han desactivado la protección contra estas terapias, han vaciado de recursos los centros de atención a víctimas, han permitido que asociaciones ultracatólicas vayan a centros concertados a adoctrinar a los niños trans. Su Gobierno ha eliminado la obligación de sancionar las terapias de conversión, ha despedido al personal especializado LGTBI en los colegios públicos. ¿Dónde está el aprendizaje del Partido Popular con sus errores? ¿Dónde está, si siempre comete los mismos errores? (Aplausos).
No aprenden; repito, no aprenden. Trabajan sistemáticamente en contra de las personas LGTBI. Y estoy seguro de que el señor De los Santos va a subir ahora a la tribuna y me va a decir que lo que han aprobado es que las personas trans tengan un acompañamiento psicológico. Es mentira, no engañen a la gente. Nada tiene que ver el acompañamiento psicológico con lo que ustedes han aprobado, que es volver a patologizar a las personas trans, que se elaboren informes médicos, diagnósticos de disforia. Señorías del Partido Popular, estamos en 2025. ¿No saben que las personas trans no son enfermas? (Aplausos). ¿Que ningún médico les puede decir lo que son o no son? ¿Y mucho menos que se les puede reconducir su identidad? Además, es especialmente llamativo porque usted, señor De los Santos, estaba en el Gobierno de Cifuentes, que aprobó las leyes LGTBI y trans, y es el mayor ejemplo de la deriva ultra en la que están. ¡Están recortando sus propias leyes! ¿Y luego tiene la desfachatez de subir a esta tribuna a decir que los avances del colectivo en España también son gracias a ustedes? ¡Qué poca vergüenza! ¡Qué poca vergüenza! (Aplausos). Ustedes no defienden la libertad, son cómplices de estas torturas. (Rumores). Y, además, se sonríen, diciendo que son de centro. Esta semana salía su líder, el señor Feijóo, diciendo que no se puede discriminar a nadie por a quien ha elegido amar, pero, en realidad, lo que hacen es abrir la puerta al regreso de esta represión. Van de moderados, pero no lo son.
Sin embargo, para frenar ese atropello sistemático del Partido Popular a los derechos LGTBI, está el Partido Socialista. (Risas.—Rumores). Sí, para eso estamos nosotros, para frenarles a ustedes y a sus socios de la ultraderecha. (Aplausos). Con esto que traemos nosotros aquí, al Congreso, ningún padre va a poder entregar a sus hijos a un torturador en la Comunidad Valenciana ni en la Comunidad de Madrid ni en ninguna parte de España. (Rumores). Frente a esa vergüenza, está la coherencia y el coraje del Partido Socialista. Fuimos el único partido, el único partido que incorporó en su programa electoral penalizar y criminalizar las terapias de conversión, porque el Partido Socialista siempre tiene un firme compromiso con las personas LGTBI y cada avance en derechos LGTBI lleva la firma y el sello socialista. Este es un hecho incontestable. Fuimos quienes legalizamos el matrimonio cuando el Partido Popular decía que llegaría el apocalipsis y que acabaríamos con la familia. ¿Y qué ha ocurrido? Que han llegado nuevas familias y hemos generado felicidad. Fuimos quienes impulsamos la ley trans, la ley Zerolo, esas leyes que ustedes y VOX quieren desmontar, artículo por artículo. Y hoy damos el paso más contundente: queremos tipificar como delito lo que jamás debió tolerarse, que quien torture a alguien para extirparle su orientación sexual o su identidad responda ante la justicia, pierda su licencia profesional y, si se lucra, pague con cárcel y con multa. Hoy demostramos una vez más que el Partido Socialista no legisla buscando un titular; legisla para proteger vidas, para que ninguna persona vuelva a sentir vergüenza de ser quien es, porque esta ley no es solo un castigo a los verdugos, es un mensaje de esperanza para todas esas víctimas silenciosas que aún tienen pesadillas con la camilla de descargas, con la sesión de humillación o con el rezo que prometía curarles mientras los mataba por dentro.
Y termino. A todas las víctimas que hoy nos están escuchando, perdón por no llegar antes, perdón por no poder borrar vuestros traumas y perdón por cada silencio institucional que os dejó solos. Esta ley es para vosotros y para vosotras, para que sepáis que no estáis solos, que vuestra dignidad no tiene precio y que vuestro país os cree y os protege. Hoy decimos: Nadie os volverá a hacer sufrir por ser quienes sois. Hoy iniciamos el camino para sellar con ley vuestra dignidad.
Muchas gracias. (Aplausos de las señoras y los señores diputados del Grupo Parlamentario Socialista, puestos en pie).