José Antonio Bermúdez de Castro Fernández
Gracias, presidenta. Buenas tardes, señorías. En un momento en que el Gobierno padece una agonía política y judicial incuestionable, porque ha perdido la mayoría parlamentaria, y supura corrupción por los cuatro costados, hoy venimos a defender algo que no pertenece a ningún partido ni tampoco a ningún Gobierno. Hoy venimos a defender el Parlamento y la soberanía de esta Cámara y lo hacemos porque hoy la potestad legislativa del Congreso no está en manos del Pleno, como sería normal, sino en manos de una mayoría de la Mesa (aplausos), que al dictado del Gobierno ha convertido una herramienta procedimental, la prórroga de enmiendas, en un mecanismo de bloqueo y censura política. Y eso, señorías, es algo inaceptable. La proposición de reforma del Reglamento que hoy presentamos a debate, si obtiene la mayoría de esta Cámara, enviará un mandato muy claro: será el punto y final a dicho bloqueo; el punto y final del llamado congelador de Armengol, donde la mayoría de la Mesa mantiene paralizadas casi un centenar de leyes cuando ni siquiera hemos llegado al ecuador de esta agónica legislatura. Un bloqueo que simboliza la usurpación del Poder Legislativo, de la potestad legislativa que la Constitución nos confiere a todos y cada uno de los diputados de esta Cámara. Un rodillo autoritario aplicado por la mayoría de la Mesa para hurtarle a esta Cámara su valor más preciado: el debate y su función legislativa. Señorías, estamos viviendo una legislatura en la que la Presidencia de la Cámara ha puesto a esta institución al servicio de la estrategia del Gobierno, ignorando que es la máxima representante del Poder Legislativo, que es un poder autónomo, nunca sometido al Poder Ejecutivo. (Aplausos). Lamentablemente, en esta legislatura es el Gobierno el que elige qué leyes se tramitan, qué preguntas se contestan y qué mandatos parlamentarios se cumplen. Una legislatura en la que estamos instalados permanentemente en la excepcionalidad. Aquí ni se legisla con normalidad ni se ejerce el control con normalidad ni se cumplen los procedimientos con normalidad. Aquí la arbitrariedad y la imposición están sustituyendo a la razón, y no estoy exagerando, señorías. En esta legislatura el Gobierno está vetando iniciativas legislativas de los grupos de la oposición, especialmente del Grupo Parlamentario Popular, sin ningún tipo de justificación; vetos que luego son avalados por la mayoría de la Mesa con la oposición de los letrados, que advierten que esos vetos son contrarios a la doctrina del Tribunal Constitucional, y, sin embargo, la mayoría de la Mesa los aprueba. ¿Y cómo justifica el Gobierno los vetos? Pues alegando que el contenido de nuestras iniciativas altera sus previsiones presupuestarias. Pero ¿de qué previsiones presupuestarias me están hablando, si el Gobierno ha sido incapaz de presentar a esta Cámara los presupuestos generales del Estado? (Aplausos). Y así, señorías, es esta legislatura; una legislatura con un Gobierno gestionando presupuestos prorrogados de la pasada legislatura, es decir, unos presupuestos de otro Gobierno, que fueron aprobados por unas Cortes ya disueltas. Pero ¿no se dan cuenta de que eso es una anomalía constitucional y un despropósito presupuestario y que así no se puede gobernar? ¿No se dan cuenta o les da igual? Probablemente les da igual, porque lo único que les importa es seguir en el poder a costa de lo que sea. Eso sí, les reconozco una cosa: la capacidad del sanchismo de hacer políticamente posible lo ética y jurídicamente censurable.
Como también es censurable la degradación de las sesiones de control. Este Gobierno acumula más de ciento cincuenta ausencias a las sesiones de control sin que medie ningún tipo de justificación en la mayoría de las ocasiones, olvidando que es un principio general en toda democracia representativa que la acción de Gobierno se legitime, precisamente, por el control parlamentario. Y lo peor no es eso; lo peor es que, cuando vienen los ministros, no contestan absolutamente a nada de lo que se les pregunta, recurriendo las últimas veces incluso a la descalificación de la oposición. Ese es el concepto que tienen algunos de la democracia y el control parlamentario. (Aplausos).
Pero la mayor anomalía y freno a nuestra función legislativa, que pretende corregir esta iniciativa, lo tenemos en el uso fraudulento y abusivo de la prórroga de los plazos de enmienda que utiliza la mayoría de la Mesa bien para paralizar iniciativas legislativas que han sido tomadas en consideración por este Pleno ―especialmente las del Grupo Popular, pero también de otros grupos como Junts, Esquerra e incluso SUMAR― bien para bloquear todas ―repito, todas― las que aprueba y nos remite el Senado en un ejercicio de deslealtad institucional sin precedentes. Señorías, la posibilidad de solicitar prórrogas al vencimiento de plazos de enmiendas es una facultad reglamentaria que ha venido siendo utilizada por todos los grupos y en todas las legislaturas. Y cuando esa prórroga se acuerda, bien por la necesidad de racionalizar el trabajo parlamentario bien para evitar la simultaneidad en la tramitación de varias iniciativas legislativas en una misma comisión bien por la complejidad o amplitud de determinados proyectos legislativos, esa prórroga representa un recurso útil para el cumplimiento de nuestras funciones legislativas. Pero cuando se aprueba exclusivamente por razones políticas para impedir que determinadas iniciativas puedan continuar y culminar su trámite legislativo, esa prórroga se convierte en un acto de bloqueo arbitrario e intolerable. (Aplausos).
Me dirán que este debate no es la primera vez que lo tenemos en esta Cámara y es cierto, ya me adelanto, a finales de octubre del año 2018 yo mismo tuve ocasión de tener un debate en esta Cámara con el hoy secretario de Estado de Relaciones con las Cortes, el señor Simancas, en el que se reclamaba que a partir de la tercera ampliación fuese necesaria la solicitud por grupos que representaran la mayoría absoluta de la Cámara. Pero aquel debate no era un debate inocente, señorías socialistas. Aquel debate era un debate interesado, coyuntural y tramposo, porque se producía justamente meses después de haber sacado adelante una moción de censura contra el Gobierno del Partido Popular. El Partido Socialista pretendía gobernar con solo ochenta y cuatro diputados e imponer ampliaciones de plazo a la carta en contra de la mayoría de la Mesa. Por eso no lo apoyamos. De hecho, ustedes tuvieron que convocar meses después elecciones generales. La prueba de que aquella iniciativa socialista era una iniciativa interesada y coyuntural es que, desde entonces, desde hace tres legislaturas, ustedes no la han vuelto a presentar. Y, si no es así, hoy tienen la oportunidad de demostrar un mínimo de coherencia apoyando la iniciativa que presentamos.
Y no me aleguen que en las últimas legislaturas en las distintas Mesas se ha funcionado con protocolos o criterios a la hora de decidir las ampliaciones de plazos de enmiendas y que fue en la XII Legislatura cuando se cambió el criterio que rige en la actualidad. Miren, lo que está ocurriendo en esta legislatura ni se había producido nunca con esta intensidad ni tampoco obedece a cambios en protocolos de la Mesa. Ese bloqueo consciente, ese secuestro de las iniciativas legislativas de los grupos y de todas las que nos remite el Senado se están produciendo única y exclusivamente por razones políticas y por la voluntad e imposición de la mayoría de la Mesa. Y prueba de ello es que, de todas las proposiciones de ley que han sido tomadas en consideración por este Pleno, ¿saben cuáles son las únicas a las que se ha permitido que continúen su tramitación? ¿No lo adivinan? Pues es muy sencillo, las que llevaban la firma del Partido Socialista. El resto han sido bloqueadas. (Aplausos). Mi pregunta es ¿por qué no dejan que se tramiten, por ejemplo, iniciativas para luchar contra la okupación ilegal, para proteger nuestro patrimonio o para eximir de tributación las ayudas a personas afectadas por la talidomida? ¿Por qué no dejan que continúe su tramitación? ¿Porque están en contra de ellas o solo porque las ha presentado el Grupo Popular? Si es por lo primero, les va a resultar muy difícil explicárselo a los españoles, y si es por lo segundo, eso representaría un ejercicio de sectarismo inaceptable. (Aplausos.―Un señor diputado: ¡Muy bien!).
¿Saben cuál es su problema? Su problema es que saben que esta legislatura está agotada. Su problema es que no hay viento bueno para el que no sabe a dónde va. Su problema es su debilidad parlamentaria, por eso ni siquiera son capaces de sacar adelante los proyectos de ley que el Gobierno envía a estas Cortes, que se declaran de urgencia, pero luego se paralizan porque ustedes no tienen mayoría para sacarlos adelante. (Aplausos). Por eso bloquean en la Mesa las iniciativas parlamentarias de la oposición, pero también las del propio Gobierno. (Continúan los aplausos).
Esto se tiene que acabar, porque esta Cámara representa al Poder Legislativo y no puede estar tomando decisiones contra sí misma, paralizando nuestra función legislativa. Por eso es necesario introducir en el Reglamento no solo condiciones y límites para la concesión por la Mesa de prórrogas de enmiendas, sino también plazos para que se constituya la ponencia de turno y pueda culminar el trámite legislativo. Eso es precisamente lo que proponemos, que las iniciativas legislativas que se impulsan y se toman en consideración por esta Cámara, es decir, las proposiciones de ley, y las que remite el Gobierno, es decir, los proyectos de ley, tengan un plazo máximo de prórroga de enmiendas de dos meses y que, a partir de ahí, solo puedan prorrogarse si existe un amplísimo consenso, consenso consistente en el respaldo de grupos que tengan tres quintas partes de los diputados de esta Cámara. A esta regla general establecemos dos excepciones. La primera es que el plazo máximo de ampliación de enmiendas en los reales decretos leyes que se tramitan como proyecto de ley será de un mes. ¿Saben por qué? El argumento es sencillo. Como saben, el real decreto ley se justifica constitucionalmente por la extraordinaria y urgente necesidad y el Gobierno tiene un plazo de un mes tras su aprobación por el Consejo de Ministros para traerlo a convalidación de esta Cámara. Pues bien, si esta Cámara el día de la convalidación decide tramitarlo como proyecto de ley, lo lógico es que las aportaciones de los grupos a través de enmiendas obedezcan a esa misma causa de extraordinaria y urgente necesidad y tengan ese mismo plazo, porque, si no es así y se amplían las enmiendas durante meses, al final esas enmiendas no valdrán para nada y estaremos permitiendo que el Ejecutivo suplante la labor del Poder Legislativo. (Aplausos). El segundo caso son las que nos remite el Senado. Para las iniciativas que nos remite la Cámara Alta proponemos un plazo máximo improrrogable de dos meses para que venza el plazo de enmiendas. Señorías, no podemos bloquear las iniciativas que aprueba el Senado, a quien nuestra Constitución le otorga, al igual que a esta Cámara, la potestad legislativa. Luego las valoraremos, las enmendaremos, las aprobaremos o las rechazaremos, porque la Constitución da preponderancia ―la última palabra― a esta Cámara. Pero lo que no podemos impedir es que se debatan y se voten.
Por último, para todos los casos establecemos la obligatoriedad de constitución de la ponencia en el plazo máximo de un mes desde el fin del plazo de enmiendas para impedir lo que ha venido ocurriendo hasta la fecha, que las iniciativas también se bloquean por no constituirse la ponencia. Ejemplo de ello lo tenemos, entre otras, en la propia Comisión de Reglamento, en la que su presidenta no ha convocado ponencia, a pesar de tener alguna iniciativa en condiciones de ser debatida y valorada desde hace más de un año.
Señorías, finalizo. La proposición que hoy debatimos no va contra nadie, va a favor de todos. Va a favor de devolver al Parlamento su voz y su dignidad institucional y a favor del derecho de todos los diputados a cumplir su función legislativa. Lo que está en juego hoy no es una cuestión técnica, es una cuestión de respeto, de respeto a nuestra Constitución, de respeto a esta Cámara y de respeto a los millones de ciudadanos que nos dieron su voto para legislar y no para ser vetados. No permitamos que el silencio impuesto sustituya al debate democrático. Hoy no se trata de apoyar al Grupo Popular, se trata de apoyar al Parlamento. Hoy se trata de reafirmar la voluntad de todos de defender esta institución frente al abuso de unos pocos. Porque si renunciamos a legislar, renunciamos a representar; y si renunciamos a representar, renunciamos a nuestro mandato basado en la confianza de los españoles.
Señorías, hagamos algo bueno por esta institución para esta y para futuras legislaturas. Pongámonos de acuerdo, pongamos fin a este bloqueo institucional. Que se escuche la voz del pueblo aquí representado, que hable la Cámara y que legisle el Parlamento.
Nada más y muchas gracias. (Aplausos.―Varias señoras diputadas: ¡Muy bien!).