Ignacio Gil Lázaro
Gracias, señor presidente. Señorías, señor ministro, la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil ha acreditado la existencia de una organización criminal en el seno del Gobierno y del Partido Socialista; una organización criminal destinada a cobrar comisiones por adjudicación de obra pública y a otros menesteres sucios. Antes de conocerse ese informe, usted, el resto del Gobierno y todas las terminales mediáticas afines al sanchismo estuvieron reiteradamente repitiendo que ese informe no existía y que todo era un bulo urdido por seudomedios para acosar al Gobierno. Sin embargo, ahora la evidencia vergonzosa de las grabaciones conocidas acredita que esa corrupción existía y que no hay ninguna duda al respecto, como tampoco hay ninguna duda, señor ministro, en relación con la responsabilidad política que incumbe a Sánchez por la existencia de esa organización criminal y que le incumbe en su doble condición de presidente del Gobierno y secretario general del Partido Socialista. Por eso Sánchez no puede pretender ahora zafarse de esa responsabilidad, como intentó hacer el pasado jueves en su comparecencia en Ferraz, después de haber estado guardando cuarenta y cinco días de silencio. Fue una comparecencia patética en la que intentó presentarse como víctima de esa organización criminal, maquillado, falsamente compungido y aduciendo que no sabía nada de lo ocurrido hasta que esa misma mañana se hizo público el informe. Es decir, señor ministro, un nuevo intento de tomarle el pelo a los españoles. Cerdán y Ábalos son el núcleo fundacional del sanchismo. Cerdán y Ábalos fueron los hombres de confianza de Sánchez, a los que Sánchez les entregó y encomendó misiones sustanciales para sus intereses, como la presentación de la moción de censura en esta Cámara por parte de Ábalos y la encomienda a Cerdán del trapicheo con el prófugo delincuente huido de la justicia, Carles Puigdemont, para comprarle, primero, la Presidencia del Gobierno de España y, después, lograr mantener su apoyo en el tiempo. Pero es que, además, señor ministro, esta organización criminal no hubiera podido alcanzar sus fines delictivos sin la colaboración de altos cargos del Gobierno y otros dirigentes territoriales que le pedían favores a la trama y que contrataban con ella.
Por eso, señor ministro, no sirve ahora que Sánchez pretenda irse de rositas pidiendo perdón, haciendo cambios en su ejecutiva, anunciando una auditoría externa ―que no hace ninguna falta, porque ya se la está haciendo la Guardia Civil― y viniendo a comparecer ante esta Cámara el 9 de julio, es decir, veintisiete días después de conocidos los hechos, pero, sobre todo, señor ministro, no puede irse de rositas porque fue Sánchez quien dijo que en política se pide perdón dimitiendo. ¡Dimitiendo! Claro que sí, señor ministro. Porque todo lo que estamos conociendo y lo que queda por conocer acredita que esta no es la trama Koldo, la trama Ábalos o la trama Cerdán; esta es la trama Sánchez. Y desde luego esa realidad no se consigue tapar con discursos farsantes ni tampoco ordenando que se golpee a la gente que pacíficamente se manifiesta en la calle contra la corrupción de Sánchez y sus secuaces. (Aplausos).
Señor ministro, hay que recordar ―claro que hay que recordarlo― que Koldo, Ábalos y Cerdán hablaban entre ellos del ‘número 1’ refiriéndose a Sánchez. Hay que recordar que, mientras los dos últimos secretarios de organización nombrados por Sánchez robaban a destajo, colocaban a amigas en empresas públicas y contrataban a prostitutas también con dinero público, ellos mismos, Sánchez, usted y todos los ministros pontificaban continuamente sobre honradez, transparencia y regeneración democrática. Por eso, señor ministro, a estas alturas hay que tener una inmensa desfachatez para tratar de reducir todo este asunto a un mero error protagonizado solo por dos personajes o, como Sánchez ha dicho esta misma mañana en esta Cámara, a una anécdota. ¿Va usted a decir lo mismo ahora, cuando suba a esta tribuna?
Señor ministro, hay que tener mucho cuajo para escribir una carta a la militancia, como hizo Sánchez ayer, y decir que en estos siete años de Gobierno se ha avanzado mucho en la lucha contra la corrupción, cuando Sánchez tiene imputados a su esposa, a su hermano, a su fiscal general, a sus dos secretarios de organización, uno de ellos exministro, y todos los que todavía quedan por caer. Y hay que tener mucho cuajo, señor ministro, para escuchar decir a la vicepresidenta Montero, que se acaba de ir, que el informe de la UCO no acredita que se haya producido ninguna adjudicación irregular, porque basta acreditar influencia para cobrar una mordida. (Aplausos). Señor ministro, ¿hasta este grado de desfachatez podemos llegar?
La cuestión de fondo es preguntarles qué más va a aparecer. ¿Va a aparecer financiación ilegal del PSOE? ¿Van a aparecer otros dirigentes o exdirigentes socialistas implicados en esta trama? ¿Va a aparecer dinero en el extranjero? ¿Van a aparecer negocios en Venezuela, en Marruecos, en China o en la República Dominicana? Por cierto, señor ministro, ¿por qué vuela tanto el Falcon presidencial a la República Dominicana?, ¿a quién lleva y para qué?
Y, desde luego, señor ministro, también quedan muchas más preguntas por contestar. ¿Por qué se le permitió a Cerdán retirar las cosas de su despacho en Ferraz en vez de haberlo cerrado a cal y canto y puesto a disposición de los investigadores? ¿Por qué no se le abrió expediente de expulsión inmediato? ¿Por qué ha tardado cinco días en entregar su acta de diputado? ¿Qué ha hecho durante ese tiempo?, ¿ha destruido pruebas? Además, ¿por qué Sánchez recuperó a Ábalos tras haberlo cesado como ministro y secretario de organización? ¿Por qué se le ofreció colocación en una consultoría afín y pagar sus gastos legales de defensa si guardaba silencio? ¿A quién se pretendía proteger con esa oferta? Por cierto, ¿esa misma oferta sigue vigente o no para Santos Cerdán? Y, permítame preguntarle, señor ministro, en lo que a usted concierne, ¿tiene Koldo grabadas conversaciones con usted? Porque parece que sí. ¿Puede tener la amabilidad de informarnos sobre qué conversaban?
En definitiva, señor ministro, hay que tener un conocimiento muy poco exacto ya de la realidad y de lo que piensan los españoles para que Sánchez aún se atreva a salir diciendo que el Partido Socialista es una organización limpia, y para que se atreva a transitar desde un discurso lacrimógeno el jueves hasta un discurso chulesco y desafiante ayer, que es impostado y ridículo, porque solo acredita desconcierto y miedo. (Aplausos).
Concluyo, señor presidente. En cualquier otro país, un escándalo como este, con revelaciones como las que ha hecho la UCO, hubiera determinado la caída fulminante del Gobierno. Aquí, no; aquí Sánchez pretende resistir, atrincherado en Moncloa, negando la realidad y amparado por unos socios que, por hacerlo, se convierten en este mismo instante en avalistas y cómplices de esa corrupción por mucho que digan y digan que están en contra de ella. Por todo esto, señor ministro, la realidad dice que ustedes engañan cada vez menos a los españoles. Los españoles están hartos; hartos del cinismo, la petulancia y la hipocresía de Sánchez; hartos de su postureo insultante, y hartos de aguantar la estafa de este Gobierno corrupto, que es un peligro para la democracia. Por eso, señor ministro, suba usted a esta tribuna y díganos qué medidas piensa adoptar el Gobierno para recuperar la credibilidad de las instituciones y la estabilidad política. Señor ministro, yo me atrevo a decirle que ninguna; ninguna, porque Sánchez se niega a dimitir y a convocar elecciones, demostrando que tiene terror al voto de los españoles. ¿Hasta qué punto de degradación están dispuestos ustedes a llevar la política española con tal de resistir? ¿Hasta qué punto creen que España puede aguantar esta agonía? Suba a esta tribuna, señor ministro, y responda sin demagogia, sin insultos, sin argumentario y sin mentiras. Por respeto a los españoles, hable a las claras si puede, sabe y se atreve.
Nada más y muchas gracias. (Aplausos de las señoras y los señores diputados del Grupo Parlamentario VOX, puestos en pie).