José Ramírez del Río
(Comienza su intervención en árabe.―Aplausos). Señoras y señores, dadas las actuales tendencias demográficas, más vale que vayan ustedes aprendiendo árabe, especialmente en País Vasco y Cataluña. (Risas.―Aplausos). Será la lengua dominante en estas dos regiones en los próximos años. Sin embargo, ese aumento de la presencia de personas de origen foráneo no puede significar el hundimiento de los derechos de los españoles, ni puede significar la aceptación de la llegada de personas que impongan una serie de costumbres que no es ya que no sean propias de nuestro país, de España, es que se encuentran en claro retroceso en sus propios países. Mientras en España se fueron cambiando por razones sanitarias las tradicionales matanzas ―que algunos de los actuales diputados recordarán de su infancia―, en Marruecos y en otros países musulmanes también se van limitando y se van cambiando por costumbres más higiénicas. Sin embargo, asistimos escandalizados a la expansión de esta costumbre en España, cuando, ya digo, está en pleno retroceso en los países de origen. De manera similar, asistimos a la llegada al espacio público español de formas de vestir que no es que muestren una adscripción religiosa, cosa que en el caso de España ―no en el caso de la República Francesa, pero sí en el caso de España― sería aceptable, es que son una muestra evidente de la eliminación de los derechos de las mujeres, como han demostrado personas como Elena Ramallo, en su reciente intervención en la Asamblea de Madrid, o Hanan Serroukh, en su libro El precio de la libertad. Los partidos de izquierdas y los independentistas catalanes ―esos autoproclamados partidos superfeministas― han sacrificado los derechos de las mujeres para atraerse el voto de los musulmanes nacionalizados. Aunque, después de lo que hemos escuchado estos días en los audios del PSOE, la verdad es que poco nos puede extrañar que sacrifiquen los derechos de las mujeres. (Aplausos). Hay dos aspectos que son particularmente preocupantes. El Consejo Islámico de España tiene interlocución con el Gobierno de España por parte de la comunidad musulmana, y es quien provee de profesores a los centros públicos que imparten la asignatura de religión islámica. Ese consejo ha tenido dos presidentes que han estado procesados por colaboración con banda armada, por financiar redes terroristas. ¿De verdad no entienden ustedes que tienen la obligación de hacer intervenir a la alta inspección? Cuando se descubran hechos similares a los atentados de Barcelona y de Cambrils por parte de jóvenes formados en estas escuelas, ¿de verdad les va a extrañar algo? No se puede decir, obviamente, que todos los musulmanes son terroristas, eso sería una barbaridad, pero si la Audiencia Nacional procesa por ese delito a dos personas, parece obvio que no son las adecuadas para dirigir instituciones educativas. Todo aquello que ustedes rechazan por radical es simple exigencia del sentido común. Hay otro hecho que, en nuestra opinión, es muy relevante, sobre el que Joaquín Robles, mi compañero, les llamó la atención la semana pasada. Es el hecho de que hay una comunidad ahmadí, que es de las más pacifistas que hay en el mundo islámico, que está perseguida en Pakistán ―cada pocos meses hay varios asesinatos de personas que pertenecen a este grupo― y que no ha sido admitida por el CIE como grupo musulmán. Esa fetua que los más radicales de Pakistán lanzaron contra ellos resulta que también es válida aquí. Resulta que en el Estado español estamos aceptando cosas como que ese grupo no sea reconocido como un grupo religioso. Por esa razón incluso su mezquita aquí, en España, tiene que pagar el IBI. El hecho de que estemos permitiendo que personas que han sido procesadas por terrorismo y que tienen comportamientos similares a los más radicales del mundo islámico estén tomando decisiones en nombre del Estado español es vergonzoso y no debería permitirse jamás. (Aplausos).
También solicitamos en esta moción que se anulen los acuerdos con Marruecos para impartir clases de lengua y cultura marroquíes en las escuelas españolas. Aunque pudiera parecer una iniciativa inocente de enriquecimiento cultural, como las que se han realizado con otros estados y con otros países ―con institutos de cultura francesa, italiana, china―, contra las que no tenemos objeción alguna, hay, sin embargo, toda una serie de elementos que la diferencian por completo. Marruecos tiene un derecho de sangre que aplica de forma particularmente extrema. No reconocen que sus nacionales abandonen esa nacionalidad y adopten otra. Por esa razón, los alumnos españoles de origen marroquí no son reconocidos por la Administración marroquí como alumnos españoles y, de hecho, les fuerzan a usar su documentación marroquí cuando visitan Marruecos o cuando visitan su lugar de origen. Por ello, cuando en España imparten esas clases, las autoridades marroquíes no están realizando una mera acción de enriquecimiento cultural, una mera acción formativa de alumnos españoles, están formando a magrebíes y están dificultando muchísimo la asimilación de esos alumnos a la cultura española. Además, es una intromisión intolerable en nuestra soberanía, que se dificulta en grado sumo. No podemos aceptar este tipo de intervenciones en nuestra soberanía. Nos parece escandaloso.
Señores del Partido Socialista, la expansión de la versión más extrema del islam y sus derivados no les deberían resultar indiferentes. En varios países musulmanes se corta la mano a los ladrones; tras lo que hemos descubierto en las últimas semanas, parece bastante evidente que van a ganar muy pocas votaciones en el futuro en el Congreso, salvo que algunos empiecen a votar con la nariz.
Muchas gracias. (Aplausos de las señoras y los señores diputados del Grupo Parlamentario VOX, puestos en pie).