Sergio Sayas López
Gracias, presidente. Buenos días, señorías. Mírese, señor Marlaska. Ahí está, callado ante una de las redes más mafiosas y corruptas que hemos visto en la historia democrática de España. (Aplausos). Una red camorrista que no tiene otro objetivo más que desprestigiar a la Guardia Civil que investiga presuntos casos de corrupción en la familia de Pedro Sánchez, en el Gobierno de Pedro Sánchez, en el partido de Pedro Sánchez y en un fiscal general del Estado que está al servicio de Pedro Sánchez. (Una señora diputada: ¡Muy bien!). Mírese, alguien que, como usted, defendió con honor desde la justicia la ley está hoy chapoteando en las cloacas de una mafia que trata de subvertir el Estado de derecho. Es usted la personificación más pura de la degradación que provoca el sanchismo. (Aplausos.―Varios señores diputados: ¡Bravo!). Eso explica por qué usted es de los pocos ministros que están con Pedro Sánchez desde el principio y que más tiempo lleva a su lado, y eso solo tiene una razón: que usted ha acumulado el suficiente nivel de indecencia para que Sánchez le mantenga a su lado. ¿Qué se puede esperar de alguien que ha pasado de condenar terroristas a pactar con quienes los llevan en sus listas? ¿Qué se puede esperar, señor Marlaska, de eso? Evidentemente, usted traga hoy con la mafia de las cloacas exactamente igual que tragó con los pactos con los batasunos, con la sumisión a quienes dieron un golpe a la Constitución en Cataluña o con los casos de corrupción que hemos visto en un Gobierno del que usted forma parte. Claro que nadie espera ya que usted defienda a la Guardia Civil de la mafia de las cloacas. ¿Cómo va a defender a la Guardia Civil el ministro que más ha hecho por desmantelarla en Cataluña, en Navarra, en Barbate y ahora con la UCO? Por eso yo no le pregunto por qué traga usted con todo esto, solo le pregunto si usted solo consiente o también participa. (Aplausos). Y le pregunto esto porque nadie puede creerse la trola de que una militante de base socialista con ínfulas de investigadora y de reportera haya puesto en marcha unas cloacas de esta naturaleza ella sola, con chantajes, extorsiones, grabaciones y basuras varias y ofreciendo impunidad y ascensos en la Guardia Civil y defensa pagada por el Partido Socialista a cambio de tapar unos presuntos casos de corrupción que les tienen de fango hasta el cuello. Y es todavía más difícil de creer cuando hemos sabido que El Confidencial tiene imágenes en las que la señora Leire Díez sale y entra de la sede de Ferraz más veces que las sobrinas de Ábalos y el hermano de Pedro Sánchez fueron a sus puestos de trabajo que les pagábamos con el dinero de todos los españoles. (Aplausos). Y, desde luego, se hace completamente inverosímil cuando hemos leído en los medios de comunicación que supuestamente la directora general de la Guardia Civil ―la que de verdad manda en su ministerio― ha mantenido contacto con Leire Díez precisamente en el mismo momento en que esta se estaba reuniendo con el agente imputado en el caso Koldo, al que presuntamente estaba ofreciendo ascensos en la Guardia Civil. Y no ayuda tampoco a que nos creamos esta burda trola la tardanza del Partido Socialista en abrir un expediente a regañadientes, cerrado después de un encuentro con Santos Cerdán. Mire, señor Marlaska, es todo tan grotesco que ni en Mortadelo y Filemón ni en Torrente hemos visto escenas tan chuscas. Las cloacas de un Gobierno han superado a la ficción. Es tal el nivel de degradación que nos parece estar asistiendo a un reality de la corrupción, así que haga el favor de salir a esta tribuna y díganos, de verdad, qué sabe de las mafias y de las cloacas orquestadas por el Partido Socialista y ya veremos si por miembros del Gobierno. Y le pregunto esto porque la señora Díez tuvo un encuentro que se ha relatado con el señor Villalba, imputado en el caso Koldo. El señor Villalba dice haber recogido un acta de ese encuentro en el que la señora Díez le traslada que los de arriba en el Gobierno estaban al corriente de todo. Los de arriba en el Gobierno, en materia de Guardia Civil, solo pueden ser usted y el señor Sánchez. ¿Lo sabía usted, lo sabía el señor Sánchez o directamente lo orquestaron los dos? Señor Marlaska, basta de basura, basta de indecencia, basta de mafias. Haga el favor de salir aquí, a la sede donde reside la soberanía nacional, y dé explicaciones de lo que sabe.
Y le voy a hacer algunas preguntas concretas. En primer lugar, ¿usted tiene constancia de que la directora de la Guardia Civil llamara a Leire Díez para interesarse por las investigaciones de la UCO que implican a miembros del PSOE en una presunta trama corrupta? ¿Tiene conocimiento usted, o le consta que lo tenga alguien en el Gobierno, de que esta operadora política de las cloacas del PSOE se reuniera o tuviera contacto con la directora de la Guardia Civil? ¿Ha dado usted o alguien del Gobierno instrucción verbal o informal orientada a obtener información sensible o comprometedora sobre los agentes que investigan el caso Ábalos? ¿Piensa usted cesar —y puede hacerlo, si es que quiere— a la directora de la Guardia Civil si son ciertas las informaciones que hemos conocido? ¿Tuvo algo que ver la repentina dimisión del secretario de Estado de Seguridad con toda la porquería que estamos conociendo? (Rumores). Y lo más importante, señor Marlaska, ¿a qué espera usted para salir aquí y decir que respalda a la Guardia Civil (aplausos) y que les garantiza la independencia frente a unas presiones que tratan de extorsionarles para que no hagan el trabajo que siempre han hecho con profesionalidad, solvencia, independencia y rigor? Ya quisiéramos tener en el ministro del Interior la mitad de dignidad que tenemos en los hombres y mujeres de la Guardia Civil y del Cuerpo Nacional de Policía. (Aplausos.―Una señora diputada: ¡Muy bien!).
Y le pido que lo haga porque hasta ahora no lo ha hecho, no sabemos si por cobardía o por complicidad. Lo que sí sabemos es que España no merece tener un ministro que defiende más a las cloacas que a quienes las investigan, y que este país no merece tener un ministro que calla cuando sus compañeros del Consejo de Ministros alientan bulos que se han demostrado claramente falsos y que no tienen otro objetivo más que el de desprestigiar a la Guardia Civil para impedir que haga su trabajo: investigar hasta la última gota de corrupción por muy socialista que ésta sea.
Mire, es difícil pedir vergüenza a un Gobierno que ni tan siquiera tiene escrúpulos, señor Marlaska, es difícil. Su ministerio pasará a la historia como un ministerio lleno de indignidad, de indecencia y de matonismo, y ahora también estará ligado a la mayor red corrupta y mafiosa que hemos conocido en las últimas décadas en este país. (Risas). Es usted el ministro que cesó a Pérez de los Cobos por tratar de inmiscuirse en una operación judicial; es usted el ministro que se ha dedicado a beneficiar a etarras a cambio de los pagos a los batasunos; es usted el ministro que devolvió ilegalmente menores de Ceuta a Marruecos; es usted el ministro que mintió sobre la muerte de veintitrés migrantes en la valla de Melilla; es usted el ministro que ofreció a Esquerra Republicana una purga de la Guardia Civil en Cataluña a cambio de su apoyo a la investidura de Pedro Sánchez; es usted el ministro que dejó desprotegidos a los guardias civiles en Barbate y desmanteló la operación OCON-Sur. Es usted el ministro que desmanteló la Guardia Civil de Tráfico para dar un nuevo pago a los proetarras que le sostienen en el Gobierno.
Por cada uno de estos hechos se podría haber exigido su dimisión ―por cada uno de ellos―, pero usted sigue ahí por una cosa, porque usted hace muy bien lo único que le importa a quien le mantiene, que es obedecer, oír, ver y callar (aplausos), aunque ese oír, ver y callar signifique amparar la red más mafiosa y corrupta que hemos visto contra la Guardia Civil en las últimas décadas en este país y aunque el objetivo de esa mafia que opera desde las cloacas del PSOE ―y ya veremos sí también desde las del Gobierno― no sea solo la Guardia Civil, sino lo que viene después: el Estado de derecho, nuestra libertad y nuestra democracia. Usted ha quedado para ser un lacayo del sanchismo; usted y Sánchez solo se diferencian en una cosa: él manda y usted obedece. En todo lo demás, son la misma cosa.
Muchas gracias. (Aplausos.―La señora Montesinos de Miguel: ¡Muy bien!).