Mikel Otero Gabirondo
EH BilduDiputado.Página 40Vídeo
Eskerrik asko, lehendakaria andrea. Este Gobierno ha dicho a menudo que hay que diferenciar el apagón del resto de los debates vinculados a la energía y la electricidad. Euskal Herria Bildu tomó nota y hoy venimos a hablar de descarbonización, de electricidad y de industria. Por eso acudimos a usted. Es un tema que a la vez son varios, una cuestión de frontera entre el Ministerio de Industria, el de Transición Ecológica, el de Economía o incluso el de Hacienda. Y queremos hablar de algunos cuellos de botella que tenemos ahora mismo con la descarbonización y electrificación de la industria, especialmente de la industria vasca. Permítame antes poner un poquito de contexto ecológico aquí, porque esta misma semana se ha presentado un informe científico que nos ha desvelado que se ha rebasado un séptimo límite planetario. (El señor vicepresidente, Rodríguez Gómez de Celis, ocupa la Presidencia). Los límites planetarios se vienen estudiando desde hace bastantes años. Se han identificado nueve principales y hasta ahora se sabía que seis de ellos estaban sobrepasados. Hay rebasamientos importantes en temas cruciales, como las emisiones de CO2, que provoca cambio climático, la pérdida de biodiversidad… Así, hasta seis. Ahora sabemos que un séptimo límite ha sido sobrepasado: el nivel de la acidificación del océano. Y, lo que es peor, hemos sabido que está directamente relacionado con las emisiones de CO2; a más CO2 emitido, más CO2 absorbe el océano a cambio de reducir su pH y, por tanto, acidificarse, lo cual es muy problemático para la biodiversidad del mar y, por ende, para toda la vida en el planeta. Es decir, reducir emisiones de CO2 es vital para el futuro del planeta en muchos sentidos, y las emisiones de CO2, como sabemos, provienen en su mayor parte de quemar combustibles fósiles. Obviamente, esto está completamente ligado a la industria, un sector con alto consumo fósil y, por tanto, con altas emisiones. El segundo elemento que hay que poner en contexto es la propia industria. Todos los análisis macro de la industria europea, de sus riesgos y de su futuro ponen el foco en la cuestión energética, ya no tanto por su aspecto ecológico, sino por su viabilidad y su competitividad. No le voy a insistir demasiado con el informe Draghi ―entiendo que lo conocerá perfectamente―, pero sí quiero recordarle que en ese informe uno de los tres grandes elementos de pérdida de competitividad de la industria europea es la energía y el precio que se paga por ella. En gran medida, esto está vinculado a la dependencia energética exterior, básicamente con el gran déficit de combustibles fósiles, además de otras cuestiones ligadas a la fiscalidad energética europea. El informe aboga fuertemente por varias cuestiones clave en materia energética vinculadas a la industria: la necesidad de un fuerte avance en energía renovable autóctona y una apuesta industrial firme por la misma, la necesidad de reducir emisiones industriales o, si lo prefiere, descarbonizar la industria y la desvinculación, para ello, de los combustibles fósiles a través de la electrificación. Es decir, para tener una industria viable a medio plazo hay que descarbonizar, hay que electrificar y hay que alimentar esta electrificación con energías renovables. El Clean Industrial Act europeo va por una línea muy similar. Creo que estaremos de acuerdo en lo que se ha dicho hasta ahora. Ahora bien, la electrificación industrial no va para nada al ritmo deseado, y esto compromete varios de los objetivos marcados por Europa y por el propio Estado. El plan de energía y clima establece que hay que aumentar la demanda eléctrica un 34 % para 2030 y prevé importantes inversiones en redes para integrar renovable y añadir nueva demanda, especialmente demanda industrial, básicamente a través de procesos de electrificación. Pero vemos que estamos frente a varios cuellos de botella que están ralentizando la deseada y necesaria electrificación industrial. Hay dificultades de acceso a potencia eléctrica, pero también desincentivos varios a la electrificación que tienen que ver con los precios, desincentivos fiscales, etcétera.
Le voy a hablar sobre todo de la industria vasca, pero creo que es un asunto que afecta al conjunto del Estado. Como usted sabe, la industria es un sector fundamental de la economía en Euskal Herria, la Comunidad Autónoma vasca y Nafarroa: cerca del 25 % del PIB está vinculado a la industria y más de un 20 % del empleo es empleo industrial, una cifra que supera con creces la media europea y aún más la media estatal. Tanto la Comunidad Autónoma vasca como Nafarroa han asumido, a través de sus respectivas leyes de transición energética y cambio climático, objetivos ambiciosos de descarbonización que se alinean con los objetivos estatales y europeos, y en ambas leyes se explicita que uno de los grandes objetivos de la descarbonización pasa precisamente por la descarbonización de la industria y que la descarbonización de la industria pasa en buena parte por la electrificación de procesos que hoy en día se realizan quemando combustibles fósiles; sobre todo, le hablo de hornos de gas que se pueden electrificar. La propia industria, con diferentes alianzas, está inmersa en estos procesos. El ejemplo lo tenemos en el clúster Net-Zero, en la Comunidad Autónoma vasca, pero en Euskal Herria tenemos cerca de 150 empresas industriales en procesos de descarbonización a través de la electrificación. Además de esto, se necesitan potencias adicionales para nuevos polígonos industriales, así como para integrar generación renovable, por no hablar de aumentos de potencia requeridos en industrias ya electrificadas o la electrificación de parte de la movilidad o del sector de edificios.
La industria de Euskal Herria sabe que se tiene que descarbonizar y sabe que los esfuerzos realizados hasta ahora en eficiencia energética y ahorro han sido importantes, y de hecho las emisiones por unidad de producción han descendido mucho en las últimas décadas, pero sabe que ya no es suficiente solo con eso. Los objetivos de descarbonización europeos, estatales y autonómicos aprietan, el precio del CO2 aprieta y hay que actuar ya. Y, por supuesto, no podemos olvidar que tenemos varias decenas de miles de empleos pendientes de estos procesos de electrificación y descarbonización: estamos hablando de cerca de cien mil empleos vinculados a esto. De hecho, estamos inmersos en una enorme transformación de todo el tejido socioproductivo, y cuidar el empleo industrial es la base ineludible para una transición justa, pero últimamente vivimos de sobresalto en sobresalto: esta última semana ha sido BSH, en Nafarroa, pero estamos teniendo disgustos industriales demasiado a menudo ―Glavista, Guardian, Gamesa, Bridgestone y Balenciaga―, con problemas de distinto origen, sí, pero dejándonos una preocupación común de desindustrialización.
En lo que respecta a la electrificación, a pesar de que en muchos casos los planes de inversión de ciertas industrias y ciertos sectores clave, como los del cemento, la siderometalurgia, las papeleras o las fundiciones, están ya aprobados, bien por sí mismas o bien por las matrices a las que pertenecen, se están topando con límites y cuellos de botella que ponen en riesgo esas inversiones. Para empezar, hay límites de potencia eléctrica disponible tanto en la red de distribución como en la de transporte. A Red Eléctrica y a las distribuidoras se les acumulan expedientes sin atender por falta de potencia disponible. Y aquí tenemos varios problemas. Por un lado, tenemos los reales decretos 1047/2013 y 1048/2013 que ponen límites anuales a la inversión. Creo que todos somos conscientes de que cumplir los objetivos del plan de energía y clima en volumen de inversión en redes y en electrificación de la economía pasa, desde luego, por revisar esto.
Pero a los problemas de límites de inversión hay que añadir al menos dos más. Uno de ellos es la rigidez de la planificación de la red eléctrica. La planificación por quinquenios o sexenios podía tener interés tiempo atrás, pero hoy, cuando es necesaria una agilidad importante, ya no es suficiente con planificar cada cinco o seis años y contar solamente con la herramienta de las modificaciones de acceso puntual una vez en todo el periodo. Como sabrá, en las últimas modificaciones se han quedado multitud de peticiones industriales sin atender. Otro problema es el de la ocupación más o menos fantasma de las subestaciones. Ahora mismo tenemos un lío importante en Euskal Herria con este tema ya que hay subestaciones saturadas por dudosas evacuaciones de generación renovable en Aragón, y evacuaciones dudosas de proyectos de generación en Araba a subestaciones de Vizcaya. Hay un lío tremendo, con posiciones ocupadas en subestaciones por proyectos de dudosa viabilidad, pero que tienen consecuencias prácticas: imposibilidad de integración de renovables y de satisfacer demanda industrial. No sé los números para el conjunto del Estado, pero, según nuestros cálculos, basándonos en los informes de las propias industrias y del Gobierno vasco, en el conjunto de la comunidad autónoma y Nafarroa necesitaríamos más de 3000 megavatios de potencia en subestaciones de red eléctrica solo para propósitos industriales de descarbonización y nuevos desarrollos de entornos industriales, sin contar con necesidad de movilidad, de edificaciones y de nueva potencia de industria que ya está electrificada.
En cualquier caso, los problemas no acaban aquí. Para impulsar la descarbonización industrial es imprescindible un marco regulatorio y fiscal que sea proclive, un marco especialmente favorable para la electrificación, y ahora mismo está sucediendo lo contrario. Le pongo solo un ejemplo que pueda aportar algo de luz: el Real decreto por el que se aprueban las tarifas y la instrucción del impuesto sobre actividades económicas. Este real decreto favorece fiscalmente a los hornos que utilizan combustibles fósiles, en detrimento de los hornos eléctricos. Es decir, la potencia de un horno eléctrico computa para pagar el impuesto sobre actividades económicas, pero la de un horno de gas no. Cambiar esto es de vital importancia para favorecer la electrificación, y en estudios de viabilidad este es a menudo un factor determinante y también, dicho sea de paso, es una subvención encubierta a los combustibles fósiles que debe terminar.
Los problemas no acaban con las empresas que se quieren electrificar. También hablamos de industria parcial o totalmente electrificada que requiere de más potencia y, por supuesto, de empresas fuertemente electrificadas y grandes consumidoras, las electrointensivas, que están viviendo momentos muy difíciles, pues aquí la factura eléctrica a menudo es superior a un 20 % de los gastos de la empresa, por lo que su viabilidad depende completamente del precio de la electricidad. Todos sabemos que, gracias a la fuerte penetración de las renovables, el precio medio del pool eléctrico estatal es inferior al de la gran mayoría de Estados europeos, pero, por una serie de circunstancias, la industria, especialmente la electrointensiva, termina pagando más por la electricidad que sus equivalentes francesas o alemanas. Y aquí hay muchos motivos, como las ayudas o la falta de ellas en los peajes. El Real Decreto 6/2022, de ayudas, estableció una reducción del 80 % del peaje, pero esto finalizó cuando fue rechazado el Real Decreto Ley 6/2024 o decreto ómnibus.
Más problemas. Los mercados de ajuste. Ahora se supone que estamos funcionando en modo seguro en el sistema eléctrico, pero, claro, el precio por megavatio hora por servicios de ajuste ha pasado de 7 euros a más de 30 euros por megavatio hora, y esto está afectando muchísimo a la industria, especialmente a la electrointensiva. Y hay otros incentivos que se dan en otros países, como un gran porcentaje de bonificaciones por el CO2 indirecto. Es decir, que mucha industria electrointensiva está ahora mismo con el agua al cuello, y el tiempo apremia.
Se ha dicho por activa y por pasiva que el hecho de que el Estado sea una gran potencia renovable debería servir para un renacer industrial; sin embargo, los problemas que yo le expongo aquí, especialmente en Euskal Herria, están suponiendo que esto no avance al ritmo planeado y están poniendo en juego el futuro de parte de las industrias vasca y navarra. Creemos que es un buen momento para que usted dé su opinión al respecto y, sobre todo, para que se comprometa a impulsar soluciones, coordinándose con los otros ministerios involucrados.
Besterik gabe, eskerrik asko.