Joaquín Robles López
Señora presidente, señorías, señora ministra, la Constitución de 1978 fue deliberadamente ambigua al declarar que España es un Estado aconfesional en tres puntos. El primero de ellos, muy importante, dice que se garantiza la libertad ideológica, religiosa y de culto de los individuos y de las comunidades sin más limitación en sus manifestaciones que la necesaria para el mantenimiento del orden público protegido por la ley. El texto constitucional afirma la cooperación ―así, sin más―, pero esta apelación es una apelación vacía si no se explicitan los casos concretos donde se puede cooperar y aquellos en los que no porque van en contra de nuestro ordenamiento jurídico. Obviamente, en las costumbres de esas demás religiones que dice el punto tercero del artículo 16, que chocan con nuestro ordenamiento jurídico, no puede haber colaboración, como deja claro el punto primero, que impide que se tolere en nombre de fe alguna el matrimonio polígamo o los matrimonios forzados de niñas, que son una práctica habitual en el islam. (Aplausos). ¿O debería cooperar en la difusión de estas prácticas el Gobierno y escudarse en el mandato constitucional? ¿Acaso deben facilitar o contribuir las diferentes Administraciones a que los musulmanes celebren la fiesta ritual de degollar corderos cuando esa práctica estaría absolutamente prohibida para un español? Por cierto, señores de SUMAR, que llevan toda la legislatura dando la tabarra con los toros, que son tortura y no sé qué, y de esto no han dicho ustedes ni una palabra, ni una palabra. (Aplausos). ¿Acaso esa disposición de la Constitución de 1978 obliga a los poderes públicos españoles a modificar el calendario laboral o a permitir excepciones a la norma del matrimonio monógamo? Y la pregunta fundamental: ¿está obligado el Estado a financiar una asignatura de educación islámica, donde de facto se dan contradicciones insalvables entre los fundamentos curriculares de esta educación islámica y los fundamentos y principios de la ley orgánica que regula la educación pública y que ustedes aprobaron? (Aplausos). ¿Hasta dónde llega la extensión de la tolerancia hacia esas diferentes confesiones?
La Ley Orgánica 7/1980, de Libertad Religiosa, establece en su artículo 7 que el Estado puede establecer acuerdos o convenios de cooperación con iglesias, confesiones y comunidades religiosas que hayan alcanzado el notorio arraigo. Esto lo desarrolla el Real Decreto 593/2015, de 3 de julio, por el que se regula la declaración de notorio arraigo de las confesiones religiosas en España, con mucha laxitud, porque se ha llegado a la conclusión de que el budismo, por ejemplo, es una religión de notorio arraigo en España. No he visto cosa igual. ¿Dónde está el notorio arraigo del budismo? Esas leyes que ustedes imponen son absolutamente laxas. Por cierto, que la última que ustedes han declarado de notorio arraigo es la comunidad Bahá’í, que prohíbe las relaciones homosexuales. ¡A ver cómo se come eso! (Aplausos).
La firma del acuerdo del Estado español con una entidad que representa a los musulmanes españoles, la Comisión Islámica de España, en 1992 abrió la posibilidad de impartir clases de religión musulmana en colegios donde hubiese un mínimo de alumnos que lo pidieran. En enero de 2022, la Comisión Islámica de España evaluaba en cerca de trescientos mil los alumnos potenciales y cifraba en 106 los profesores de religión islámica en toda España, lo que da idea de la escasa implantación. La Comisión Islámica es una federación de entidades constituida a partir de dos preexistentes: la Unión de Comunidades Islámicas de España, UCIDE, y la Federación Española de Entidades Religiosas Islámicas, que habían tratado sin éxito anteriormente de obtener por separado el reconocimiento de su notorio arraigo. Una vez unidas, se abrió la puerta a la introducción de estas enseñanzas. Su currículum está publicado en el BOE y es un currículum que ha elaborado la propia Comisión Islámica, y este es un problema añadido, puesto que la citada comisión no es más que una institución creada ad hoc para la consecución de ventajas administrativas a favor de las comunidades musulmanas españolas, mayoritariamente de origen marroquí, pero en modo alguno ostentan la autoridad para establecer los principios de una ortodoxia islámica que afecta a toda la comunidad islámica, la Umma, y no digamos a la comunidad islámica en todo el mundo.
Esa Umma, esa comunidad islámica, no es un conglomerado homogéneo. Es conocida la división primaria del islam sunita y chiita, sobre la que reposan no pocos conflictos conocidos en Irak, en Irán y en Siria, pero también existe una división dentro del islam mayoritario en número de fieles, el sunita. Marruecos ha intentado hacerse con el control de la comunidad islámica, en el que tiene varios peones. Además, la Comisión Islámica ha impedido en varias ocasiones que algunos grupos musulmanes, como la Ahmadiyya, fueran registrados como asociaciones religiosas en España, en una muestra de radicalismo llamativa. Los ahmadies forman un movimiento reformador dentro del islam y se separan claramente de los grupos militantes y fundamentalistas, y destacan los elementos pacíficos y tolerantes del credo islámico. No obstante, la gran mayoría de los musulmanes consideran que el movimiento ahmadi es apóstata y hereje. Pues bien, la CIE, con la que tienen ustedes el convenio, ha impedido que se registre como entidad religiosa. Los ahmadies son asesinados regularmente en Pakistán por diferentes grupos yihadistas. Es un bochorno que el Estado español mantenga acuerdos con una institución en la que se observan este tipo de comportamientos (aplausos) y delirante que se encargue de elaborar los currículos de una asignatura de religión islámica y de elegir al profesorado con el beneplácito del Gobierno a quienes claramente se oponen a una de las escasas facciones islámicas que defienden la paz y la convivencia entre religiones.
La ambivalencia o múltiple valencia inherente al islam hace posible que esta misma Comunidad Islámica de España, con la que colabora el ministerio, emita fatuas promoviendo el entendimiento, la concordia y la paz, como la emitida tras los atentados del 11M, mientras al mismo tiempo dos presidentes de esa comunidad han sido procesados por colaboración con el terrorismo internacional. (Aplausos). El hecho es que Aiman Adlbi, peón de la teocracia marroquí en el control de esta institución, está procesado por su implicación en la financiación de las milicias sirias. Su predecesor, Riay Tatary, fue procesado por razones similares antes de su fallecimiento en 2020. Tenemos un problema. El problema viene de que muchos de los contenidos de religión islámica son simplemente inaceptables en España. La poligamia está prohibida en nuestro país y el islam permite hasta cuatro esposas por cada hombre ―como en Marruecos, por ejemplo―, aunque algunos países, es verdad, han buscado limitar esa práctica. Los límites de edad para el matrimonio se han establecido en los últimos años en términos más civilizados en el mundo islámico, parecidos a los de la legislación española, pero la traslación de esto a medios religiosos es peliaguda, porque los musulmanes consideran que Mahoma era un hombre perfecto e inspirado por Dios y ese ejemplo debe ser seguido, y se casó con Aisha cuando contaba entre 9 y 12 años.
Los datos sobre el islam son preocupantes y resulta harto evidente que muchos de los preceptos por los que abogan algunos imanes y estudiosos del Corán son radicalmente contrarios a nuestro ordenamiento jurídico. Como muestra un botón: Abdeslam Laaroussi, el imán marroquí de la mezquita de Terrassa, aprovecha el rezo masivo de los viernes para decir a sus fieles, más de 1500, cuál es la mejor forma de agredir a sus esposas cuando se portan mal. El imán de al-Azhar, Ahmed Attayeb, realizó unas declaraciones en un programa de televisión que conducía durante el Ramadán y dijo que una esposa puede ser golpeada siempre y cuando no se le rompa ningún hueso. El líder de la institución más prestigiosa del islam suní ha dicho que estas declaraciones se basan en una sura del Corán que dice: Los hombres están al cargo de las mujeres en virtud de la preferencia que Alá ha dado a unos sobre otros. En fin… También, Malik Ibn Benaisa, estudioso del Corán, dijo que quien se pone perfume y tacones es una fornicadora. Por cierto, fue la secretaria de Igualdad del PSOE de Ceuta quien interpuso una denuncia.
Por otra parte, existe un goteo continuo de expulsiones de imanes que en sus pláticas ensalzan el yihadismo. Con este panorama, se hace necesario preguntar a la señora ministra: ¿con qué mecanismos va a impedir el Gobierno que estas clases financiadas por el Estado, Gobierno y comunidades autónomas realicen llamamientos a la yihad o alegatos contra mujeres y homosexuales? ¿Cómo va a cerciorarse el ministerio de que tras el rostro en apariencia dialogante y afable de la comunidad islámica española no se encuentra el disimulo, la taquilla islámica, que le permite mentir acerca de sus pretensiones? ¿Cómo va a garantizar el ministerio que en estas clases de educación islámica no se vaya a dar una interpretación literal de las suras como las que hemos citado? ¿Cómo va a garantizar el Gobierno que en esas clases de religión no se va a interpretar de forma literal la sura 2:191193, que reza: Matadles allá donde los encontréis y expulsadles donde os hayan expulsado, y combatidles hasta que la religión sea para Alá? ¿Acaso pueden el ministerio o las comunidades autónomas controlar al profesorado? ¿Acaso tiene más fuerza en el mundo islámico esta asociación que quienes interpretan literalmente esta sura? ¿Acaso también tiene el Gobierno algún mecanismo para conseguir que los profesores no hablen de los hadices en donde se señala la apostasía como el mayor pecado? ¿Acaso va a impedir usted que se lea la Declaración de los Derechos Humanos en el Islam, que en su preámbulo dice que nadie tiene el derecho a poner límites a la expansión territorial del islam? ¿Qué garantías tienen esta ministra y su ministerio de que en esas clases se va a impartir una enseñanza edulcorada del islam que limite su potencial agresividad?
En resolución, las contradicciones entre algunas interpretaciones literales del Corán, las leyes de los países musulmanes, algunas costumbres arraigadas en la comunidad de creyentes, muchos preceptos de la sharía, etcétera, son incompatibles con nuestro ordenamiento jurídico y, en el caso específico que nos ocupa, contrarias a los fundamentos progres de la LOMLOE. Ustedes colaboran con esta institución lo mismo que el PP, que ha permitido que un muladí converso al islam sea el padre de la patria andaluza, porque ustedes no entienden la política como un medio para garantizar la supervivencia de la nación mediante la emisión de leyes inspiradas en este aspecto prudencial, sino como un medio para conseguir cuotas de poder mediante la compra de votos, la demagogia y la subvención. (Aplausos). Para alcanzar ese poder ustedes pactan con cualquiera, porque en este caso es palmaria la incompatibilidad de muchos rasgos culturales del islam con nuestro ordenamiento jurídico, con nuestras costumbres y escala de valores y hasta con los principios que ustedes defienden. Porque ustedes, la izquierda extravagante, feminista, transexual, plurinacional y ecorresiliente, el Gobierno, pacta con una institución de la que dos presidentes han sido procesados por colaboración con el terrorismo la introducción de una asignatura de religión islámica en los centros públicos, en un contexto de islamización de Europa expresado con toda claridad por el presidente de Argelia, Boumédiène, qué dijo en un discurso en las Naciones Unidas ―y acabo―: Un día, millones de hombres abandonarán el hemisferio sur para irrumpir en el hemisferio norte, y no lo harán como amigos, lo harán para conquistarlo, y lo conquistarán poblándolo con sus hijos; será el vientre de nuestras mujeres el que nos dé la victoria. Al igual que los bárbaros acabaron con el Imperio Romano desde dentro, así los hijos del islam, utilizando el vientre de sus mujeres, colonizarán y someterán a toda Europa. ¿Se impartirá esto en las clases que usted ha aprobado, señora Alegría? (Prolongados aplausos de las señoras y los señores diputados del Grupo Parlamentario VOX, puestos en pie).