Ricardo Chamorro Delmo
Gracias, señora presidenta. Señorías, comparezco en nombre del Grupo Parlamentario VOX para defender una proposición no de ley cuyo objetivo consideramos que es absolutamente esencial: la defensa del olivar y del suelo agrícola productivo, frente al expolio que se está produciendo en España bajo el disfraz de la transición ecológica y energética. España es el mayor productor de aceite de oliva del mundo. Exportamos el 65 % del comercio global y producimos el 45 % del total mundial. El olivar abarca 2,75 millones de hectáreas y sustenta más de 350 000 empleos. Es más que un cultivo; es un patrimonio agrícola, cultural y económico que nos enraíza en nuestra historia y sostiene a comarcas enteras del interior de nuestra nación. Y, sin embargo, señores del Partido Popular, del Partido Socialista y del resto de partidos de este Congreso, se está destruyendo este patrimonio. Lo están destruyendo, además, para satisfacer los intereses de los fondos de inversión internacionales, que imponen su voluntad a través de esas macroplantas solares y fotovoltaicas instaladas sobre los suelos más fértiles de España, sin planificación, sin respeto ambiental y sin ningún beneficio a medio plazo para el agricultor y el país. Y todo esto, además, está amparado en leyes aprobadas con el consenso de todos los partidos, menos VOX, como los reales decretos 6/2022 y 20/2022, que eliminan garantías ambientales y aceleran trámites para favorecer esta invasión de macroplantas fotovoltaicas, mientras que, de manera paralela, aumenta toda la burocracia verde para agricultores y ganaderos, lo que realmente resulta bastante contradictorio. Mientras que se facilita a esos fondos de inversión la instalación de plantas fotovoltaicas, se les está haciendo la vida imposible a nuestros agricultores y ganaderos. Son leyes que incluso permiten la expropiación forzosa de fincas agrarias a través del artículo 54 de la Ley del Sector Eléctrico. Ya hemos visto los resultados de estas políticas del consenso progre: miles de olivos talados en España, especialmente en zonas de Andalucía, como Jaén y Granada; proyectos que arrasan olivares tradicionales y condenan al abandono a comarcas enteras de nuestro territorio nacional. No se arrasan los olivares intensivos de los grandes capitales; no, se arrasan los del agricultor que es más mayor de edad, que no tiene relevo generacional y que al final se ve obligado a vender su tierra por desesperación. Y mientras esto sucede, el Gobierno calla, el PP colabora y Bruselas aplaude. (Aplausos). Pero hay alternativas, las hay y se están aplicando en otros países de Europa que sí protegen su soberanía agraria. Lo que pasa en España no es nada normal. Es decir, Italia, por ejemplo, ha prohibido la instalación de macroplantas solares en terrenos agrícolas productivos y solo permite proyectos agrivoltaicos que respeten el cultivo y el paisaje. Es un modelo que protege al agricultor y prioriza la función alimentaria de la tierra. Francia también ha restringido las plantas solares en suelos agrícolas cultivables ―se trata solo de respetar los principios fundacionales, además de la política agraria común―. Su ley de energías renovables de 2023 prohíbe proyectos en tierras agrícolas activas y su decreto de 2024 sobre agrivoltaica impone condiciones muy estrictas, para asegurar que la producción agrícola no se vea comprometida en un futuro, también por interés nacional. Y Alemania también ha legislado un paquete fotovoltaico que prioriza el uso dual del suelo agrícola mediante modelos de coexistencia energética agraria, sin destruir la función esencial del campo.
Pero, frente a estas políticas de protección del suelo, ¿qué se ha hecho en España, sobre todo a través de la ley de transición energética que llevaron a cabo el Partido Socialista y Podemos ―ahora SUMAR― y todos los partidos que apoyan al Gobierno? España ha convertido su transición energética en un caos especulativo, en un proceso de colonización del campo por parte de intereses financieros, esos que luego los señores de SUMAR y Podemos critican constantemente. No hay protección real del suelo agrícola, no hay planificación territorial coherente desde un punto de vista nacional, no hay soberanía alimentaria. Solo hay sumisión a los fondos, a las consultoras y a los dogmas ecofanáticos de Bruselas. (Aplausos). Es un sistema que produce pelotazos energéticos a gogó. Y desde VOX nos hemos opuesto frontalmente a esta deriva, y además fuimos los únicos que votamos en contra de esa ley de transición energética del PSOE y Podemos ―hoy SUMAR―, impulsada por Teresa Ribera ―hoy vicepresidenta del Gobierno europeo gracias al Partido Popular Europeo―; una ley diseñada contra el campo español y a favor de los burócratas climáticos. Su ley es ideal para los pelotazos energéticos, como hemos dicho, y en ese momento, cuando el desarrollo legislativo de esa ley, presentamos enmiendas para que se protegiera expresamente el suelo agrario fértil de toda instalación energética destructiva. Pero todos los partidos del consenso votaron en contra de nuestras enmiendas ya en ese momento, cuando se llevó a cabo esa Ley de Cambio Climático y Transición Energética, favorable a la especulación y a los fondos de inversión que tanto critican los señores de la izquierda radical.
Hoy presentamos esta proposición no de ley para proteger el olivar y el suelo agrícola. Proponemos proteger el olivar como cultivo estratégico nacional, revertir ese sobredimensionamiento de las renovables, derogar los trámites exprés de evaluación ambiental en las plantas, exigir informes de compatibilidad agraria antes de cada instalación e impulsar modelos agrivoltaicos en el sentido de lo que he comentado antes a nivel de derecho comparado, es decir, lo que se está haciendo en Italia, lo que se está haciendo en Francia y lo que se está haciendo en Alemania. Estamos diciendo cosas de sentido común y que se está haciendo en todos aquellos países que realmente valoran los suelos productivos y la soberanía alimentaria, menos aquí, donde se apuesta por el pelotazo, gracias a la izquierda radical y al Gobierno del Partido Socialista. Pero una nación que destruye su agricultura para satisfacer a los fondos no es libre, es una colonia, y nosotros estamos aquí para defender la libertad, la tierra y el trabajo de los españoles, para que el campo español no se rinda ante Bruselas ni ante los capitales anónimos que desprecian nuestra tierra, para que ningún agricultor tenga que ver cómo su olivar centenario es talado por orden de una multinacional energética, lo que ni siquiera repercute positivamente desde el punto de vista social en nuestro territorio nacional. Señorías, defender el campo es defender España, esperemos que todos apoyen esta iniciativa, y, además, VOX no va a fallar, pues nos va la vida de nuestra patria en ello.
Muchas gracias. (Aplausos).