Patxi López Álvarez
Gracias, presidenta. Esta mañana el portavoz del Grupo Parlamentario Popular decía que habían pedido que la votación se haga por llamamiento para que se retrate todo el mundo. Nosotros no tenemos ningún problema en retratarnos. (Un diputado del Grupo Parlamentario Popular: ¡Ya están retratados!). Empezamos bien con la revolución de la educación. (Aplausos). Empezamos muy bien. Decía que no tenemos ningún problema en retratarnos, pero ¿para qué quieren los retratos? ¿Para ponernos en carteles con amenazas? ¿Para colgarlos en la red acusándonos de traición? ¿Para señalarnos por las calles como los enemigos de este país? Porque todo esto ya lo han hecho. Así que, apunten: 121 socialistas, todos los diputados y todas las diputadas. (Aplausos). No busquen más, aquí tienen el retrato. Este es nuestro retrato porque cuanto más nos amenazan, más convencidos estamos de lo que vamos a hacer. Y, además, decía ese portavoz: Hoy es un mal día para la democracia. Nos gustaría mucho saber cuál es el concepto que tiene el Partido Popular de la democracia, porque ¿el debate de las ideas que vamos a tener aquí es malo para la democracia? ¿Que esta Cámara cumpla su papel y haga leyes es malo para la democracia? ¿Que las leyes sean aprobadas por la mayoría es malo para la democracia? ¿Que sea el Tribunal Constitucional el que decida la constitucionalidad o no de las normas es malo para la democracia? No, eso es la democracia. Y eso es lo que vamos a hacer aquí. Hoy es un día malo solo para los insultadores profesionales (aplausos), para los que, en lugar de argumentos, ponen permanentemente insultos encima de la mesa. Hoy traemos para su toma en consideración la proposición de ley de amnistía. Bien, pues hasta ahora, e incluso antes de conocerla, ya hemos escuchado el catálogo completo de insultos, de descalificaciones y de anuncios apocalípticos; nada más. Pero hoy, por cambiar el guion, nos gustaría escuchar argumentos, nos gustaría escuchar razones y nos gustaría escuchar sus propuestas, porque alguno de sus portavoces, al que tengo mucho aprecio, dijo que yo venía aquí a emponzoñar el debate. Nada más lejos de mi intención, no oirán en mi intervención ni un solo insulto, ni una sola descalificación. Hoy, los socialistas venimos a explicar, a decir el porqué de las cosas. A ustedes ya sabemos que no les gusta, nos lo han dejado muy claro, pero ahora nos gustaría saber por qué: por qué la amnistía rompe España, por qué es inconstitucional, por qué se carga el Estado de derecho y por qué es una humillación. Y hoy, además de resolvernos los porqués, también tienen la oportunidad, no solo de cambiar el insulto por el respeto, sino de decirnos cuál es su alternativa, qué harían ustedes para resolver el problema, el conflicto que vivimos en Cataluña porque, de momento, solo conocemos lo que dijo su socio: que con ustedes, Cataluña se incendiaría. Esa es su gran aportación.
Ya en 2017, cuando gobernaba el Partido Popular, en Cataluña se vivieron hechos muy graves. Los hemos analizado en numerosas ocasiones, hemos hablado de culpables y de responsables, hemos usado la vía penal y la judicial, hemos ocupado las calles a favor de una posición y de la contraria, pero la realidad es que todo lo que vivimos se tradujo en una quiebra de la convivencia, en ruptura de las relaciones políticas e institucionales, en la desaparición de la política, en crispación ciudadana, tanto que ese era, sin ninguna duda, el principal problema que tenían España y la sociedad española, el principal problema que tenía nuestro país cuando llegó el Gobierno progresista. Esa fue la herencia que nos dejaron y, ante esto, podríamos haber optado por algo que a ustedes les encanta: negar el problema. Ya lo dijo Rajoy: Hay ocasiones en las que la mejor decisión es no tomar ninguna decisión.
Podríamos haber optado también por la rabia, por haber jugado a mantener la confrontación política hasta el infinito, enfrentando sentimientos, ciudadanos, territorios, pero eso ya lo probaron ustedes y las consecuencias fueron lamentables. Pero también podíamos optar ―y eso es lo que hemos hecho― por la política, por hacer esfuerzos para la distensión, por adoptar decisiones valientes, que buscaran recuperar las relaciones políticas e institucionales, que buscaran abrir espacios para el diálogo, intentando llegar a acuerdos con el que piensa y con el que siente de otra manera distinta a la nuestra. Y es que donde ustedes la hicieron desaparecer, nosotros hemos recuperado la política para resolver los problemas políticos, y eso es lo que ha hecho el Gobierno progresista de Pedro Sánchez desde que llegó: la mesa de diálogo, los indultos, la sedición… Todas han sido medidas que iban en esa dirección y todas levantaron una gran polvareda. Todas nacieron ―es verdad― de la incomprensión de muchos, y todas, según ustedes ―cómo no― iban a romper España. Pero, a pesar de su oposición y de sus augurios, tuvimos el coraje de adoptar esas decisiones, y esos fueron los primeros pasos para desinflamar la crisis, y han funcionado. Hoy, la situación en Cataluña es incomparablemente mejor a la que nos dejaron ustedes, y solo puede decir lo contrario, que estamos peor, aquel que prefiere seguir viviendo en la confrontación permanente, aquel que prefiere seguir alimentando el enfrentamiento, aquel que piensa que cuanto peor estén las cosas será mejor para él, aquel que abandona Cataluña para buscar, a su costa, votos en otras partes. ¿Les suena, señorías del PP? Bueno, pues nosotros no abandonamos ni Cataluña ni a los catalanes ni a las catalanas y, por eso, a los primeros pasos que dieron sus frutos añadimos hoy, como continuidad coherente, la ley de amnistía, y empiezo con algunas explicaciones.
¿Venía en nuestro programa electoral, que parece que es uno de los grandes males? No, porque nunca han venido ni vendrán en los programas electorales de un partido las medidas que acuerdas y que pactas con otros partidos. (Protestas.—Rumores). Déjenme que acabe la reflexión, a ver si les gusta. Nunca vendrán en los programas electorales de un partido las coaliciones que se hacen con otros. Claro, porque ya dejan de ser tus medidas, tus propuestas castas y puras, para ser las propuestas de otro. ¿O es que todo lo que están haciendo ustedes con VOX en los gobiernos de las comunidades autónomas venía en sus programas electorales? (Aplausos). ¿O es que cuando Aznar pactó con Pujol la cesión de todo lo que cedió venía en su programa electoral? Es que esta es la esencia de la democracia, esta es la esencia de la pluralidad y la diversidad de nuestro país, y negarla, intentar impedirla, es impedir el propio funcionamiento de la democracia. Es que es ridículo lo que están planteando. Nosotros lo que pretendemos es cambiar el guion y salir de un enfrentamiento infinito y sin solución para devolver a la política lo que solo la política puede resolver. Por eso, aunque no venía en nuestro programa, defendemos la amnistía como paso para seguir avanzando, como paso para la consecución de la concordia en Cataluña y la de Cataluña con el resto de España. Ese es el objetivo. ¿Me pueden decir ustedes cuál es su alternativa? Ustedes ya lo han sentenciado: es inconstitucional. Pero, que yo sepa, ninguno de ustedes forma parte del Tribunal Constitucional, que es el único garante y el único que tiene que adaptar la decisión sobre la inconstitucionalidad. (Aplausos).
Así que supongo que me dejará decir algunas cosas. La primera, la Constitución, la propia Constitución nace de una amnistía; no habría ni Transición ni Constitución sin amnistía. Y es verdad, no la incluyó, pero tampoco la excluyó, porque, como dice Nicolás Sartorius, ¿qué sentido hubiera tenido que las mismas Cortes, el mismo Congreso que había otorgado una amnistía en octubre de 1977 la prohibiese solo unos meses después? No hubiera tenido ningún sentido. Y para todos aquellos… (Protestas.—Rumores). Sí, por lo menos tengo argumentos, no como otros, que no tienen más que insultos. (Aplausos). A ver si en algún momento dicen algo que valga la pena y a ver si en algún momento el respeto les inunda un poquito. Como decía, a todos aquellos que dicen que esto es una humillación, les diré que la amnistía no es ni pedir perdón ni perdonar, que no es olvidar, que es poner la memoria, es decir, las lecciones que podemos extraer de lo sucedido, al servicio del interés general. No es la memoria sin más, es sacar conclusiones para resolver problemas, y eso es lo que nos mueve. De hecho, la sentencia 147/1986 del Tribunal Constitucional —sí una sentencia del Tribunal Constitucional que avala la amnistía— dice claramente que la concesión de una amnistía implica un juicio crítico de toda una etapa histórica, y es lo que hicimos en la Transición, superar un pasado de confrontación, de ruptura de unos contra otros. Aquello sirvió para construir el país que tenemos hoy. Y no se puede sostener ―se lo dije el otro día― que perdonar torturas, asesinatos, el sometimiento de todo un pueblo bajo una dictadura era tener sentido de Estado, y superar la fractura en Cataluña con el mismo instrumento, con la amnistía, es romper España y acabar con la democracia. (Aplausos). Ya sé que son tiempos distintos, pero la amnistía alumbró la democracia. Y no podemos decir, de ninguna manera, que la Constitución de hoy prohibiría la amnistía y, por lo tanto, impediría la Transición. Al contrario, la Constitución, en su preámbulo, proclama de manera expresa la voluntad de la nación española de garantizar la convivencia, y eso es lo que buscamos.
Por eso, para los socialistas la amnistía es excepcional, pero no es inconstitucional y, además, aunque ustedes sigan yendo a Europa a hacer el ridículo como lo hicieron con los fondos europeos o la sedición y como con tantas otras cosas, es absolutamente compatible con el derecho comunitario y con el Convenio Europeo de Derechos Humanos. Es más, en todos los países, en todos, existen medidas de gracia, indultos y amnistías. Ningún país ha renunciado a la amnistía y, de hecho, en Europa se han aprobado más de cincuenta; la última, hace bien poco, en Portugal.
Por otra parte, ustedes no solo no han pedido nunca la desaparición de las medidas de gracia —por ejemplo, los indultos—, sino que los han utilizado con profusión y con mucha alegría. Hasta llegaron a conceder 1445 indultos en un solo día, muchos más de los que estamos hablando ahora. Eso se parecía bastante más a una amnistía que a cualquier otra cosa. Por eso, lo suyo es tener un cierto grado de hipocresía. Porque déjenme que les diga que la amnistía tiene muchas más garantías, es mucho más transparente y mucho más democrática que el indulto, porque el indulto nace como concesión graciosa del Ejecutivo y la amnistía, sin embargo, pasa por el debate abierto, con luz y taquígrafos, de esta Cámara: todo el mundo debate, todo el mundo aporta, todo el mundo opina y sale adelante solo si la mayoría lo decide. (Aplausos).
Aunque no tengo mucho tiempo (rumores), les diré también, y se lo dije el otro día, en aras de esos argumentos que utilizan, el de la igualdad, que no utilicen el nombre de la igualdad en vano, porque la desigualdad que actúa como disolvente de las democracias no está en la ley de amnistía. Esa desigualdad está en el empresario que cobra cien veces más que uno de sus trabajadores, sin nada que lo justifique, y no quiere pagar impuestos. Está en que, mientras unos jóvenes no pueden acceder a una vivienda digna, otros venden las viviendas públicas a fondos buitre. (Aplausos). Está en recortar las becas para comedores escolares mientras se subvencionan talleres para poner banderillas. (Aplausos). Está en que, mientras se recorta el sistema público de salud de todos, se financia con dinero público la sanidad privada de unos pocos. Esa es la desigualdad que de verdad se carga los sistemas, es decir, la que hace que el progreso de unos pocos se haga caminando sobre la miseria de muchos. Esa es la desigualdad que a ustedes no les importa nada de nada porque han votado en contra de todo lo que atacaba esos factores de desigualdad en este país. (Aplausos).
Ustedes tienen el derecho a protestar y a patalear, pero no pueden engañar a la gente diciendo que lo hacen en nombre de la democracia, del Estado de derecho, de la Constitución y de la igualdad, porque es radicalmente falso. Nuestra Constitución y nuestra democracia no son militantes, pero son enormes en su capacidad de acoger nuestra pluralidad y diversidad.