Susana Ros Martínez
Gracias, señor presidente. Permítanme que, antes de entrar en materia, tome prestadas las palabras que dice cada noche uno de los grandes comunicadores de nuestro país —abro comillas—: «Bienvenidos, cuando son las 18:11, una hora menos en Canarias y una hora más en Gaza, porque sea la hora que sea, nos tenemos que acordar de Gaza» —c ierro comillas—. (Aplausos).
Señorías, quiero comenzar saludando especialmente con afecto y agradecimiento a las federaciones de vecinos y vecinas de todo el territorio nacional que hoy nos acompañan en la tribuna de invitados y que también nos están viendo desde la sala Clara Campoamor. Su presencia aquí no es simbólica, son la esencia del motivo por el que el Grupo Parlamentario Socialista presenta hoy esta iniciativa, una proposición no de ley que es un acto de justicia democrática, un reconocimiento profundo y sincero al movimiento vecinal, que ha sido el primer cauce participativo y que sigue siendo uno de los pilares democráticos de nuestro país, auténticas escuelas de ciudadanía. Esta iniciativa no es un mero trámite parlamentario. Hablamos de personas, de fuerza, de unión, de mujeres y hombres que trabajaron duro, a pie de obra, sin rendirse nunca, para tener lo más básico en sus barrios: alumbrado, alcantarillado, centros de salud, bibliotecas, transportes, escuelas. Los derechos que hoy tenemos garantizados provienen de esas conquistas diarias en unos años donde no existían ni cauces formales para hacerlo ni garantías democráticas. (Aplausos).
Además, esta iniciativa nace precisamente del trabajo conjunto de reuniones y reivindicaciones que ya en febrero del 2023 nos trasladó la Confederación Estatal de Asociaciones Vecinales que ―les recuerdo― agrupa cerca de 3000 organizaciones y representa casi a un millón de personas. De ese diálogo comprometido surge esta propuesta, reflejo de sus demandas y del legado que han construido durante décadas. Ahora, que muchas de estas asociaciones cumplen cincuenta años, creemos que ha llegado el momento de valorar su trascendencia y de ponerlas en el lugar que se merecen, aquí, en la casa del pueblo, en el Congreso de los Diputados y las diputadas, símbolo de la soberanía democrática. Las asociaciones de vecinos construyeron esta democracia desde abajo, con pasos firmes y convicciones claras. Fueron motor de derechos y libertades, de implicación ciudadana y de dignidad en nuestro entorno urbano. Un ejemplo reciente de esa memoria colectiva lo encontramos en la película El 47, que refleja vivencias reales de esa acción vecinal en Barcelona. Pero no se dieron solo allí, porque también hubo un 57 en Madrid, en Puente Vallecas, o el de Recalde en Bilbao, y en un puñado de barrios invisibilizados, que decidieron actuar y alzar la voz por una vida más justa. Hoy en esta tribuna ponemos nombres a sus historias en el centro de la política.
Señorías, hagan conmigo un ejercicio de memoria. Piensen en cómo eran nuestras ciudades, nuestros pueblos, nuestros barrios en la Transición, en un momento donde se dobló la población de estas ciudades. En ese contexto, las asociaciones vecinales no solo pedían servicios, pedían dignidad, igualdad e implicación en la toma de decisiones. Insisto, fueron auténticas escuelas de ciudadanía democrática. (Aplausos). Muchos de nosotros y nosotras estamos aquí porque fuimos testigos, hijos e hijas de esas luchas conjuntas que, sin duda y sin ser conscientes, quizá sembraron nuestra vocación de justicia social a través de un sinfín de vivencias familiares y domésticas. De ahí que les pida que hagan un ejercicio de memoria, pues dichos grupos locales, las asociaciones de nuestros pueblos, nos inspiraron para tal vocación social y humana que nos lleva a pelear por tener libertades e igualdad de oportunidades sin tener en cuenta nuestra clase social o nuestro poder adquisitivo.
El Partido Socialista conoce bien su valor e incluso hemos compartido con muchas de ellas batallas en tiempos del tardofranquismo, donde vecinos y vecinas organizadas fueron quienes trazaron el camino. El pasado jueves en Bilbao fue el Gobierno, el Poder Ejecutivo, quien les rendía un merecido homenaje. Hoy nos toca a nosotros, señorías, el Poder Legislativo, que es lo que pretende con esta iniciativa que recoge expresamente las cuestiones solicitadas por las propias asociaciones, siempre respetando el ámbito de competencias autonómicas. Por eso, con humildad, pero con firmeza, queremos dirigirnos también al Grupo Popular, que votó no en la comisión. Reconsideren su posición, escuchen a quienes están hoy aquí y a quienes representan. Tienen la oportunidad de sumarse a un reconocimiento que trasciende ideologías y que pertenece a la historia colectiva de nuestro país.
Finalizo. Reconocer la labor de las asociaciones vecinales no es un gesto simbólico, es un deber moral y una responsabilidad institucional, porque con ellas la democracia en España ha sido posible y sin ellas el futuro sería menos justo. El Grupo Parlamentario Socialista les pide el voto favorable a esta iniciativa por memoria, por dignidad y por justicia.
Acabo como en empecé. Como diría nuestro queridísimo Forges, por favor, no se olviden de Gaza. Muchas gracias. (Aplausos).