Sandra Pascual Rocamora
Gracias, presidenta. Buenas tardes, señorías. Traemos hoy esta proposición de ley que desarrolla el mandato de la ley de seguridad vial y que consideramos indispensable para mejorar la seguridad de nuestras carreteras. Según los últimos datos, la evolución del número total de accidentes con víctimas en los que se ha visto implicado algún vehículo con tarjeta de mercancías o de viajeros ha aumentado un 3 % respecto al año anterior. Este aumento se produce en el plazo de aplicación de la disposición adicional tercera bis de la ley de seguridad vial, que a continuación les voy a leer: «El Gobierno, mediante Real Decreto, en un plazo de veinticuatro meses desde la entrada en vigor de la Ley, previa audiencia del Comité Nacional del Transporte por Carretera, regulará los procedimientos para la realización de controles iniciales, periódicos o aleatorios, durante el ejercicio de la actividad profesional, de alcohol, drogas de abuso y sustancias psicoactivas y medicamentos, al personal que ostente el puesto de conductor de vehículo de transporte de viajeros y mercancías por carretera».
Esta disposición adicional se añadió con efectos de 21 de marzo de 2022. Estamos acabando mayo de 2025 y a día de hoy todavía no tenemos noticias. Son ustedes el Gobierno del récord en decretos promulgados, 157, desde que Sánchez es presidente, pero este no han sido capaces de desarrollarlo. Señorías, no les pedimos la misma celeridad del rescate de Air Europa, simplemente que hubieran actuado en los dos años que establecía la ley. Quizás si se lo hubiera exigido alguno de los amigos de Begoña Gómez, el Gobierno habría actuado rápidamente, pero no ha sido así. (Aplausos). Porque, desde hace más de un año desde la fecha límite que establece esta disposición adicional para el desarrollo del real decreto, ¿cuántos accidentes se podrían haber evitado? ¿Cuántas personas podrían seguir con vida, señorías? Si no pasaran los días pendientes de su corrupción y de los wasaps o audios incriminatorios que pueden aparecer, se podrían dedicar a lo que realmente importa.
El 56 % de los siniestros con víctimas mortales se produjeron entre lunes y viernes. De las 1154 personas fallecidas en 2024, 646 lo hicieron en días laborables. Parece razonable incrementar los controles a las personas que desarrollan su trabajo como conductores de viajeros y de mercancías, ya que pasan más horas en la vía pública y las características de sus vehículos los hacen más propensos a generar daños más graves. En el año 2023, un 8 % de los accidentes con víctimas tuvo al menos un vehículo implicado de viajeros o mercancías con tarjeta de transporte. Según datos del Ministerio de Trabajo, 138 empleados en transporte y almacenamiento murieron durante su jornada laboral, y el 84 % de los fallecimientos ocurre en el sector de los conductores del transporte de mercancías. Son más muertes que en la construcción y en la industria manufacturera. Esto no es solo un número, señorías, son personas. Personas que desarrollan su jornada laboral en la carretera y simplemente por estadística tienen más probabilidades de sufrir un accidente que los demás.
Señorías, esta es una reforma necesaria para todos los usuarios de las vías públicas. Casi medio millón de personas salen a trabajar cada día a la carretera para prestar un servicio esencial. La inmensa mayoría de los conductores profesionales prestan un servicio intachable. Gracias a su trabajo las estanterías de los supermercados estaban llenas en pandemia. Gracias también a su trabajo podemos viajar de un sitio a otro o podemos comprar en Internet y recibir un pedido al día siguiente. Gracias a su trabajo, los alimentos que producimos pueden llegar a nuestras casas, ya sea fruta, verdura o pescado. Pero necesitamos más seguridad, seguridad para ellos, que pasan tanto tiempo en la carretera y están más expuestos, y seguridad para el resto de los ciudadanos, que compartimos vías con ellos. (Aplausos).
La Guardia Civil desempeña una labor fundamental e insustituible en la seguridad vial de nuestro país. Esa misma Guardia Civil que ustedes ahora atacan por investigar su corrupción. Su trabajo va mucho más allá de la mera vigilancia, son los primeros en llegar en caso de accidente, arriesgando sus vidas en situaciones de máxima peligrosidad, en condiciones meteorológicas adversas o en entornos de alta velocidad. Pese a la trascendencia de su misión, a menudo desarrollan su labor con una alarmante escasez de medios materiales y humanos, lo que multiplica la carga de trabajo y el riesgo al que se enfrentan. Es imprescindible reconocer su sacrificio, dotarlos de los recursos necesarios y dignificar una labor que, sin duda, salva vidas todos los días. Podemos complementar su labor si dotamos a los empleadores de las herramientas necesarias para que puedan hacer pruebas de alcohol y drogas a sus conductores y poder llegar así a más personas.
La mayoría de los conductores son personas responsables, pero tenemos el deber de seguir concienciando de las consecuencias de conducir bajo los efectos de alcohol y de las drogas, y de servir a los ciudadanos, dotándoles de las herramientas necesarias para salvaguardar su seguridad y su bienestar. Incluir más campañas de sensibilización y más formación al respecto incrementará la concienciación de todos. Con esta iniciativa podemos salvar vidas. Es una demanda histórica del sector, más ambiciosa que la de limitarse a reducir la tasa de alcoholemia permitida sin ningún criterio técnico. Les invito, señorías, a votar a favor de esta toma en consideración, a que hagan sus aportaciones en el periodo de enmiendas y que consensuemos entre todos una norma que nos proteja a todos, y también, sobre todo, a los conductores.
Señorías, la mayoría de este hemiciclo conocemos casos de personas que han fallecido en accidentes de circulación, profesionales o viajeros que han dejado atrás familias huérfanas. Quiero compartir con ustedes el caso de Sergio, que falleció el 1 de agosto de 2022, cuando un imprudente que había consumido cocaína se puso al volante de un camión. Un lunes laborable como otro cualquiera, Sergio no pudo volver a casa. Tenemos que incrementar la seguridad en nuestras carreteras. Se lo debemos a la familia de Sergio, dos niñas que no habían cumplido los tres años en el momento del accidente y a María, su mujer (aplausos), a la que le arrebataron el futuro que tenía planificado. Se lo debemos a Sergio y a todos los que como él han sufrido algo así, y se lo debemos a los miles de profesionales que todos los días recorren con mucho esfuerzo y gran responsabilidad las carreteras de nuestro país. Por todos ellos, les pido que apoyen esta toma en consideración.
Muchas gracias. (Aplausos.―Varias señoras y señores diputados: ¡Muy bien!).