Carlos Hernández Quero
Gracias, señor presidente. Buenos días, señora ministra. Lo han celebrado tanto, han dado tanto bombo a sus medidas y han presumido tanto de sus supuestos logros que entiendo que me corresponde felicitarla hoy por el segundo cumpleaños de la ley de vivienda. Felicidades a usted y a todos los grupos parlamentarios que lo hicieron posible. Ya tienen ustedes lo que tanto anhelaban: un mercado inmobiliario absolutamente destruido y demacrado. Entiendo que es para ustedes un día absolutamente alegre; en cambio, es triste para millones de jóvenes a los que se les ha condenado a una muy cruel disyuntiva: seguir durmiendo hasta la eternidad en la vieja litera del cuarto de casa de sus padres, vivir la vida loca de mudanza en mudanza ―y tiro porque me toca―, hacer turnos para cocinar, para asearse o para comer con extraños o directamente largarse de un país en el que los políticos los tratan a patadas ―opción a la que lamentablemente cada vez más españoles se están acogiendo―. (Aplausos). El menú no parece muy suculento, la verdad, no parece muy apetitoso. Pero bueno, al menos se puede elegir, ¿no? Que parece que es lo fundamental en esta era del «yo, mi, me, conmigo», del «yo me lo guiso, yo me lo como», del «sé quien quieras ser». Se puede elegir, esa es la clave siempre, tener derecho a todo. Ley por el derecho a la vivienda. Por supuesto, faltaría más, por el derecho a la vivienda sobre el papel. Eso sí, que el papel lo resiste todo. El papel y las presentaciones de PowerPoint y Canva. Ley por el derecho a la vivienda es un eslogan maravilloso, espectacular. Ya la aplicación práctica, pues, bueno: ahí te apañes, chaval; mira este zulo maravilloso que tenemos para ti, majete; también este semisótano interior, con un poquito de humedades, eso sí, pero con una capa de pintura se puede vivir; o este bajo sin ventilación que antaño fue una carnicería, mira qué aventura. Puedes elegir lo que más te guste, a fin de cuentas, tú mandas y eres libre; libre de pagar una pasta que no tienes ni tendrás para pagar un cuchitril en el que ni siquiera podrás poner cuadros ni pintar las paredes, porque no es tuyo, pero eres libre. Sí, muy libre. (Aplausos). Lo que sucede con este concepto de libertad como ausencia de límite, como autonomía total de una voluntad que todo lo puede es que es un camelo, porque no hay ninguna libertad en aplazar continuamente la paternidad porque no tienes un hogar en el que poder criar a tus hijos. Tampoco hay libertad en vivir como la horda prehistórica, en un estado de incesante nomadismo, ni hay libertad cuando no hay seguridad residencial. No, no hay ninguna libertad cuando la precariedad y la inmediatez invaden cada aspecto de tu vida y te impiden planificarte, ahorrar, querer, cuidar o simplemente ser feliz. No hay libertad ahí. No hay libertad. Ya sabemos que ustedes son unos ases del marketing y los titulares y que son capaces de convertir y pintar de colorines todo aquello que en verdad es oscuro y pavoroso, pero no se confundan, ahí fuera hay toda una generación, más que una generación, yo diría que prácticamente todo un país, que está ya hasta las narices y hasta el gorro de tanta declaración pomposa, de tanta retórica alambicada, de tanto lenguaje relamido, de tanto humo barato y de tanto vendedor de crecepelo escondido entre puños y rosas y pancartitas moradas, la verdad. (Aplausos). Usted sabe que, para que la vivienda se convierta en un derecho, no basta con repetir una y mil veces derecho a la vivienda, derecho a la vivienda, derecho a la vivienda. Decía Unamuno: No proclaméis la libertad de volar, sino dad alas. Pues no proclamemos el derecho vacío, hueco y de imposible aplicación de la vivienda, sino demos los medios para que de verdad pueda ser real este derecho a la vivienda. (Aplausos). Basta ya de derechos vacíos y basta ya de cuentos progresistas, la gente quiere hechos, quiere factos. De su retórica, de su lenguaje, de sus presentaciones, de sus anuncios, de sus vídeos de TikTok, creo que está mareada hasta la náusea. Es así, quiere realidades concretas, tangibles, palpables y llaves en su mano. Quiere grúas donde hay solares. Quiere poder organizar su proyecto vital sin que las obsesiones ideológicas de un político le distraigan de ese proyecto o sin depender de los vaivenes de un fondo de Luxemburgo. Quiere poder organizar su vida. Y otra cosa más, señor ministra, en este segundo cumpleaños quieren mandar al garete una ley de vivienda que ha cumplido ya demasiados años y que, al revés que el buen vino ―al revés―, no parece que vaya a mejorar con el tiempo. Todo lo contrario, solamente va a traer más estragos, más dolor, más injusticia y más precariedad a los hogares españoles. (Aplausos).
Señora ministra, los números son cabezones, son tozudos, son elocuentes: 120 000 inmuebles menos que hace solamente dos años, ¡120 000! Desde 2020, momento en el que empezaron ya con el laboratorio y las primeras pruebas de lo que luego sería la ley de vivienda, la oferta ha caído un 56 % en toda España; un 85 %, por ejemplo, en Barcelona. Esto quiere decir que, de cada cien casas que en aquel momento, 2020, estaban ofertadas, solamente quedan quince. Quedan quince. No sé si es un truco de prestidigitación, porque yo no sé cómo se puede conseguir que desaparezcan tantas casas en tan poco tiempo. No lo puedo entender. Y tampoco entiendo cómo, con estos datos, ustedes se pavonean, se jactan y sacan pecho continuamente de una ley de vivienda que lo único que ha traído es dolor. La firma de contratos de alquiler, también en Cataluña, ha caído un 40 % en tan solo cuatro años.
¿Qué significa esto? ¿Qué significa que tengamos menos oferta? ¿Y qué significa que tengamos menos oferta también en un contexto en el que la demanda crece hasta el infinito? Significa escasez. ¡Escasez! Y la escasez significa parejas mirando de forma compulsiva un portal inmobiliario y chocándose una y otra vez contra la realidad, contra el escaparate de un país, que ya no les pertenece, que ya no es para ellos. Significa quebraderos de cabeza, discusiones. Significa que la gente no puede planificar, que no puede seguir su vida. Significa renuncias. Y significa también condiciones leoninas para alquilar. Resulta que no puedes ni llenar la nevera, pero tienes que poner cuatro meses de fianza y dos de garantía adicional, precisamente, por la inseguridad jurídica que ustedes han traído (aplausos); inseguridad jurídica que significa inseguridad material para la gente común, inseguridad material. Significa que la mitad de los inquilinos de este país están en riesgo de exclusión social. Significa también que lo único que progresa en este país es el porcentaje de personas que no se pueden emancipar, y significa castings inmobiliarios. Esto no es una metáfora. Lo que hay al final del casting, lo que hay al final del túnel son decenas de miles de personas que no tienen casa hoy, que no tendrán casa mañana y que tampoco la tendrán pasado mañana: jóvenes, familias con niños o dependientes a cargo, autónomos, gente con un sueldo muy bajo, con contratos muy recientes. Todos ellos estaban hace veinte años ahí ahí de comprar y ahora ni siquiera pueden ser inquilinos. Han creado ustedes una casta de inalquilables, de parias sin casa, de jornaleros del casting; una generación caracol con la casa a cuestas o, si lo quiere de otra forma, una generación de rodillas, postrada y totalmente humillada.
¿Y qué ha pasado mientras tanto con los precios? ¿Qué ha pasado con los precios? Que los precios han subido un 30 % desde el año 2020 y entre un 5 y un 15 % en el último año en función de las zonas. Así que ustedes, que en sus presentaciones hablaban de Ley por el derecho a la vivienda, al final de lo que tienen que hablar es de ley por que la vivienda sea un lujo, que es lo que han conseguido, que la vivienda sea un auténtico lujo. Y esto hoy, en su segundo cumpleaños. Si soplamos las velas el año que viene o el siguiente, ya nos iremos al hacinamiento, a la infravivienda, al barraquismo del siglo XXI, al sinhogarismo. Y no se preocupe que, mientras ustedes estén en el Gobierno, sus ojos y los míos verán en este país chabolismo. No tengo ninguna duda y no la tenga usted tampoco, porque, de hecho, estamos ya en una fase prechabolista; o, si no, ¿cómo definiría usted lo de las casas barco, lo de las camas calientes, lo de las cápsulas para dormir, lo de los minipisos de dieciocho metros cuadrados o lo de las autocaravanas? Esto es un poco dickensiano, es de novelas del Londres victoriano, pero es lo que tenemos ahora mismo aquí. Por eso le digo que, si ustedes siguen aquí, dentro de muy poquito veremos chabolas. Han mandado ustedes a una generación y a la gente común, en general, a la marginalidad, a una cuneta social. Hay menos casas y cada vez más caras, una trampa para ratones de la que solamente se puede salir si la gente hace la maleta rumbo al exilio, y eso es algo que nosotros no queremos en absoluto.
Por resumir, decían que venían a defender a los inquilinos y lo que han hecho ha sido traer el infierno a la tierra para ellos. Mientras tanto, okupas, jetas y especuladores hacen su agosto con una ley que parece hecha a su medida. Y lo peor de todo es que esto no son grandilocuentes expresiones del diputado de la ultraderecha; esto, que ha sido deliberado y una estafa, es lo que decían sus jefes, Ábalos y el señor Sánchez, en sus mensajes de wasap: que estas medidas iban a destrozar el mercado, que estas medidas iban a hacer que la gente perdiera. Y yo le pregunto: ¿qué nombre reciben aquellos políticos que hacen políticas injustas a sabiendas de que van a generar dolor a su gente? ¿Qué nombre reciben? (Aplausos).
En este contexto de emergencia habitacional, en el que cada vez es más evidente la distancia entre las casas disponibles y la gente que busca casas, ¿qué podría hacer alguien que estuviera de verdad preocupado por esta falta de casas? ¿Qué podría hacer alguien que estuviera preocupado por los de abajo y su situación de precariedad residencial? Supongo que lo primero de todo sería proveerles del techo que les falta: construir, construir y construir o rehabilitar, rehabilitar y rehabilitar, me es exactamente igual, pero hacerlo a mansalva para terminar de una vez con la lacra de la inestabilidad residencial; poner suelo a disposición; incrementar alturas; aumentar la densidad; acabar con el diezmo que se lleva el Estado cada vez que alguien quiere promover, construir o comprar; tener unos presupuestos de vivienda dignos; hacer VPO, que se inventó para esto. La VPO se inventó en contextos como este; precisamente, en momentos de gran concentración urbana, de crecimiento muy rápido de la población en las ciudades, de demanda explosiva, de oferta raquítica, de poder adquisitivo por los suelos. En esos contextos se inventó la VPO. Hagan VPO. Hagan lo que sea con tal de poner punto final a tanto punto y seguido de una generación errante, que vaga entre casa y casa. (Aplausos).
Por cierto, señora ministra, ustedes, que tanto hablan de especulación, ¿saben cuál es el requisito para especular con un bien? Que este bien sea escaso, que lo posea muy poquita gente y que mucha gente lo necesite o lo desee. ¿A quién le interesa que la vivienda siga siendo hoy un bien escaso? A quienes viven de ella, a quienes manejan el cotarro, a algunos que parece que les ha ido muy bien estas décadas en que a la mayoría social le iba bastante mal y seguía empobreciéndose. No sé si se han dado cuenta, pero todas las monsergas decrecentistas son recibidas con aplausos tanto en los despachos de los grandes fondos como en los salones de los grandes rentistas; los de verdad, no Mari Carmen, que ha heredado un piso de cincuenta metros cuadrados en Opañel. No, no, los de verdad. Porque al final lo que sucede es que ustedes son la mejor compañía aseguradora de sus ganancias cuando se niegan a construir, cuando se niegan a aumentar la oferta. ¿Cuánto valdrían las propiedades de los grandes si ustedes inundaran el país de bloques y dieran facilidades crediticias y fiscales para que esos bloques pudieran ser ocupados y vividos por familias que fueran dueñas de sus casas? (Aplausos). ¿Cuánto valdrían entonces sus propiedades? Pero claro, para poder hacer todo eso, ustedes tendrían que optar por poner ladrillos y no poner excusas, es decir, por repartir llaves y no por repartir frustración.
Muchas gracias. (Aplausos de las señoras y los señores diputados del Grupo Parlamentario VOX, puestos en pie).