Patxi López Álvarez
Presidenta. Por fin, varios grupos parlamentarios, todos menos el Grupo Popular y el Grupo VOX, traemos una propuesta de reforma del Reglamento en dos aspectos que consideramos de gran importancia. Esta es una propuesta que nace de nuestra propia iniciativa como políticos y políticas, pero que también en uno de esos dos aspectos es compartida, y yo diría que impulsada, por la inmensa mayoría de los profesionales de los medios de comunicación que desarrollan con rigor y con independencia su labor en esta Cámara. Y por eso lo primero que quiero hacer es agradecerles su trabajo, su dedicación y su compromiso con la verdad y con la buena información. (Aplausos). La primera cuestión de la reforma tiene que ver con regular de manera más razonable —diría yo— el acceso al voto telemático, y no le voy a dedicar ni un minuto porque es una cuestión de lógica y de sentido común. El voto telemático es una excepcionalidad, porque el parlamentarismo es por definición presencial, y lo que queremos es regular con seguridad jurídica, como ya ha hecho el Senado en su propio Reglamento, las excepciones limitadas y lógicas a esa presencialidad ―accidentes, atención a familiares de primer grado, operaciones, etcétera―. Como digo, lógica y sentido común. Pero voy con la otra parte del Reglamento que queremos reformar, a la que sí quiero dedicar más tiempo porque, aunque algunos intenten desviar la atención, es de esas cuestiones que merecen una reflexión seria y profunda, porque, en el fondo, se trata de ver cómo entendemos y de demostrar cómo nos implicamos cada uno de nosotros y de nosotras en la defensa de la propia democracia. Y en esto no se puede mirar hacia otro lado. Aquí no se trata de buscar un interés particular inmediato, como si esto fuera una batallita más contra el adversario político, no. Porque los enemigos de la democracia, los apóstoles del odio están, día a día, extendiendo su influencia y están ganando espacios de impunidad en nuestra sociedad y constituyen ya un peligro para nuestro modelo de vida en común. Un peligro para todas aquellas libertades y derechos que hemos ido conquistando poco a poco y que son ya patrimonio común del conjunto de la ciudadanía española. Demasiada influencia y demasiados espacios en las redes sociales, en algunos medios y seudomedios de comunicación, en algunos barrios y en algunas calles de nuestros pueblos y ciudades. Esto es algo que debiéramos combatir absolutamente todos los demócratas. Y deberíamos empezar por hacer real una afirmación: aquí no; aquí no lo podemos y no lo vamos a permitir, aquí no pueden ganar y ocupar esos espacios. ¿Cuántas veces hemos dicho todas y todos que este es el templo de la palabra, la casa de la democracia? Pues si no queremos que estas sean frases huecas, llenas de palabras vacías, aquí no. Aquí no puede haber cabida para el odio al que piensa distinto, no puede haber espacio para el acoso al disidente, para la amenaza y el boicot, para la violencia sobre el pensamiento libre. Es decir, no pueden existir espacios de impunidad para los enemigos de la democracia ni en la sala de prensa ni en los pasillos de esta casa ni en este hemiciclo ni en ninguna parte. (Aplausos). Por eso queremos que con un régimen sancionador se puedan impedir ciertas conductas y actitudes, ciertas amenazas y acosos, ciertas presencias de algunos seudoperiodistas que están permanentemente perturbando y boicoteando con métodos absolutamente antidemocráticos el buen funcionamiento de esta casa e impidiendo la normal relación que siempre debe existir entre periodismo y política. Y para que algunos abran los ojos y vean de qué estamos hablando, les pondré unos pocos ejemplos de los cientos que hay de lo que significan y de lo que pregonan con sus sesudos análisis políticos estos seudoperiodistas en sus redes y en sus medios. Dicen por ejemplo: «las mujeres de izquierda son feas y unas amargadas que se tienen que comprar el Satisfyer porque no tienen machos empotradores»; «este —por un periodista— es un felador, la mismísima mierda redomada»; «esta es una guarra que lleva rodilleras y se cree periodista»; «y esta otra, la putilla periodística de la Moncloa». Otra de sus prácticas es publicar fotos de periodistas de verdad como el enemigo vendido a la izquierda, amenazándolos y, por supuesto, adornándolos con los mejores calificativos: «sinvergüenza sin escrúpulos», «gilipollas», lo de las rodilleras es un clásico… Persiguen y acosan a diputadas y diputados: «hija de puta», «desquiciada y loca»; «imbécil». Impiden el normal funcionamiento de las ruedas de prensa, teniendo que suspenderse algunas de ellas. A los socialistas, por ejemplo, nos desean que «vayamos p’adelante, como en 1936», supongo que al paredón. Son homófobos, machistas, aporofóbicos, clasistas y racistas, por muy negro que sea alguno. Y sus redes están llenas de ejemplos de esto.
Habrá gente que aquí les defienda, ¡pero nada de esto es periodismo! Quien hace esto puede tener el carné de periodista, pero no hace periodismo, ¡hace basura!, hace activismo ultra y ¡un fascismo de libro, con señalamientos, amenazas, acosos, violencia verbal! (Aplausos). Y sabemos dónde acaba esto siempre. Y estas cosas nos interpelan a todos. Pero permítanme que les diga, señorías del Grupo Popular, que les interpelan especialmente a ustedes. Porque ustedes no solo les defienden; ustedes los protegen, les dan abrazos, los llevan a sus sedes a grabar comedietas sin ninguna gracia para promocionarlos. Y ustedes les financian; sobre todo eso: ¡les financian con grandes subvenciones de los Gobiernos a su cargo! Y se puede decir que la inmensa mayoría de estos personajes y seudomedios existen y encima hacen negocio gracias a ustedes. Por eso, para seguir protegiéndoles, subirán a esta tribuna y se envolverán en la bandera de la libertad; pasarán de defender la libertad como si fueran las cañas de Ayuso a defenderla como si sus mártires fueran estos agitadores ultras, y nos darán lecciones a todos como los genuinos abanderados de la libertad de expresión que ustedes se creen que son.
Y sí, la libertad de expresión es sagrada, como lo son otros derechos y libertades que, por cierto, ustedes van recortando allí donde gobiernan. Pero, salvando todas las distancias del mundo, voy a parafrasear a Castellion, cuando ante el asesinato de Servet dijo: Matar a un hombre no es defender ninguna doctrina, es solo matar a un hombre. Porque acosar a una diputada, como la semana pasada a mi compañera Montse Mínguez, no es libertad de expresión, es acoso; insultar a periodistas, a diputados, a diputadas y a todo aquel que no comulga con tus planteamientos ultras no es libertad de expresión, son insultos; agredir verbalmente al que no te baila el agua no es libertad de expresión, es violencia verbal; y boicotear las ruedas de prensa no es periodismo, es el activismo ultra de algunos aprendices de fascistas, no es nada más que eso. (Aplausos).
Y es una pena que algunos no aprendieran absolutamente nada de la magnífica intervención que tuvo aquí, en esta tribuna, mi amigo José Andrés Torres Mora cuando dijo que la libertad no es que yo pueda calumniar, injuriar o ultrajar a quien me venga en gana, sino que nadie me pueda calumniar, injuriar o ultrajar cuando le dé la gana a él. Y aclaró: La injuria busca la humillación, es decir, el sometimiento. Por eso el calumniador no es un liberador, es un opresor. Bueno, pues con esta reforma del Reglamento estamos buscando poner límites a la presión y a la opresión de este tipo de personajes; estamos buscando poner límites a esos comportamientos; es decir, estamos dando un paso para defender y proteger la democracia y la libertad. Porque no hay democracia sin información veraz y no hay información veraz sin periodistas de verdad, como los que llevan años cubriendo la información parlamentaria. Y es que la democracia muere cuando se la entierra en bulos, en fangos y en mentiras.
Y ustedes, señorías de la derecha, siguen sin entenderlo y seguirán sin entenderlo, porque subirán a esta tribuna y nos dirán que el problema es nuestro, porque somos una izquierdita cobarde que no queremos responder a preguntas incómodas. Y es que no podrían buscar peor argumento, porque con él están insultando y despreciando a todas y a todos los periodistas, a los de verdad, a los verdaderos profesionales que trabajan en esta casa y que nos preguntan en todas las ruedas de prensa, que nos ponen el micrófono y la cámara en cada rincón y en cada pasillo, que nos hacen todas las preguntas porque quieren saber todas las respuestas, y que sí, que también nos hacen esas preguntas incómodas que a veces no sabemos ni por dónde salir. Ustedes vienen a decir que esas decenas y decenas de profesionales de los medios de comunicación poco menos que vienen aquí a hacernos la pelota y que son incapaces de hacer las preguntas que necesita cada momento de la vida política de este país y de esta Cámara, y que es gracias a estos otros personajes como la información y la propia democracia están a salvo. Pero ¿no se dan cuenta de tamaña barbaridad? (Aplausos). ¿Se darán alguna vez cuenta de tamaña barbaridad? Es una pregunta retórica, pero yo les diré que sí, que se darán cuenta, pero ya será tarde. Porque, en lugar de equivocarse, debieran recordar a Bertolt Brecht y ver cómo, uno a uno, van a por todos nosotros. Y cuando vayan a por ustedes, que irán, no les quepa ninguna duda, ya estarán solos y, como dijo el dramaturgo, ya no quedará nadie para defenderles.
Afortunadamente, algunos reaccionamos. Habrá quien diga que demasiado tarde, y admito que tendríamos que haber traído esto antes a esta Cámara, pero no es demasiado tarde, porque todavía estamos a tiempo de frenar esta deriva. Y, como decía al principio, lo hacemos de la mano de los propios periodistas parlamentarios, de sus asociaciones, que comunicado tras comunicado, han denunciado las actitudes fascistas de estos personajes que solo responden al interés de sus amos. Y sus amos son aquellos que odian a la izquierda porque recorta su privilegio; pero no se quedan en la izquierda, porque tampoco les gusta la democracia, ya que limita su poder. Sus amos son aquellos a los que les molesta la pluralidad, porque ya están ellos para decirnos qué hay que pensar y qué no. Son aquellos que no soportan la diversidad ni que cada uno sea como le dé la gana, porque entre tanto alabar la libertad de ser diferentes, ante tanto color con el que defendemos cómo enfrentarnos a la vida, se nota demasiado que ellos no son más que los malditos hombres del traje gris; son los apocalípticos, los hiperbólicos, los propagadores del caos y los alimentadores del odio frente a los que no podemos ni vamos a ceder un milímetro.
Y ya que estos días añoramos, no solo la izquierda, sino cualquiera que tenga un mínimo de humanismo en las venas, a Pepe Mújica, acabaré con una de sus enseñanzas cuando dijo: El odio termina estupidizando. El odio es ciego como el amor, pero el amor es creador y el odio nos destruye. Así que, una vez más, elijan. (Prolongados aplausos de las señoras y los señores diputados del Grupo Parlamentario Socialista, puestos en pie).