José Vicente Marí Bosó
Gracias, señora presidenta. Señorías, presentamos esta moción consecuencia de interpelación para que el Gobierno, mientras no convoque elecciones, que es lo que tendría que hacer en esta situación inviable, al menos sea honesto y cumpla la Constitución. Algunos, seguramente muchos, pensarán que esto es pedir peras al olmo, pero exigir el cumplimiento de la Constitución y, en este caso particular, la presentación anual de presupuestos es una clara obligación derivada de entender correctamente qué significa ser una democracia occidental.
Así que, señorías, déjense de consultar opas, porque aquí la consulta imperativa irreemplazable es la consulta a los españoles en las elecciones generales. (Aplausos.―Una señora diputada: ¡Bravo!).
Lleva prorrogado el Gobierno prácticamente desde que accedió al poder en junio de 2018. En siete años solo ha sido capaz de aprobar tres presupuestos, tres de siete. El señor Sánchez está prorrogado y los presupuestos generales del Estado también, por dos veces. Y en esta prórroga de legislatura no hay mayoría para nada que no sea la amnistía o preparar la secesión, porque no hay Gobierno. No hay Gobierno porque el Gobierno discute entre sí de cada cosa que pasa, y los que no discuten es porque se pasan el día de candidatos autonómicos, pero tal es la cosa, señorías, que casi el hecho de que no haya presupuestos es lo menos trascendental ante la gravedad de la ausencia de un Gobierno que gobierne, dedicado como está 24/7 a sus corrupciones.
Señorías, nada habilita el incumplimiento de la Constitución, nada habilita la rebeldía a la obligación de presentar presupuestos, ni aunque creciéramos el 10 %, igual que ningún pantano ni ningún plan de desarrollo habilitaron la Dictadura. Pero es que tampoco hemos crecido el 10 %; apenas hemos llegado al 3,6 % de crecimiento acumulado entre 2018 y 2024. El Gobierno es y ha sido el peor Gobierno de Europa. No hay mayoría, no hay Gobierno, no hay política económica y en cada situación el Gobierno nos ha llevado a ser los peores. Fuimos los peores en la pandemia, perdimos once puntos de riqueza, 123 000 millones de un plumazo. Los peores. Fuimos los peores en la recuperación, no alcanzamos el PIB prepandemia hasta dos años después. Los peores. En los primeros compases de 2021, mientras nosotros les advertíamos que los efectos de la ruptura en las cadenas de suministro y los cuellos de botella en los mercados tendrían impacto en la inflación, la señora Calviño contestaba que la inflación sería transitoria. Pues bien, entre febrero del año 2021 y septiembre del año 2022 fuimos los peores en el desempeño de los precios energéticos y la inflación de toda Europa. Es decir, señorías, que en cada crisis de las que hemos padecido, el factor diferencial respecto de nuestros socios europeos ha sido el fracaso de las políticas del Gobierno, que han agravado las consecuencias negativas.
Hoy la realidad es la de un crecimiento que no se traslada a las familias ni se redistribuye, porque no son capaces de acordar ninguna política. Un empleo maquillado y, a pesar de ello, la tasa más alta de la Unión; un empleo precario; un mercado laboral exhausto, que languidece con destrucción de 140 000 empleos en el primer trimestre; un infierno fiscal ―porque a eso sí que se han dedicado con ahínco, a freír a impuestos a los españoles― y 140 000 millones más de recaudación, pero unas cuentas públicas dopadas de endeudamiento y un déficit público, cómo no, maquillado también: no son 2,8, son 3,15. Señorías, en estos años de Gobierno de Sánchez, en fin, se ha agrandado la brecha de renta per cápita entre los españoles y la media de la Unión Europea a veintisiete se ha agrandado en más de 15 puntos.
Por tanto, no es que podamos decir que el Gobierno ha servido medianamente, no; el Gobierno ha sido un factor de empeoramiento de la vida de los españoles. No hay presupuestos, no hay orden ni concierto y, lo que es peor, vuelan las mentiras de la propaganda. Un día sale el señor Sánchez diciendo: 16 600 millones para la dana. Van por 577. Otro día sale el señor Sánchez diciendo: 10 400 millones para Defensa o 14 000 millones para los aranceles. Y cuarto y mitad de pollo, podría decir. Pero, mientras tanto, hay que rascarlo todo, rascar 2800 millones para Defensa; acordar, vía enmiendas, créditos extraordinarios con los que seguir endeudando a ADIF y Renfe porque no tenían planificadas inversiones en el momento álgido del caos ferroviario, y créditos extraordinarios para cubrir los impagos, escuchen bien, impagos del Gobierno de España en el descuento de residente a las aerolíneas. Esta es la medida de su incompetencia.
Yo no sé cómo lo verán sus señorías, sobre todo las no sanchistas, que son las que podrían ver algo, pero nosotros vemos que hay que pasar página a este Gobierno, que no es un Gobierno limpio. Hay que pasar página a este Gobierno que dirige la incompetencia. Nosotros, señorías, ambicionamos una política económica que aporte soluciones para el progreso de todos y concierte las políticas laborales con los agentes sociales, no solo para centrar nuestros esfuerzos en el salario mínimo, que también, o en reducciones de jornada, sino para hacer que todos estén en un salario medio de al menos 50 000 euros al año. (Aplausos). Ambicionamos, señorías, una planificación adecuada de nuestras infraestructuras para que funcionen y unos servicios públicos que, en lugar de engordar con enchufados, sirvan a los ciudadanos que los financian. Ambicionamos hacer reformas en el mercado inmobiliario, de acuerdo con las comunidades autónomas, para hacer efectivo el derecho constitucional de acceso a una vivienda digna y no el lujo en el que lo han convertido sus políticas. Ambicionamos una política agraria y pesquera que sirva para sacar del abandono a nuestro sector primario y una política industrial bien financiada, señorías. Ambicionamos, en fin, un país inclusivo que se siente en la mesa con el tercer sector social y diseñe con ellos las políticas que nos permitan mejorar la vida de las personas con discapacidad, dependencia o en situación vulnerable. Esta es la ambición que tenemos para nuestro país, señorías, y sabemos que hoy también es la ambición de una gran mayoría de los españoles. Y nuestra obligación es hacer realidad esa ambición de una España que funcione, esa ambición de una España mejor.
Muchas gracias, señora presidenta. (Aplausos.―Una señora diputada: ¡Muy bien!).