Javier Alfonso Cendón
Muchas gracias, presidenta. Señorías, el Grupo Parlamentario Socialista asume hoy ante esta Cámara la responsabilidad de promover un acto de justicia largamente esperado, y lo hacemos a través de la herramienta más poderosa que ofrece nuestra democracia y que encarna este Parlamento: una proposición de ley. Porque hoy no venimos simplemente a debatir un texto legal, venimos a dignificar trayectorias, a reconocer esfuerzos y a reparar una deuda histórica. Venimos a reconciliar al país con hombres y mujeres que durante décadas ejercieron progresiones liberales reguladas. Nos referimos, sobre todo, a profesionales de la abogacía, de la procura, de la arquitectura o de la medicina, quienes han desarrollado su labor con responsabilidad y vocación de servicio y son parte esencial del funcionamiento de nuestro país. Además, conviene recordar que muchos de estos profesionales estuvieron en la vanguardia de las libertades de nuestro país. El Congreso de la Abogacía celebrado en León en 1970 está en la mejor historia de España: los abogados defendieron las libertades en plena Dictadura y pusieron las bases de nuestro Estado de derecho. Hoy, más de medio siglo después, seguimos avanzando sobre este legado, y con esta iniciativa damos un paso firme para construir una España más justa, más igualitaria y más digna donde vivir. (Aplausos). Señorías, este camino no lo hemos recorrido solos. A lo largo de estos meses, hemos mantenido decenas de reuniones con plataformas de mutualistas, con colegios profesionales, con consejos generales y también con las propias mutuas. Hemos recogido sus demandas, sus preocupaciones, sus propuestas y, sobre todo, sus anhelos de justicia. Hoy, en la tribuna de invitados, nos acompañan muchos de sus representantes. Su presencia aquí no es un gesto simbólico, es la prueba de que esta proposición de ley surge de un trabajo compartido, de una construcción colectiva entre la sociedad civil y las instituciones. En el Grupo Parlamentario Socialista queremos expresarles nuestro más sincero agradecimiento por su perseverancia, por su implicación y por haber defendido con rigor y convicción una causa justa. (Aplausos). Precisamente por eso, señorías, hoy no solo ejercemos nuestra función legislativa, hoy honramos la palabra dada, hoy honramos la confianza depositada en la política como instrumento transformador de la sociedad.
Pero, para entender la trascendencia del paso que hoy damos, debemos recordar de dónde venimos. Durante una parte del siglo XX, en una España aún en construcción social, algunas profesiones liberales se organizaron a través de mutualidades profesionales: sistemas que, bajo esquemas de capitalización colectiva, ofrecían una red básica de protección cuando el Estado no llegaba. Fueron respuestas válidas en su momento, fueron estructuras necesarias en una época de carencias y desigualdades profundas, pero, a medida que España avanzó, a medida que la democracia se consolidó y nuestro estado de bienestar echó raíces, aquellas mutualidades evolucionaron hacia modelos de capitalización colectiva e individual, donde cada cual dependía de sus propias aportaciones y del azar de su vida laboral. Y así, poco a poco, se abrió una brecha; una brecha que separó a quienes disfrutaban de la protección del sistema público frente a los que estaban atrapados en mecanismos alternativos, desprovistos de solidaridad e inseguros frente a la incertidumbre.
No es cuestión de señalar responsables. Las mutualidades cumplieron su papel histórico, pero, hoy, señorías, sabemos que aquel modelo, en su dimensión alternativa al régimen público, está agotado. Sin perjuicio, eso sí, de que estas mutualidades puedan seguir desempeñando funciones verdaderamente propias del mutualismo y aseguramiento privado, porque en el siglo XXI no podemos tolerar que profesionales que han servido a la sociedad durante toda su vida enfrenten su jubilación en condiciones de desigualdad y desprotección. Por eso queremos dejar definitivamente atrás un régimen alternativo, corporativo, fragmentado y nacido en el siglo XX para abrazar plenamente un sistema de protección social universal, solidario y digno, propio de una España moderna, democrática y orgullosa de su gente. Lo hacemos desde la convicción profunda en el valor inmenso de nuestro sistema público de Seguridad Social, un sistema que representa uno de los mayores logros colectivos de nuestra democracia, un sistema que garantiza a millones de personas la seguridad de saber que, ante la enfermedad, la vejez o la adversidad, no estarán solas. (Aplausos). Un sistema basado en la solidaridad entre generaciones, en la justicia social y en la dignidad humana. Porque el sistema público de Seguridad Social no es solo una estructura administrativa, es la expresión viva de los valores que compartimos como país, es el compromiso de todos con todos, es la certeza de que el esfuerzo de cada persona será reconocido, de que su vida laboral tendrá una protección justa, de que nadie quedará abandonado en los momentos de mayor vulnerabilidad.
Hoy, señorías, reafirmamos nuestro compromiso con este pilar esencial de nuestra convivencia; hoy reforzamos su universalidad; hoy ensanchamos su cobertura; hoy honramos su historia y proyectamos su fortaleza hacia el futuro. Y lo hacemos, porque miles de mutualistas perciben pensiones muy inferiores a las mínimas garantizadas por el sistema público. Lo hacemos, porque miles de mutualistas no tienen asegurada la revalorización anual de sus prestaciones. Y lo hacemos, porque miles de mutualistas no disponen de cobertura suficiente ante contingencias graves, como la incapacidad permanente, la viudedad o la orfandad. Y esta situación golpea especialmente a quienes han tenido trayectorias laborales más irregulares, precarias o interrumpidas. Golpea especialmente a las mujeres, porque el sesgo de género se manifiesta en este modelo. En igualdad de condiciones, muchas mujeres han recibido durante años prestaciones inferiores, no solo por trayectorias laborales más discontinuas o condicionadas por cargas que históricamente han recaído sobre ellas, sino también porque se les ha aplicado una mayor esperanza de vida como un factor corrector actuarial, una injusticia silenciosa, pero profundamente estructural. Por eso, esta ley es también una ley feminista, porque luchar contra la desigualdad social es luchar contra la desigualdad de género; porque proteger a quienes han sido más olvidadas es un acto de justicia feminista. (Aplausos). El Partido Socialista ha estado al lado de quienes luchan por sus derechos históricamente. Así lo hicimos bajo el Gobierno del presidente Zapatero, garantizando a los mutualistas alternativos la prestación y la asistencia sanitaria pública. Hoy, bajo el liderazgo del presidente Sánchez, culminamos esa senda. Hoy aseguramos también su protección social plena. Hoy damos un paso más en la construcción de una España que honra el esfuerzo de sus gentes, de sus profesionales.
Por eso, esta proposición de ley establece tres grandes pilares: el fin de la alternatividad obligatoria. A partir del día 1 de enero de 2027, todos los profesionales que inicien su actividad por cuenta propia deberán darse de alta obligatoriamente en el sistema de Seguridad Social. La futura mejora de las condiciones de los mutualistas actuales, tanto en lo que se refiere a la cuota mínima a ingresar como al porcentaje mínimo que recibirán de sus prestaciones, que no podrá ser inferior al 80 % de la pensión mínima; y la creación de una pasarela voluntaria al RETA para que quienes así lo deseen puedan trasladar sus derechos acumulados al sistema público.
Señorías, sabemos que esta transición también requiere rigor, requiere responsabilidad, requiere seguridad jurídica para todas las partes. Por eso, esta proposición de ley incorpora mecanismos de evaluación que permitirán medir su impacto, su desarrollo y su sostenibilidad. Porque cuando los socialistas ampliamos derechos, lo hacemos sin poner en riesgo la estabilidad del sistema, lo hacemos con visión de país, lo hacemos para fortalecer lo que es de todos: nuestra Seguridad Social. Y conviene subrayarlo. Este grupo parlamentario ha sido el primero en dar el paso, el primero en traducir la reivindicación de tantos colectivos que nos acompañan hoy en una propuesta legislativa concreta; el primero en decir que sí hay solución y que esa solución puede y debe construirse desde el compromiso con la justicia social, la responsabilidad institucional y la equidad.
Señorías, venimos con la mano tendida, venimos dispuestos a escuchar, venimos dispuestos a debatir, venimos dispuestos a mejorar y a enriquecer el texto en el trámite parlamentario. Porque esta ley debe ser un acuerdo de país, porque no hay causa más noble que proteger la dignidad del trabajo y de la vida. Y esta ley se fundamenta en valores esenciales para los socialistas: la justicia, porque es de justicia reparar una discriminación histórica para estos profesionales; la dignidad, porque los poderes públicos están obligados constitucionalmente a garantizar pensiones dignas y sostenibles; y la defensa de lo público, ya que a través de un Estado social se incluye a todas y a todos y no se deja a nadie atrás. Y porque, hoy, señorías, cerramos una etapa. Hoy dejamos atrás un modelo gremial y alternativo para avanzar hacia un sistema universal e igualitario. Hoy no miramos hacia otro lado, hoy miramos a los ojos. Miramos a los ojos de quienes durante años confiaron en su país. Miramos a los ojos de quienes trabajaron toda su vida con honestidad, con entrega y con pasión. Miramos a los ojos de quienes tejieron día a día el progreso de España desde sus despachos, desde sus consultas, desde las obras o desde los juzgados. Y, hoy, a quienes durante años cumplieron con su labor, sirvieron a la sociedad desde sus profesiones, les damos una respuesta, una respuesta basada en el reconocimiento, la seguridad jurídica y el compromiso con lo público; una respuesta que busca reparar una desigualdad, reforzar el sistema y garantizar certezas para el futuro.
Señorías, con esta ley damos un paso razonable, necesario y justo. Con esta ley damos un paso que fuerza y refuerza nuestro modelo de Seguridad Social sin romper sus equilibrios. Damos un paso que reconoce trayectorias profesionales muchas veces invisibilizadas. Y lo hacemos con responsabilidad, sin estridencias, desde el diálogo y con consenso. Por eso, señorías, les pido a todos los grupos parlamentarios de esta Cámara que apoyen hoy esta toma en consideración, que dialoguemos y hagamos un texto que haga justicia a tantos profesionales que han hecho tanto por el futuro y por la dignidad de este país.
Muchas gracias. (Aplausos).