Carlos Cuerpo Caballero
GobiernoMinistro de Economía, Comercio y Empresa.Página 46Vídeo
Señorías, muy buenos días o ya, prácticamente, buenas tardes.
Comparezco ante ustedes, como saben, a petición propia para informar, en primer lugar, de la situación actual en el conflicto arancelario abierto por la Administración estadounidense, pero también, por supuesto, para informar del Plan de Respuesta y Relanzamiento Comercial activado por el Gobierno de manera inmediata, apenas doce horas después del anuncio de los aranceles por parte de la Administración americana el miércoles, día 2, a última hora de la noche.
Quisiera empezar con algo de perspectiva recordando, por supuesto, que el comercio internacional es fuente de riqueza y de bienestar. Hablemos de las ganancias del comercio. Las fuentes de esas ganancias son numerosas, desde, por supuesto, el acceso a una mayor variedad de bienes y servicios, también a bienes y servicios de mayor calidad, hasta la mejora en la eficiencia, que surge de la especialización gracias al comercio internacional, y también el aumento del empleo o la apertura a nuevos mercados para nuestras empresas, que les permite crecer, o incluso la generación y distribución de riqueza adicional para alcanzar, en definitiva, mejores resultados para el conjunto de nuestra sociedad. (La señora presidenta ocupa la Presidencia).
Para España, sin ir más lejos, el comercio internacional ha sido una fuente de muy buenas noticias en el pasado, y no hace falta remontarse a un pasado lejano para tener ejemplos tangibles de los beneficios de la apertura económica para España. La entrada en la Unión Europea como democracia plena en los años ochenta supuso el fin del aislamiento y una transformación de nuestro estado del bienestar sin parangón, un aumento de nuestra calidad de vida. Precisamente, en los diez años que siguieron a nuestra integración en la Unión Europea, nuestro PIB per cápita pasó a ser del 70 al 80 % de la media de la Unión. Y hoy somos, gracias a esto, una economía abierta; una economía avanzada; la cuarta economía de la Unión Europea; motor de crecimiento en estos momentos tan inciertos; con una de las mayores esperanzas de vida a nivel mundial; referente, por ejemplo, en energías verdes, y también, como no puede ser de otra manera, en investigación, investigación clínica de medicamentos, por ejemplo, como contribución esencial de España también al bienestar en Europa. Es decir, somos un país del que estar orgullosos.
Nuestras cadenas de valor están fuertemente integradas con las de nuestros socios comerciales; socios que están, en ocasiones, a miles de kilómetros. Dependemos, por lo tanto, unos de otros. Permítanme demostrar o ejemplificar esta dependencia con un caso muy práctico, con un objeto cotidiano que muchos de ustedes usan y que yo llevo ahora mismo: mis gafas. (Las muestra). Este es un producto muy sencillo, como todos ustedes saben. Pueden ser las mías, pueden ser las suyas, pero son unas gafas que con mucha probabilidad pueden haber sido diseñadas en Europa, en España, por ejemplo, en Barcelona. Son gafas cuya montura de acetato ha sido hecha probablemente en Japón; las lentes fabricadas en Francia o Alemania; las varillas procedentes de China, que es un gran exportador en este ámbito; las bisagras probablemente vienen de Suiza y, por ejemplo, las plaquetas nasales puede que procedan de Taiwán. Es un ejemplo sencillo, señorías, pero nos ayuda a visualizar, como he dicho antes, la interdependencia que existe entre las economías del mundo; una interdependencia en el más mínimo detalle.
Esta es la importancia del comercio, de la interconexión entre nuestras economías y las ventajas que supone que estemos más interconectados como, por ejemplo ―c omo ya he señalado―, la variedad de productos a la que tenemos acceso, la calidad de esos productos y el acceso a los productos a menores precios como consumidores. El comercio internacional me permite disponer de este bien muy preciado para mí en estos momentos, como son las gafas, a un precio asequible y además de manera prácticamente inmediata. Además de ello, precisamente la integración de los mercados da lugar a una especialización en la producción. Estamos ajustando el comercio a las ventajas comparativas de cada uno de los países y esto es un factor de desarrollo, un factor de creación de empleo, y se sabe ya desde hace siglos. Además, la evidencia empírica muestra que las empresas exportadoras son capaces de crecer más, evidentemente tienen un mayor potencial en cuanto a acceso al mercado. Las empresas exportadoras crecen más, generan más empleo, son más productivas, en definitiva, son capaces de atraer trabajadores de mayor cualificación y se pueden permitir también mayores salarios. Queda patente, por lo tanto, el beneficio del comercio internacional. De ahí, sin duda, el desconcierto que están generando las decisiones de política comercial por parte de la nueva Administración estadounidense. Son medidas que resultan, a todas luces, injustificadas y arbitrarias.
Déjenme dar algunos ejemplos de mensajes errados que estamos escuchando estos días de manera insistente, pero que son totalmente contrarios a la evidencia empírica y a la racionalidad económica. En primer lugar, parece plantearse una idea equivocada de que lo ideal es mantener una balanza comercial equilibrada con todos nuestros socios comerciales y que el déficit comercial es en sí un síntoma de debilidad, de una injusticia. Sin embargo, este planteamiento, como he dicho antes, no cuenta con un fundamento económico sólido. Como decía antes, un déficit comercial es lo que permite, por ejemplo, a Estados Unidos ser capaz de importar bienes de otros países, hacerlo a menor coste que si tuviera que producirlo él mismo y, además, fomentar que ese tercer país pueda adquirir, a su vez, productos estadounidenses. No perdamos de vista que no estamos hablando solo de comercio de bienes o mercancías cuando hablamos del comercio bilateral, tenemos que considerar también la balanza de servicios. En este caso, Estados Unidos, por ejemplo, con respecto a la Unión Europea, tiene un superávit en materia de servicios, y también sucede con muchos de sus socios comerciales. ¿Esto qué le permite a Estados Unidos? Pues exportar, por ejemplo, soluciones en materia de software informático, educación, servicios financieros y también elementos culturales importantísimos, entre otros muchos aspectos.
Los mal llamados aranceles recíprocos que está diseñando la Administración americana constituyen en este contexto, como he dicho, claramente una medida arbitraria e injustificada. Estos aranceles horizontales, que tienen un suelo del 10 %, como saben, y sobre los cuales se han impuesto recargos adicionales ―e n el caso de la Unión Europea, otro 10 %, otros 10 puntos porcentuales―, no guardan ninguna relación con aranceles existentes o preexistentes ni con barreras arancelarias que puedan estar aplicándose en el resto del mundo. Y déjenme citar tres ejemplos de por qué estas medidas son totalmente arbitrarias.
Tomemos, en primer lugar, el caso de la Unión Europea. La Unión Europea ahora mismo tiene un arancel medio con respecto a Estados Unidos del 5,1 % —estos son datos de la OMC, de la Organización Mundial del Comercio—; esto es sin ponerle peso, sin ponderar las exportaciones específicas de cada uno de los bienes. Si tuviéramos en cuenta qué importamos de Estados Unidos de cada uno de los bienes y qué arancel se le impone a cada uno de esos bienes que importamos, los aranceles que estamos poniendo a Estados Unidos bajarían hasta el 1,2 %; ese es el arancel efectivo que está imponiendo ahora mismo la Unión Europea a los productos estadounidenses. Por lo tanto, queda claro que, frente a este 1,2 % que acabo de citar, los aranceles impuestos por Estados Unidos, que son de manera generalizada de un 20 % y pueden llegar al 25 % en algunos productos como automóvil o puede que pronto también productos farmacéuticos —si nos atenemos a las declaraciones del presidente estadounidense de anoche mismo—, quedan totalmente remarcados en este contexto, en el cual nosotros simplemente estamos poniendo un arancel promedio del 1,2 %. No se basa este arancel del 20 % en ningún análisis ni responde, como decía, a racionalidad económica. Es totalmente arbitrario y se ancla en esta premisa errónea que acabamos de comentar de que todo déficit comercial es malo.
Otro ejemplo, más allá de la Unión Europea, Singapur. Singapur aplica un arancel cero a las importaciones estadounidenses. Sin embargo, Singapur tiene un déficit comercial con respecto a Estados Unidos. Pero no por ello ha conseguido evitar que Estados Unidos le imponga un arancel del 10 %, esta tarifa plana mínima. Desde luego, esto es ilustrativo de lo poco racionales que están siendo estos aranceles frente a un país que le impone un arancel cero a Estados Unidos y que, además, tiene déficit comercial con respecto a ellos.
Y el último ejemplo que quiero dar es quizá el más ilustrativo de todos. Estoy hablando de Lesoto, un país del África meridional. Este país tiene una renta per cápita alrededor del 1 % de la renta per cápita estadounidense. Exporta muy poco a Estados Unidos, en torno a los 230 millones de dólares, mayoritariamente textiles y diamantes. Estas son las exportaciones de Lesoto a Estados Unidos. Además, puesto que tiene un muy bajo poder de compra, apenas importa bienes de Estados Unidos. Por lo tanto, tiene un desequilibrio comercial, un superávit comercial con respecto a Estados Unidos. Coherente con su aproximación, que como decía, es totalmente injustificada, Estados Unidos le ha impuesto el arancel más alto de toda la lista a Lesoto, un 50 %. Estamos, por lo tanto, viendo la irracionalidad de esta medida, lo injusto en este caso, pero, además, lo arbitrario de estos aranceles. Porque en este caso queda muy claro que Estados Unidos no va a conseguir ninguno de los dos objetivos que están poniendo sobre la mesa: ni aumentar la recaudación, puesto que no habrá unas mayores importaciones ni a un mayor precio, ni por supuesto relocalizar producción en Estados Unidos, puesto que las minas de diamante es difícil que vayan a moverse desde Lesoto a Estados Unidos.
En definitiva, señorías, no son aranceles recíprocos ni son aranceles que queden justificados por la racionalidad económica. Y son aranceles, por otra parte, que entran en vigor en su totalidad hoy, día 9.
La siguiente pregunta es qué cabe esperar de la entrada en vigor de estos aranceles, de esta política norteamericana. Si nos atenemos a la evidencia empírica, además de la teoría económica, lo que cabe esperar es un impacto económico negativo. Miremos la evidencia empírica, qué ha pasado en episodios anteriores. Por irnos al episodio quizá más similar, nos tenemos que remontar a hace cien años. A comienzos de los años treinta se aprobaron medidas proteccionistas en muchos países; entre ellas, la ley Smoot-Hawley en Estados Unidos. Esta ley, como decía, es quizá el antecedente más apropiado para la situación en la que estamos hoy día. ¿Qué supusieron estas medidas? ¿Qué impacto tuvieron? Es muy sencillo, lo que hicieron es acelerar y profundizar el impacto de la Gran Depresión. Este es el impacto que tuvieron estas medidas, que además supusieron una escalada proteccionista por parte del resto de los países. Se conocieron como medidas de empobrecimiento del vecino. Esta es la realidad de lo que sucedió hace en torno a un siglo. El comercio internacional entre 1929 y 1934 se redujo de manera drástica más de un 60 %. Las ganancias del comercio, cuando entramos en un mundo fragmentado, en un mundo proteccionista, encerrado en sí mismo, se transforman en las pérdidas de los aranceles. Esta experiencia es algo que están recordando de manera reiterada economistas renombrados, desde Paul Krugman, Larry Summers, Olivier Blanchard, o incluso un economista experto en materia de comercio internacional español, como es Pol Antràs. Todos ellos tildan de error histórico estas medidas puestas sobre la mesa por la Administración americana.
Como cabría anticipar, una vez visto lo que ha sucedido en episodios anteriores, podemos ver que la reacción de los mercados también anticipa un coste económico a nivel global. Hemos asistido en los últimos días, desde el jueves pasado, a ajustes muy significativos en los mercados de todo el mundo, que confirman también esa valoración negativa que están haciendo del impacto esperable de las medidas adoptadas por la Administración americana. Por citar algunos, por ejemplo, la caída del Standard &Poor’s500, que ya se venía observando, pero que desde el jueves ha caído más de un 10 %. De hecho, a pesar del respiro que tuvimos el lunes, ayer volvió a caer cerca de un 2 %. Este comportamiento se ha extendido a las bolsas europeas también en los últimos días, que estaban en una situación alcista desde principios de año —la Bolsa española se mantiene con ganancias elevadas todavía desde principios de año—, que también están sufriendo este ajuste en los últimos días, particularmente el jueves y viernes pasados. Y, después de un cierto respiro el lunes, están volviendo a escenarios negativos; hoy, sin ir más lejos, han vuelto a abrir en rojo.
Si miramos, además, qué es lo que está sucediendo ya, cuál es el impacto que están teniendo estas medidas, incluso antes de ponerse en marcha, este impacto procede del incremento en la incertidumbre. La incertidumbre es uno de los mayores males que tiene la economía. La volatilidad y la incertidumbre están alcanzando niveles similares en Estados Unidos, por ejemplo, a los que se alcanzaron durante la COVID. Este es el shock que está sufriendo ahora mismo la economía americana en términos de incertidumbre. Y digo sobre todo la economía americana porque el primer afectado por las propias medidas que están poniendo sobre la mesa sus autoridades está siendo Estados Unidos. Tenemos analistas y académicos que ya anticipan un mayor riesgo de recesión, por ejemplo, JP Morgan, y un mayor desempleo en Estados Unidos. El antiguo secretario del Tesoro Larry Summers prevé una destrucción que puede llegar hasta los dos millones de puestos de trabajo en Estados Unidos en caso de no deshacer estas medidas.
Por lo tanto, pese a las muchas incógnitas que todavía permanecen en este nuevo escenario, parece claro que este cambio de rumbo en la política comercial de Estados Unidos conlleva un coste y que ese coste será especialmente acusado para ellos, para la economía americana, pero va a afectar a todos y con particular dureza a los países más vulnerables. Estamos, por lo tanto, hoy, con respecto a donde estábamos la semana pasada, en un mundo más fragmentado, más empobrecido y menos seguro. Esta es la realidad. La magnitud y la incertidumbre en torno al impacto de las medidas adoptadas conlleva, por supuesto, enormes dificultades a la hora de estimar el impacto que prevemos, a la hora de estimar cuál va a ser el efecto sobre nuestras economías y, por lo tanto, a la hora de diseñar las medidas necesarias para minimizar ese efecto negativo. Quedan todavía muchas incógnitas por despejar. Aparte de la exposición directa, que es un elemento claro de riesgo y de posible contagio negativo de estas medidas, tenemos efectos adicionales a considerar. Por supuesto, la exposición indirecta, es decir, los efectos que proceden de esta integración de las cadenas de valor que señalaba anteriormente. Se suman estos efectos indirectos, por supuesto, al impacto de variaciones, por ejemplo, en tipos de cambio, a qué va a pasar —y, por lo tanto, a la incertidumbre— en torno a la evolución de los tipos de interés o incluso la redistribución de los flujos comerciales, posibles elementos asociados, por ejemplo, a desviación de comercio desde el mercado americano al resto de mercados que sigan abiertos.
Además, más allá de los intercambios de bienes, hay que tener en cuenta que estos efectos de segunda ronda, estos efectos indirectos, también pueden afectar a sectores adicionales. Por ejemplo, a un sector importantísimo para la economía española, como es el sector del turismo, que además es un sector clave para alguna de nuestras regiones, como pueden ser nuestras islas.
Por último, desde luego, falta por conocer, como último elemento de incertidumbre, el desarrollo de la respuesta de los países afectados por los aranceles americanos, incluidas, por supuesto, tanto la posible negociación o los posibles acuerdos a los que puedan llegar, como contramedidas, como estamos viendo en algún caso importante, como es el caso chino. Falta también por conocer cuál va a ser el ajuste, la respuesta de las empresas, tanto en materia, por supuesto, de decisiones de inversión, como en materia también de traslación de estos costes a precios. Falta por conocer también la respuesta de los consumidores en sus decisiones del día a día y cómo nos iremos todos adaptando a este nuevo contexto.
Como decía, en la respuesta de los países afectados tenemos un ejemplo claro de contramedidas que ya han sido puestas sobre la mesa, y es el caso de China, que han sido los primeros y los más contundentes en su represalia, con aranceles de entre un 10 y un 49 % a diversos productos estadounidenses, controles a la exportación o incluso suspensiones de importaciones de algunos productos agrícolas. Frente a esto, tuvimos la noticia ayer de que Estados Unidos confirmaba la amenaza de aumentar un 50 % adicional, cincuenta puntos adicionales, sus aranceles a China, teniéndolos ya por encima del 100 %. En definitiva, hemos entrado en este caso ya en una escalada de medidas arancelarias entre las dos mayores economías mundiales, un elemento adicional de empobrecimiento para todos.
¿Cuál debe ser, por lo tanto, la respuesta que pongamos sobre la mesa ante este escenario tan complejo? Esta enorme incertidumbre lo que nos lleva es a tener claros dos elementos. El primero de ellos es que debemos tener un seguimiento continuo de la situación. Es una situación que va a evolucionar en las próximas semanas, en los próximos meses y, por lo tanto, hay que tener también una dosis adicional de prudencia. El segundo elemento, más allá del seguimiento continuo, es la necesidad de ir adecuando nuestra respuesta a la evolución de las necesidades y hacerlo, por supuesto —y este es otro punto que señalaré posteriormente— con diálogo con todos los actores involucrados. Esta es la mano tendida que estamos teniendo desde el primer día con los agentes sociales, pero también con todos los grupos parlamentarios y, desde mañana mismo, con las comunidades autónomas con la convocatoria de la conferencia sectorial para este tema; y desde el primer día, como se pueden imaginar, con los sectores y empresas potencialmente afectados.
Pero déjenme trasladar una buena noticia. La buena noticia es que estamos preparados, y esto tiene que ser un mensaje de confianza clara en un momento de tanta incertidumbre como este. Podemos beber de la experiencia que hemos ido desarrollando en la respuesta a diferentes crisis durante estos años. Nos ha servido, desde luego, para salir reforzados de lo que han sido, por desgracia, hitos históricos en los últimos cinco o seis años. Hemos tenido que enfrentar entre todos la peor pandemia de los últimos cien años; estamos enfrentando una guerra a las puertas de Europa, algo que era totalmente desconocido en los últimos treinta años; una crisis inflacionaria que nos llevó a una aceleración de precios por encima de los dos dígitos, algo que no habíamos visto en España desde principios de los años ochenta, e incluso la dana, como elemento más reciente, que ha azotado nuestro país, en concreto, sobre todo, la comunidad valenciana, a finales del año pasado; uno de los peores desastres naturales de los últimos ciento veinte años. Como decía, todos estos acontecimientos nos han enseñado a articular una respuesta rápida y que consigue dar frutos. Lo hemos hecho siempre yendo de la mano de la Unión Europea. Al final me detendré en este aspecto que es fundamental. Se trata de estrategias de salida de crisis que nos han permitido no solo amortiguar el impacto de estos shocks y evitar que existan cicatrices estructurales, sino también salir reforzados de estas crisis. Un ejemplo claro lo tenemos en el uso de los ERTE. Según un análisis de la OCDE, por cada trabajador que se ayudó durante la pandemia mediante un ERTE se salvaron casi dos puestos de trabajo, entre uno y dos puestos de trabajo. Esto es un ejemplo claro de cómo no solo estas medidas han ayudado a proteger el tejido productivo, en este caso el empleo y los trabajadores, sino que además han contribuido a salir reforzados. Tenemos el ejemplo claro en el caso español, con cifras históricas en términos de mercado de trabajo, ese empeño extraordinario que vemos día a día en los datos de afiliación, incluso habiendo tenido que enfrentar estas crisis que acabo de mencionar.
Esta experiencia, precisamente, de respuesta ante crisis que hemos tenido que vivir en los últimos años es lo que nos ha permitido reaccionar con tanta celeridad en este caso del conflicto arancelario. Quiero señalar, como he dicho antes, que en apenas doce horas España ya había puesto sobre la mesa un plan de respuesta y relanzamiento al conflicto comercial, un plan que presentó el propio presidente del Gobierno el jueves por la mañana, como decía, apenas doce horas después del anuncio del presidente estadounidense de las medidas arancelarias generales para el conjunto de la economía mundial. Un plan con medidas específicas, movilizando todos los instrumentos financieros y comerciales a nuestra disposición por un valor inicial por encima de los 14 000 millones de euros. Frente a la incertidumbre y al impacto negativo de los aranceles, el objetivo del plan es muy claro: ofrecer certeza, ofrecer confianza y un mensaje de apoyo a los ciudadanos, a las empresas y a los trabajadores que puedan verse afectados, que sepan que van a seguir pudiendo contar con nosotros también al enfrentar esta situación tan difícil, tan compleja e incierta.
Paso a detallar el plan, porque creo que es importante que los ciudadanos entiendan no solo el contexto, sino cómo estamos respondiendo en efecto a esta situación. Como he dicho anteriormente, el plan despliega todos los instrumentos financieros y comerciales que tenemos a nuestra disposición y lo hace en torno a dos ejes principales de actuación. Uno más de corto plazo y otro, como decía, pensando en el relanzamiento, en el medio y largo plazo. El de corto plazo, el eje inicial, es una red de protección preventiva y de ayuda inmediata al tejido productivo. En este caso ponemos sobre la mesa una línea de avales ICO de 5000 millones que aprobamos ayer mediante real decreto ley en el Consejo de ministros. Esta línea lo que busca es favorecer precisamente el acceso a financiación de manera rápida, instantánea, previendo o intentando evitar posibles necesidades de circulante o incluso ayudando a realizar los proyectos de inversión que sean necesarios por una empresa para permitir mantener su actividad económica incluso en este contexto de potencial bajada de pedidos por parte de la economía o de sus clientes estadounidenses. Hablaba antes también de la experiencia que nos ha aportado la crisis reciente, y más allá de esta línea de avales lo que vamos a poner en marcha en esta red de protección inmediata es una línea ICO adicional de 1000 millones de financiación intermediada; además, capacidad de financiación por 200 millones también para la inversión productiva, la reconversión productiva desde el Ministerio de Industria, el Fondo de Apoyo a la Inversión Industrial Productiva, y también un elemento de demanda para uno de los sectores potencialmente más afectados, como es el sector del automóvil, a través de la aprobación de los 400 millones de euros del Plan MOVES III de incentivos a la adquisición de vehículos eléctricos. Por lo tanto, como decía, aprovechamos la experiencia que tenemos en cuanto a los instrumentos que nos han funcionado en crisis anteriores para desplegarlos lo más rápido posible, poniendo a disposición de las empresas afectadas esta red de protección preventiva. Por supuesto, contamos también, y así lo anunció el presidente del Gobierno, con la seguridad que nos aporta nuestro mecanismo RED, el que nació del éxito de los ERTE en pandemia. Este mecanismo se podrá activar para, por supuesto, aliviar a aquellos sectores más expuestos y favorecer el mantenimiento del empleo, y a la vez promover la cualificación en respuesta a esas necesidades cambiantes de los sectores afectados.
Sabemos, señorías, por experiencia, que la reacción inmediata es clave. Si queremos minimizar el impacto a medio o largo plazo, si queremos evitar esas cicatrices, tenemos que responder de manera inmediata. Con la puesta a disposición de esta liquidez para las empresas, lo que queremos hacer es precisamente eso, responder de manera inmediata. Porque si una empresa no puede acceder cuando más lo necesita a liquidez para compensar esas caídas de su circulante, puede acabar provocando, por ejemplo, una reacción en cadena en sus proveedores, en sus clientes, y transformar un problema que inicialmente era de liquidez en un problema más serio, más de largo plazo, un problema de solvencia que es más difícil de corregir y que supone una cicatriz en nuestro tejido productivo.
El segundo eje, como decía, es un eje de mirada larga, de luces largas, un eje de medio plazo, con el que, además de reforzar a través de esta red de carácter preventivo, lo que queremos es fomentar la modernización de nuestro tejido productivo, impulsando la proyección internacional de nuestras empresas.
Este es el elemento fundamental de esta segunda capa. Contamos ya con mimbres también en este ámbito que sabemos que funcionan y que nos permiten afrontar este reto con garantías. De hecho, lo que vamos a hacer es, por ejemplo, entre otras medidas, reorientar 5000 millones de los instrumentos financieros del plan de recuperación, diseñados en esta segunda fase para atender las necesidades de los sectores más expuestos. La capacidad transformadora del plan de recuperación es innegable, lo estamos viendo en el día a día de nuestra economía. De hecho, nuestras estimaciones señalan que el impacto del plan de recuperación en términos de nivel de PIB, de producto interior bruto, estaría ya por encima de los 2,6 puntos y se acercaría a finales de esta década a los 3,4 puntos porcentuales. Esto es esencial, como decía, para aumentar nuestro crecimiento potencial y, por lo tanto, también la sostenibilidad hacia adelante de nuestro modelo de nuestro estado de bienestar. De hecho, justo esta mañana, permítanme señalarles, hemos publicado una actualización de los datos de ejecución del Plan de recuperación a 31 de marzo, y los datos de ejecución de las transferencias de esa primera fase del plan alcanzan ya los 49 500 millones de euros asignados a beneficiarios finales, proyectos empresariales con nombres y apellidos.
Todos sabemos que el plan, más allá de estas grandes cifras de ejecución, es una transformación de nuestro tejido productivo a nivel más granular. Estamos hablando de casi 600 000 pymes beneficiarias del Kit Digital, más de 7700 municipios donde ha llegado la banda ancha de muy alta velocidad, 851 equipos de alta tecnología hospitalaria, más de 190 000 mujeres de zonas rurales o deprimidas formadas gracias al plan de alfabetización digital; es decir, es una transformación continua de nuestro tejido productivo y social. El plan es una transformación real, es una historia de éxito de nuestra economía y también ponemos sus instrumentos al servicio de la respuesta al shock arancelario. Pero también tenemos instrumentos adicionales en esta segunda pata. Ayer, en el real decreto ley que aprobamos en el Consejo de Ministros, se amplió la potencia de fuego de uno de nuestros instrumentos de internacionalización más importantes: el seguro de crédito a la exportación, CESCE en este caso, para poder dedicar 2000 millones más, precisamente, a la capacidad de internacionalización de nuestras empresas y, por lo tanto, a reducir ese riesgo que tienen debido a la exposición al mercado estadounidense.
Estos instrumentos, además, se van a completar con un plan de internacionalización de ICEX. Queremos que este plan proporcione ayuda personalizada, acompañamiento personalizado a aquellas empresas que puedan verse más afectadas. Tanto aquellas empresas que opten por mantenerse en el mercado estadounidense como aquellas que vayan buscando mercados alternativos van a recibir servicios y asesoramiento personalizado, análisis de mercado, soluciones ajustadas a sus necesidades concretas; en definitiva, será un tratamiento integral que permita, precisamente, que estén preparadas para lo que viene. La visión de empresa aterrizada es fundamental. Tenemos que llegar a ellas. Cuando miramos los datos de exportaciones a Estados Unidos o de exposición, vemos que en torno a 500 empresas representan el 77 % del total de las exportaciones a Estados Unidos. Tenemos que conseguir llegar a ellas y a todas aquellas que puedan verse afectadas.
En definitiva, como decía, además de ese primer eje de la red de apoyo, este segundo eje de actuación permite invertir precisamente y exportar. Estos son los dos ejes de crecimiento: inversión y exportación. Uno de los efectos, desde luego, del Plan de recuperación ha sido aumentar la competitividad de nuestras empresas, la capacidad de competir a nivel internacional. Algo que se puede ver, por ejemplo, en cómo ha ido ganando peso nuestro sector de servicios no turísticos, que exporta hoy día más que el sector turístico. Exportamos en servicios no turísticos, que son de mayor valor añadido, servicios a empresas, 100 000 millones, por encima de lo que exportamos en servicios turísticos, incluso en un año récord para el turismo como fue 2024 cuando se exportaron en torno a los 94 000 millones.
Señorías, es un plan de respuestas inmediato, con más de 14 000 millones movilizados, pero sin duda ―y este es un elemento esencial de este plan― es que consiste en una primera capa del plan que vamos a seguir desarrollando entre todos. El carácter abierto de este plan es otro elemento fundamental. Como he dicho antes, sabemos y somos conscientes de que las circunstancias van a ir evolucionando a lo largo de las próximas semanas y de los próximos meses, y tenemos que ser capaces, precisamente, de diseñar este plan conforme vayamos viendo las necesidades que van surgiendo. Y, además, otro elemento esencial es que las necesidades y la afectación cambian de empresa a empresa en función de esa exposición al mercado estadounidense que tenga cada una de ellas. Cambia también, por supuesto, a nivel sectorial, en función de lo abierto, de lo expuesto a Estados Unidos que esté cada sector. Y van a cambiar también de territorio a territorio, en función de la exposición que tenga la actividad económica de cada comunidad autónoma a la economía estadounidense. De hecho, lo que queda garantizado en el real decreto ley, en la respuesta que hemos dado, es que el acceso a todas estas medidas que ponemos sobre la mesa va a estar garantizado con un criterio no arbitrario, con un criterio precisamente que tenga en cuenta este grado de exposición al shock que viene, el grado de exposición a las exportaciones a Estados Unidos. Esto queda totalmente garantizado en el real decreto ley que se publica hoy y que se aprobó ayer. Lo que estamos haciendo es dar una respuesta a las empresas que más lo necesiten, que sean capaces de tirar de estas ayudas y poder compensar ese potencial efecto negativo. Además, conforme se vayan utilizando estos instrumentos, los iremos aumentando y los iremos rellenando para que ninguna empresa que lo necesite se quede sin esta capacidad de acceso a esta red de protección de instrumentos financieros y comerciales. No habrá competencia entre empresas para el acceso a estas medidas.
Quiero transmitir, como he dicho anteriormente, que este plan es un punto de partida. Es una herramienta abierta al diálogo con todos, con agentes sociales, abierta al diálogo con los grupos parlamentarios ―hemos estado hablando en numerosas ocasiones a lo largo de los últimos días―, diálogo con las comunidades autónomas ―m añana mismo tenemos la reunión con todas ellas―, diálogo con las empresas y diálogo con los sectores. Entre todos tenemos que ir completando este diagnóstico, que tiene que ser pormenorizado. Para eso, necesitaremos precisamente este contacto detallado, por ejemplo, con los territorios, que son muchas veces conscientes de la realidad económica y, por lo tanto, pueden aportar también y ayudar a las propias empresas a que tengan el acceso más rápido posible a estos instrumentos que ponemos sobre la mesa, contribuyendo, como decía, entre todos a diseñar este plan, que tiene que ser un plan que suponga la respuesta que necesitamos.
Este plan, además, es un complemento a un esfuerzo más amplio que tiene que venir de Europa. Esta es la segunda buena noticia. Y es que no estamos solos, ni mucho menos. Contamos con el enorme activo que supone formar parte de la Unión Europea. Poder actuar de la mano de los Veintisiete, de la Comisión Europea, en una unión que debe ser nuestro principal activo, nuestro principal motor en estos momentos, para que seamos capaces de influir y de proteger los intereses de nuestros ciudadanos y de nuestras empresas. Imaginemos por un momento cuál sería la situación a la que nos enfrentaríamos de no formar parte de la Unión Europea hoy en día. Ante una subida de aranceles como la que se está produciendo por parte de Estados Unidos, los efectos serían devastadores para una economía pequeña y abierta como es la española. Por suerte y por el acierto también, por supuesto, de una visión de proyecto conjunto, existe la Unión Europea, con la que podemos defendernos como iguales, sentarnos a cualquier mesa de negociación, sabiendo que tenemos las herramientas para llegar a un acuerdo justo y equilibrado.
En ese sentido, como Unión Europea, estamos demostrando prudencia y racionalidad, apostando por la negociación sincera y constructiva para evitar una guerra arancelaria que sabemos que no favorece a nadie. Día a día pasan el Atlántico bienes y servicios por valor de 4400 millones de euros. Este es el tesoro que tenemos que proteger y por eso seguimos apostando, como decía, por una negociación que llegue a un acuerdo justo entre la Unión Europea y Estados Unidos. Pero esta apuesta, por supuesto, la hacemos sin caer en la ingenuidad. Contamos con las herramientas necesarias para articular una respuesta contundente en caso de que sea necesario. Y lo haremos, eso sí, siempre de manera proporcionada y justificada, dejando tendida la mano y abierta la puerta a una negociación.
Este mismo lunes, en la reunión de los ministros de Comercio de la Unión Europea en Luxemburgo, pude comprobar el respaldo unánime de los Veintisiete a este enfoque pragmático que está liderando la Comisión Europea en sus negociaciones con Estados Unidos. Y también, como decía, la apuesta muy clara de todos por nuestro principal activo, la unidad y la coordinación también en la respuesta. Es cierto que la Unión Europea puede y debe hacer más en estos momentos. Tiene que demostrar su cercanía y la capacidad de respuesta a las necesidades de empresas y ciudadanos. Es el momento de actuar por parte de la Unión. De hecho, esa es precisamente la motivación de nuestra propuesta a nivel europeo de crear un fondo para acompañar al tejido productivo más afectado por el conflicto comercial. Este fondo europeo podría dotarse, por ejemplo, con los ingresos arancelarios que se recauden de las posibles medidas que se le impongan desde la Unión Europea a productos estadounidenses. Esto, desde luego, sería una forma muy directa de que nuestros ciudadanos pudieran ver de primera mano cómo Europa les protege y Europa está compensando precisamente el impacto de estas medidas, como decía, totalmente injustificadas y arbitrarias por parte de Estados Unidos.
Es un momento, señorías, de quiebra de confianza en las instituciones por parte de muchos ciudadanos. Es más importante que nunca, por lo tanto, contribuir precisamente a paliar esta desafección y lanzar un mensaje contundente de que la Unión Europea también va a ser parte de esta red de apoyo y que vela por que no se deje a nadie atrás en este conflicto, que vela por evitar, al igual que hacemos desde España, que este conflicto deje cicatrices.
Y, más allá de la reacción a los aranceles, Europa tiene que adoptar una actitud proactiva que permita reforzar nuestra autonomía estratégica. Y aquí España está siendo, de nuevo, una voz dinámica y significativa en esta discusión en Europa. Hay que avanzar, en primer lugar, en la hoja de ruta que permita reducir la fragmentación que todavía existe entre los veintisiete mercados de la Unión Europea. Tenemos que permitir el máximo aprovechamiento de nuestro mercado interior. Desde luego, esta es una de las medidas que más potencial tiene a futuro. No olvidemos que estamos hablando de un mercado interior que alcanza a los 450 millones de consumidores. Este es el potencial que tenemos a nuestra mano. De hecho, el propio Fondo Monetario Internacional señala que la eliminación de barreras entre Estados miembros, entre los Veintisiete, tendría un efecto equivalente a la reducción de un 45 % de aranceles para el comercio de mercancías y más del 100 % en el caso del comercio de servicios. Este es el tesoro que tenemos al alcance de nuestra mano, si somos capaces de avanzar en esa integración del mercado interior.
Uno de los elementos clave de la integración del mercado interior es la unión de los mercados de capitales o, como ahora la conocemos, la Unión de Ahorros e Inversiones. El Banco Central Europeo calcula que avanzar, precisamente, en un mercado interior integrado de capitales podría liberar 350 000 millones de euros al año, en términos de ahorro de los ciudadanos, para invertir en proyectos de inversión real y productiva en la Unión Europea. Invertir en proyectos innovadores que permitan impulsar el crecimiento, como decíamos antes, de nuestras empresas y, por lo tanto, nuestra productividad y nuestra capacidad de seguir atrayendo talento y mejorar el día a día de los trabajadores.
Por eso, desde España, estamos siendo activos, contribuyendo decisivamente a estos avances. Hemos liderado con el Laboratorio Europeo de Competitividad, a propuesta de España, el establecimiento de un marco para favorecer la toma de decisiones ágiles. No hay mayor frustración que tener las recetas para poder salir adelante y no ser capaces de llevarlas a cabo. Por lo tanto, nosotros hemos propuesto, con el apoyo de los principales países de la Unión, un nuevo marco que permite tomar las decisiones de manera ágil, innovar e integrar la Unión Europea, donde los países que queramos avanzar podamos hacerlo, podamos aliarnos en ese esfuerzo y ver los frutos desde el día uno.
Otro de los ámbitos esenciales para profundizar dentro del mercado interior es el de la simplificación y armonización normativa. Muchas de las cargas administrativas que lastran nuestra actividad tienen su origen no solo en la regulación, sino en su deficiente implementación. Por lo tanto, aquí, el esfuerzo tiene que ser continuado para mejorar el marco regulatorio, usando todas las herramientas disponibles ―por supuesto, las tecnológicas―, pero también coordinando entre las distintas administraciones que tienen responsabilidades o competencias. Y eso es lo que estamos haciendo en España, estamos coordinando, a través del Régimen 20, entre todas las administraciones ―locales, comunidades autónomas y Estado― para dar respuesta a esta fragmentación que tenemos todavía en el mercado interior, también en España. Estas diecisiete comunidades autónomas y las dos ciudades autónomas están contribuyendo a hacer de España un país más integrado y, por lo tanto, avanzar también en ese impulso positivo para la productividad de nuestras empresas. Tenemos que ser capaces de conseguir todos estos objetivos de reducción de cargas administrativas o simplificación de estas barreras sin dejar de lado algunos de los objetivos que siguen siendo claves para nosotros como es, por ejemplo, el objetivo de sostenibilidad. Cumplir con nuestro objetivo de sostenibilidad, cumplir con el Pacto Verde, no es un obstáculo para poder avanzar en la reducción de cargas a nuestras empresas y administraciones. Los dos elementos son compatibles y en eso es en lo que vamos a estar también en los próximos años en la Unión.
Decía que la tarea de la Unión, por supuesto, tiene un elemento de mirada hacia adentro. Tenemos muchos deberes para conseguir este mercado interior, pero también tiene un elemento de mirada hacia afuera. Tenemos que reforzar lazos comerciales con socios estratégicos. Si recuerdan, el pasado jueves, apenas unas horas después del anuncio de las medidas por parte del presidente estadounidense, ya de madrugada, la presidenta de la Comisión Europea, UrsulavonderLeyen, hizo unas primeras declaraciones en las que aseguró que la Unión estaría a la altura del desafío y también mostró nuestra mano tendida a Estados Unidos. Pero lo que quiero reflejar aquí es que estas declaraciones las hizo desde Samarcanda, en Uzbekistán, donde se encontraba con ocasión de una cumbre entre Europa y Asia central. Y lo que quiero es que nos fijemos en el valor simbólico de esta coincidencia: Samarcanda era una de las etapas claves de una principal ruta comercial que durante mil años unió Oriente y Europa, la Ruta de la Seda. Volvemos, por lo tanto, a la importancia de tejer lazos, de tejer alianzas con nuestros socios. El libre comercio es consustancial al propio origen de la Unión y está en nuestro ADN. Tenemos que avanzar, como antaño, en reforzar nuestras alianzas con países que pueden ir desde India a Canadá o, por supuesto, Mercosur. Déjenme dedicar unos segundos a este último.
Desde España, llevamos años defendiendo el acuerdo al que al final se consiguió llegar con Mercosur y ahora estamos empujando para tener una rápida ratificación de este acuerdo. Estamos hablando de la consolidación de un mercado de más de 750 millones de consumidores, en el que España, además, tendrá un papel particularmente importante, relevante, que jugar como puente entre los dos continentes.
En definitiva, señorías, es un momento para que la Unión demuestre unidad, demuestre que continúa siendo un socio confiable, que el mundo conoce y aprecia y que lo haga manteniendo, desde luego, los valores que nos caracterizan: nuestro carácter abierto, nuestro carácter social y nuestro carácter sostenible. Tenemos que apostar por los valores verdes, sociales y multilaterales. Esa es la realidad de la Unión Europea y, también, la nuestra. Son los valores que mejor nos caracterizan y aún más en esta situación que es particularmente convulsa.
Voy cerrando ya, señorías, la primera de la que, probablemente, será una serie de comparecencias que tendrán lugar más adelante, porque ya saben que en el real decreto ley me he comprometido a volver con carácter trimestral para desarrollar de manera abierta y transparente este intercambio continuo de situación actual y, por lo tanto, de análisis también de la respuesta que vayamos dando.
Cierro con algunos mensajes que quiero recordar y que he reflejado en mi intervención: mensaje de confianza, mensaje de diálogo abierto y mensaje de apoyo a nuestros trabajadores, empresas y ciudadanos que puedan verse afectados por la situación actual. Creemos firmemente que esos tres elementos son la clave para la respuesta que tenemos que dar entre todos a este enorme reto que tenemos por delante.
Permítanme una última reflexión: estamos en un mundo de contrastes; contrastes entre modelos económicos y sociales. Nosotros queremos un modelo en el que prime la unidad en la respuesta, en el que prime la búsqueda de consensos sobre la base de reglas comunes, por supuesto, y en el que prime la solidaridad. Frente a este modelo, hay otro modelo que se está proponiendo, que es un modelo de la arbitrariedad de las decisiones y del sálvese quien pueda. Nosotros no podemos permitir que se impongan las condiciones de este segundo modelo. Tenemos que apostar por el nuestro, porque, además, se están poniendo ya en entredicho algunas de las políticas esenciales con las que llevamos avanzando como europeos en los últimos años, como la igualdad de género o la importancia de la transición ecológica. Ahora, más que nunca, tenemos que ser capaces de construir sobre nuestra experiencia y mostrar esa capacidad de adaptarnos a entornos cambiantes, complejos, distintos. El cambio en sí no tiene por qué ser malo. Sabemos que el modelo internacional de reglas del que nos hemos dotado no es perfecto, que puede mejorarse, pero hay que gestionar ese cambio con prudencia. Hay que dotar de certidumbre a los ciudadanos y hacerlo sin renunciar a nuestros valores, que están profundamente imbricados en el proyecto europeo. Es el momento de defender nuestro ADN común, de apostar por él; es el momento de Europa, y es el momento de España. Por parte del Gobierno, tenemos la mano tendida para que todos juntos sigamos dando respuesta a este enorme reto que tenemos por delante.
Muchas gracias. (Aplausos).