Señora Robles, por favor, no se quite más competencias, que ya el ministro Albares se está encargando de robarle la cartera. Usted no se preocupe, que le queda poco.
Mire, la profesionalidad y el nivel de capacitación de nuestras Fuerzas Armadas no están en cuestión. Los que están cuestionados son ustedes, porque el Consejo de Ministros es el camarote de los hermanos Marx; no cabe un ministro más pero sobran las ocurrencias, ahora también a cuenta del plan de rearme español. Pero la jefa de la diplomacia europea lo ha dejado cristalino: no subir el gasto militar es una señal de debilidad que invita al agresor a dar un paso más, a pesar de que los tanques rusos no estén llegando a los Pirineos. Es decir, esto es y va de todos, señora Robles, y cambiar el nombre no cambia ni modifica la realidad, pero tampoco esconde su debilidad.
Como ministra competente todavía, díganos: ¿a cuánto va a ascender el presupuesto, al 3 % o al 3,5 % del PIB?, ¿de qué partidas presupuestarias hablamos y para cuándo?, ¿va a dejar usted participar a los militares o los va a seguir ninguneando? Díganos cómo va a seguir engañando a sus socios de Gobierno y a sus socios parlamentarios, esos a los que les horroriza hablar de armas, pero llevan en sus listas a los que no dudaron ni un segundo en utilizarlas contra los españoles que no pensaban como ellos. (Aplausos).
Señora Robles, tienen ustedes al enemigo en el Consejo de Ministros y en este hemiciclo. Usted se afana en diferenciarse de sus compañeros ―le dará vergüenza―, pero nada más lejos de la realidad: fue pionera en fulminar la presunción de inocencia condenando a quienes después se demostraron inocentes. Vamos, que la señora Montero a su lado es una principiante. La realidad es que son más de lo mismo. Juegan con lo de todos para salvar el sillón de uno. Pero mire, señora Robles, no basta con estar orgullosa de las Fuerzas Armadas, se les exige estar a su altura y se les exige estar a la altura del momento crucial que atraviesan España y Europa, y su Gobierno, lamentablemente, jamás lo va a estar. (Aplausos.— Varios señores diputados: ¡Muy bien!).