Macarena Montesinos de Miguel
Gracias, presidente. Siete años, tres presupuestos; siete años, 156 decretos leyes; siete años, un debate de política general sobre el estado de la nación. Esta es la foto fija de la relación de Pedro Sánchez con la democracia parlamentaria (aplausos), incapaz de cumplir su deber constitucional de presentar unos presupuestos generales del Estado. ¿Recuerdan cuando en 2018 decía que un Gobierno sin presupuestos es un Gobierno que no puede gobernar? ¿O cuando aseguraba que prorrogarlos era prorrogar los problemas de la gente? Abuso de los decretos leyes: ¿se acuerdan de cuando Sánchez le dijo a Rajoy que no se podía gobernar a base de decretos leyes y prometió limitar su uso? Pues bien, es el presidente del Gobierno que más ha utilizado esta figura, el único que ha aprobado más decretos leyes que leyes. (Aplausos). Resistencia a someterse al régimen de control de las Cortes Generales: como les decía, un debate del estado de la nación en siete años. ¿Recuerdan cuando Sánchez aseguraba antes de ser presidente que no daría la espalda a las Cortes y que gobernaría con el Parlamento, no contra el Parlamento, o que no habría vetos?, ¿lo recuerdan? Son algunas muestras de su desprecio a la democracia parlamentaria y de su natural tendencia al autoritarismo, pero también reflejo de su extrema debilidad y de su cobardía política para someterse a la fiscalización del Parlamento y a escuchar las propuestas de los grupos parlamentarios para tratar de encauzar su desgobierno. Señorías, España está sufriendo un Gobierno en una situación muy preocupante, con un proceso de erosión de la democracia sin precedentes: se desprecia al Parlamento, se quiere impedir la alternancia, se pretende controlar a la prensa libre y se ataca al Poder Judicial de manera constante, buscando su desprestigio para aminorar la gravedad de la corrupción en la que chapotea este Gobierno. Señorías, imponer la desigualdad ante la ley a través de normas arbitrarias, redactadas por los propios delincuentes en algunos casos, o querer someter a la justicia son patrones ajenos al Estado de derecho, propios de regímenes autoritarios. La rebaja de la malversación, la ley de amnistía o la ley Begoña, con la que se persigue la impunidad para el entorno político y familiar del presidente del Gobierno y la mordaza a los medios de comunicación imponiendo la censura, son realidades inéditas a las que tenemos que enfrentarnos con este Gobierno, algo que parecía impensable hace apenas siete años. Señorías del Grupo Socialista, no se puede gobernar sin el concurso del Parlamento, por mucho que lo pretenda Sánchez, ni puede hacer lo que quiera en la Cámara, como ya anunció en 2018: «Soy el presidente del Gobierno y haré lo que quiera en la Cámara». ¿Les suenan estas palabras? Mal que le pese a su ego, los Parlamentos son reflejo de la soberanía nacional, lugar en el que se contrastan ideas y programas ejerciendo una política seria.
El Grupo Parlamentario Popular considera imprescindible restablecer los valores democráticos que están amenazados por un Ejecutivo en precario y recuperar un sistema construido sobre el debate, no sobre las imposiciones; un sistema pensado para ciudadanos libres e iguales, no para compatriotas enfrentados por muros ideológicos. Apelo a todas sus señorías: ¿qué grupo puede oponerse a la celebración de un debate del estado de la nación y a tener la oportunidad de impulsar las propuestas de resolución? Debatir y proponer soluciones es la esencia del parlamentarismo. (Aplausos.―Varias señoras diputadas: ¡Muy bien!). Hay que devolver al Congreso esa idea de ser la casa de la palabra y para ello nada mejor que retomar la buena costumbre de celebrar anualmente este formato de debate de política general, como se hace en los países de nuestro entorno y como ya viene siendo práctica habitual en los distintos Parlamentos autonómicos. Tomen nota, por ejemplo, de cómo en Galicia, con la mayoría absoluta de Feijóo, se incorporó la obligación de celebrar el debate sobre el estado de la autonomía cada año. Señorías, en nuestra propuesta la única excepción para no celebrarlo sería unas elecciones o un suceso extraordinario. E igualmente incorporamos que el Gobierno tenga que informar a la Cámara del cumplimiento de las propuestas de resolución que se aprueben.
En 2021 el propio presidente Sánchez afirmó en una sesión de control que la celebración del debate del estado de la nación era buena para que España fuera recuperando la normalidad democrática y que eso era lo que iban a hacer los próximos años. Lástima que desde entonces solo se sometiera a ese debate en 2022. Estamos acostumbrados a que el Sánchez del pasado sea irreconocible por el Sánchez del presente. (Aplausos). Imaginamos que cuando el representante del Grupo Parlamentario Socialista suba a esta tribuna, en lugar de limitarse a apoyar una medida que es buena para fortalecer nuestro sistema democrático, utilizará el argumentario de Moncloa, es decir, las veces que el presidente Sánchez presume de haber comparecido en el Pleno de esta Cámara, pero no nos dirá que la práctica totalidad de las comparecencias que ha solicitado a petición propia lo han sido por obligación legal, es decir, para informar tras los consejos europeos o para solicitar las prórrogas de los estados de alarma. De hecho, la única comparecencia a petición propia sin esa obligación legal en la pasada legislatura fue sobre la invasión de Ucrania, y en esta legislatura ha sido sobre la catástrofe de la dana y de la riada casi un mes después de la tragedia, el 27 de noviembre. Por ello, creemos importante blindar la obligación legal de celebrar este debate, incorporándolo al Reglamento de la Cámara. Es sabido que fue el presidente González el primero en celebrarlo y que ha sido una buena práctica respetada por todos los Gobiernos que le sucedieron. Hasta Pedro Sánchez, claro, una muestra más de las anomalías democráticas que está generando este presidente. Como la negativa a aceptar las propuestas aprobadas por esta Cámara, ya sea mediante propuestas de resolución, proposiciones no de ley, mociones o, lo más importante, propuestas de leyes, singularmente las que provienen del Senado o del grupo mayoritario de la Cámara, es decir, del Grupo Parlamentario Popular. Es importante reiterar que la celebración del debate del estado de la nación conlleva la aprobación de propuestas de resolución, es decir, de un auténtico programa político; programa del que carece este Gobierno, porque, señorías, la investidura no fue un acto de normalidad democrática, sino la escenificación de un negocio, de una transacción corrupta de impunidad a cambio de poder. (Aplausos). Y los pagos aplazados continúan venciendo: traspaso de competencias exclusivas, expulsión de la Guardia Civil, control de fronteras, quita de la deuda, etcétera ¿Qué nueva tropelía contra la Constitución vence próximamente? Los españoles ya conocemos el estado de su Gobierno, sin programa, sin presupuestos, sin dirección, sin rumbo y absolutamente dividido.
Este Gobierno ignora el estado de los españoles. Veamos: ¿hablamos del estado de la fiscalidad que soportan los trabajadores, las empresas y los autónomos? Asfixiante. ¿Hablamos del estado de la política de vivienda, sin una sola promoción pública del Gobierno, con la okupación y la inquiokupación arruinando a familias? Inexistente y alarmante. Hasta el Defensor del Pueblo se lo ha afeado. ¿Hablamos del estado de la educación en lo que atañe a las competencias del Gobierno con la nueva polémica entre universidades públicas y privadas, cuestionando la vicepresidenta Montero la profesionalidad de los médicos?
Preocupante. ¿Hablamos del estado de los enfermos de ELA? Esperando. ¿Hablamos del estado de las comunicaciones ferroviarias de Renfe? Caóticas. ¿Hablamos del estado de la justicia, soportando los pilares del Estado de derecho contra los antidemocráticos embates de este Gobierno? Resistiendo. ¿Hablamos del estado de la política de inmigración? Inexistente. ¿Hablamos del estado del futuro de los jóvenes? Frustrante. ¿Hablamos del estado de nuestros agricultores y ganaderos? La ruina. ¿Hablamos del estado de las instituciones del Estado? Anomalía democrática. ¿Hablamos del estado de la política exterior del Gobierno? Señorías, mejor ni hablamos. (Aplausos). Podríamos continuar, aunque ya se hacen una idea del estado de la nación.
De esto el Gobierno tiene la obligación de dar cuenta, de todos los asuntos que preocupan a los españoles, porque, señorías, España, como el resto de Europa, se encuentra en un momento histórico crucial. Asistimos a grandes cambios, donde posiciones que históricamente hemos considerado inalterables están siendo cuestionadas. Como nación, tenemos una enorme oportunidad de participar de modo activo y determinante en las decisiones que necesariamente habrá que adoptar en la política internacional y que van a configurar el futuro de Europa. Señorías, ¿no creen que en este momento histórico es imprescindible celebrar un debate, exigir respuestas al presidente sobre qué plan tiene y tener la posibilidad de ofrecer propuestas sobre los temas que nos afectan a todos y que nos preocupan, que ya he detallado muchos de ellos, pero también están la seguridad, la defensa, etcétera? Hay muchos, muchos, muchos temas. En el Partido Popular confiamos plenamente en la capacidad de nuestra nación para afrontar esos retos de los que depende en gran medida el futuro de las nuevas generaciones de españoles; una capacidad de salir adelante que requiere de unos gobernantes capaces, con un programa de gobierno claro que trabaje por el interés general y no por los intereses personales, familiares y políticos de sus dirigentes. (Aplausos). Un Gobierno por los mejores, no por los amigos o socios coyunturales para apuntalar a un presidente tambaleante. En definitiva, un Gobierno dispuesto a debatir, a exponer sus planes y a recibir propuestas.
Finalizo dirigiéndome al ausente presidente Sánchez. Se trata de recuperar la normalidad, la de: más Parlamento, más democracia. Si no es así, como dijo nuestro presidente Feijóo, sométase a las Cortes o sométase a las urnas.
Nada más y muchas gracias. (Aplausos.―Varios señores diputados: ¡Muy bien!).