Gracias, presidenta. Señora Valido, créame que le agradezco el fondo y la forma de su interpelación, que nos permite tener este debate apasionante sobre el empaquetado genérico del tabaco. Efectivamente, yo lo primero que le quiero trasladar es que comprendo su interés y el de su grupo por una cuestión que afecta a una industria con una gran tradición y con un peso significativo en las islas Canarias. Le diré que para el Gobierno y para este ministro todo aquello que tenga que ver con nuestro tejido industrial y nuestras capacidades productivas en todos los territorios de España tiene todo el interés, especialmente en Canarias, donde el mantenimiento de la industria y el empleo industrial cobra un valor aún más especial. Por tanto, si le parece, por enmarcar la cuestión, me voy a centrar en esta primera intervención en tres cuestiones: la primera, en relación con la realidad de la industria del tabaco en la economía española, específicamente en Canarias; la segunda, en relación con los planes del Gobierno para disminuir la incidencia del tabaquismo, y, la tercera, sobre el posible impacto que podría suponer la introducción de una de las medidas, entre otras muchas, que se ha puesto encima de la mesa para avanzar en este objetivo, como es el etiquetado genérico o neutro. Es una medida que aún no se ha tomado y, por tanto, estamos haciendo un debate preventivo en torno a una medida importante.
En relación con la industria del tabaco, señorías, se trata de una actividad industrial con una larga tradición en nuestro país; una industria que en estos momentos se concentra fundamentalmente en Extremadura, especialmente en la producción de hoja de tabaco; en comunidades como Canarias y Cantabria, donde se encuentra la industria y la manufactura industrial de fabricación de cigarrillos, y, finalmente, en Navarra o Madrid, donde se realizan algunas actividades anexas.
En este sentido, según los últimos datos oficiales de la estadística estructural de empresas del INE, que conocimos ayer mismo, en el año 2023, España contaba con 36 empresas vinculadas a la industria del tabaco, concretamente al CNAE 12, que generaron un valor añadido bruto de más de 285 millones de euros y una ocupación directa total de 1557 personas. De estas 36 empresas, 21 corresponden a Canarias, y ofrecieron empleo directo a 790 personas. Si nos fijamos en la cifra de negocio del sector de tabaco, Canarias representa prácticamente un tercio del total de España. Estamos, por tanto, ante una industria con una larga tradición en Canarias, cuyo origen se remonta al siglo XIX, vinculado inicialmente al cultivo, pero que a lo largo del tiempo y sus fluctuaciones se ha ido orientando más específicamente a la producción, hasta llegar al momento actual, en el que, según los datos del Comisionado para el Mercado de Tabacos, Canarias es el único punto de España donde se manufacturan cigarrillos y la mitad de los cigarros y cigarritos que se producen en nuestro país. Es evidente que, además del peso del empleo directo en esta comunidad, si tenemos en cuenta el empleo indirecto e inducido, algunos análisis elevan esta cifra hasta los 4500 empleados en el conjunto de la cadena de valor.
Otro elemento destacable es que en los últimos tiempos se han acometido importantes inversiones por parte de empresas del sector en las islas, cuya producción se destina en gran medida, y creo que esto es importante, a la exportación, de manera que en estos momentos el tabaco es el primer producto de exportación de Canarias, superando por primera vez a productos tradicionales como el plátano. Quiero destacar que la cifra de negocio de estas exportaciones se dobló entre 2022 y 2024, alcanzando más de 126 millones de euros en este último año. En resumen, estamos hablando de una industria con una presencia significativa en las islas Canarias. Esta es una realidad que hay que tener en cuenta, y créame que la tenemos ante cualquier decisión que se pretenda adoptar en relación con la industria o la regulación de los productos de tabaco.
El segundo aspecto es la prevención y el control del tabaquismo. Junto a esta realidad industrial, hay otra realidad no menor, como es la necesidad de avanzar en la reducción del consumo de productos de tabaco y sus derivados por razones evidentes de salud pública. Este es un objetivo que no solo concierne al Gobierno, a mi entender, pero que, evidentemente, nos exige actuar en primer término, de ahí la aprobación el pasado mes de abril por parte del Gobierno del Plan Integral de Prevención y Control del Tabaquismo 2024-2027. Este plan incluye un total de cinco metas, con veintitrés objetivos para reducir la prevalencia del consumo de tabaco y los productos relacionados y para dar respuesta a las nuevas realidades epidemiológicas y a los nuevos patrones de consumo, que incluyen nuevos productos. En su elaboración han participado el Ministerio de Sanidad, otros departamentos, el grupo de trabajo técnico de responsables de tabaquismo en comunidades autónomas y la Federación Española de Municipios y Provincias.
Permítame que dé algunos datos para situar la magnitud del reto al que nos enfrentamos respecto a la incidencia del tabaquismo. Actualmente, se estima que el 36,8 % de las personas de entre 15 y 64 años en nuestro país han consumido tabaco en el último año, y lo hacen de forma diaria cerca de un 26 %. Nuestro país registra anualmente alrededor de 50 000 muertes relacionadas con el tabaco, de forma que el tabaquismo es la primera causa aislada de mortalidad y morbilidad evitable tanto en España como en el resto de los países desarrollados. De ahí que el Gobierno haya planteado una reforma del Real Decreto 579/2017, de 9 de junio, por el que se regulan determinados aspectos relativos a la fabricación, presentación y comercialización de los productos de tabaco. Esta propuesta de real decreto, que fue sometida a información pública, introduce varias medidas para mejorar la normativa aplicable a los productos de tabaco, teniendo en cuenta la evolución del mercado y la irrupción de nuevos productos relacionados. En este sentido, fruto de las alegaciones y de los informes aportados por parte de los ministerios, que plantearon diversas observaciones, la propuesta del etiquetado genérico fue retirada, tal y como se puede comprobar en el texto notificado a la Unión Europea.
El tercer aspecto es el posible impacto de la medida. A pesar de que el empaquetado genérico no está entre las medidas que figuran en la propuesta del real decreto ni en el Plan Integral de Prevención y Control del Tabaquismo, sí me gustaría apuntar algunas consideraciones sobre esta cuestión. En primer lugar, se trata de una propuesta más, entre otras que baraja el Ministerio de Sanidad, para reducir el consumo de productos del tabaco; su objetivo es claro: reducir el atractivo del tabaco evitando que el propio empaquetado pueda ser un reclamo y un atractivo para alentar el consumo de tabaco, especialmente entre los más jóvenes. Esto evita también cualquier tipo de mensaje que induzca a pensar que algunos productos del tabaco son menos lesivos y aumenta la efectividad de los mensajes sanitarios, que son los que ocupan la mayor parte del diseño en muchos países. También quiero señalarle que esta medida está recomendada por la Organización Mundial de la Salud y que se aplica, según los datos de los que disponemos, en un total de hasta veinticinco países. En resumen, hablamos de impedir que las marcas de tabaco utilicen logotipos, colores o diseños distintivos en sus envases y de eliminar los elementos promocionales de los paquetes de cigarrillos, limitando los mensajes a meras advertencias sanitarias y a textos uniformes.
En su intervención usted ha señalado algunos argumentos, que fundamentalmente provienen de informes del propio sector, que ponen en duda la eficacia de esta medida para reducir el consumo de productos del tabaco. Para ser precisos, estos informes hablan de que no existen resultados concluyentes sobre el beneficio de esta medida, y, básicamente, estos argumentos son tres. El primero es que no se produce una disminución del consumo, pero al respecto hay que tener en cuenta que el consumo de tabaco no solo depende de que haya o no empaquetado neutro ―así lo señala la propia Organización Mundial de la Salud―, y ello no significa que el empaquetado genérico no contribuya a desalentar el consumo y que no haya dado resultados positivos en algunos países; en Reino Unido o Australia está documentado y, si quiere, compartimos datos acerca de la eficacia de esta medida. Otro argumento es que el empaquetado genérico puede producir un incremento de las falsificaciones y del tráfico ilícito de tabaco, y se ponen algunos ejemplos, como Arabia Saudí. Aquí habría que señalar que, evidentemente, el tráfico ilícito depende de múltiples factores, entre ellos los instrumentos de control para prevenir y perseguir este tipo de situaciones, que, ciertamente, en España se aplican con toda la eficacia. Y, finalmente, se apunta a otro riesgo, que la demanda de productos de tabaco de menor calidad pueda crecer debido a la mayor dificultad de los consumidores para identificar el producto. Nuevamente, aquí hay que señalar que el empaquetado neutro posibilita que figure el nombre de la marca y el producto de forma genérica y estandarizada. En cualquier caso, el objetivo que debemos perseguir, en el que todos estamos de acuerdo, es reducir el consumo de productos de tabaco. Pero, además de estos argumentos sobre la efectividad de la medida, también se señala el posible impacto sobre la propia industria en relación con el valor añadido del sector, respecto a lo que hay que analizar cuál es el impacto real de sustituir un empaquetado con diseños propios por otros diseños estandarizados que incluyan mensajes sanitarios.
En todo caso, quiero trasladarle algunas consideraciones. Comparto con usted que cualquier medida que pueda introducirse en relación con los productos del tabaco y sus derivados, incluyendo el uso de las marcas, cuente con un análisis sobre su posible impacto en la cadena de valor de esta industria, especialmente en aquellos territorios de España donde se detecta mayor presencia de la industria del tabaco. También estoy de acuerdo en que el sector puede aportar sus análisis y consideraciones ante esta u otras medidas que puedan adoptarse, como ha ocurrido durante el trámite de información pública del proyecto del real decreto.
En conclusión, le puedo asegurar que, como cualquier elemento que afecte a la industria, esta es una cuestión de interés para el ministerio y nuestra voluntad es que cualquier medida que pueda implementarse y quede plenamente justificada por razones de salud pública sea analizada. Por tanto, le ofrezco la disposición del Gobierno a seguir trabajando y a compartir esta reflexión. Como entenderá, para nosotros el desarrollo de cualquier industria es algo que nos preocupa y nos ocupa, y, en todo caso, apelo a la capacidad de transformación de este sector, como estamos viendo en muchos otros sectores industriales.
Muchas gracias. (Aplausos).